Saturday, September 30, 2023

La cruz


 Evangelio

Lc 9, 43-45

En aquel tiempo, como todos comentaban, admirados, los prodigios que Jesús hacía, éste dijo a sus discípulos: "Presten mucha atención a lo que les voy a decir: El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres".

Pero ellos no entendieron estas palabras, pues un velo les ocultaba su sentido y se las volvía incomprensibles. Y tenían miedo de preguntarle acerca de este asunto.


Meditacion:

Para los discípulos —¡pero también para nosotros! — la cruz es algo incómodo, la cruz es un “escándalo”, mientras que Jesús considera “escándalo” el huir de la cruz, que sería como eludir la voluntad del Padre, a la misión que Él le ha encomendado para nuestra salvación. ¡Nos sucede a todos! En los momentos de devoción, de fervor, de buena voluntad, de cercanía al prójimo, miramos a Jesús y vamos adelante; pero en los momentos en los que viene la cruz, huimos. El diablo, Satanás —como dice Jesús a Pedro— nos tienta. Es propio del espíritu malo, es propio del diablo alejarnos de la cruz, de la cruz de Jesús. La cruz es signo santo del Amor de Dios, es signo del Sacrificio de Jesús, y no debe ser reducida a objeto supersticioso o joya ornamental. Cada vez que fijemos la mirada en la imagen de Cristo crucificado, pensemos que Él, como verdadero Siervo del Señor, ha cumplido su misión dando la vida, derramando su sangre para la remisión de los pecados. Y no nos dejemos llevar a la otra parte, en la tentación del Maligno. Por consiguiente, si queremos ser sus discípulos, estamos llamados a imitarlo, gastando sin reservas nuestra vida por amor de Dios y del prójimo

Friday, September 29, 2023

Angeles

Evangelio

Jn 1, 47-51

En aquel tiempo, cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".


Meditacion:

Hoy hacemos memoria de los santos ángeles Miguel, Gabriel y Rafael. En la figura de los ángeles está mezclada mucha tradición. En el mundo de la antigüedad, la figura del rey se interpretaba como la de un padre –independientemente de que luego fuesen unos tiranos asesinos en la práctica pero de ellos se esperaba que protegiesen al pueblo y, en especial, los más débiles–. Eran tiempos en que no reinaba precisamente el imperio de la ley y los súbditos, privados de derechos, no podían más que esperar en la misericordia del rey. Los empleados de su corte eran los encargados de realizar esos servicios. Eran cortes magnificentes, lujosísimas, llamadas de despertar el asombro entre sus súbditos. Muchas veces, el rey era considerado como un auténtico dios.

Si así se pensaba en los reyes, ¡cómo no se iba a pensar así de Dios mismo! También él debía tener una corte y ser servido en todos sus deseos por cohortes de siervos, que hiciesen también de mensajeros y auxiliadores en sus funciones de proteger al pueblo que dependía de él. En la corte celestial esos siervos eran los ángeles. Es una manera de poner rostro a lo que es Dios para nosotros y situarle, de alguna manera, comprensible para nosotros.

Con el Evangelio en la mano, prefiero imaginarme a los ángeles de una forma mucho más sencilla. Ángeles hay muchos en nuestro mundo aunque carezcan de alas. Ángeles son los que se dedican a cuidar y servir a sus hermanos y hermanas, sobre todo a los más pequeños, para que ni uno solo de ellos perezca. Ángeles son los que nos cuidan cuando estamos enfermos. Los que nos visitan y escuchan cuando estamos solos y sentimos el dolor de la soledad que nos hunde. Ángeles son los que anuncian el reino con su esperanza y su forma de comportarse y de luchar por la justicia.

Ángeles es lo que estamos llamados a ser nosotros mismos para los que nos rodean. Quizá no nos crezcan las alas ni terminemos volando pero habremos servido a la voluntad de Dios que quiere que todos conozcamos su amor y vivamos en libertad, justicia y fraternidad.

 

Thursday, September 28, 2023

Herodes


 Evangelio

Lc 9, 7-9

En aquel tiempo, el rey Herodes se enteró de todos los prodigios que Jesús hacía y no sabía a qué atenerse, porque unos decían que Juan había resucitado; otros, que había regresado Elías, y otros, que había vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.

Pero Herodes decía: "A Juan yo lo mandé decapitar. ¿Quién será, pues, éste del que oigo semejantes cosas?" Y tenía curiosidad de ver a Jesús.


Meditacion:

Es interesante el texto evangélico de hoy. Herodes, el virrey, el que tenía todos los poderes en aquellas tierras, siente que hay algo que no controla. El tal Herodes tenía mucho poder. Tanto poder que tenía claro que lo de Juan no había sido un accidente ni un error policial. Sin problema reconoce que “lo mandé decapitar yo”. Y por supuesto que lo hizo con el ánimo claro de cargarse a cualquiera que le pudiese hacer la contra. Vamos que en el reino de Herodes la oposición no tenía mucha esperanza de vida.

Pero hete aquí que la operación no le salió bien. Le llegaban rumores de que algo pasaba, de que alguien decía cosas que no eran, desde su punto de vista, oportunas. Ya se sabe que para el poder cualquier crítica es inaguantable e inaceptable y debe ser cortada de raíz. Las únicas críticas aceptables son las de los aduladores de la corte. Y eso no son críticas. Pero claro Jesús andaba suelto y no era Jesús de los que se callaban frente a la injusticia.

Conclusión que ni Herodes fue capaz de terminar con la libertad del Hijo de Dios. Conclusión: que Dios es más grande que todos nuestros planes e ideas. Y que, aunque degollemos (en sentido figurado, espero) algunas ideas y algunos movimientos, lo que es de Dios sale adelante.

Lo que le pasó a Herodes también nos puede pasar a nosotros. Queremos controlar nuestra vida y, tantas veces, la de los demás. Y la vida sale por las suyas. Y nos da sorpresas y nos pone ante nuevas situaciones y retos, que nos reclaman nuevas respuestas. En nosotros esta la posibilidad de hacer como Herodes: pretender controlarlo todo. Si hacemos así, nos encontraremos casi seguro con el fracaso porque esa pretensión es absurda. O, con libertad, tomarnos esos nuevos retos como las llamadas que Dios nos va haciendo a crecer, a madurar, a ser sus discípulos, a cambiar de vida, a convertirnos. Esto no es fácil de conseguir pero vale la pena intentarlo.

Wednesday, September 27, 2023

Los envio


 Evangelio

Lc 9, 1-6

En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Y les dijo: "No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación".

Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes.

Meditacion:

Jesús envió a los Doce a proclamar el Reino de Dios y a curar los enfermos. Parece que las dos misiones van íntimamente unidas. Y junto con eso, la sencillez de los medios pobres y humildes, no llevar nada para el camino. Dice el texto evangélico de hoy que ellos se pusieron en camino y fueron de aldea en aldea haciendo precisamente esas dos cosas: anunciando la buena nueva y curando en todas partes.

Lo bueno de esta historia es que no se quedó en aquel envío. Ha habido cientos de miles de cristianos que han seguido escuchando esa invitación de Jesús a anunciar el reino y a curar a los enfermos. O quizá hayan sido millones a lo largo de la historia. Sacerdotes y religiosas pero también laicos, hombres y mujeres, que han dejado lo que estaban haciendo, han abandonado sus propios intereses para ocuparse de anunciar el reino y curar a los enfermos.

Hoy hacemos memoria de uno de ellos: San Vicente de Paul, un sacerdote francés que vivió a caballo entre el siglo XVI y el XVII. Al principio pensó apenas en ser párroco para poder a su familia, muy necesitada. Pero el ministerio mismo le llevó a conocer de primera mano la miseria en la que vivía la mayoría de los campesinos pobres de Francia. Esa experiencia le abrió los ojos. Y una vez ya abiertos vio también muchas otras necesidades, en la ciudad, en los hospitales, en la infancia. Fundó la Congregación de la Misión, fundó las Hijas de la Caridad, fundó las conferencias de la Caridad, en muchos lugares llamadas conferencias de San Vicente de Paul. Hizo de los pobres y sus necesidades el centro de su vida. Y así fue como anunció la buena nueva del Reino.

San Vicente de Paul es en realidad uno más. Hoy sigue habiendo muchas personas que ilusionadas con el Evangelio escuchan la invitación de Jesús a anunciar la buena nueva y a curar a los enfermos. Y dedican tiempo y vida en ese servicio. Muchos no hacen grandes alharacas ni mucho ruido. No salen en los medios. Pero están ahí y hacen grande el Evangelio y dan gloria a Dios y hacen que muchos experimenten de primera mano el amor de Dios.

Tuesday, September 26, 2023

Familia


 Evangelio

Lc 8, 19-21

En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús su madre y sus parientes, pero no podían llegar hasta donde él estaba porque había mucha gente. Entonces alguien le fue a decir: "Tu madre y tus hermanos están allá afuera y quieren verte". Pero él respondió: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica".

Meditacion:

Para entender bien este evangelio y la radicalidad de la afirmación de Jesús “mi madre y mis hermanos son los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”, hay que ponerse en aquel mundo de entonces. La familia de hoy no es lo que era entonces. Hoy los lazos familiares se han aflojado o limitado mucho. La familia es sobre todo una realidad afectiva. Esto es de enorme importancia. Pero en aquel tiempo la familia era mucho más que eso. La familia era el círculo de seguridad único de que disponían las personas ante los riesgos de la pobreza o la enfermedad. Recordemos que entonces no había ningún tipo de seguridad social, de pensiones de jubilación ni estado del bienestar. El estado no hacía nada por las personas más allá de cobrarles impuestos. Alejarse de la familia era perder la seguridad mínima necesaria para vivir. Fuera de la familia todo era peligroso. Renunciar a la familia era quedarse solo ante los muchos peligros de la vida.

En ese contexto se entiende la radicación de lo que dice Jesús. El Reino que anuncia trae consigo una nueva relación entre las personas que supera la relación de sangre. Se abre una nueva fraternidad, un nuevo vínculo. En realidad, Jesús no hace más que señalar la realidad más básica de nuestra fe: somos hijos e hijas de Dios, somos creaturas suyas. Esa es la relación familiar más amplia y real. Somos familia de Dios. Pasa que esta familia es muy grande. Va más allá de la relación inmediata de sangre. Rompe las fronteras de las razas, los pueblos, las lenguas, las ideologías, el sexo.

Jesús se mueve ya en esa nueva realidad del Reino. Y por eso mira a los que le rodean con unos ojos nuevos. Los que escuchan la palabra son conscientes de esa nueva realidad y también cambian su relación con los demás. Se está empezando a levantar una nueva familia, abriendo a la humanidad a una nueva esperanza. Sin fronteras. Sin límites. Sin hacer diferencias entre los nuestros y los otros. Quizá por eso –aplicación práctica– Caritas atiende a todos los necesitados sin cuestionarse si van a misa o no, si hablan nuestro idioma o no. Simplemente porque son hijos e hijas de Dios. Es decir, hermanos y hermanas nuestros.

Monday, September 25, 2023

Luces

 


Evangelio

Lc 8, 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.
Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener".


Meditacion:
Leemos el Evangelio de hoy y vamos a conceder que Jesús tiene razón: Nadie enciende un candil para meterlo debajo de la cama. Estamos de acuerdo. Pero la verdad es que uno se pone a leer el Evangelio y no sé es eso exactamente lo que vemos. Más bien, la sensación es que Dios ha preferido manifestarse en lo oculto y escondido de este mundo. Desde el nacimiento de Jesús hasta su muerte todo sucede en una pequeña esquina del mundo conocido de entonces. Jesús se mueve toda su vida entre los pobres y entre la gente marginal. Con los jefes del pueblo, con la gente importante, más bien hay choques y distancia. Es significativo el hecho de que Jesús no se mueve siquiera en el ámbito del tempo de Jerusalén, que no era el centro del mundo precisamente pero sí al menos el centro de la nación judía. Y hasta su muerte, ejecutado como un malhechor, sucede fuera de las murallas de Jerusalén y lejos del templo. Todo eso sucediendo en una esquina perdida del mundo de entonces, bien lejos de Roma, la capital del imperio, donde pasaba lo que verdaderamente importaba.
Un buen asesor de marketing y publicidad habría aconsejado a Dios escoger caminos muy diferentes para mostrar al mundo su mensaje de salvación. Pero o no le contrató o Dios quiso hacer las cosas a su manera. Y su manera no es la nuestra. Dios quiso poner su luz en las habitaciones pequeñas y humildes de los pobres. Dios quiso estar cerca de los que no importaban a nadie, de los que eran prescindibles. Esa fue su forma de encender su candil y dar testimonio de la luz. La luz de Jesús ilumina a los que están cerca. No es un gran foco que deslumbre. Se parece más a ese gesto de la vigilia pascual en el que todos los participantes van encendiendo su pequeña vela pasándose el fuego de unos a otros. Son muchas velas pequeñas pero que terminan dando luz y calor a toda la comunidad.
Nuestro Dios es un Dios de los pequeños gestos, de la luz del candil y no del foco de mil vatios. Quizá tendríamos que pensar esto para este día y para todos nuestros días: apuntarnos a los pequeños gestos que dan luz a la vida de los que nos rodean.


