Monday, June 29, 2026

Pedro & Pablo

Evangelio

Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.

Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”.



Meditacion:

Hoy es una fiesta grande. Celebramos la vida de dos personas, dos personajes, que son dos “grandes” del cristianismo: San Pedro y San Pablo. Tan diferentes en su origen, en su camino, en su manera de ver las cosas… y los dos son pilares de la Iglesia.

Pedro… pescador, llano, del pueblo. La misma impulsividad para confesarle –“Tú eres el Mesías”- que para rechazar sus caminos de cruz. La misma generosidad para dejarle la barca que para ofrecerse a dar la vida por él. La misma sinceridad para intentar salvar el pellejo negándole que para llorar amargamente por haberle negado… Jesús le llamó “piedra”, pero también “satanás”. Al final, esa mirada que lo comprende todo y nada condena le rehabilitó, le levantó y le puso en su sitio: ni tan arriba, ni tan abajo. Y desde ahí, como hermano de sus hermanos, pudo seguir caminando, sirviendo a la Iglesia, hablando, discutiendo, haciendo las obras de Jesús, luchando, entregándose…

Pablo… judío donde los haya. Fariseo y perseguidor de la Iglesia en sus orígenes. Lo tenía todo muy claro… hasta que Dios le tocó el corazón y los ojos y todo quedó patas arriba. Tardó un tiempo en recolocarse. Pero cuando lo hizo, abrazó el nuevo camino con el mismo ardor que el anterior. Predicó a unos y a otros. Escribió a muchos. Hizo equipo con otros. Discutió y concilió. Suscitó y acompañó la fe de muchas comunidades. Y cuando le tocó dar la vida, no se la guardó…

Pedro y Pablo. Tan distintos. Al final, la vida les unificó: en su amor a Cristo, en su celo por llevar a otros la Buena Noticia, en su muerte violenta a causa de la fe.

Hoy también hay muchos cristianos que caminan, caen, se levantan… que combaten su combate y corren hacia la meta. Con distintos acentos. Unidos en las diferencias, comulgando en lo importante.

Tú también puedes ser uno de ellos. Por eso, hoy también es tu día.

Felicidades, y a seguir caminando

 

Saturday, June 27, 2026

No soy digno...


 Evangelio

Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: “Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho”. El le contestó: “Voy a curarlo”.

Pero el oficial le replicó: “Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: ‘¡Ve!’, él va; al otro: ‘¡Ven!’, y viene; a mi criado: ‘¡Haz esto!’, y lo hace”.

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: “Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación”.

Jesús le dijo al oficial romano: “Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído”. Y en aquel momento se curó el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.



Meditacion:

Hoy el Evangelio nos ofrece el relato donde se dice una de las frases que decimos en la Eucaristía: “Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará…”.

Es un centurión romano que tiene un criado enfermo. Se acerca. Le pide. Y ante el intento de Jesús de ir a su casa, le dice que no es digno, que basta con que diga una palabra para que su criado se cure. Y Jesús alaba su gran fe, frente a los que se consideran “ciudadanos del Reino” y no son capaces de tanta confianza. Y ante su fe y por la palabra de Jesús, sucede lo que deseaba.

Cada vez que en la Eucaristía decimos las palabras del centurión, estamos diciendo cosas importantes. Le decimos a Dios que no somos dignos; que todo lo que tenemos es gracia: la vida, la fe, la vocación… No es por nuestros méritos, sino por su gracia somos lo que somos. Le decimos a Dios que necesitamos ser sanados, ser levantados, ser enviados, más allá de nuestra postración, de nuestros egoísmos, de nuestras inercias. Y le decimos que confiamos en que su Palabra, dicha sobre nosotros, puede obrar ese milagro.

Jesús nos invita a su cena. Cada semana, cada día. Nosotros, aunque indignos, podemos acoger su invitación y sentirnos dichosos de sentarnos a su mesa. En ella, como hace 2000 años, quiere darnos su vida, para que después la repartamos a manos llenas.

Gracias, Señor, por la vida.

Gracias por la Eucaristía.

Y gracias por la fe.

Todo es gracia.

Todo me lo das para agraciar a otros

Friday, June 26, 2026

Curado


 Evangelio

Mateo 8, 1-4

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó de la montaña, lo iba siguiendo una gran multitud. De pronto se le acercó un leproso, se postró ante él y le dijo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciéndole: “Sí quiero, queda curado”.

Inmediatamente quedó limpio de la lepra. Jesús le dijo: “No le vayas a contar esto a nadie. Pero ve ahora a presentarte al sacerdote y lleva la ofrenda prescrita por Moisés para probar tu curación”.



Meditacion:

En Jesús, las palabras y las acciones van siempre unidas. Porque su vida estaba unificada, en su relación única y profunda con el Padre.

Hoy le vemos haciendo lo que hizo durante toda su vida: sanar, dar vida. Entre toda la gente que le seguía, en medio de toda su ocupación, Jesús acoge al que se le acerca pidiéndole la salud. Era uno de los considerados “impuros”. Y Jesús, rompiendo las convenciones de su tiempo, le toca y le dice: “¡Quiero, queda limpio!”.

Jesús cumple así lo escrito siglos atrás: “sanar corazones desgarrados y vendar las heridas”. Durante su vida, lo hizo con sus palabras y con sus acciones. Ha tocado el dolor de la humanidad para redimirlo. Lo hizo suyo, especialmente en la cruz. Era necesario que fuera así, porque “lo que no es asumido, no es redimido”.

