Friday, January 31, 2025

Semilla


 Evangelio

Marcos 4, 26-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece; y la tierra, por sí sola, va produciendo el fruto: primero los tallos, luego las espigas y después los granos en las espigas. Y cuando ya están maduros los granos, el hombre echa mano de la hoz, pues ha llegado el tiempo de la cosecha”.

Les dijo también: “¿Con qué compararemos el Reino de Dios? ¿Con qué parábola lo podremos representar? Es como una semilla de mostaza que, cuando se siembra, es la más pequeña de las semillas; pero una vez sembrada, crece y se convierte en el mayor de los arbustos y echa ramas tan grandes, que los pájaros pueden anidar a su sombra”.

Y con otras muchas parábolas semejantes les estuvo exponiendo su mensaje, de acuerdo con lo que ellos podían entender. Y no les hablaba sino en parábolas; pero a sus discípulos les explicaba todo en privado.



Meditacion:

El evangelista Marcos nos hace comprender que la llegada del Reino no se realiza de una manera prodigiosa acabando con todas la injusticias y desigualdades. Jesús no piensa así.  La irrupción del Reino es una acción gratuita de Dios.

Dos parábolas sencillas de comprender en la cultura agraria de Galilea. Hoy podríamos decir que son parábolas “para tiempos de crisis” en los tiempos que nos ha tocado vivir.

La primera viene a decir que el Reinado de Dios crece, tiene una fuerza, una vitalidad y una energía, en sí mismo y por sí mismo, que, no solo se mantiene, sino que sobre todo crece y crece, sin que nos demos cuenta y mientras que nosotros llevamos nuestra vida diaria.

La parábola del Reino como un grano de mostaza es la crítica más dura, que se puede hacer, a las ambiciones de grandeza que suelen acompañar a personas e instituciones. El Reinado de Dios es, y será siempre, como una cosa pequeña, casi insignificante que pasa inadvertida. Y de ahí, de la pequeñez, es de donde brota y crece la realización del Reino.

Hemos de aprender a construir un mundo mejor sembrando gestos pequeños de bondad, compasión, solidaridad. No vale el desaliento sino firmeza de mantenerse como los pequeños, los que no cuentan, los niños, los últimos. Estos lo que enseñó Jesús.


Thursday, January 30, 2025

Oidos

Evangelio

Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “¿Acaso se enciende una vela para meterla debajo de una olla o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? Porque si algo está escondido, es para que se descubra; y si algo se ha ocultado, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Siguió hablándoles y les dijo: “Pongan atención a lo que están oyendo. La misma medida que utilicen para tratar a los demás, esa misma se usará para tratarlos a ustedes, y con creces. Al que tiene, se le dará; pero al que tiene poco, aun eso poco se le quitará”.



Meditacion:

Siguen teniendo actualidad las parábolas de Jesús porque son atractivas, cautivadores, novedosas, atrayentes. Con pocas palabras invitan a la genta a “entrar” en el Reino de Dios y a construir con paciencia y esperanza un mundo más diferente, más fraterno. Tal como lo quiere Dios.

El Reino, como Jesús mismo, no es para quedarse escondido, en secreto, sino para ser vivido, proclamo y testimoniado. Jesús huye de las cosas escondidas y que quedan en secreto, no quiere que nos convirtamos en una secta, en un mundo separado.

Con frecuencia repetía: “Quien tenga oídos para oír, que oiga” “Si se esconde algo es para que se descubra si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz”. Jesús viene a decir que no tengamos nada que ocultar, que seamos transparentes, que todos vean y palpen nuestra forma de vivir y ésta mueva a los demás a creer en los que nosotros creemos y a vivir como nosotros vivimos. Tenemos que saber valorar el gran don que es la luz del Evangelio y rendir los dones que hemos recibido.

Para seguir a Jesús hay que “tener oído”, escuchar su mensaje, abrir el corazón y sintoniza con Él. Así se empieza a ser cristino.

