Tuesday, April 30, 2024

La Paz


 Evangelio

Jn 14, 27-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: 'Me voy, pero volveré a su lado'. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado''.


Meditacion:

¿Qué es esta paz que el mundo no conoce y que el Señor nos dona? Esta paz es el Espíritu Santo, el mismo Espíritu de Jesús. Es la presencia de Dios en nosotros, es la “fuerza de paz” de Dios. Es Él, el Espíritu Santo, quien desarma el corazón y lo llena de serenidad. Es Él, el Espíritu Santo, quien deshace las rigideces y apaga la tentación de agredir a los demás. Es Él, el Espíritu Santo, quien nos recuerda que junto a nosotros hay hermanos y hermanas, no obstáculos y adversarios. Es Él, el Espíritu Santo, quien nos da la fuerza para perdonar, para recomenzar, para volver a partir, porque con nuestras solas fuerzas no podemos. Y con Él, con el Espíritu Santo, nos transformamos en hombres y mujeres de paz. Queridos hermanos y hermanas, ningún pecado, ningún fracaso, ningún rencor debe desanimarnos a la hora de pedir con insistencia el don del Espíritu Santo que nos da la paz. Cuanto más sentimos que el corazón está agitado, cuanto más advertimos en nuestro interior nerviosismo, intolerancia, rabia, más debemos pedir al Señor el Espíritu de la paz. Aprendamos a decir cada día: “Señor, dame tu paz, dame el Espíritu Santo”

Monday, April 29, 2024

Mi Palabra


 Evangelio

Jn 14, 21-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él".

Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): "Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?" Le respondió Jesús: "El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho''.


Meditacion:

Los pequeños son aquellos que, como los niños, se sienten necesitados y no autosuficientes, están abiertos a Dios y dejan que sus obras los  asombren. ¡Ellos saben leer sus signos y maravillarse por los milagros de su amor! Yo os pregunto a cada uno de vosotros, y también a mí mismo: ¿nosotros sabemos maravillarnos de las cosas de Dios, o las tomamos como cosas pasajeras? Hermanos y hermanas, nuestra vida, si lo pensamos bien, está llena de milagros: llena de gestos de amor, signos de la bondad de Dios. Sin embargo, ante ellos, también nuestro corazón puede acostumbrarse y permanecer indiferente, curioso pero incapaz de asombrarse, de dejarse “impresionar”. Un corazón cerrado, un corazón blindado, no tiene capacidad para sorprenderse. ‘Impresionar’ es un bonito verbo que hace pensar en la película de un fotógrafo. Esta es la actitud correcta ante las obras de Dios: fotografiar en la mente sus obras para que se impriman en el corazón, a fin de revelarlas en la vida mediante muchos gestos de bien, de modo que la “fotografía” de Dios-amor se haga cada vez más luminosa en nosotros y a través de nosotros.

Saturday, April 27, 2024

Yo estoy con el Padre

Evangelio

Jn 14, 7-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.

Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre’’.



Meditacion:

El Padre siempre ha estado presente en la vida de Jesús y Jesús hablaba de esto. Jesús rezaba al Padre. Y muchas veces, hablaba del Padre que cuida de nosotros, como cuida de los pájaros, de los lirios del campo... El Padre. Y cuando los discípulos le pidieron que les enseñara a orar, Jesús enseñó a orar al Padre: «Padre nuestro» (Mt 6,9). Siempre va [se dirige] al Padre. Pero en este pasaje es muy fuerte; y es también como si abriera las puertas de la omnipotencia de la oración. “Porque estoy con el Padre: vosotros pedid y yo haré todo. Pero porque el Padre lo hará conmigo” (cf. Jn 14, 11). Esta confianza en el Padre, confianza en el Padre que es capaz de hacer todo. Este valor para rezar, porque rezar requiere valentía. Se necesita la misma valentía, la misma franqueza que para predicar: la misma. (…) La oración en primer lugar. Luego, lo demás. Pero cuando lo demás roba espacio a la oración, algo no funciona. Y la oración es fuerte por lo que hemos oído decir a Jesús en el Evangelio: «Yo voy al Padre. Y yo os concederé todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, para que el Padre sea glorificado» (Jn 14,12-13) Así sigue adelante la Iglesia, con la oración, la valentía de la oración, porque la Iglesia sabe que sin esta subida al Padre no puede sobrevivir

 

Friday, April 26, 2024

Camino, Verdad y Vida


 Evangelio

Jn 14, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.


Meditacion:

La Palabra de Dios da hoy un giro en el camino pascual (en realidad lo dio en las lecturas del jueves que no hemos leído por la fiesta de san Marcos). Hasta ahora hemos estado contemplando las presencias del Resucitado (en la comunidad de sus discípulos, en la Eucaristía, en los Pastores), y no solo contemplando, sino reproduciendo en nuestra propia vida la experiencia de encuentro con él. Afincados en nuestro presente histórico hemos estado mirando hacia atrás, hacia esos intensos momentos en los que los discípulos, tras la traumática experiencia de la muerte en cruz, experimentaron la certeza de que estaba vivo. Hemos mirado atrás, para asimilar hoy y hacer nuestra esa misma experiencia.