Desde entonces, ningún dolor está “dejado de la mano de Dios”; todas las situaciones, todos los sufrimientos, personales y comunitarios, está acompañados por el Espíritu de Aquel que nos amó y se entregó por nosotros.

Jesús quiere hoy también sanar nuestro corazón y nos envía a colaborar con Él en su obra sanadora, acercándonos y tocando a los “leprosos” y marginados de hoy.

Thursday, June 25, 2026

Señor, señor!


 Evangelio

Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: '¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.



Meditacion:

¿Te has preguntado alguna vez qué significa en verdad ser cristiano? Si viniera un extraterrestre y no supiera nada del asunto, ¿qué le dirías? Textos, tradiciones, gestos, ritos, costumbres, prácticas… ¿cómo se lo resumirías en unas pocas palabras?

En los tiempos de Jesús, también se preguntaban por algo parecido –aunque entonces no hablaran de extraterrestres: ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?. O en versión personalizada: ¿qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?…

Y Jesús, al que le preguntaba, le respondía con claridad. Hoy ofrece una buena respuesta: “no todo el que me dice ‘Señor, Señor’ entrará en el Reino de los Cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre, que está en el cielo”.

Porque no vale “profetizar”, “echar demonios”, “hacer milagros” en su nombre… hablar mucho, rezar mucho, ir mucho a misa, ir de bueno… si falta lo principal: amar a Dios y al prójimo como a uno mismo.

Lo más grande es a la vez lo más sencillo: “ama y haz lo que quieras”, dijo San Agustín. Vivir desde ahí, desde el amor recibido de Dios, en acogida de la propia realidad, en solidaridad con los prójimos y en agradecimiento al mismo Dios, eso es tener la casa bien plantada, bien edificada. Ya pueden venir vientos y mareas, que, aunque notes el movimiento, aguantas el temporal.

Sin ese amor, nada vale. Con ese amor, todo –textos, ritos, prácticas… y vida- todo cobra un valor y tiene un sentido.

Si alguien te preguntara qué significa en verdad ser cristiano, tú, ¿qué le responderías?…

Wednesday, June 24, 2026

Juan el Bautista


 Evangelio

Lucas 1, 57-66. 80

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.



Meditacion:

Hoy, 24 de junio, celebramos la solemnidad del Nacimiento de san Juan Bautista. Con excepción de la Virgen María, el Bautista es el único santo del que la liturgia celebra el nacimiento, y lo hace porque está íntimamente vinculado con el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. De hecho, desde el vientre materno Juan es el precursor de Jesús: el ángel anuncia a María su concepción prodigiosa como una señal de que «para Dios nada hay imposible» (Lc 1, 37), seis meses antes del gran prodigio que nos da la salvación, la unión de Dios con el hombre por obra del Espíritu Santo. Los cuatro Evangelios dan gran relieve a la figura de Juan el Bautista, como profeta que concluye el Antiguo Testamento e inaugura el Nuevo, identificando en Jesús de Nazaret al Mesías, al Consagrado del Señor. De hecho, será Jesús mismo quien hablará de Juan con estas palabras: «Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, para que prepare tu camino ante ti. En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él»

Saturday, June 20, 2026

Providencia


 Evangelio

Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.



Meditacion:

Dios es padre, no abuelo. A veces (y frecuentemente) sí concede caprichos, pero si no lo hace no es porque no ame, sino porque no es lo que necesitamos. Nunca nos va a abandonar y, por lo tanto, no tenemos que preocuparnos, porque siempre vamos a tener lo que necesitamos. Podríamos preguntarnos: ¿acaso necesitan los pobres no tener dinero? ¿acaso alguien necesita un cáncer? ¿acaso necesita una madre que su hijo muera a causa de la violencia o de enfermedad? ¿acaso necesita alguien tener dolores físicos? La respuesta a estas preguntas, evidentemente, será que no. Pero Dios sí da lo que se necesita: mover los corazones de otros al auxilio, la iniciativa propia para luchar por la mejoría de las condiciones; la fortaleza para soportar lo que llegue; la paz; el espíritu de servicio para auxiliar a otros; la esperanza. Es decir, todos los dones y los frutos del espíritu.

Lo que da el Señor, que es lo que necesitamos es esa seguridad que proclama el salmista: mantendré el amor de mi Señor. Y lo que da, sobre todo, una y otra vez, es la llamada a no abandonar a Dios que se intuye en la lectura de Crónicas y se dice claramente en el evangelio de hoy: nadie puede servir a dos señores. Es decir, se llama a depender totalmente del Señor que da lo necesario y a veces los caprichos. El Dios que, por amor, no cede al chantaje emocional, sino a su corazón de Padre justo. A quien cuida del pajarillo y de la flor del campo. Para quien somos hijos amados y mimados, aunque no consentidos. A su inmensa y eterna Providencia

Thursday, June 18, 2026

Padre Nuestro


 Evangelio

Mateo 6, 7-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando ustedes hagan oración, no hablen mucho, como los paganos, que se imaginan que a fuerza de mucho hablar serán escuchados. No los imiten, porque el Padre sabe lo que les hace falta, antes de que se lo pidan. Ustedes pues, oren así:

Padre nuestro, que estás en el cielo,

santificado sea tu nombre,

venga tu Reino,

hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en tentación

y líbranos del mal.

Si ustedes perdonan las faltas a los hombres, también a ustedes los perdonará el Padre celestial. Pero si ustedes no perdonan a los hombres, tampoco el Padre les perdonará a ustedes sus faltas”.



