Friday, June 30, 2023

Si quieres...

Evangelio

Mt 8, 1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.

Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.


Meditacion:

Si quieres, puedes limpiarme. La fe mueve montañas, dicen. Eso sí, hace falta fe, aunque sea como un granito de mostaza. A este leproso de hoy, fe le sobraba. Busca a Jesús, aunque en su estado, seguro, le costó hasta Él, se pudo de rodillas, y pidió al Maestro que le devolviera la salud. Es un gran don sentirse limpio. Los que disfrutamos de la ducha cada día, lo sabemos. Imagínate lo que puede ser estar no solo limpio por fuera, sino por dentro. Que la piel deje de caerse a pedazos, para volver a sentirte íntegro. Y volver al seno de la comunidad. Dejar de ser un marginado. Formar parte de algo que te ha estado prohibido muchos años.


Para ese enfermo, el encuentro con Jesús, gracias a su fe, le cambió la vida. Seguro que, desde ese momento, fue uno más de los creyentes en Él. Quizá no le siguió directamente, puede que volviera a su casa, con los suyos, y en medio de la masa, fuera levadura. Nosotros, también creyentes, allá donde nos encontremos, podemos también sentirnos limpios, gracias a nuestra fe. Y si no te sientes así, acude al Maestro, y dile: «Señor, si quieres, puedes limpiarme.» Acude al sacramento de la Reconciliación, dile al Señor que quieres que te limpie, y siente la alegría del perdón.


“Si quieres, puedes limpiarme”. Esta petición se la hacemos al Señor desde nuestra debilidad, una vez más. Y es que necesitamos curarnos de tantas heridas que, en esas luchas personales, hemos ido gestando. No por ello seremos considerados en menos ante Sus ojos. Todo lo contrario, es lo que Dios está esperando por nuestra parte, porque el “bálsamo” que sale de Su corazón es el único capaz de cicatrizar lo que tanto nos hace sufrir y lamentarnos. ¿Qué importa lo que otros puedan pensar, si tenemos aquello que nunca muere y sana para siempre?


Para el pacto de Abrahán eran necesarios sacrificios y, además, la circuncisión física. Ahora, con Jesucristo, ya no hace falta nada de eso. Cristo ha sido el último sacrificio, el que nos permite ver la vida de otra manera. El que nos limpia, cuando, movidos por la fe, acudimos a Él. ¿Quieres limpiarte? ¿Qué vas a hacer?

 

Thursday, June 29, 2023

Apacienta mis ovejas


 

Evangelio

Jn 21, 15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Él le contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos”.

Por segunda vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Él le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Pastorea mis ovejas”.

Por tercera vez le preguntó: “Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero”. Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras’’. Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: “Sígueme”.



Meditacion:

Hoy celebramos a San Pedro y San Pablo, dos pilares de la Iglesia con personalidades profundamente distintas. Simón, el pescador, dejó sus redes para seguir a Jesús (Mateo 4, 19). Rebautizado como Pedro, se convirtió en el líder de la Iglesia (16, 18). En contraste, Saulo era un fariseo bien educado que persiguió a la Iglesia hasta que Jesús se le manifestó (Hechos 9). Desde ese momento, se convirtió en apóstol para los gentiles, usando el nombre romano de Pablo (Romanos 11, 13).

Pedro y Pablo edificaron la Iglesia en formas muy diferentes, pero a pesar de sus diferencias, ambos decidieron obedecer el llamado que les hizo Jesús: “Sígueme” (Hechos 12, 8). Ellos no se hicieron uno igual al otro ni perdieron su personalidad. Más bien, a través del Espíritu, se hicieron más parecidos a Jesús. Hoy, les rendimos honor juntos porque al final, siguieron a Jesús hasta la muerte, muriendo ambos como mártires en Roma.

Tanto Pedro como Pablo imitaron a Jesús al seguir al Espíritu Santo. Pedro proclamó valientemente el evangelio después de quedar lleno del Espíritu en Pentecostés. Su predicación conmovió el corazón de las personas y condujo a miles a la fe en Jesucristo (Hechos 2). Liberado de la culpa de haber negado al Señor, Pedro pasó el resto de su vida dirigiendo a la Iglesia, primero en Jerusalén, después en Antioquía y finalmente en Roma.