Ahora se nos invita a mirar hacia adelante. Usando los densos discursos de despedida de Jesús en la última cena, la Palabra dirige nuestra mirada a la próxima Ascensión del Señor, que pondrá punto final a esa etapa tan intensa y abrirá el tiempo de la misión. Se trata también de una despedida, aunque de distinto carácter. Más que de una despedida por una próxima desaparición, se trata de un envío, el comienzo de un camino en el que se dará una nueva forma de presencia, basada, claro está, en la experiencia fundamental de la Pascua. Por eso el corazón de los discípulos no debe turbarse, sino mantenerse en calma: Jesús no nos deja, sino que nos acompaña de un modo nuevo. Ese camino es precisamente el de la misión universal. Es un camino que tiene una meta bien definida: la plena comunión con Dios en Cristo. Esa comunión no es un nirvana impersonal, en ella seremos plenamente nosotros mismos, de ahí la alusión a la muchas moradas de la casa del Padre: no sólo hay morada para todos, sino que hay toda clase de moradas. Pero, de momento, tenemos que hacernos al camino, que, ya lo hemos dicho, es el mismo Cristo.

Ese camino, el tiempo de la misión, es lo que estamos considerando desde el principio de la Pascua en la lectura continua de los Hechos de los Apóstoles, una especie de “quinto Evangelio”, el de su transmisión a todo el mundo. Pablo, siguiendo el mandato de Jesús (ser testigos en Jerusalén, Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra: Hch 1, 😎 empieza su predicación por los más cercanos, por los judíos, presentando a Jesús como aquel en el que se cumplen las antiguas promesas, el objeto de su esperanza. Esta síntesis de continuidad y novedad indica un rasgo esencial del anuncio evangélico: partir de las más profundas y auténticas expectativas humanas (partiendo del contexto cultural en que nos encontremos), para presentar con claridad, sin miedos y sin complejos, a Jesús como el único que puede responderlas plenamente: él es la verdad de nuestra vida, la vida en plenitud, el camino que conduce a ella.

Wednesday, April 24, 2024

Creer


 Evangelio

Jn 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho’’.


Meditacion:

Las palabras de Jesús que hemos escuchado en el Evangelio de hoy son las últimas de su actividad pública, y concluyen el “libro de los signos”, que dan paso a la Pasión, precedida por el largo relato de la última cena. Esas palabras de hoy suenan como una seria advertencia: no son palabras cualesquiera, sino que en ellas el mismo Dios Padre se dirige a nosotros. Lo hace para darnos luz, para salvarnos de las tinieblas, esto es, para darnos vida. Pero si no se acogen, los mismos que las rechazan se hacen culpables y se condenan a sí mismos. Jesús vuelve a repetir, como le dijo a Nicodemo: que no ha venido a condenar al mundo, sino para salvarlo. Pero la salvación no se puede imponer, requiere de la cooperación humana, a la que Dios llama por medio de Cristo. Dios, por medio de su Palabra, apela a nuestra libertad, al tiempo que ilumina nuestro espíritu para que podamos entenderla y acogerla. Pero esto último depende de nosotros. Es decir, la acción salvífica de Dios no elimina la responsabilidad humana, sino que la supone (al tiempo que la sana, iluminándola).

Esta combinación de gracia y libertad responsable preside también la misión de la Iglesia. La comunidad de Antioquía es un hervidero de carismas y actividades. Se ve que la Palabra actúa a pleno rendimiento. Esto genera un diálogo vivo con esa Palabra que debe ser discernida por medio de la oración y el ayuno. La consecuencia es la apertura universal de la misión. La comunidad prescinde de sus mejores elementos para que el Evangelio trascienda todas la fronteras. Una comunidad cristiana viva no puede no ser una comunidad generosa y misioner

Tuesday, April 23, 2024

Ovejas II


 Evangelio

Jn 10, 22-30

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.


Meditacion:

Sólo la fe capacita al hombre para reconocer a Jesucristo como el Hijo de Dios. San Juan Pablo II hablaba en el año 2000, en el encuentro con los jóvenes en Tor Vergata, del “laboratorio de la fe”. Para la pregunta «¿Quién dicen las gentes que soy yo?» (Lc 9,18) hay muchas respuestas... Pero, Jesús pasa después al plano personal: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Para contestar correctamente a esta pregunta es necesaria la “revelación del Padre”. Para responder como Pedro —«Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo» (Mt 16,16)— hace falta la gracia de Dios.

Pero, aunque Dios quiere que todo el mundo crea y se salve, sólo los hombres humildes están capacitados para acoger este don. «Con los humildes está la sabiduría», se lee en el libro de los Proverbios (11,2). La verdadera sabiduría del hombre consiste en fiarse de Dios.

Santo Tomás de Aquino comenta este pasaje del Evangelio diciendo: «Puedo ver gracias a la luz del sol, pero si cierro los ojos, no veo; pero esto no es por culpa del sol, sino por culpa mía».

Jesús les dice que si no creen, al menos crean por las obras que hace, que manifiestan el poder de Dios: «Las obras que hago en nombre de mi Padre son las que dan testimonio de mí» (Jn 10,25).

Monday, April 22, 2024

El pastor

Evangelio

Jn 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’’.