Meditacion:

La aclamación antes del Evangelio de hoy dice que hemos recibido “el espíritu de adopción” que nos permite decir Abba. Y que lo podemos decir con tanta seguridad porque, al haber sido adoptados sabemos que jamás seremos rechazados. Y también que hemos dejado atrás, hemos roto totalmente con nuestra antigua familia (la del pecado original). Y ya nuestra herencia no será el pecado, sino el amor de Dios. Y por lo tanto, la única oración que nunca puede caer de nuestros labios es la del Unigénito. Porque en él, estamos todos recogidos y adoptados.

Las siete peticiones del Padrenuestro son las de hijos adoptados legítimamente: reconocimiento y honor del padre (santificado sea tu nombre), asentamiento en el hogar, (venga a nosotros tu Reino), obediencia al padre (hágase tu voluntad), alimento (danos hoy nuestro pan de cada día), perdón recibido y extendido a los demás miembros de la familia, protección del mal. Es todo lo que hace la familia: respetarse unos a otros, obedecer (es decir, escuchar y actuar en consecuencia), nutrir, proteger, y mantener unas relaciones en las que naturalmente se pide perdón y se dan las gracias.  Y, al sabernos parte de esa familia, en ese espíritu de adopción, podemos decir con el salmista: alegráos, justos, en el Señor. De ahí viene toda alegría. Somos hijos adoptivos y podemos llamar a Dios con la palabra más familiar: papá, Abbá.

Wednesday, June 17, 2026

Obras de bien


 Evangelio

Mateo 6, 1-6. 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres para que los vean. De lo contrario, no tendrán recompensa con su Padre celestial.

Por lo tanto, cuando des limosna, no lo anuncies con trompeta, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, para que los alaben los hombres. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando des limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes hagan oración, no sean como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora ante tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará.

Cuando ustedes ayunen, no pongan cara triste, como esos hipócritas que descuidan la apariencia de su rostro, para que la gente note que están ayunando. Yo les aseguro que ya recibieron su recompensa. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que no sepa la gente que estás ayunando, sino tu Padre, que está en lo secreto; y tu Padre, que ve lo secreto, te recompensará’’.



Meditacion:

«Cuando ores», dice Jesús, «entra en tu habitación, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará» (Mt 6,6). Primero, el Señor nos llama a entrar en este lugar oculto del corazón, excavándolo con paciencia: nos invita a emprender una inmersión interior que requiere un camino de vaciamiento y abnegación. Una vez dentro, nos pide que cerremos la puerta a los malos pensamientos y que conservemos un corazón puro, humilde y manso, mediante la vigilancia y la lucha espiritual. Solo entonces podremos abandonarnos con confianza a un diálogo íntimo con el Padre, que habita y ve en lo secreto, y en lo secreto nos llena de sus dones. Esta vocación a la adoración y a la oración interior, propia de todo creyente, (...) no es una evasión del mundo, sino una regeneración del corazón, para que sea capaz de escuchar, fuente de acción creativa y fructífera en la caridad que Dios nos inspira. Este llamado a la interioridad y al silencio, a vivir en comunión con uno mismo, con los demás, con la creación y con Dios, es hoy más necesario que nunca, en un mundo cada vez más alienado por la externalidad de los medios y la tecnología. De la íntima amistad con el Señor, en efecto, renacen la alegría de vivir, la maravilla de la fe y la alegría de la comunión eclesial

Tuesday, June 16, 2026

Amen


 Evangelio

Mateo 5, 43-48

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Han oído ustedes que se dijo: Ama a tu prójimo y odia a tu enemigo; yo, en cambio, les digo: Amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian, para que sean hijos de su Padre celestial, que hace salir su sol sobre los buenos y los malos, y manda su lluvia sobre los justos y los injustos.

Porque si ustedes aman a los que los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen eso mismo los publicanos? Y si saludan tan sólo a sus hermanos, ¿qué hacen de extraordinario? ¿No hacen eso mismo los paganos? Ustedes, pues, sean perfectos, como su Padre celestial es perfecto”.



Meditacion:

El Evangelio da un paso más. “se os ha dicho… pero yo os digo”. Sed perfectos. Por alguna razón ese mandato tan contundente parece chirriar dentro. Llama a una heroicidad imposible que exigiría un enorme esfuerzo… Pero a Jesús tal heroicidad, tal perfección, le parece imprescindible. Le parece imprescindible la perfección porque los hijos de Dios, hechos a imagen y semejanza del Padre, tienen que ser como el Padre. Y el Padre es todo amor, sin fisuras.

Si no lo hacéis así, ¿qué mérito tenéis? Amar a quienes nos aman es (relativamente) fácil. Es lo que brota, lo que nos sale, o al menos lo que sentimos que es nuestro “deber” por lazos familiares, o por razones de gratitud.  Pero, quien dio la vida, quien se vació, quien se entregó a una muerte dolorosísima tiene autoridad para decir que eso no es suficiente. Que hay que amar y orar por el enemigo, por quien persigue, por quien nos odia.

¿Querrá decir eso no luchar por la justicia, entregarse, pasivamente a la mentira, la corrupción y la injuria de otros? Lo más probable es que no signifique eso. La justicia es darle a cada uno lo que necesita;  y lo que necesita el malvado es que le saquen de su maldad, no que le permitan seguir en ella. Por lo tanto, no es consentir el mal, sino pedir el bien para quien hace el mal. Es decir, pedir el bien real: el arrepentimiento, la restitución, la purificación y el acercamiento al Dios justo que es la única felicidad. La justicia no es venganza, sino extensión de la infinita misericordia del Ungido que viene a salvar. A quienes siguen a ese Cristo salvador se les pide esa heroica perfección. Si no, ¿cómo se van a distinguir de quienes hacen el mal? 