Pablo también se rindió al Espíritu. Después de ser bautizado por Ananías, inmediatamente comenzó a proclamar que Jesús era el Hijo de Dios (Hechos 9, 19-20). Y nunca se detuvo. Viajó por todo el Mediterráneo, proclamó el evangelio y estableció iglesias a lo largo y ancho antes de terminar en Roma, donde trabajó hombro a hombro con Pedro hasta el final.

Cada uno de nosotros es único, pero independientemente de nuestra personalidad, una verdad es la misma: El mismo Espíritu que capacitó a Pedro y Pablo habita en nuestro corazón. ¿Te sientes descalificado para servir al Señor? ¿Te sientes apesadumbrado por tu pasado? Mira a estos dos héroes de la fe. Su vida fue transformada por el poder del Espíritu, así como lo puede ser la tuya. Ambos rezan para que tú también aceptes el llamado de Jesús: “Sígueme”.

“Espíritu Santo, te pido que me ayudes a seguir hoy a Jesús.”


Wednesday, June 28, 2023

Por sus frutos


 

Evangelio

Mt 7, 15-20
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?

Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán".


Meditacion:

Esta es la clave para reconocer a los falsos profetas: «Por sus frutos los conoceréis». Es decir, «por su actitud: muchas palabras, hablan, hacen prodigios, hacen cosas grandes, pero no tienen el corazón abierto para escuchar la Palabra de Dios, tienen miedo del silencio de la Palabra de Dios». Son estos «los pseudocristianos, los pseudopastores», que «hacen cosas buenas», pero «les falta la roca» Existen «tres palabras clave para entender esto: hablar, hacer y escuchar». «Uno que solamente habla y hace no es un verdadero profeta, no es un verdadero cristiano, y al final se derrumbará todo», porque «no está sobre la roca del amor de Dios, no está “cimentado en roca”». En cambio, «uno que sabe escuchar y tras escuchar hace, con la fuerza de la palabra de otro, no de la suya», este «permanece firme como la roca: aunque sea una persona humilde, que no parece importante», es grande. Y «¡cuántos de estos grandes hay en la Iglesia!» «¡Cuántos obispos grandes, ¡cuántos sacerdotes grandes, ¡cuántos fieles grandes hay que saben escuchar y tras escuchar hacen!»

Tuesday, June 27, 2023

Las puertas

vangelio

Mt 7, 6. 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No den a los perros las cosas santas ni echen sus perlas a los cerdos, no sea que las pisoteen y después se vuelvan contra ustedes y los despedacen.

Traten a los demás como quieren que ellos los traten a ustedes. En esto se resumen la ley y los profetas.

Entren por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta y amplio el camino que conduce a la perdición, y son muchos los que entran por él. Pero ¡qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que conduce a la vida, y qué pocos son los que lo encuentran!"


Meditacion:

Sigue Abrán adelante, y sigue Dios afirmándole en sus promesas. Es un camino largo, pero que, parece, le mereció la pena. Es que, si te fías de Dios, hay que hacerlo bien, hasta el final. Aunque haya problemas. Al final, todo se arregla. A veces, no sabes cómo. Pero sucede.

¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos. Jesús nos avisa de algo que, parece, ya era un peligro en su tiempo. Es muy fácil descuidarse, o mejor, creer que vamos por el camino correcto. Nos convencemos con mucha facilidad de que “no pasa nada” si un viernes como carne, o si hace ya tres meses (o tres años) que no me confieso, o que reenviar un mensaje no muy agradable sobre un “amigo” es lo normal, todos lo hacen… Nos acostumbramos a no cumplir con cosas pequeñas y, al final, dejamos de cumplir con las grandes. Total, una más… Decía mi maestro de novicios que el primer pecado es el que más cuesta, los demás vienen solos. Algo de eso, me parece, hay.

¿Por qué no vemos la puerta de la Vida? ¿Por qué nos parece tan duro el camino de la Vida? Será que nos falta perspectiva. Quizá porque vivimos a corto plazo, tenemos muchas seguridades, y no le damos espacio a Dios en nuestras vidas. Abrán, en este sentido, puede ser para nosotros un ejemplo. En camino, en escucha, dispuesto a renunciar a lo suyo, buscando el acuerdo con Lot…

Dios ha hecho de todo para que entremos por la puerta de la Vida. Al final, hasta a su Hijo nos envió. Lo que hace falta es estar atento, aceptar su ayuda y llamar a esa puerta que, a diferencia de las nuestras, siempre se abre, para dejarnos pasar. Es verdad que no todos están dispuestos. A ti se te ha dado la posibilidad de ser feliz, yendo por el camino estrecho. Aunque cueste. ¿Qué vas a hacer?