Meditacion:

Quien haya tenido la suerte de visitar Tierra Santa, probablemente haya estado también en lo que sería la cueva de los pastores cerca de Belén. En ella, la salida de la cueva tiene una pequeña pared de apenas un metro de altura, en medio del cual hay un hueco en el que dormía el pastor principal, y mientras él estuviera allí tumbado las ovejas, que lo conocían, no salían del aprisco. Jesús no es sólo el Buen Pastor, sino también la puerta del redil. Es una puerta abierta. El único modo de entrar en este rebaño y formar parte de él es el mismo Cristo, la fe en él, la inserción en él por el bautismo que limpia y purifica. Mucho se insiste, con razón, en que “todos” tienen cabida en este redil, pues la puerta está siempre abierta. Pero sin olvidar que hay que entrar precisamente por la puerta, pues, como avisa Jesús, se puede entrar saltando por otra parte, sin pasar por ese baño purificador que es la conversión y el bautismo, y el que lo hace así, dice Jesús, es un ladrón y un bandido que viene para robar, matar y hacer estragos. Es inquietante, pero es una posibilidad real, según las palabras de Jesús.

La relación personal que Jesús establece con sus metafóricas ovejas evita entender esta imagen en un sentido peyorativo, de pura dependencia servil. De hecho, Jesús, pastor y puerta del redil, no sólo es puerta de entrada, sino también de salida: Jesús no encierra, sino que libera, guía a la verdadera libertad, a la vida plena, a la vida nueva de la resurrección. Todo líder humano que pretenda erigirse en salvador (y no solo en gestor delegado) es un impostor, un ladrón y un bandido, que promete lo que no puede dar y conduce a la muerte, de la que sólo el Dios de Jesucristo nos puede salvar.

Esa puerta de salida, que se prolonga en el ministerio de los pastores, nos la muestra bien a las claras Pedro en su encuentro con los gentiles en Cesárea. La tentación de la cerrazón, por la inercia de la tradición judía fue muy fuerte en la primera generación cristiana. Pero fue vencida por la fuerza del Espíritu, al que no se le pueden poner muros ni cerrojos. Con mucho discernimiento y sumisión al Espíritu la Iglesia debe seguir saliendo al encuentro de todos, para anunciarles el Evangelio de Jesús y la llamada a la conversión que lleva a la vida. Eso sí, igual que la puerta de entrada siempre abierta es el mismo Cristo, también él, y no otras motivaciones extrañas, como modas o tendencias mundanas, debe ser la puerta de salida que nos conduce a nuestros hermanos.

 

Saturday, April 20, 2024

Palabra de Vida


 Evangelio

Jn 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús dijeron al oír sus palabras: "Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?"

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: "¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen". (En efecto, Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: "Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede".

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: "¿También ustedes quieren dejarme?" Simón Pedro le respondió: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios".


Meditacion:

No es fácil. Incluso para Jesús fue difícil. A pesar de todo lo que ofrecía, para muchos era imposible vivir ese nuevo estilo de vida. A un buen grupo se le acabó la paciencia, o la curiosidad, y se volvieron por donde había venido. Seguro que los Discípulos miraron a Jesús con cara de duda, y, al verlo, surgió la pregunta: “también vosotros queréis marcharos?” Es fácil rendirse en las dificultades. O pedir que se rebaje el nivel. Que nos quiten un mandamiento, por ejemplo. O algún dogma. Para que sea más sencillo el seguimiento. Pero no se puede. Es lo que hemos recibido del Señor.

El mismo Jesucristo no baja el listón. Porque tampoco puede. Lo que ha recibido de su Padre es un todo, que debe transmitir. No es un menú a la carta, es el plan del Reino, que abarca todos los sectores de la vida, no deja nada fuera. No hay posibilidad de elegir lo que nos gusta y lo que no. La iglesia, hoy, tampoco puede cambiar las cosas. Y, como entonces, algunos lo entienden. Otros no.  Muchos se van, algunos se quedan.

Pedro resume el sentir de los verdaderos seguidores. “Tú tienes palabras de vida eterna”. Es una afirmación que compromete todo nuestro ser. Aspiramos a vivir eternamente, en esta tierra, temporalmente. lo mejor posible, en el Cielo, con Cristo, para siempre. Hay muchas ofertas para pasarlo bien un rato. Esas ofertas no sacian nuestro deseo de eternidad. La fe en Cristo abre otras posibilidades.

Tú, ¿qué piensas? ¿Quieres marcharte, porque son palabras duras? ¿O has encontrado el tesoro escondido, la Palabra de Dios, y vas a esforzarte para ser fiel?

Friday, April 19, 2024

Vida


 Evangelio

Jn 6, 52-59

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"

Jesús les dijo: "Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre''.

Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.



Meditacion:

Sabiendo que deberá morir en la cruz por nosotros, Jesús se identifica con ese pan partido y compartido, y eso se convierte para Él en «signo» del Sacrificio que le espera. Este proceso tiene su culmen en la Última Cena, donde el pan y el vino se convierten realmente en su Cuerpo y en su Sangre. Es la Eucaristía, que Jesús nos deja con una finalidad precisa: que nosotros podamos convertirnos en una sola una cosa con Él.  (…) La comunión es asimilación: comiéndole a Él, nos hacemos como Él. Pero esto requiere nuestro «sí», nuestra adhesión de fe

Thursday, April 18, 2024

Pan de Vida


 Evangelio

Jn 6, 44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida".