Saturday, September 23, 2023

Persistencia


Evangelio

Lc 8, 4-15

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola:

"Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno". Dicho esto, exclamó: "¡El que tenga oídos para oír, que oiga!"

Entonces le preguntaron los discípulos: "¿Qué significa esta parábola?" Y él les respondió: "A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

La parábola significa esto: la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia''.


Meditacion:

Ya conocemos de sobra la parábola del sembrador. Y la explicación que da el mismo Jesús. Cuando meditamos en esta parábola siempre terminamos pensando en que tipo de tierra somos. Si nos parecemos a la del borde del camino, al terreno pedregoso, al que está lleno de zarzas o a la tierra buena. Indefectiblemente, la conclusión suele situarnos –las meditaciones no suelen ser momentos para el optimismo– en cualquiera de los tres primeros. Y nos empezamos a hacer propósitos muy serios para cambiar nuestra vida.

Vamos a ser realistas. La mera verdad es que somos una mezcla prodigiosa de los cuatro terrenos. Sí, también hay en nosotros tierra buena: capacidad de acogida de la palabra. Y también damos muchas veces buen fruto en cercanía, fraternidad, justicia y tantas otras cosas buenas. Como decía el lema de un grupo de matrimonios que conocí hace tiempo: “Dios no crea basura” y nosotros somos creación de Dios. No puede ser que seamos todo tierra del camino o llena de piedras o de zarzas. También hay cosas buenas que Dios ha puesto en nuestras vidas. Hay que saber apreciarlo y agradecerlo. Porque todo es don, todo es gracia.

Es verdad que de vez en cuando nos sale algún cuerno, que no todo lo hacemos bien. Me atrevería a decir que más por debilidad que por malicia. Si. Vamos a ser sinceros algunas zarzas y algunas piedras tenemos en nuestro campo. La cuestión no es dejarnos hundir sino, con mucha paciencia ir limpiando el terreno de todo eso que no ayuda a que crezca la buena simiente. Con mucha paciencia. Como esos campos que a veces se ven en que los campesinos han ido amontonando en una esquina las piedras que entorpecen el crecimiento de lo plantado. Pero, repito, con mucha paciencia. Sin querer hacerlo todo en un día. Poco a poco.

¿Saben que es lo que más me consuela? Que el sembrador vuelve cada año a sembrar el campo. Con paciencia pero con constancia. Siempre confiando en que la semilla va a crecer y dar ciento por uno. Así es Dios. Cree tanto en nosotros que vuelve cada año a sembrar en nosotros su palabra y espera que dé su fruto. Nuestro Dios es así. Y eso nos llena de esperanza.


Friday, September 22, 2023

El grupo

Evangelio

Lc 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.


Meditacion:

En su misión de anunciar la buena noticia del Reino por los caminos de Galilea, Jesús no va solo. Le acompañan los Doce y un grupo de mujeres. De éstas se dice que Jesús las había curado de malos espíritus y enfermedades. Es interesante subrayar el hecho de que lo que se dice de las mujeres, que habían sido curadas por Jesús de esos malos espíritus, no se dice de los Doce, que también habían sido sacados de lo más bajo. Los pescadores del lago de Genesaret no pertenecían precisamente a las clases altas e instruidas del Israel de aquel tiempo. Y mucho menos la gente de Galilea, que era una zona fronteriza y marginal. Tampoco los publicanos, pecadores públicos porque robaban a la gente al cobrar los impuestos y porque colaboraban con los romanos invasores, eran precisamente gente “decente”.

Lo primero que habría que señalar es que Jesús no se rodeó precisamente de gente bien. Los hombres y mujeres que compartían con él el ministerio de anunciar el Reino de Dios, eran gente de abajo, personas rescatadas. Quizá podríamos decir que eran personas que habían experimentado el amor sanador de Dios en sus propias carnes. Quizá por eso no se sentían capaces de juzgar a nadie. Llevaban su tesoro, el haber conocido en Jesús la misericordia de Dios, en vasijas de barro. Seguramente que se les traslucía en la mirada la alegría de la esperanza recobrada al lado de Jesús.

Y también habría que señalar lo inédito de aquel grupo en su momento. El hecho de que a Jesús le acompañase junto con un grupo de hombres otro de mujeres era inédito en la cultura de la época. Las mujeres no tenían presencia pública. En la práctica no eran consideradas personas. Podríamos aducir numerosos textos de los escritos rabínicos de la época en este sentido. Ni siquiera su testimonio era válido ante los tribunales. Pero ahí están, con Jesús, dando testimonio del reino con su presencia.

Aquella igualdad entre hombres y varones en el grupo de seguidores de Jesús se perdió rápidamente en la Iglesia. Y los varones ocuparon muy pronto los lugares de preeminencia en ella. Hoy tendríamos que volver a recuperar esta dimensión fundamental del mensaje de Jesús: todos somos iguales a los ojos de Dios. Todos somos testigos. Y todos, hombres y mujeres, podemos anunciar la buena nueva del Reino.


 

Thursday, September 21, 2023

San Mateo


 Evangelio

Mt 9, 9-13

En aquel tiempo, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a su mesa de recaudador de impuestos, y le dijo: "Sígueme". Él se levantó y lo siguió.

Después, cuando estaba a la mesa en casa de Mateo, muchos pu¬bli¬canos y pecadores se sentaron también a comer con Jesús y sus discípulos. Viendo esto, los fariseos preguntaron a los discípulos: "¿Por qué su Maestro come con publicanos y pecadores?" Jesús los oyó y les dijo: "No son los sanos los que necesitan de médico, sino los enfermos. Vayan, pues, y aprendan lo que significa: Yo quiero misericordia y no sacrificios. Yo no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores"



Meditacion:

Es interesante el relato del evangelio de hoy. Comienza con una llamada inequívoca de Jesús a Mateo, sentado en su oficina. “¡Sígueme!”. Dice el texto que Mateo lo dejo todo y lo siguió. Pero más bien parece que en realidad fue Jesús el que siguió y acompañó a Mateo hasta la casa de éste. Y allí celebraron una fiesta.