Monday, June 15, 2026

No a los agravios

Evangelio

Mateo 5, 38-42

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes han oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente; pero yo les digo que no hagan resistencia al hombre malo. Si alguno te golpea en la mejilla derecha, preséntale también la izquierda; al que te quiera demandar en juicio para quitarte la túnica, cédele también el manto. Si alguno te obliga a caminar mil pasos en su servicio, camina con él dos mil. Al que te pide, dale; y al que quiere que le prestes, no le vuelvas la espalda”.



Meditacion:

El evangelio trae una perspectiva algo distinta. Se oye mucho decir que la máxima de “ojo por ojo” sólo conseguiría un inmenso número de tuertos. Es decir, habla de perdón… “habéis oído decir…. Pero yo os digo…”. La persona puede perdonar, pero no está en su mano hacer justicia.

El perdón es personal… la justicia es de Dios. Porque, lógicamente, siempre va a haber consecuencias, más que nada, consecuencias de por vida para quienes, aunque hayan sido perdonados, quizá no se hayan arrepentido de haber dejado tuerto a otro. Quizá nadie los deje tuertos a ellos, pero ciertamente han quedado separados de Dios y de los demás y, por tanto, fuera de la posibilidad de felicidad. Como se dice a veces, en el pecado llevan la penitencia, a no ser que regresen a Dios de todo corazón y enmienden el mal hecho.

Puede parecer que la carga cae sobre el “tuerto” original, es decir, sobre quien ha sido víctima. Además de haber sido dañado, tiene que perdonar, y le toca también orar por quien le persigue, seguir haciendo el bien. Caminando una milla más, dando el doble… Porque al tuerto (o el muerto en el caso de Nabot), se le ha quitado algo, pero no la felicidad. Pero el victimario, en cambio, puede tener los ojos (la viña) intactos, pero no puede ser feliz. Tiene un hueco dentro imposible de llenar con viñas o muertes. Y ahora, según la justicia de Dios, que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, al tuerto le toca restaurar la vista del ciego que ha cometido la infracción. Porque quien ha cometido la infracción no es solo tuerto: ha perdido la vista y está totalmente herido. Con la oración, con el perdón, con la intercesión ante Dios, el tuerto podría conseguir de Dios la misericordia para que el agresor pueda encontrar el camino a la felicidad, que pasa por la reconciliación y la restauración… Es decir, la vuelta a la justicia. No a base de igualar el mal para todos, sino de restaurar la bondad para todos

 

Saturday, June 13, 2026

Corazon de Maria


 Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,41-51):
Cuando Jesús cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres. Éstos, creyendo que estaba en la caravana, hicieron una jornada y se pusieron a buscarlo entre los parientes y conocidos; al no encontrarlo, se volvieron a Jerusalén en su busca. A los tres días, lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas; todos los que le oían quedaban asombrados de su talento y de las respuestas que daba.
Al verlo, se quedaron atónitos, y le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados.»
Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en la casa de mi Padre?»
Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón.


Meditacion:
Quizá se ha abusado de imaginación acerca de “lo que María guardaba en el corazón” (al menos dos libros en español llevan ese título). Sobre las vivencias espirituales de la madre de Jesús los evangelistas son muy discretos; tal vez carecen de información y respetan el misterio. Pero ellos saben lo que era una madre en el judaísmo (y en nuestro tiempo) y lo que significa “corazón” en el lenguaje bíblico. A muchos de nosotros, ya adultos, nuestras madres nos han contado anécdotas de nuestra infancia que nosotros no recordábamos; ellas lo habían observado, lo habían guardado en su interior, y quizá le habían dado “muchas vueltas”… Es lo que dice Lc 2,19 acerca de María.
En Lc 2,19.51 se indica que lo que María guarda y medita en su corazón es lo que sucede en torno a su niño, lo cual la hace plantearse preguntas. Ahí entra también la primera “trastada” de Jesús adolescente: quedarse en el templo separado de sus padres (Lc 2,43). Naturalmente vendrán momentos mucho más duros: cuando deje el domicilio familiar y se entregue a una vida itinerante y sin seguridades, o cuando, a pesar de ciertas amenazas o riesgos, él siga adelante con su estilo. María tuvo mucho que “tragar” y meditar, su corazón debió de estar “muy ocupado”, lleno de “las cosas de Jesús”, ¡que eran las cosas de su hijo!, las cuales ella solo podía recibir y conservar con amor. Guardar en el corazón implica amar; de lo contrario las cosas se guardan solo en el intelecto.
Celebrar el Corazón de María es para nosotros una llamada a cultivar la reflexión, la interioridad y la cordialidad, a penetrar en el sentido profundo de las cosas y sucesos en vez de quedarnos en la corteza, y a intentar estar al unísono con Jesús, amando cuanto él propone y ama, aunque a veces nos pueda resultar algún tanto incomprensible.
En su “carta a un devoto del Corazón de María”, que el P. Claret escribió en perspectiva genérica, sin que nadie se la hubiese pedido, intenta fundamentar la piedad cordimariana considerando lo que es el corazón humano: “el Corazón maternal de María es el órgano, sentido o instrumento del amor y voluntad; así como por los ojos vemos, por los oídos oímos, por la boca… la nariz…, así por el corazón amamos y queremos”

Friday, June 12, 2026

Sagrado Corazon de Jesus

Evangelio
Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, Jesús exclamó: "¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga ligera".