Meditacion:

Jesús se revela como el pan, es decir lo esencial, lo necesario para la vida de cada día. (…) No un pan entre muchos otros, sino el pan de la vida. En otras palabras, nosotros, sin Él, más que vivir, sobrevivimos: porque solo Él nos nutre el alma, solo Él nos perdona de ese mal que solos no conseguimos superar, solo Él nos hace sentir amados aunque todos nos decepcionen, solo Él nos da la fuerza de amar, solo Él nos da la fuerza de perdonar en las dificultades, solo Él da al corazón esa paz que busca, solo Él da la vida para siempre cuando la vida aquí en la tierra se acaba. Es el pan esencial de la vida.

Tuesday, April 16, 2024

Pan de Vida


 Evangelio

Jn 6, 30-35

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: "¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo".

Jesús les respondió: "Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo".

Entonces le dijeron: "Señor, danos siempre de ese pan". Jesús les contestó: "Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed".



Meditacion:

Jesús sigue educando a sus seguidores. Hoy les sorprende con una nueva afirmación. “Yo soy el Pan de vida”. Mejor que el maná del desierto, que al final resultaba insípido por repetitivo. Entendemos que tendremos hambre y sed cada día, porque es lo natural. Pero los interlocutores de Jesús querían vivir sin hambre y sin sed. Literalmente. Otra vez las motivaciones, de las que hablábamos ayer.

Con Cristo las cosas se pueden ver de otra manera. Porque Él es la Sabiduría que se nos da en su Palabra y en su Cuerpo, el verdadero Pan de Vida. Sólo Él puede saciar nuestra hambre y sed de paz y de perdón, de justicia y de felicidad. Otras maneras de saciarnos (el poder, el orgullo, el placer…) nos dejan con ganas de más. No pueden llenarnos.

Pidámosle al Señor que de verdad Él sea el pan que sacie nuestra hambre. Que nos dé siempre de ese pan que es su Cuerpo. Para que sepamos ver a Dios en todos los sucesos de nuestra vida.

Monday, April 15, 2024

Obras de Dios


 Evangelio

Jn 6, 22-29

Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste acá?” Jesús les contestó: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.

Ellos le dijeron: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?” Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”.


Meditacion:

En el Evangelio, vemos cómo alrededor de Jesús se agolpaba mucha gente. Algunos, simplemente, porque sacaban tajada de estar cerca. Pan y peces gratis. Otros, porque las palabras de Jesús les ayudaban a encontrar el sentido de la vida. Muchos, seguramente, por curiosidad, sin saber muy bien qué pensar de ese hombre que hablaba tan bien, y llevaba a cabo esos “milagros”, gestos que confirmaban sus palabras. Cada uno conocía el motivo de su seguimiento.

Hoy, también cada uno de nosotros tenemos nuestros motivos para seguir a Jesús. Pero, sobre todo, sabemos que el mismo Jesús nos conoce mejor que nosotros mismos. Sabe por qué estamos con Él. A veces, nuestros motivos no están claros ni para nosotros mismos. O no son tan puros como nos parece. Incluso en la vida religiosa o sacerdotal, sobre todo al comienzo, hay que ayudar a discernir las motivaciones (busco que amen a Dios o que me amen a mí, que soy el más alto y el más guapo y el más listo…) Es importante, de vez en cuando, recordar que a Cristo lo seguimos porque Él nos ha llamado, no solo porque nos sea rentable.

Me gustaría recordar que, a pesar de todo, incluso si nuestros motivos no son del todo claros, Él siempre perdona. Sí, murió por todos – incluidos los “traidores” – para darles la salvación.

Pensamos hoy en los motivos por los que seguimos a Jesús. Si es la repuesta a su amor, o si le queremos por el “interés”. Y, si algo no va como debería, pedir perdón y reorientar nuestro “navegador espiritual”.

Saturday, April 13, 2024

Soy yo, no teman


 Evangelio

Jn 6, 16-21

Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”. Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.



Meditacion:

Sería bueno escuchar del Señor su “no tengáis miedo” Al decirnos “no temas” es como si nos dijera “ten confianza”. Esa palabra llega a nuestro corazón y se hace salvación. El Señor es como si nos dijera: no temas tomarte ningún trabajo para guardar tu vida, para enterrar tus dones, para desaten dr a lss personas que se te han confiado. Es como si oyésemos: “recibe la misión de Dios”, “déjate conducir por él”

Podemos ir sintiendo las “no temas” del señor.  No temas acercarte a su Palabra. No temas denunciar las injusticias. No tenas ser sometido a una prueba. No temas. No temas “pequeño rebaño”. El Señor guía tus pasos. El no temas del Señor, se convierte en un “anímate”, “ten confianza”, “ten ánimo” a recibir la fuerza de Dios que es vida.

La seguridad no está en nosotros sino en el aliento que da la palabra del Resucitado que acompaña y calma nuestras tormentas.

Friday, April 12, 2024

Multiplicacion


 Evangelio

Jn 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: "¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?" Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: "Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan". Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?" Jesús le respondió: "Díganle a la gente que se siente". En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: "Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien". Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: "Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo". Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.