¿Algo parecido a una despedida de soltero? Quizá. Para Mateo aquel momento significó un cambio radical en su vida. Pasó de la oficina de recaudador de impuestos a seguir a Jesús por unos caminos llenos de incertidumbre y que terminaron a corto plazo de una forma trágica: en la cruz. No sabemos mucho de su vida después de la muerte de Jesús. La tradición dice que fue misionero en Etiopía y Persia, que vivió en Antioquía muchos años y que allí escribió el Evangelio que lleva su nombre. No se sabe si murió mártir o de muerte natural.

La cuestión es que Mateo celebró por todo lo alto su encuentro con Jesús y la despedida de sus amigotes, que ya formaban parte de su antigua vida. El futuro iba por otros caminos. Lo bueno es que Jesús, presente en la fiesta, aprovechó también aquel momento para hablar de Dios. Frente a los puros, a los que creen que ya lo saben todo de Dios, de cómo actúa, de lo que acepta y lo que rechaza, Jesús deja claro, en presencia de Mateo y de toda aquella pandilla que él ha venido precisamente para llamar a los pecadores, para invitarles a entrar en el reino. Porque son ellos los que necesitan salvación y amor y compasión y cariño y perdón. Los otros, los fariseos, ya se creen salvados. Se sienten en un nivel superior. Con capacidad para juzgar a sus hermanos, para discriminar entre los que se van a salvar y los que se van a condenar. Pero Dios, el Dios de Jesús, no es así.

Nos podríamos hacer muchas preguntas con motivo de esta fiesta: ¿Nos sentimos salvados, amados y escogidos por Dios? ¿Celebramos con gozo que somos de los enfermos que necesitan médico? ¿O bien nos sentimos de los médicos que condenamos a los otros porque son malos mientras que nosotros creemos estar entre los buenos? El Dios de Jesús, que conoce el corazón de cada persona, no pierde nunca la esperanza de salvarnos y de abrirnos nuevos caminos y posibilidades de vida al servicio del Reino.


Wednesday, September 20, 2023

Generaciones


 Evangelio

Lc 7, 31-35

En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos niños que se sientan a jugar en la plaza y se gritan los unos a los otros:

'Tocamos la flauta y no han bailado,

cantamos canciones tristes y no han llorado'.

Porque vino Juan el Bautista, que ni comía pan ni bebía vino, y ustedes dijeron: 'Ese está endemoniado'. Y viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: 'Este hombre es un glotón y un bebedor, amigo de publicanos y pecadores'. Pero sólo aquellos que tienen la sabiduría de Dios, son quienes lo reconocen".



Meditacion:

Jesús tiene en mente la figura de Juan el Bautista. Fue un hombre austero, vivió en el desierto separado de todo. Su vida provocaba, hacía pensar. Pero aquella gente lo solucionó con cierta facilidad diciendo que Juan estaba poseído por un demonio. Fue suficiente para quedarse tranquilos. Lo más todo quedó en una conversación de sobremesa, un comentario un poco irónico. Y todo olvidado. Ya podían volver a lo suyo.

Jesús también se refiere a sí mismo. Él no se ha ido al desierto. Se ha situado en medio de la gente. Comparte con ellos las cosas de la vida. Dolores y alegrías. Así da testimonio del amor de Dios. Como dice el mismo Jesús, “come y bebe”. Pero aquellos indiferentes encontraron rápidamente la explicación adecuada que les podía dejar tranquilos y que les permitía volver a lo suyo, a sus intereses. Es que Jesús era “comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores”. ¿Cómo iba a ser mensajero de Dios el que vivía de ese modo y se hacía amigo de gentes de mal vivir? Basta. No había necesidad de dedicar a Jesús ni un minuto de su tiempo. Era imposible que Dios se presentase así en medio de su querido pueblo de Israel. Si fuese el mensajero de Dios, se habría hecho respetar y se habría mostrado de otra manera. Que Dios tiene otro nivel. Conclusión: tranquilidad en el frente, hay que esperar a que venga otro.

La pregunta sería dónde nos situamos nosotros. Porque a veces da la impresión de que nos alineamos con ese grupo de la gente indiferente. Vamos a misa, decimos que somos cristianos y seguidores de Jesús. Pero en realidad vamos a lo nuestro. Y el mensaje de Jesús casi no nos toca ni la piel. Los mártires que hoy celebramos si dejaron que ese mensaje les tocase la piel. Y más adentro.


Tuesday, September 19, 2023

La viuda

Evangelio
Lc 7, 11-17
En aquel tiempo, se dirigía Jesús a una población llamada Naím, acompañado de sus discípulos y de mucha gente. Al llegar a la entrada de la población, se encontró con que sacaban a enterrar a un muerto, hijo único de una viuda, a la que acompañaba una gran muchedumbre.
Cuando el Señor la vio, se compadeció de ella y le dijo: "No llores". Acercándose al ataúd, lo tocó, y los que lo llevaban se detuvieron. Entonces Jesús dijo: "Joven, yo te lo mando: Levántate". Inmediatamente el que había muerto se levantó y comenzó a hablar. Jesús se lo entregó a su madre.
Al ver esto, todos se llenaron de temor y comenzaron a glorificar a Dios, diciendo: "Un gran profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo".
La noticia de este hecho se divulgó por toda Judea y por las regiones circunvecinas.



Meditacion:
El Evangelio de hoy dice que Jesús sintió “lástima” al ver a la viuda que llevaba a enterrar a su hijo. No es una palabra que hoy tenga mucha prestancia. Parece que no está de moda. Pero no es más que una forma de hablar de “empatía”. Diría que lástima, compasión, empatía son las grandes virtudes de Jesús. Una característica de su carácter, que, como todo en Jesús, nos manifiesta el modo de ser de Dios. Dios empatiza con nosotros. Tiene compasión de nosotros. Dicho de otro modo es capaz de sentir con nosotros, de experimentar nuestros mismos sentimientos de dolor, de alegría, de duda, de confusión, de ira. Dios sabe lo que sentimos y está con nosotros. Es capaz de comprendernos no como quien analiza un objeto en el microscopio sino como quien se acerca y mira en lo profundo y es capaz de ponerse en los pies del otro. Así es Jesús. Y así es el Dios que se nos manifiesta en Jesús.
Empatizar, sentir de esa manera con el otro, debería ser –seguro que ya es– una de las características más fundamentales y básicas de nuestra vida cristiana. Al otro somos capaces de mirarle a los ojos, vemos su realidad, su ser persona, su dignidad. El otro no es una cosa, una masa con la que nos tropezamos sino una persona, un hijo o hija de Dios, un hermano o hermana. Ante esa relación no importa su ideología, su religión, su raza, su tendencia sexual. Ni siquiera importa su pecado (¿quién soy yo para decir que el otro es pecador?). Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Al otro le miro a los ojos y comprendo lo que está pasando. Empatizo. Sus alegrías son las mías. Sus penas me duelen a mí. Y a partir de ahí actúo, movido, como Jesús, por la lástima, por la compasión.
Igual no podemos hacer un milagro como Jesús. No podemos devolver la vida a los muertos. Pero podemos, con seguridad, acompañar, escuchar, estar atentos a las necesidades de los que nos rodean. No se trata de dar dinero, de compartir nuestros bienes, aunque a veces sí será necesario. Primero es el tiempo, la compañía, la cercanía, la escucha. Y estoy seguro de que ahí podemos estar todos, como Jesús, llenos de compasión. Sin mirar para otro lado, que está feo en hermanos.