Meditacion:
La fiesta del Corazón de Jesús es la de la celebración del amor de Dios; “nadie nos separará del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús” (Rm 8,39). Esto se hace especialmente visible en la cruz, cuando el corazón de Cristo es “abierto” por la lanzada y el evangelista comenta que el verdaderamente traspasado es el Padre: “me mirarán a mí, a quien traspasaron” (Jn 19,37; Zacarías 12,10).
Muy sencillamente: a través de Jesús, el Padre nos ha abierto su interior, su corazón, para que quede constancia incluso sensible de su amor. Y es un amor que permanece siempre presente y operante; los antiguos escritores cristianos, llamados Santos Padres, hicieron un comentario unánime a esta escena del calvario: del pecho de Jesús brotó sangre y agua, es decir, los dos grandes sacramentos de la Iglesia, el bautismo y la eucaristía. Y a través de esos sacramentos Jesús y el Padre nos siguen brindando siempre la experiencia de ser amados por ellos
 

Wednesday, June 10, 2026

La Ley


 Evangelio

Mateo 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos’’.



Meditacion:

Está claro que Jesús mantiene una gran coherencia con el AT (y también consigo mismo). No destruye nada, no anula lo establecido por el Padre; lo reafirma. Y, sin embargo, Jesús chocó con su generación, experimentó el rechazo precisamente de los guardianes de aquella tradición; y sabemos cómo terminó. Certeramente se ha dicho que Jesús fue “demasiado Mesías”, propuso más que lo que su pueblo podía soportar en aquel momento.

En efecto, no anuló los antiguos preceptos, pero los llevó a plenitud, les dio un alcance inesperado. En principio, cuando le preguntan por “el camino para entrar en la vida”, él responde de forma muy simple: “¿qué está escrito en la ley, como lees?” (Lc 10,26). Y si el que le pregunta es precisamente un experto, él le invita a “dar un repaso”: “ya sabes los mandamientos: no matarás, no adulterarás, no robarás, no levantarás falso testimonio…” (Mc 10,19). Pero la expresión “dar cumplimiento” no significa simplemente repetir según costumbre rutinaria. Jesús quiere un avance, no deja las cosas como están. Es consciente de que con él han llegado los tiempos nuevos, los esperados, y en ellos la vieja ética se queda pequeña. Sus discípulos han entrado en una nueva atmósfera, y tienen que ponerse en sintonía: ya no basta con no adulterar, sino que hay que tener mirada limpia y sentimientos correctos; ya no basta con no matar, sino que hay que eliminar todo asomo de odio o de menosprecio.  Es decir, Jesús no se conforma con exterioridades, o con limpiar los miembros físico-biológicos del creyente, sino que le pide una purificación interior, un corazón nuevo, la supresión de todo lo inconfesable…En ese sentido, pudo decir que venía a llevar la ley, el plan del Padre, a la culminación.

La distinción, típicamente judía, entre preceptos “grandes y pequeños” supone una casuística que tampoco va con Jesús. Todo lo que procede del Padre es noble; menospreciarlo o tomarlo por “minucia” significaría irreverencia para con el Dios inefable que lo promulgó. Lo que propone el Padre es siempre grande y engrandecedor. 

Tuesday, June 9, 2026

Luz del mundo


 Evangelio

Mateo 5, 13-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Ustedes son la sal de la tierra. Si la sal se vuelve insípida, ¿con qué se le devolverá el sabor? Ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad construida en lo alto de un monte; y cuando se enciende una vela, no se esconde debajo de una olla, sino que se pone sobre un candelero, para que alumbre a todos los de la casa.

Que de igual manera brille la luz de ustedes ante los hombres, para que viendo las buenas obras que ustedes hacen, den gloria a su Padre, que está en los cielos’’.



Meditacion:

En el antiguo pueblo elegido Dios había establecido mediaciones, guías, “jefes religiosos”, cuyo cometido era ayudar a sus hermanos a vivir en fidelidad a la alianza. Pero Jesús recrimina repetidas veces a estos guías espirituales del judaísmo el no haber sabido cumplir con su papel: “ay de vosotros maestros de la ley, que os habéis llevado la llave del saber; ni entráis vosotros ni dejáis entrar a los que querrían” (Lc 11,52). Alguna vez llama a los escribas y fariseos “guías ciegos” (Mt 23,16). Y la narración evangélica  misma lo demuestra con alguna escena: cuando Pilatos está dispuesto a liberar a Jesús, son los jefes religiosos los que “azuzan a la multitud para que pida su muerte” (Mt 27,26).

Según este panorama, el NT recrimina a los guías religiosos, que tal vez se han aprovechado de sus “puestos de mando” pero no han apacentado al rebaño encomendado; han sido más bien como aquellos pastores de que hablaba Ezequiel, que en vez de alimentar al rebaño se alimentaban a sí mismos (Ez 34,3). Quizá Jesús lamentó lo mismo en la conocida alegoría del Buen Pastor: “todos los que han venido antes que yo eran ladrones y salteadores” (Jn 10,8).