Meditacion:

Jesús nos enseña una coda: lo que salva nuestra vida, lo que la redime, no son las cosas razonables, calculadas, precisas, aquello que medimos y hacemos. Sólo el exceso de amor puede acrecentar la vida Los discípulos manifiestan su escepticismo ante la propuesta de Jesús. de ofrecer comida a tanta gente; les parece imposible que solucionar el problema. Los cálculos no les salían, no confían en la palabra de Jesús.

Nosotros, como ellos, vivimos a veces calculándolo todo, restringiendo al mínimo el amor y la solidaridad. Y así perdemos oportunidades, perdemos la vida. Si no desbordamos de vida, simplemente la perdemos. Necesitamos aprender de Jesús, necesitamos estar atentos a los otros, construir presencias de amor.

Basta ofrecernos con generosidad y dar lo que hemos recibido gratis. Basta con hacer el bien. El Espíritu de Jesús quiere hacer el bien a través de nosotros.

Que el pan no se acumule en pocas para que llegue a los que están esperando en “pan de cada día”.

Thursday, April 11, 2024

Amor Divino


 Evangelio

Jn 3, 31-36
“El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.
El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él”.


Meditacion:
Es difícil explicar en qué consiste la fe en Jesús. No es una fe conceptual o abstracta. La fe no es un compendio de nuestras ideas y buenas intenciones. Muchas veces nuestras ideas se hacen “autorreferenciales” y están vacías de Dios. Muchas veces nuestras buenas intenciones nos traicionan precisamente porque no pasan de ahí. Es fácil instalarnos en la apariencia de ser muy religiosos, creyéndonos moralmente ser superiores a los demás, pero sin poner un dedo en el trabajo por el Reino de Dios.
El máximo poder consiste en dar vida, en derramar el Espíritu sin medida. Jesús nos pide fe, abrir la puerta, dejarnos invadir por la gracia que con Él llega.
Creer que Jesús es el Señor no es solo una esperanza que proyectamos hacia el futuro. Es experimentar ya hoy, en este lugar precario que es la vida de todos los días, que las palabras dichas por Jesús marcan ya la diferencia.

Wednesday, April 10, 2024

Tanto amor


 Evangelio

Jn 3, 16-21

“Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él. El que cree en él no será condenado; pero el que no cree ya está condenado, por no haber creído en el Hijo único de Dios.

La causa de la condenación es ésta: habiendo venido la luz al mundo, los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Todo aquel que hace el mal, aborrece la luz y no se acerca a ella, para que sus obras no se descubran. En cambio, el que obra el bien conforme a la verdad, se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios’’.


Meditacion:

Dios nos ama en Jesús con un amor excesivo, sin límites, incondicional. Si creemos que Dios nos mira con ojos llenos de amor, creeremos también que sus ojos  nos buscan con eterno cariño. Dios no se queda tranquilo cuando estamos mortecinos o tristes. En su Hijo nos manifiesta su misericordia, su compasión, su bondad, para transformar nuestras sombras en luz, nuestra estrechez en anchura, nuestra no vida en vida, nuestra tristeza en alegría, nuestra desolación en consolación. Es necesario que pongamos en ese amor el punto de apoyo.

Muchas veces vivimos desanimados o postrados, desconfiamos de que nuestra vida tenga algún valor. La Palabra vuelve a despertar la confianza en nosotros. La Pascua es el tiempo para volver a creer y volver a despertar la confianza en la fuerza de Dios. Dios puede. Dios puede. Dios puede. Dios arrancó a su Hijo de la muerte y está dispuesto a hacer lo mismo con nuestras vidas liberándolas de todo aquello que la amenaza

Monday, April 8, 2024

Renacer


 Evangelio

Jn 3, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: "No te extrañes de que te haya dicho: 'Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu". Nicodemo le preguntó entonces: "¿Cómo puede ser esto?"

Jesús le respondió: "Tú eres maestro de Israel, ¿y no sabes esto? Yo te aseguro que nosotros hablamos de lo que sabemos y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si no creen cuando les hablo de las cosas de la tierra, ¿cómo creerán si les hablo de las celestiales? Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna".



Meditacion:

No nacemos una sola vez. Nacemos en el bautismo como nuevas criaturas, pero hace falta nacer más veces. Nacemos cuando nos descubrimos amados y capaces de amar, cuando perdonamos y somos perdonados. Nacemos en la alegría de la risa y en la noche de las lágrimas, nacemos en la oración y en la entrega. Nacemos en la reconciliación y en el conflicto. Nacemos en el silencio o iluminados por la Palabra.

Siempre es posible nacer de nuevo, recuperar la alegría, el fervor, la profundidad, el ser que nos habita. Pero hay que ser como como el viento, hay que romper las cadenas y aceptar una libertad que nos desinstala. El nacimiento del Espíritu es como el viento. Estar dispuesto a dejarse llevar , a no tener todo bajo control. Renacemos, tenemos vida en Él, cuando contemplamos a Jesús en la cruz y somos atraídos por Él

La Anunciacion


 Evangelio

Lc 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.


Meditacion:
Entre aquello a lo que somos llamados y el conocimiento de nuestras fuerzas hay una separación que nos estremece, una distancia que nos hace enmudecer, casi una incapacidad para responder. “¿Cómo puede suceder esto?” La pregunta nos sobrepasa. La respuesta no puede ser más que ésta: “El Espíritu Santo se posará sobre ti”. Vale la pena detenerse a contemplar este momento sobrecogedor, imprevisible, ese instante sagrado en que el ángel le propone a maría que se sume a la profesión de una fe peculiar : “Para Dios nada es imposible” Comienza así una nueva creación.
Como María, cada uno, está llamado a engendrar a Dios para el mundo. Ella nos enseña que la confianza es siempre dar un salto. Ella confía y pronuncia su sí. ¡Qué importantes son los “hágase tu voluntad” en nuestra vida para que llegue la novedad de Dios!