 

Monday, September 18, 2023

Meritos

Evangelio

Lc 7, 1-10

En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de hablar a la gente, entró en Cafarnaúm. Había allí un oficial romano, que tenía enfermo y a punto de morir a un criado muy querido. Cuando le dijeron que Jesús estaba en la ciudad, le envió a algunos de los ancianos de los judíos para rogarle que viniera a curar a su criado. Ellos, al acercarse a Jesús, le rogaban encarecidamente, diciendo: "Merece que le concedas ese favor, pues quiere a nuestro pueblo y hasta nos ha construido una sinagoga". Jesús se puso en marcha con ellos.

Cuando ya estaba cerca de la casa, el oficial romano envió unos amigos a decirle: "Señor, no te molestes, porque yo no soy digno de que tú entres en mi casa; por eso ni siquiera me atreví a ir personalmente a verte. Basta con que digas una sola palabra y mi criado quedará sano. Porque yo, aunque soy un subalterno, tengo soldados bajo mis órdenes y le digo a uno: '¡Ve!', y va; a otro: '¡Ven!', y viene; y a mi criado: '¡Haz esto!', y lo hace".

Al oír esto, Jesús quedó lleno de admiración, y volviéndose hacia la gente que lo seguía, dijo: "Yo les aseguro que ni en Israel he hallado una fe tan grande". Los enviados regresaron a la casa y encontraron al criado perfectamente sano.


Meditacion:

Un Evangelio, un relato de un milagro de Jesús. Interesantes los diálogos. Interesante la forma de interceder de los ancianos judíos que se presentan ante Jesús: “Merece que se lo concedas”. El centurión se había portado bien con ellos. Les ha ayudado a construir la sinagoga. El centurión ha hecho méritos para merecer el favor de Dios, que se manifiesta en Jesús. El centurión tiene otras razones. Sencillamente cree en el poder de Dios que se hace presente en Jesús. No alega sus méritos ante Jesús. Simplemente se sitúa humildemente ante Jesús y deja que éste haga o no haga. Jesús hace el milagro, cura al criado enfermo pero no lo hace por los méritos del centurión sino por su fe. Una fe que no ha encontrado en todo Israel.

El tema de los méritos es importante. Todavía hay cristianos que piensan que a lo largo de la vida tenemos que ir haciendo “méritos” ante Dios para conseguir la salvación, la curación, la solución de problemas, etc. Esos méritos se conseguirían a base de sacrificios, oraciones repetidas interminablemente, limosnas, misas asistidas y cosas por el estilo. Todo eso nos terminaría creando una especie de “derechos” ante Dios. Así nos aseguraríamos la salvación y el favor de Dios.

Pero en el mensaje de Jesús no es eso lo que nos encontramos. Y, para ser realistas, ni siquiera en la relaciones humanas. El amor es siempre gratuito, sin condiciones. Así es como nos ama Dios a nosotros que somos sus creaturas. No hay “méritos” que valgan. No hay derechos adquiridos. Solo hay amor, gratuidad, regalo. El centurión no construyó la sinagoga –esperamos– por razones políticas: para ganarse el afecto del pueblo judío ni para conseguir la paz social. Es más sencillo: construyó la sinagoga porque tenía afecto al pueblo. Lo hizo gratuitamente. Y gratuitamente, sin condiciones, por puro amor, Jesús respondió a su fe y a su plegaria. Porque así es Dios. Porque así nos ama Dios.

 

Saturday, September 16, 2023

Los arboles y sus frutos

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,43-49):

En aquel tiempo, decía Jesús a sus discípulos: «No hay árbol sano que dé fruto dañado, ni árbol dañado que dé fruto sano. Cada árbol se conoce por su fruto; porque no se cosechan higos de las zarzas, ni se vendimian racimos de los espinos. El que es bueno, de la bondad que atesora en su corazón saca el bien, y el que es malo, de la maldad saca el mal; porque lo que rebosa del corazón, lo habla la boca. ¿Por qué me llamáis "Señor, Señor", y no hacéis lo que digo? El que se acerca a mí, escucha mis palabras y las pone por obra, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificaba una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo tambalearla, porque estaba sólidamente construida. El que escucha y no pone por obra se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó y quedó hecha una gran ruina.»

Meditacion:

Las palabras de Jesús en el evangelio de hoy casi no precisan comentario. Basta con separarlas en párrafos diferentes, y compararlas con nuestra vida. Cada árbol se conoce por su fruto.

Lo que rebosa el corazón, lo habla la boca. ¿De qué hablo con mi familia? ¿Con mis amigos? ¿Con mis compañeros de trabajo? ¿Sale alguna vez en esas conversaciones el nombre de Dios? Puede ser que, en alguna ocasión, haya que dar testimonio de nuestra fe. Cuando se habla del aborto, de las relaciones prematrimoniales, de la situación política, de la forma de llevar a cabo nuestro trabajo, con responsabilidad o sin ella… Si a lo largo del día no pronuncio el nombre de Dios ni una sola vez, a lo peor en mi corazón él ocupa muy poco espacio.

¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo? Más o menos, sabemos lo que tenemos que hacer. Hemos leído algo del Catecismo, conocemos los Mandamientos, los de la ley de Dios y los de la Iglesia, recibimos varios sacramentos con regularidad… Podemos decir que es nuestro Señor. Y, sin embargo, seguimos fallándole. Seguimos sin ser capaces de vivir nuestra fe con coherencia. Escuchamos lo que dice Cristo, pero no lo ponemos en práctica. Por lo menos, no siempre, ni como deberíamos. Menos mal que siempre nos queda la misericordia de Dios.