Muchos especialistas consideran que las pequeñas comparaciones del evangelio de hoy con la luz y la sal son en su origen puras reprimendas: los líderes religiosos debieran haber sido sal y luz; pero no han cumplido con su papel. Hoy, en los tiempos de la moral ecológica, se diría que debieran haber creado una atmósfera religiosa más respirable, con nuevo resplandor y nuevo sabor; si no lo hacen, se vuelve despreciables, dignos de ser pisoteados. En realidad, la advertencia es válida para cada creyente: ¿eres sal? ¿eres luz? Es muy dura la recriminación del filósofo Nietzsche a los cristianos: “para que yo creyera en su redentor, debieran tener ellos más aspecto de redimidos”.

Parece que los primeros cristianos interpretaron muy pronto las expresiones correctivas de Jesús en sentido positivo: percibieron en ellas una llamada directa a ser luz y sal. Ya S. Pablo, en su primer escrito, llama a los cristianos “hijos de la luz”, no de las tinieblas (1Tes 5,5). Y, más tarde, exhorta a los filipenses a acoger la acción de Dios sobre ellos y a continuar siendo “hijos de Dios sin tacha” en medio de una generación torcida y depravada, “en la cual brilláis como lumbreras en medio del mundo” (Flp 2,15).

Ha habido y hay mucha luz en nuestro mundo. Muchos cristianos han practicado comportamientos heroicos, frecuentemente sin la menor pretensión de aplauso; quizá justamente por eso han brillado o brillan más. Tengamos los ojos abiertos para con esa irradiación, “contemplemos tanta buena obra, y por ella demos gloria a nuestro Padre celestial”

Monday, June 8, 2026

Sermon


 Evangelio

Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, cuando Jesús vio a la muchedumbre, subió al monte y se sentó. Entonces se le acercaron sus discípulos. Enseguida comenzó a enseñarles, hablándoles así:

"Dichosos los pobres de espíritu,

porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos los que lloran,

porque serán consolados.

Dichosos los sufridos,

porque heredarán la tierra.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia,

porque serán saciados.

Dichosos los misericordiosos,

porque obtendrán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón,

porque verán a Dios.

Dichosos los que trabajan por la paz,

porque se les llamará hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia,

porque de ellos es el Reino de los cielos.

Dichosos serán ustedes cuando los injurien, los persigan y digan cosas falsas de ustedes por causa mía. Alégrense y salten de contento, porque su premio será grande en los cielos, puesto que de la misma manera persiguieron a los profetas que vivieron antes que ustedes".



Meditacion:

El evangelio de hoy tiene un marco muy conocido: Jesús en la cúspide del monte, los discípulos un poco más abajo, y la multitud de seguidores ya al nivel de la llanura. Todo hace recordar un pasaje del éxodo (cap. 24), donde Yahvé llama a Moisés a la cima del Sinaí, los ancianos de Israel se quedan a cierta distancia y el pueblo no debe subir. Hay paralelismo, pero no total: Moisés subía a la cima del monte a recibir la ley que Dios le entregaba, mientras que Jesús se sienta directamente como Maestro y promulga él, con autoridad propia, la nueva ley. La Iglesia le contempla como su Maestro y Señor.

Sentado en la cátedra imparte una “lección de catecismo” muy elaborada: en forma fácil de memorizar. Tiene forma de “rectángulo vertical” formado por dos cuerpos superpuestos, de cuatro “felicitaciones” cada uno, a los que sigue una pequeña aclaración sobre la octava felicitación. Las bienaventuranzas primera y octava se corresponden entre sí: prometen el Reino de los cielos; y la cuarta y octava también se corresponden, al felicitar a los que hambrean la justicia o son perseguidos por haberla procurado (“justicia”, en el lenguaje de Mateo, significa simplemente “santidad”, o fidelidad al plan de Dios, a la alianza).

La añadidura explicativa, en parte repetición de la última línea del rectángulo, tiene un matiz especial al “felicitar” a los perseguidos:  no los invita a esperar al futuro, a la venida del Reino, sino a “alegrarse y regocijarse” tan pronto como les llegue la injuria, persecución o calumnia, pues esta los asemeja a los antiguos profetas y hace que el Reino se anticipe en ellos.

Cuando se comparan estas bienaventuranzas con las que están presentes en evangelio de Lucas, además de la diferencia numérica (Lucas tiene solo cuatro), en Mateo se observa una mayor “espiritualización”: no habla simplemente de pobreza o de hambre, sino de “pobreza de espíritu” y de “hambre de santidad”, es decir, el evangelista no describe situaciones sobrevenidas, sino la actitudes con que se las afronta. El mero sufrimiento no es deseable, no haría feliz a nadie; pero la entereza humana y de fe ante el mismo hace que el seguidor de Jesús se eleve por encima de sus circunstancias, sea un pequeño “señor” en cuanto seguidor de su gran Señor. No importa lo que sufre sino “cómo” lo sufre. Ya San Agustín (s. v) decía que el mártir no lo es por lo que padece sino por el motivo por el que lo padece (“no hace mártir la pena, sino la causa”).

Y es de notar que la segunda parte de varias “felicitaciones” está en voz pasiva sin mención del agente; es el llamado técnicamente “pasivo divino”: el agente es Dios mismo, a quién se procura no nombrar en vano; Dios saciará a los hambrientos, consolará a los tristes, compadecerá a quienes han sido compasivos… Al creyente se le está diciendo: tú entrégate a lo que Dios quiere de ti, que lo demás, el futuro, corre de su cuenta; es una llamada a la confianza y el abandono sin límites en manos del Padre. 