Saturday, April 6, 2024

Apariciones


 Evangelio

Mc 16, 9-15

Habiendo resucitado al amanecer del primer día de la semana, Jesús se apareció primero a María Magdalena, de la que había arrojado siete demonios. Ella fue a llevar la noticia a los discípulos, los cuales estaban llorando, agobiados por la tristeza; pero cuando la oyeron decir que estaba vivo y que lo había visto, no le creyeron.

Después de esto, se apareció en otra forma a dos discípulos, que iban de camino hacia una aldea. También ellos fueron a anunciarlo a los demás; pero tampoco a ellos les creyeron.

Por último, se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no les habían creído a los que lo habían visto resucitado. Jesús les dijo entonces: “Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura”.



Meditacion:

Parecería casi como un poco de venganza por parte de Jesús. Les había enviado a sus discípulos mensajeros diversos: los de Emaús, Magdalena… y no creían. Y ahora los regaña por la dureza de corazón y los envía a ellos. ¿Para que cuando prediquen y anuncien a ellos tampoco los crean? Quizá se sintieran así. Y quizá eso fuera el desafío. Creer de verdad tiene consecuencias. Los de Emaús se arriesgaron y no los creyeron; Magdalena se arriesgó y no la creyeron.

Ahora os toca a vosotros arriesgar. Pero no podéis simplemente anunciar que me habéis visto con vuestras palabras, porque nadie os va a creer. Tendrá que ser algo más: tendrá que ser salir a los confines del mundo; tendrá que ser dar un testimonio arriesgado; tendrá que ser enfrentarse a mil obstáculos, a la persecución, a la muerte. Y encontrarse, una y otra vez, con el fracaso. Pero la voz llegará a otros muchos, caerá la semilla y creerán.

Esto de ser testigos de la resurrección, con toda la gloria y la luz y la alegría que conlleva, implica también pasar, uno mismo, por la muerte y el dolor. Porque sólo así se puede creer en la Resurrección. Si las cosas fueran muy fáciles, las podría hacer cualquiera. Pero, en esa dificultad se demuestra que solamente Dios puede sacar vida de la muerte.

Todos esto no es un castigo ni una revancha. Es más bien una llamada misericordiosa a compartir su gloria y su vida. Quienes han comido con él, quienes han gustado de su pan, quienes han contemplado su bondad y su belleza, no pueden sino gozar de la alegría de la salvación. No pueden sino dejar que ardan sus corazones como los de Emaús; no pueden sino dejar que Jesús se les aparezca disfrazado de jardinero y que los consuele, como a Magdalena. Tienen que fiarse de los mensajeros y de los mensajes de Cristo y, a su vez, transmitirlos.

Friday, April 5, 2024

Pesca


 Evangelio
Jn 21, 1-14
En aquel tiempo, Jesús se les apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Se les apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás (llamado el Gemelo), Natanael (el de Caná de Galilea), los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos. Simón Pedro les dijo: “Voy a pescar”. Ellos le respondieron: “También nosotros vamos contigo”. Salieron y se embarcaron, pero aquella noche no pescaron nada.
Estaba amaneciendo, cuando Jesús se apareció en la orilla, pero los discípulos no lo reconocieron. Jesús les dijo: “Muchachos, ¿han pescado algo?” Ellos contestaron: “No”. Entonces él les dijo: “Echen la red a la derecha de la barca y encontrarán peces”. Así lo hicieron, y luego ya no podían jalar la red por tantos pescados.
Entonces el discípulo a quien amaba Jesús le dijo a Pedro: “Es el Señor”. Tan pronto como Simón Pedro oyó decir que era el Señor, se anudó a la cintura la túnica, pues se la había quitado, y se tiró al agua. Los otros discípulos llegaron en la barca, arrastrando la red con los pescados, pues no distaban de tierra más de cien metros.
Tan pronto como saltaron a tierra, vieron unas brasas y sobre ellas un pescado y pan. Jesús les dijo: “Traigan algunos pescados de los que acaban de pescar”. Entonces Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red, repleta de pescados grandes. Eran ciento cincuenta y tres, y a pesar de que eran tantos, no se rompió la red. Luego les dijo Jesús: “Vengan a almorzar”. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ‘¿Quién eres?’, porque ya sabían que era el Señor. Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio y también el pescado.
Ésta fue la tercera vez que Jesús se apareció a sus discípulos después de resucitar de entre los muertos.