Y, lo fundamental en toda construcción, los cimientos. ¿Cuáles son los cimientos de mi vida? ¿Y los cimientos de mi fe? En el mundo hay unos valores, que no siempre son los mismos que predica Jesús. Muchas veces, para soportar los envites de la vida, necesitamos un apoyo firme. La riqueza, el prestigio, el figurar, el poder, el “trepar” cueste lo que cueste… Son bases que no duran mucho. Todo está relacionado. Si queremos dar frutos buenos, debemos tener buenas raíces. Los demás ven cómo vivo, cómo reacciono ante los problemas, cómo interactúo con mis vecinos. Eso no se puede disimular mucho tiempo. Si estoy arraigado en Cristo, viviré y actuaré como Cristo. Si mis raíces están hundidas en arena, entonces, mal voy.

Para que en mí, el primero, mostrara Cristo Jesús toda su paciencia, y pudiera ser modelo de todos los que creerán en él y tendrán vida eterna. Eso escribe Pablo en la primera lectura. Ojalá nosotros podamos ser también modelos para otros. Sería buena señal.

 

Friday, September 15, 2023

Nuestra Señora de los Dolores


 Evangelio

Jn 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena.

Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: "Mujer, ahí está tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Ahí está tu madre". Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.


Meditacion:

El Evangelio de hoy para la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores nos acerca a la cruz. Ahí vemos a María doliéndose mientras su hijo sufre una muerte lenta y despiadada. La vemos enfrentando una angustia inimaginable del corazón y la mente. Pero observa que ella no estaba sola. Estaba junto con su “hermana… María la de Cleofás, y María Magdalena”, y desde luego, con Juan, el discípulo (Juan 19, 25-26).

El dolor de María llegó a lo más profundo y privado de su corazón. Sin embargo, ella permitió que estos amigos y parientes la acompañaran en su dolor y también compartió el dolor de ellos. Juntos se esforzaron por creer en Dios frente a su dolor. Juntos trataron de consolarse unos a otros. La generosidad abierta de María en el más oscuro de sus días nos revela la misericordia de tener a otras personas que nos acompañan en nuestro dolor. Junto con ellos, podemos dar y recibir alivio, consuelo y protección.

Ninguno de nosotros es ajeno al dolor, pero Nuestra Señora nos enseña que aun —quizá especialmente— en nuestra tristeza más profunda, nos necesitamos unos a otros. Dios nos diseñó para compartir nuestra vida con los otros, y esas relaciones pueden sostenernos y ayudarnos a enfrentar nuestros tiempos más difíciles.

El dolor es complejo, y cada persona lo enfrenta de forma distinta. Pero otro ser humano que cuida de nosotros puede marcar una enorme diferencia en ayudarnos a recordar que somos amados y que no tenemos que atravesar solos la situación. El Padre Herni Nouwen lo dijo de esta forma: “El amigo que puede estar en silencio en un momento de desesperación o confusión, que puede permanecer a nuestro lado en un momento de dolor o luto… ese es un amigo que nos cuida.”

Todos necesitamos esa clase de amigo. Todos podemos ser esa clase de amigo. Y María misma es la mejor amiga que podemos tener. En su presencia, podemos presentar todo lo que está en nuestro corazón. Su consuelo e intercesión pueden ser una fuente de gran alivio. Ella ha caminado la senda del dolor antes que nosotros con una fe profunda y permanecerá a nuestro lado y nos enseñará a hacer lo mismo.

“Nuestra Señora de los Dolores, ¡reza por nosotros!”


Thursday, September 14, 2023

La crus


 Evangelio

Jn 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: "Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él''.

Meditacion:

La cruz es el símbolo de la victoria de Cristo sobre el mal y la muerte. Lo celebramos en cada Pascua. En Jerusalén, ya en el siglo V, el día siguiente a la consagración de la iglesia de la Resurrección, es decir, el 14 de septiembre, se dedicaba a la adoración de la cruz. De esta costumbre surgió la fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, que se extendió a toda la Iglesia.

En la lectura del libro de los Números asistimos al episodio del ataque de las serpientes en el desierto. El esquema es conocido, el pueblo se rebela, Dios lo castiga, el pueblo se arrepiente y el Señor envía un remedio. En este caso, una serpiente de bronce, que, al mirarla, todos quedaban sanados.

Lo que es la vida. El elemento de salvación esa serpiente de bronce, con el tiempo se convirtió en un objeto de adoración. Fue necesario que Ezequías lo eliminara (Quitó los altos, y quebró las imágenes, y taló los bosques, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban perfumes los hijos de Israel; y le pusieron por nombre Nehustán, 2 Re 18, 4). Hay que tener cuidado, para no desvirtuar lo que, en principio, es un signo de salvación.

Si elegimos la lectura de san Pablo a los Filipenses, se nos recuerda que en la cruz se muestra el verdadero rostro de Jesús, que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos. Y así, actuando como un hombre cualquiera, se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, y una muerte de cruz.

Por esa obediencia, el hombre Jesús llegó a ser el Cristo resucitado, Salvador, para gloria de Dios Padre. Costó aceptar ese destino, pero con su aceptación, Cristo llenó el abismo que nos separaba del Padre, por el pecado del hombre, incapaz por sí mismo de superar ese vacío. Jesús es el puente entre nosotros y el Padre bueno. Un puente sin peajes, abierto a todos.

Pero no todos quieren pasar por él. Como a Nicodemo, hay muchos a los que les cuesta entender lo que significa la figura de Jesús. Algunos quieren creer, pero no todos lo consiguen. Demos gracias a Dios por el don de la fe, por cierto. El evangelio de hoy nos recuerda que, al ser levantado en la cruz, Jesús se convirtió en símbolo de salvación para todos, como la serpiente de bronce fue salvación para los hebreos en el desierto. La serpiente de bronce fue algo temporal. La cruz de Cristo, el icono del amor de Dios a los hombres, es eterna.

Dios quiere que todos los hombres se salven. El medio para conseguirlo, seguir a su Hijo, Jesucristo. Es difícil, pero no imposible. De cada uno de nosotros depende. No olvidéis las acciones del Señor, nos recuerda el salmo de hoy. El señor ha obrado grandes cosas en nuestra vida. Nos regala su salvación. Incluso en el dolor y el sufrimiento, nos ayuda a encontrar sentido. Pues eso. ¿Qué vas a hacer tú?