Friday, June 5, 2026

Trinidad


 Evangelio

Marcos 12, 35-37

Un día, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: “¿Cómo pueden decir los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, inspirado por el Espíritu Santo, ha declarado: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi derecha y yo haré de tus enemigos el estrado donde pongas los pies. Si el mismo David lo llama ‘Señor’, ¿cómo puede ser hijo suyo?”

La multitud que lo rodeaba, que era mucha, lo escuchaba con agrado.



Meditacion:

De la lectura del Evangelio de hoy, algo sorprendente, creo, es ese final: “una muchedumbre numerosa le escuchaba con gusto”. Entre la muchedumbre, supongo no debían estar muchos escribas, saduceos y fariseos. Por lo menos no estarían los que según los relatos del mismo capítulo de Marcos, interrogaron a Jesús con propósitos escasamente amistosos.

La muchedumbre numerosa, sin embargo, debió entender que Jesús se estaba revelando como Dios mismo. En definitiva, Jesús se declara a sí mismo como la segunda persona de la Santísima Trinidad que se hizo carne para nuestra salvación. No estoy muy segura de que aquella muchedumbre lo comprendiera. Ni aquellos ni muchos bautizados que recitamos el Credo y nos santiguamos, pero sin duda, ellos y los cristianos de todos los siglos casi sin ser conscientes lo vivimos.

Dice San Cirilo de Alejandría que Cristo está sentado a la derecha de Dios Padre, pero no entró en posesión de esta dignidad despues de su encarnación, sino “antes de todos los siglos”. “El engendrado de Dios, el Hijo único desde siempre posee el trono a la derecha del Padre”. Pues bien, en el relato de la creación, Dios crea en plural: “hagamos”. Y al culminar la obra con el ser humano dice que este ha sido creado a nuestra imagen y semejanza. Es decir somos criaturas hechas a imagen y semejanza de Dios y por lo tanto tenemos algo de trinidad. Esta convicción de haber sido creados a semejanza de la Trinidad es algo que modela nuestra forma de ser y de estar en el mundo, posiblemente mucho más de lo que nos podemos imaginar.

Existe una profunda conexión lógica, teológica y psicológica entre el misterio de la Trinidad y la autopercepción de una persona de fe. Dado que Dios no es una “soledad infinita”, sino una comunión perfecta de tres Personas (Padre, Hijo y Espíritu Santo) que se aman, creer en la Trinidad transforma radicalmente la forma en que el creyente vive, se relaciona y entiende su propia existencia. Si Dios es relación y comunión, la psicología humana replica esa estructura. El ser humano psicológicamente necesita de la alteridad (del “otro”) para conocerse y realizarse. El creyente no ve en el prójimo una amenaza, sino un espejo de la misma imagen divina. La madurez psicológica del creyente equilibra la sana autovaloración con la capacidad de empatía y entrega.

Alguien que se percibe a sí mismo como un “diseño deliberado” tiene  un sentido de trascendencia y propósito y experimenta una unificación psicológica en sus metas. Su vida no es el resultado del azar biológico ciego, sino un proyecto con un destino eterno. Vivir así es lo que propone Jesús: el ciento por uno y al final la vida eterna. 

Wednesday, June 3, 2026

Dios de vivos

Evangelio
Marcos 12, 18-27
En aquel tiempo, fueron a ver a Jesús algunos de los saduceos, los cuales afirman que los muertos no resucitan, y le dijeron: “Maestro, Moisés nos dejó escrito que si un hombre muere dejando a su viuda sin hijos, que la tome por mujer el hermano del que murió, para darle descendencia a su hermano. Había una vez siete hermanos, el primero de los cuales se casó y murió sin dejar hijos. El segundo se casó con la viuda y murió también, sin dejar hijos; lo mismo el tercero. Los siete se casaron con ella y ninguno de ellos dejó descendencia. Por último, después de todos, murió también la mujer. El día de la resurrección, cuando resuciten de entre los muertos, ¿de cuál de los siete será mujer? Porque fue mujer de los siete”.
Jesús les contestó: “Están en un error, porque no entienden las Escrituras ni el poder de Dios. Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni los hombres tendrán mujer ni las mujeres marido, sino que serán como los ángeles del cielo. Y en cuanto al hecho de que los muertos resucitan, ¿acaso no han leído en el libro de Moisés aquel pasaje de la zarza, en que Dios le dijo: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Están, pues, muy equivocados”.


Meditacion:
Para los saduceos, las bendiciones y castigos de Dios se manifestaban exclusivamente en esta vida. Al ser la élite sacerdotal y aristocrática de Jerusalén, gozaban de gran riqueza, poder político y control sobre el Templo. Interpretaban su estatus y fortuna actual como la recompensa divina por cumplir la Ley y no sentían la necesidad teológica de buscar una justicia o compensación en un “mundo venidero”. Desde su lógica el caso que proponen, además de ser algo cómico denota por una parte que su conocimiento es bastante superficial y por otro que intentan ridiculizar algo que no entienden y que tampoco desean entender.
Es evidente que Jesús no limitaba su conocimiento de las Escrituras a los cinco libros. Con frecuencia citaba Salmos y Profetas o historias como la de Jonás.
Puesto que solo conocen los cinco libros primeros, Jesús desde ese punto de partida, les muestra qué poco han ahondado en ellos y qué poco han entendido y les habla del diálogo de Moises con Dios que se revela en el episodio de la zarza ardiente del Éxodo. Aquel en que Dios se revela como el Dios de Abraham, de Isaac y de Moisés en el presente. Y no es un Dios de muertos.
¿Y nosotros? ¿Creemos de verdad en la Resurrección prometida? Lo decimos cuando recitamos el Credo, ciertamente. Pero también es cierto que muchas veces ponemos nuestra esperanza en recompensas muy alejadas del cielo prometido y, desde luego insuficientes para nuestra íntima sed de felicidad plena. Es bueno dar gracias por los bienes que podemos disfrutar en esta vida, pero es mejor no contentarse con ellos porque hemos sido creados para algo muy superior.