Meditacion:
De nuevo, un gesto conocido: ¿habéis pescado algo? Echad las redes al otro lado. No se puede pescar nada sustancial, nada importante, sin escuchar la voz de a dónde hay que echar las redes. Los discípulos no se atreven a preguntar quién es. De nuevo, lo ven, están con él, oyen su voz, pero no lo reconocen hasta que no hace el gesto familiar.
La sensación de fracaso, o de falta de fruto del trabajo personal, o de los esfuerzos por una causa, o por alguna persona, es muy frecuente. Entonces llega el desánimo. ¿Qué puede animar a seguir adelante, a hacer un nuevo esfuerzo, a buscar otra solución? ¿Qué puede animar a empezar de nuevo después de alguna caída? El gesto, la palabra escuchada otras veces. El gesto reconocido de la pregunta sobre la pesca y la recomendación de echar la red al otro lado. Puede venir a través de la lectura de la Palabra, de un libro, un consejo de alguien amigo, un momento de oración. Pero hay que saber escuchar y aceptar.
El desánimo solo puede disiparse y dar lugar a una nueva energía si no nos empeñamos en ser nosotros mismos quienes hagamos lo mismo una y otra vez. Si tenemos la valentía de dejar que sea Cristo quien nos indique por dónde echar la red. Si damos paso a la seguridad total de la resurrección de aquel que está siempre dispuesto a invitarnos a su mesa.
Entonces, nadie se atreverá a pedir credenciales a quien ha hecho tal invitación o ha lanzado tal desafío. Los discípulos sabían que era el Señor. Ojalá que día a día, en los gestos pequeños de quienes nos aconsejan, nos desafían, nos retan a algo mejor, reconozcamos esa presencia del Cristo Resucitado, que está dispuesto a llenar nuestras redes… Si sabemos decir: Es el Señor.

Thursday, April 4, 2024

Pescado


 Evangelio

Lc 24, 35-48

Cuando los dos discípulos regresaron de Emaús y llegaron al sitio donde estaban reunidos los apóstoles, les contaron lo que les había pasado en el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan.

Mientras hablaban de esas cosas, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Ellos, desconcertados y llenos de temor, creían ver un fantasma. Pero él les dijo: “No teman; soy yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior? Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona, tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. Y les mostró las manos y los pies. Pero como ellos no acababan de creer de pura alegría y seguían atónitos, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos.

Después les dijo: “Lo que ha sucedido es aquello de que les hablaba yo, cuando aún estaba con ustedes: que tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”.

Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: “Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día, y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.



Meditacion:

Por si había alguna duda sobre la realidad de su Resurrección, Jesús come pescado en presencia de sus discípulos. No puede quedar duda. Y les invita a tocar sus llagas y a reconocer que no es un fantasma. ¡No hay nada que temer! ¿O sí? ¿Cómo va a ser posible que alguien que había sufrido la muerte más cruel, de la que había testigos innumerables, estuviera vivo y comiendo pescado? ¡Vaya susto! Quizá hubiera sido mejor quedarse con el dolor, que “el tiempo va borrando”, porque en la aparición no acaba el temor: la muerte y la resurrección de Cristo tienen consecuencias. Las cosas no han pasado “porque sí”. Había un plan en todo esto, e implicaba no solo el sufrimiento y la muerte de Cristo, sino también la vida de todos sus seguidores, que ya no podría ser la misma de antes.

Una de las más graves consecuencias, y muy “peligrosa”, es el testimonio. En griego, la palabra testimonio es martyria… En el diccionario se dan las siguientes acepciones para martyria:

Muerte o tormentos padecidos por causa de una religión o ideales. (Sinónimos: tormento, suplicio, tortura, sacrificio, sufrimiento, inmolación, persecución)

Dolor o sufrimiento físico o moral, de gran intensidad (sinónimos: dolor, pena, angustia, sufrimiento.

Trabajo largo y muy penoso (sinónimos: fatiga, molestia, penalidad, suplicio, penitencia).

Dice Jesús resucitado que todo esto tenía que suceder, para que se predicara a todas las naciones la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados.  Y que ellos, es decir, los discípulos, son testigos: ¡mártires!

El temor inicial de ver “un fantasma” puede dar paso a una inmensa alegría de comer con el amigo, y, de nuevo, al temor de ser testigos…Pero lo primero que dice Jesús es “Paz, no temáis”. Y lo puede decir, porque es el Príncipe de la paz.

Wednesday, April 3, 2024

Emaus


 Evangelio

Lc 24, 13-35

El mismo día de la resurrección, iban dos de los discípulos hacia un pueblo llamado Emaús, situado a unos once kilómetros de Jerusalén, y comentaban todo lo que había sucedido.

Mientras conversaban y discutían, Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos; pero los ojos de los dos discípulos estaban velados y no lo reconocieron. Él les preguntó: “¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza?”

Uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén?” Él les preguntó: “¿Qué cosa?” Ellos le respondieron: “Lo de Jesús el nazareno, que era un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo. Cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel, y sin embargo, han pasado ya tres días desde que estas cosas sucedieron. Es cierto que algunas mujeres de nuestro grupo nos han desconcertado, pues fueron de madrugada al sepulcro, no encontraron el cuerpo y llegaron contando que se les habían aparecido unos ángeles, que les dijeron que estaba vivo. Algunos de nuestros compañeros fueron al sepulcro y hallaron todo como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron”.

Entonces Jesús les dijo: “¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! ¿Acaso no era necesario que el Mesías padeciera todo esto y así entrara en su gloria?” Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él.

Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, él hizo como que iba más lejos; pero ellos le insistieron, diciendo: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y pronto va a oscurecer”. Y entró para quedarse con ellos. Cuando estaban a la mesa, tomó un pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él se les desapareció. Y ellos se decían el uno al otro: “¡Con razón nuestro corazón ardía, mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!”