 

Monday, June 26, 2023

No juzguemos

Evangelio

Mt 7, 1-5
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo".


Meditacion:

Continúa Jesús desgranando su “programa” de vida. Hoy nos da también donde muchas veces más nos duele: en los juicios. Sacar la oposición para ser juez en los tribunales es complicado. Exige la carrera de Derecho y luego las oposiciones. Convertirse varias veces al día en juez de los demás es facilísimo. Como que estuviera en el ADN de cada uno.

Cuesta mucho quitarse las gafas de ver los defectos de los demás. Es que nos sale solo, eso de ver lo que no hacen bien los otros, y el pensar que “yo lo haría mejor” o “yo nunca habría hecho eso”.

Tenemos que revisarnos la vista, operarnos, si hace falta las cataratas con el láser de la reconciliación, para ver a los demás como los veía el mismo Jesús. Donde nosotros vemos defectos, Él veía oportunidades. Donde nosotros tenemos la agenda negra de los enfados y las ofensas, Cristo tiene una página en blanco, para que cada uno pueda escribir su historia, sin arrastrar el peso del pasado. Eso de vete y no peques más.

La carta del apóstol Santiago, en su capítulo 4, nos dice: Uno solo es el legislador y juez, el que puede salvar y condenar. ¿Quién eres para juzgar al prójimo?

También aquí las palabras de san Antonio María Claret, nuestro Fundador, siguen siendo actuales. Tendré para con Dios corazón de hijo, para conmigo mismo corazón de juez, y para con el prójimo, corazón de madre. Pues eso

 

Saturday, June 24, 2023

Juan


 

Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,57-66.80):

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre.
La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.»
Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.»
Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios.
Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel.


Meditacion:
Siempre me ha llamado la atención la frase de la gente del pueblo de Juan el Bautista: “¿Qué va a ser de este niño?” La verdad es que todo niño o niña recién nacido es un misterio, un libro en blanco. Nadie sabe lo que va a ser su futuro: enfermedades, trabajos, alegrías, gozos, rebeldías. Nadie sabe si estamos ante un futuro personaje de la historia o ante un ser mediocre. Quizá se convertirá en un asesino en serie o quizá será un santo. Ni siquiera el que sus padres sean de una determinada manera, mejores o peores, ricos o pobres, educados o incultos, significa de forma absoluta que el recién nacido ya tenga su destino predeterminado. Cada uno va a tener que hacer su camino.

Pero también es verdad que mucho va a depender de cómo se vaya acompañando a esa vida que nace y crece. La cercanía, el cariño, el consejo, el ejemplo, la mano siempre tendida, el perdón... todo eso facilitará las cosas, allanará el camino y hará que el recién nacido vaya encontrando su propio camino, adueñándose de su propia historia, creciendo como persona capaz a su vez de amar y crear vida.

Imagino, a partir de lo poco que conocemos de Juan el Bautista, que quizá en su infancia contó con la compañía y cercanía de sus padres, de sus familiares y, quizá, también de todos aquellos que cuando nació dijeron: “¿Qué va a ser de este niño?” Le educaron con la suficiente libertad para poder hacer su propio camino. Le dieron la oportunidad de encontrarse con el Dios de sus padres y de escuchar su voz. Le posibilitaron escuchar la llamada de Dios que le invitaba a ser su profeta, a anunciar que ya estaba cerca el que tenía que venir.

Y Juan fue lo suficientemente consciente de sus propias limitaciones como para apartarse humildemente cuando entendió que el que tenía que venir había venido. Lo señaló y se apartó. Porque el importante era el que tenía que venir y no él mismo. El importante era Jesús y no Juan.