Wednesday, September 13, 2023

Dichosos


 Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,20-26):

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo: «Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten, y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo. Eso es lo que hacían vuestros padres con los profetas. Pero, ¡ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados!, porque tendréis hambre. ¡Ay de los que ahora reís!, porque haréis duelo y lloraréis. ¡Ay si todo el mundo habla bien de vosotros! Eso es lo que hacían vuestros padres con los falsos profetas.»



Meditacion:

Al igual que hace el evangelista Mateo, Lucas comienza su sermón de la llanura, no de la montaña, con las Bienaventuranzas. Son menos que en Mateo, pero su contenido es casi equivalente. Mientras que Mateo se refiere más a actitudes personales, Lucas se fija en situaciones concretas.

Antes que nada, otra vez tenemos que caer en la cuenta de lo paradójico que es el mensaje de Jesús. Lo que para el mundo no es deseable, Jesús lo alaba. Como suele, Cristo nos enseña a ver las cosas desde otro punto de vista, desde el punto de vista de Dios. A nadie le gusta pasar necesidades, llorar, sentir hambre, ser odiado… No es lo que Dios quiere para cada uno de nosotros. Pero el dolor es parte de nuestra vida.

La enseñanza de Jesús nos abre los ojos, para que entendamos que, incluso en esos momentos, a los ojos de Dios somos dichosos y felices. Que eso significa “bienaventurado”. Esa recompensa en el cielo compensa los sufrimientos. Pero en la tierra, tenemos que esforzarnos para que las cosas cambien. Vivir de forma que las cosas cambien.

Tanto Pablo, en la primera lectura, como los “ayes” de Jesús nos recuerdan cómo hay que vivir. Morir al hombre viejo, cambiar la escala de valores de la sociedad por los valores predicados por Cristo, y comprender que lo que aquí, en el mundo, se considera el ideal (la riqueza, el disfrute, el poder) no siempre lo es. A los ojos de Dios, desde luego que no.

Un mundo nuevo, un orden nuevo, sin diferencias entre las personas. Todavía estamos lejos de esa concepción. Pablo se alegra de que en Colosas las cosas vayan en la dirección correcta. Allí han recibido el mensaje, y lo quieren aplicar. Nosotros también hemos recibido la Buena Nueva. ¿Estamos más cerca de la bienaventuranza o de los “ayes”?  ¿Vemos las cosas como las ve Dios, o como las ven los hombres? Ira, coraje, maldad, calumnias y groserías, ¿han salido de nuestra boca? También en las redes sociales, claro está… Si es así, a cambiar. Sin prisa, pero sin pausa. Haciendo un mundo mejor. Como Dios quiere.

San Juan Crisóstomo, el santo de hoy, supo decir esto mismo con bellísimas palabras. El dar de su oratoria (Pico de oro) era legendario. Murió en el destierro, y sus reliquias se veneran en la basílica de san Pedro en Roma. Que su intercesión nos permita ser buenos transmisores de la Buena Nueva.


Tuesday, September 12, 2023

Apostoles

Evangelio

Lc 6, 12-19

Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.

Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.

Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa, de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.


Meditacion:

Nos recuerda el salmo hoy que “El Señor es bueno con todos”. Dan testimonio las muchas personas a las que Jesús sanó de sus enfermedades. Eran muchos los necesitados de sanación en tiempo de Jesús. Por eso, Jesús reunió a un grupo de seguidores, para poder llegar a más y más gente.

Es interesante que, antes de tomar esa decisión tan importante – elegir a su grupo de Apóstoles – Jesús se retiró a orar, y se pasó la noche en oración. Nosotros podemos pensar en cómo tomamos las decisiones que afectan a nuestra vida- ¿Las rezamos antes? ¿O vamos probando, a ver cómo sale? Para reflexionar.

A nosotros, nos dice Pablo en la primera lectura, nos han sepultado en el bautismo de Cristo, para que resucitemos con Él. Casi nada. “Arraigados en él, dejaos construir y afianzar en la fe que os enseñaron, y rebosad agradecimiento”. Podemos imaginarnos la alegría que sintieron los elegidos, al oír sus nombres de boca de Jesús. Seguramente, darían muchas gracias por esa llamada especial, a un seguimiento más cercano.

Quizá entonces no entendieran del todo lo que significaba, pero seguro que se entregaron en cuerpo y alma a la tarea. Antes y, sobre todo, después de la resurrección de Jesús. Ellos también sintieron que fueron perdonados todos sus pecados, borrado el protocolo que los condenaba, y enviados a seguir con la misión salvadora de Cristo.

Muchos necesitados siguen hoy llamando a nuestras puertas. Gente que quiere ser liberada de sus enfermedades, sentir la fuerza que continúa saliendo de Jesús. Tú, como yo, en algún momento de tu vida has sentido esa fuerza, ese amor que libera y permite comenzar de nuevo. Te toca ahora seguir transmitiendo el mensaje. ¿Qué vas a hacer?


 

Monday, September 11, 2023

La mano seca


 Evangelio

Lc 6, 6-11

Un sábado, Jesús entró en la sinagoga y se puso a enseñar. Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada. Los escribas y fariseos estaban acechando a Jesús para ver si curaba en sábado y tener así de qué acusarlo.

Pero Jesús, conociendo sus intenciones, le dijo al hombre de la mano paralizada: "Levántate y ponte ahí en medio". El hombre se levantó y se puso en medio. Entonces Jesús les dijo: "Les voy a hacer una pregunta: ¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado: el bien o el mal, salvar una vida o acabar con ella?" Y después de recorrer con la vista a todos los presentes, le dijo al hombre: "Extiende la mano". El la extendió y quedó curado.

Los escribas y fariseos se pusieron furiosos y discutían entre sí lo que le iban a hacer a Jesús.


Meditacion:

A Jesús le intentaron acusar de diversas maneras. Siempre bajo la apariencia de guardar la ley. Que eran buenos los perseguidores. Se preocupaban sólo por el cumplimiento de las normas. No como Jesús, que se preocupaba también de las personas.

No podemos vivir sin normas. Somos buenos, pero algunos, no tanto. Por eso, “ubi societas, ibi ius”. Donde hay una sociedad, ahí existe el derecho. Está claro que, para los judíos, respetar el sábado era lo más importante. El signo de su liberación, el final de la esclavitud en Egipto. Por eso el enfado de los hebreos.

Jesús iba a enseñar. Sin molestar a nadie. Repite que él es el Señor del sábado. En su presencia, todas las antiguas leyes se han de relativizar. Aunque esas normas fueran justas, los seguidores de Jesús deben leerlas a la luz de la nueva enseñanza, a la luz del Señor Resucitado.