Se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, los cuales les dijeron: “De veras ha resucitado el Señor y se le ha aparecido a Simón”. Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.



Meditacion:

Llevaba un rato caminando con ellos, preguntando y comentando. Pero tienen un velo y no lo reconocen.  ¿Qué cosas han sucedido? Pregunta un pretendidamente perplejo Jesús. ¡Cómo si no lo supiera de sobra! Y la pregunta podría ser también para nosotros: ¿por qué cosas andáis preocupados por el camino? Tantas cosas. Los de Emaús no reconocían ni preguntas ni gestos… pero sí sentían un ardor creciente en el corazón. Y solo tenían una pregunta: ¿quién será este desconocido? Habían oído su voz muchas veces, conocían su manera de andar, sus expresiones faciales. Pero es únicamente un gesto, tantas veces repetido, es el que les hace reconocerle. Y es sencilla y únicamente el gesto de partir el pan. Dio gracias, bendijo, partió, se lo dio… Eran gestos comunes en el judaísmo, pero, en boca y manos del que es el Pan verdadero, eran totalmente singulares. Sólo él podía hacer esos gestos. Porque en él, eran reales Lo reconocieron en el partir el pan. Se cayó el velo de los ojos, reconocieron la razón del ardor del corazón al escuchar su voz. Es decir, reconocieron la razón y el centro de su vida, o más bien, reconocieron la Vida.

Reconocer el gesto es, de alguna manera, reconocerse a uno mismo, su historia y su identidad. Decían los primeros cristianos que sin la Eucaristía “no somos”. No hay existencia ni identidad fuera de la vida en Cristo. Y, al dar la comunión, se decía: “Recibe lo que eres; conviértete en lo que recibes”, que ahora se resume en “El Cuerpo de Cristo (guarde tu alma para la vida eterna)”.  La Eucaristía es centro y culmen de toda la vida cristiana. Reconocer el gesto obliga a repetirlo : dar gracias, bendecir, partir y repartir. En esto se cifra toda la vida, porque es la Vida la que se nos da. Vivir eucarísticamente significará entonces dar gracias siempre y en todo lugar; bendecir, decir bien, que es hacer bien; partirse y repartirse para que otros lleguen a esa misma vida.

Tuesday, April 2, 2024

Maria Magdalena


 Evangelio

Jn 20, 11-18

El día de la resurrección, María se había quedado llorando junto al sepulcro de Jesús. Sin dejar de llorar, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno en la cabecera y el otro junto a los pies. Los ángeles le preguntaron: “¿Por qué estás llorando, mujer?” Ella les contestó: “Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo habrán puesto”.

Dicho esto, miró hacia atrás y vio a Jesús de pie, pero no sabía que era Jesús. Entonces él le dijo: “Mujer, ¿por qué estás llorando? ¿A quién buscas?” Ella, creyendo que era el jardinero, le respondió: “Señor, si tú te lo llevaste, dime dónde lo has puesto”. Jesús le dijo: “¡María!” Ella se volvió y exclamó: “¡Rabuní!”, que en hebreo significa ‘maestro’. Jesús le dijo: “Déjame ya, porque todavía no he subido al Padre. Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre y su Padre, a mi Dios y su Dios’ ”.

María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.



Meditacion:

La secuencia pascual, que se lee cada día de esta semana hace la pregunta, “Di, María, ¿qué has visto?” “He visto la tumba vacía, he visto a Cristo, mi esperanza, resucitado. “ Antes de “verlo”, le había estado pidiendo que le dijera dónde lo había puesto… Así que no lo vio, por lo menos en un principio, con los ojos del cuerpo, sino con los del alma. Hay que ver a Cristo, nuestra esperanza, con los ojos del alma. Si miramos con los ojos materiales, a menudo podríamos decir, mirando al mundo, a nuestra sociedad, a la política: “Se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto”. Han eliminado a Dios de la sociedad y se han creado nuevos ídolos, pero no sabemos dónde han puesto a nuestro Señor. Pero, no ver o reconocer al Cristo que tenemos delante, nuestra esperanza, al menos con los ojos del alma, supone a dar por inválida nuestra fe. Si Cristo no ha resucitado… Entonces, ¿cómo verle? Viendo su mano y su rostro presente en toda acción de bondad, belleza y verdad. Ciertamente eso en en este mundo es muy difícil; estamos a menudo rodeados de mentira, fealdad, maldad. Pero hay personajes también que hacen el bien; personas que no pasan de largo ante el dolor o la pobreza de otros; personas que trabajan por la justicia. O gente, simplemente, que transmite bondad en sus palabras y su atención a otros; personas que cuidan de sus mayores o de los niños con amabilidad, cariño y sacrificio; madres y padres que se sacrifican por sus hijos todos los días; profesionales que soportan con paciencia las tonterías de las personas de su alrededor; grupos que luchan por la vida de los no nacidos o de quienes están al final de su vida. Profesionales que construyen preciosos edificios, o que componen bellísimas melodías, o que pintan o esculpen imágenes llenas de transcendencia. Cristo, la esperanza, está presente en lo que habla de vida, de verdad y de belleza. Como María, hay que verlo; y también anunciarlo: he visto al Señor.

Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...