Juan es un modelo para todo misionero, para todo evangelizador, para todo cristiano. Nos enseña a no colocarnos en medio ni sentirnos imprescindibles. Porque lo importante no es que tengamos muchos devotos ni mucha gente que nos escuche. Lo importante es que todas las personas, hombres y mujeres, se encuentren personalmente con Jesús. Lo nuestro es señalarles el camino y apartarnos para que cada uno lo pueda hacer sin estorbos. Indicar, señalar, apuntar, acompañar. Esos son los verbos que debe conjugar el evangelizador.

Friday, June 23, 2023

Riquezas


 

Evangelio

Mt 6, 19-23
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”


Meditacion:

«Al final estas riquezas no dan la seguridad para siempre. Más aún, echan por los suelos tu dignidad». Y esto también vale «en familia»: tantas familias se separan … «Incluso en la raíz de las guerras existe esta ambición que destruye, corrompe», observó el Papa. En efecto, «en este mundo, en este momento, hay muchas guerras por la avidez de poder, de riquezas». Pero «se puede pensar en la guerra en nuestro corazón: “Evitad toda clase de codicia”, dice el Señor». Porque «la codicia va adelante, va adelante, va adelante: es un escalón, abre la puerta, después viene la vanidad —creerse importante, creerse potente— y, al final, el orgullo». Y «de ahí todos los vicios, todos: son escalones, pero el primero es la codicia, el deseo de amontar riquezas».(…) «es difícil, es como jugar con el fuego», añadió el Pontífice. Por este motivo «muchos tranquilizan su propia conciencia con la limosna y dan lo que les sobra». Pero «este no es el administrador: el administrador toma lo que sobra y da a los demás, como servicio, todo». En efecto, «administrar la riqueza es despojarse continuamente del propio interés y no pensar que estas riquezas nos darán la salvación». Por lo tanto, «amontar está bien, incluso tesoros, pero los que tienen valor —por decirlo así— en la «bolsa del cielo»: ¡allí, amontonar allí!»

Thursday, June 22, 2023

Padre Nuestro...

Evangelio

Mt 6, 7-15
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu nombre,
venga tu Reino,
hágase tu voluntad
en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en tentación
y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas".


Meditacion:

En tiempos antiguos, los adoradores paganos usaban la repetición como si fuera un megáfono para comunicarse con sus dioses. Repetían frases y nombres divinos una y otra vez, aumentando cada vez el volumen, con la esperanza de llamar su atención (1 Reyes 18, 26-29; Hechos 19, 34). Pero en el Evangelio de hoy, Jesús les dice a sus discípulos que no recen de esa manera, porque “el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan” (Mateo 6, 8).

Nosotros no adoramos a un Dios que es sordo o indiferente a nuestros sufrimientos. No necesitamos ganarlo para hacer cosas por nosotros. Nuestro Dios nos conoce plenamente, él es nuestro Padre; él nos creó y nos ama tal como somos. Así que cuando expresamos nuestras necesidades al Señor en petición o intercesión, no es para darle a él nueva información o para cambiar su forma de pensar. Dios ya sabe lo que necesitamos, él quiere bendecirnos y ya sabe cómo va a hacerlo.

Entonces, ¿por qué rezamos? ¿Por qué molestarnos si no vamos a cambiar nada?

Porque la oración nos cambia a nosotros al ponernos en contacto con Dios. Cuando volvemos nuestro corazón hacia él y le presentamos nuestras necesidades, reconocemos que él es Dios. Reconocemos que no podemos salvarnos a nosotros mismos ni a nadie más. No podemos solucionar todos nuestros problemas; necesitamos el poder y la bondad de Dios para ayudarnos. Comprender esta realidad conmueve nuestro corazón y lo abrimos más a recibir su misericordia y gracia.

Pero los efectos de nuestra oración no pueden terminar con nosotros. ¡Incluso pueden cambiar el curso de la historia! Por medio de nuestra intercesión, Jesús nos invita a cooperar con él para cumplir su voluntad en el mundo. Al interceder, estamos abriendo nuestro corazón y exponiendo nuestras circunstancias a nuestro Padre celestial y nos rendimos a sus planes. Y para eso no se necesita de un megáfono.

“Padre, te presento hoy mis necesidades, confío en tu bondad. ¡Que se haga tu voluntad!”

 

Wednesday, June 21, 2023

Que tu mano derecha...


 

Evangelio

Mt 6, 1-6. 16-18
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará''.