 

Tuesday, June 2, 2026

Cesar


 Evangelio

Marcos 12, 13-17

En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”

Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”. Se la trajeron y él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados.



Meditacion:

Jesús planteó, a partir de la pregunta hecha por los fariseos, una interrogación más radical y vital para cada uno de nosotros, una interrogación que podemos hacernos: ¿a quién pertenezco yo? ¿A la familia, a la ciudad, a los amigos, a la escuela, al trabajo, a la política, al Estado? Sí, claro. Pero antes que nada —nos recuerda Jesús— tú perteneces a Dios. Esta es la pertenencia fundamental. Es Él quien te ha dado todo lo que eres y tienes. Y por lo tanto, nuestra vida, día a día, podemos y debemos vivirla en el reconocimiento de nuestra pertenencia fundamental y en el reconocimiento de corazón hacia nuestro Padre, que crea a cada uno de nosotros de forma singular, irrepetible, pero siempre según la imagen de su Hijo amado, Jesús. Es un misterio admirable. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente con las realidades humanas y sociales sin contraponer «Dios» y «César»; contraponer a Dios y al César sería una actitud fundamentalista. El cristiano está llamado a comprometerse concretamente en las realidades terrenales, pero iluminándolas con la luz que viene de Dios. El confiarse de forma prioritaria a Dios y la esperanza en Él no comportan una huida de la realidad, sino restituir laboriosamente a Dios aquello que le pertenece. Por eso el creyente mira a la realidad futura, la de Dios, para vivir la vida terrenal con plenitud y responder con coraje a sus desafíos

Monday, June 1, 2026

Viñas

Evangelio

Marcos 12, 1-12

En aquel tiempo, Jesús comenzó a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes, a los escribas y a los ancianos y les dijo:

“Un hombre plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó un lagar, construyó una torre para el vigilante, se la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje al extranjero.

A su tiempo, les envió a los viñadores un criado para recoger su parte del fruto de la viña. Ellos se apoderaron de él, lo golpearon y lo devolvieron sin nada. Les envió otro criado, pero ellos lo descalabraron y lo insultaron. Volvió a enviarles otro y lo mataron. Les envió otros muchos y los golpearon o los mataron.

Ya sólo le quedaba por enviar a uno, su hijo querido, y finalmente también se lo envió, pensando: ‘A mi hijo sí lo respetarán’. Pero al verlo llegar, aquellos viñadores se dijeron: ‘Éste es el heredero; vamos a matarlo y la herencia será nuestra’. Se apoderaron de él, lo mataron y arrojaron su cuerpo fuera de la viña.

¿Qué hará entonces el dueño de la viña? Vendrá y acabará con esos viñadores y dará la viña a otros. ¿Acaso no han leído en las Escrituras: La piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente?”

Entonces los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, quisieron apoderarse de Jesús, porque se dieron cuenta de que por ellos había dicho aquella parábola, pero le tuvieron miedo a la multitud, dejaron a Jesús y se fueron de ahí.



Meditacion:

Esta semana el evangelio de Marcos nos va a presentar una serie de encuentros -o encontronazos- con los fariseos y ancianos que, de muchas maneras, intentaban probar que Jesús ni era profeta ni mucho menos el Mesías esperado. Hoy se trata de poner al descubierto la maldad de los que conspiraban para deshacerse de Él  y de cómo formaban una casta que se había apropiado de la religión. Las palabras de Jesús, además son una estremecedora profecía sobre su propia muerte. El es el Hijo que finalmente será asesinado por aquellos cuyos padres lo habían hecho antes con los profetas.

Pero el texto de Marcos 12, 1-12 no es solo un “reportaje” de un episodio de polémica dirigida solo a los fariseos; es un espejo incómodo para  muchos de nosotros. Los viñadores de la parábola, hoy, podemos ser los que cumplimos con los preceptos, asistimos a misa y marcamos la x en la declaración de hacienda y estamos “en lo correcto» apreciando la fe como un privilegio que nos coloca en una posició de superioridad moral… A un paso de decirnos: “Esta finca es nuestra”.

Jesús no solo se refiere a una casta sino a todo un pueblo que tal vez entiende su condición de elegido como un mérito propio. A veces los católicos lo hacemos y resultamos un poco cómicos como cuando un tipo que jamás ha tocado un balón cuenta la hazaña de su equipo como propia: “hemos ganado”.  O cuando con un comentario, un juicio, una valoración sobre alguna persona, dejamos clara nuestra “superioridad moral”

Ciertamente, somos un pueblo elegido y hacemos bien en procurar responder a esa elección misteriosa porque no tiene nada que ver con nuestras cualidades, nuestro esfuerzo o nuestra voluntad de “ser perfectos”. Los bautizados somos elegidos… Elegidos para llevar el Evangelio a todo el mundo con obras y palabras. Siervos, no señores. No es un privilegio, sino una gracia y una misión que se dirige, sin excepciones, a todos sin excluir a nadie. Y si, por la bondad de Dios acertamos a hacer que la fe germine en alguno, ese será miembro de la Iglesia del Señor, no de una casta selecta de “propietarios”

 

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...