La pregunta de Jesús no es baladí. ¿Hacer el bien o el mal? Los enemigos de Jesús, con tal de no darle la razón, preferían poner por encima de la persona las normas. Nosotros, seguramente, diríamos que hacer el bien es lo más importante. Porque somos “buena gente”. No me cabe la menor duda. Sin embargo, hay cosas que, a veces, nos impiden ser buenos seguidores de Jesús.

Sabemos lo que debemos hacer. Tenemos todo lo que nos hace falta para continuar haciendo el bien. Y, sin embargo, no siempre somos capaces de llevarlo a cabo. Puede ser un falso respeto, puede ser miedo a no ser entendidos, pero en muchas ocasiones no nos animamos a hacer el bien. No ayudamos a la persona que lo necesita, no compartimos nuestro tiempo, aunque podríamos hacerlo, no enseñamos al que no sabe, puede ser, por el “qué dirán”.

El apóstol Pablo no se preocupaba de estas cosas. Solo le interesaba sufrir por el anuncio de Cristo, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer. A tiempo y a destiempo, siempre hablando de lo que para él era lo único importante. Quería que sus oyentes estuvieran unidos y compactos en el amor mutuo, para poder ser fieles en el seguimiento del único que puede dar sentido a nuestra vida. Porque de Dios viene nuestra salvación y nuestra gloria.

Saturday, September 9, 2023

Sabado

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (6,1-5):

Un sábado, Jesús atravesaba un sembrado; sus discípulos arrancaban espigas y, frotándolas con las manos, se comían el grano.

Unos fariseos les preguntaron: «¿Por qué hacéis en sábado lo que no está permitido?»

Jesús les replicó: «¿No habéis leído lo que hizo David, cuando él y sus hombres sintieron hambre? Entró en la casa de Dios, tomó los panes presentados, que sólo pueden comer los sacerdotes, comió él y les dio a sus compañeros.»

Y añadió: «El Hijo del hombre es señor del sábado.»


Meditacion:

Precisamente este modo «de vivir, apegados a la ley, les alejaba del amor y de la justicia: cuidaban la ley, descuidaban la justicia; cuidaban la ley, descuidaban el amor» Para el Señor se trataba de «hombres cerrados, hombres muy apegados a la ley, a la letra de la ley: no a la ley», porque «la ley es amor». Eran hombres «que siempre cerraban las puertas de la esperanza, del amor, de la salvación…

Precisamente «este es el camino que nos enseña Jesús, totalmente opuesto al camino de los doctores de la ley». Y «este camino, del amor a la justicia, lleva a Dios». Sólo «el camino que va del amor al conocimiento y al discernimiento, a la realización plena, lleva a la santidad, a la salvación, al encuentro con Jesús». En cambio, «el otro camino, el de estar apegados solamente a la ley, a la letra de la ley, lleva a la cerrazón, lleva al egoísmo». Y conduce «a la soberbia de sentirse justos, a esa “santidad” —entre comillas— de las apariencias».  «Jesús se acerca: la cercanía es la prueba de que vamos por el camino auténtico». Porque es ese «el camino que eligió Dios para salvarnos: la cercanía. Se acercó a nosotros, se hizo hombre».

 

Friday, September 8, 2023

Virgen Maria


 Mt 1, 18-23

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.



Meditacion:

La Virgen María, cuyo nacimiento celebramos hoy, estuvo al borde de ser abandonada por su prometido y rechazada por su comunidad por decir sí a Dios. José también sabía que estaba asumiendo un gran riesgo cuando decidió permanecer con María a pesar de su inesperado embarazo.

Lo que hace que su decisión fuera aun más impresionante es que María y José deben haber conocido muy bien las historias de los personajes de las Escrituras hebreas que también enfrentaron oposición por su decisión de obedecer el plan de Dios. Deben haber recordado cómo Moisés enfrentó la rebelión cuando estaba tratando de guiar a su pueblo hacia la Tierra Prometida. O cómo David tuvo que escapar del rey Saúl, que estaba tan celoso de él que trató de matarlo.

María y José también deben haber sabido que obedecer a Dios no era una garantía para tener una vida libre de problemas. Es más, podía exponerlos al rechazo y el ridículo. Sin embargo estaban dispuestos a obedecerlo porque lo que estaban recibiendo era mucho más grande que el riesgo que estaban asumiendo. Y por eso aceptaron su voluntad, con sus puntos altos y sus puntos bajos, y se mantuvieron firmes en ella en medio de todo lo que debieron enfrentar.

Cuando te enfrentes a la incomprensión o incluso a la hostilidad debido a tu fe, recuerda a María y a José y la valentía que necesitaron para rendirse al plan que Dios tenía para ellos. Recuerda que tu recompensa será mucho mayor que cualquier oposición que puedas enfrentar, comenzando con la paz que viene de hacer la voluntad de Dios y cumplir el plan que él tiene para tu vida.

“Dios te salve, María, llena de gracia, reza para que yo pueda decir sí al plan de Dios para mí.”


Thursday, September 7, 2023

La pesca


 Evangelio

Lc 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar". Simón replicó: "Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes". Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!" Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres". Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.


Meditacion:

La multitud se agolpa en torno a Jesús, mientras algunos pescadores decepcionados, entre ellos Simón Pedro, lavan sus redes después de una noche de pesca que salió mal. Y he aquí que Jesús sube a la barca de Simón; luego lo invita a ir mar adentro y echar de nuevo las redes (cf. Lc 5,1-4) (…). No era una hora adecuada para pescar, era pleno día, pero Pedro confía en Jesús. No se apoya en las estrategias de los pescadores, que conocía bien, sino que se apoya en la novedad de Jesús. Aquel asombro que lo movía a hacer aquello que Jesús le decía. Lo mismo ocurre con nosotros: si acogemos al Señor en nuestra barca, podemos ir mar adentro. Con Jesús se navega por el mar de la vida sin miedo, sin ceder a la decepción cuando no se pesca nada, y sin ceder al “no hay nada más que hacer”. Siempre, tanto en la vida personal como en la vida de la Iglesia y de la sociedad, se puede hacer algo que sea hermoso y valiente: siempre. Siempre podemos volver a empezar, el Señor siempre nos invita a volver a ponernos en juego porque Él abre nuevas posibilidades. Aceptemos, pues, la invitación: ahuyentemos el pesimismo y la desconfianza y entremos mar adentro con Jesús. Incluso nuestra pequeña barca vacía será testigo de una pesca milagrosa.


Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...