Meditacion:

Pablo nos recuerda hoy un sentido y una ley fundamental de nuestra vida: lo que hacemos, lo que decidimos, los criterios con los que tomamos nuestras decisiones no son sólo momentos puntuales sin mayor trascendencia; al contrario, son como semillas arrojadas que acabarán dando frutos a su debido tiempo. Si nuestras acciones, decisiones y criterios son cicateros, egoístas, de cortos vuelos, o si sin malhumorados y amargos, darán a largo plazo frutos igualmente pobres y amargos (para nosotros mismos y para los demás). El que, en cambio, vive (y siembra) con justicia, generosidad, con capacidad de perder en ocasiones por el bien de los demás, cosechará frutos en abundancia. Los primeros encogen su ánimo y se encierran en sí mismos, haciendo su vida estéril; los segundos ensanchan su alma y hacen el mundo mejor. Nuestra vida en su día a día es una inversión a largo lazo y, por eso, cada decisión tomada aquí y ahora tiene necesariamente repercusiones en el sentido global de nuestra vida.

Ese sentido está ligado con Dios, fuente del bien y de la vida. Jesús, a propósito de las prácticas del ayuno, la limosna y la oración, menciona hoy los tres ámbitos esenciales de relación de nuestra vida: la relación con nosotros mismos, regida por el principio ascético o de autocontrol; la relación con los demás, regida por el principio de justicia y compasión; y la relación con Dios, regida por el principio de piedad y veneración. Y nos recuerda que en esos tres ámbitos lo importante no es sólo lo que hacemos, sino también cómo lo hacemos, la autenticidad de nuestras motivaciones. Porque supuesto (lo que es suponer no poco) que hacemos lo que debemos (el control de nuestras inclinaciones, nuestros deberes para con los demás y para con Dios), es verdad que podemos “usar” esas acciones indebidamente, de manera hipócrita. Para poder realizar el bien que Dios quiere, el que nos une con Él (que esa es la recompensa del bien, el fruto de nuestras buenas inversiones), tenemos que hacer lo correcto y debido, e incluso más, pero hacerlo con generosidad y con recta intención.

Tuesday, June 20, 2023

Enemigos


 

Evangelio

Mt 5, 43-48
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto".


Meditacion:

La superación de la ley del talión que escuchamos ayer, y el paso a una ética del amor, que nos presenta exigencias radicales, nos puede parecer un hermoso ideal, pero, en la práctica, de imposible cumplimiento. Sin embargo, no debemos entender las palabras de Jesús sobre todo en clave moral, que pone a prueba nuestra capacidad de renuncia. Estas palabras de Jesús, en que va desgranando la nueva ley del Evangelio, hay que leerlas a la luz de las Bienaventuranzas, que manifiestan el don que Dios nos hace en Jesucristo. Por tanto, más que una lista de exigencias morales, es una revelación del modo en que Dios se relaciona con nosotros. No se trata, sobre todo, de lo que debemos hacer (con un esfuerzo casi sobrehumano), sino de lo que Dios está ya haciendo con nosotros, por medio de su hijo Jesucristo. Con su enseñanza, Jesús está corrigiendo nuestra imagen de Dios (que manda, amenaza y castiga), y trasmitiéndonos su rostro paterno y, por tanto, su propia experiencia filial. Dios hace el bien incondicionalmente, y lo hace además con todos por igual.

El amor de Dios no es sectario, no establece fronteras: raciales, nacionales, morales, confesionales… La colecta organizada por Pablo en favor de los necesitados en Jerusalén y Judea es un buen ejemplo de ese amor que traspasa fronteras. Si nuestro amor ha de ser reflejo e imagen de ese amor que nosotros recibimos de Él, no podemos rebajarlo a una simpatía partidista, que acepta o excluye, según los gustos o los prejuicios personales. Es verdad que nos llama a hacer el bien, pero no por imposición, sino por atracción positiva, por contagio, podríamos decir

Así que, antes de ponernos esforzadamente a cumplir esas difíciles exigencias, que están de hecho por encima de nuestras débiles fuerzas, tenemos que pararnos a mirar al Dios en el que creemos, el que nos revela Jesucristo, que es su Hijo precisamente porque es semejante a su Padre. Solo en la contemplación asidua de su santidad amorosa y cercana, podremos empezar a sintonizar con ella, con la perfección contagiosa Dios.

Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...