 

Wednesday, January 29, 2025

El sembrador


 Evangelio

Marcos 4, 1-20

En aquel tiempo, Jesús se puso a enseñar otra vez junto al lago, y se reunió una muchedumbre tan grande, que Jesús tuvo que subir en una barca; ahí se sentó, mientras la gente estaba en tierra, junto a la orilla. Les estuvo enseñando muchas cosas con parábolas y les decía:

“Escuchen. Salió el sembrador a sembrar. Cuando iba sembrando, unos granos cayeron en la vereda; vinieron los pájaros y se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, donde apenas había tierra; como la tierra no era profunda, las plantas brotaron enseguida; pero cuando salió el sol, se quemaron, y por falta de raíz, se secaron. Otros granos cayeron entre espinas; las espinas crecieron, ahogaron las plantas y no las dejaron madurar. Finalmente, los otros granos cayeron en tierra buena; las plantas fueron brotando y creciendo y produjeron el treinta, el sesenta o el ciento por uno”. Y añadió Jesús: “El que tenga oídos para oír, que oiga”.

Cuando se quedaron solos, sus acompañantes y los Doce le preguntaron qué quería decir la parábola. Entonces Jesús les dijo: “A ustedes se les ha confiado el secreto del Reino de Dios; en cambio, a los que están fuera, todo les queda oscuro; así, por más que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; a menos que se arrepientan y sean perdonados”.

Y les dijo a continuación: “Si no entienden esta parábola, ¿cómo van a comprender todas las demás? ‘El sembrador’ siembra la palabra.

‘Los granos de la vereda’ son aquellos en quienes se siembra la palabra, pero cuando la acaban de escuchar, viene Satanás y se lleva la palabra sembrada en ellos.

‘Los que reciben la semilla en terreno pedregoso’, son los que, al escuchar la palabra, de momento la reciben con alegría; pero no tienen raíces, son inconstantes, y en cuanto surge un problema o una contrariedad por causa de la palabra, se dan por vencidos.

‘Los que reciben la semilla entre espinas’ son los que escuchan la palabra; pero por las preocupaciones de esta vida, la seducción de las riquezas y el deseo de todo lo demás, que los invade, ahogan la palabra y la hacen estéril.

Por fin, ‘los que reciben la semilla en tierra buena’ son aquellos que escuchan la palabra, la aceptan y dan una cosecha: unos, de treinta; otros, de sesenta; y otros, de ciento por uno”.



Meditacion:

¿Cuál es mi actitud ante la Palabra de Dios?: receptiva, impermeable, acogedora, superficial, honda, gozosa, constante, inquieta… ¿Qué tipo de tierra soy frente a la semilla que el Señor quiere sembrar en mi vida?: abierta, cerrada, hostil, seca, fértil…

El sembrador siembra la semilla para que dé el máximo fruto posible, pero esto no siempre ocurre y algunas semillas se pierden ¡Qué alegría cuando la semilla se convierte en grano abundante en la espiga!

Jesús contó la “parábola del sembrador” para explicar que el evangelio no se puede acoger de cualquier manera ni puede fructificar en cualquier vida. Pero quería también mostrar con qué confianza trabajaba él para construir un mundo nuevo. Sabía que muchas veces su trabajo se echaba a perder, pero sabía también que sería fecundo en muchas vidas.

Muchas veces tus desvelos de una madre, los esfuerzos de un educador, el trabajo en la comunidad parroquial o entre vecinos, te parece un fracaso:  ¿No necesitas trabajar con la confianza de Jesús? . Como apostilla J.A. Pagola: “Lo nuestro no es cosechar éxitos, conquistar la calle, dominar la sociedad, llenar las iglesias, imponer nuestra fe religiosa. Lo que nos hace falta son sembradores de esperanza”. Jesús nos dejó la parábola del sembrador, no la del cosechador”


Tuesday, January 28, 2025

Familia


 Evangelio

Marcos 3, 31-35

En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús, su madre y sus parientes; se quedaron fuera y lo mandaron llamar. En torno a él estaba sentada una multitud, cuando le dijeron: "Ahí fuera están tu madre y tus hermanos, que te buscan".

Él les respondió: "¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?" Luego, mirando a los que estaban sentados a su alrededor, dijo: "Éstos son mi madre y mis hermanos. Porque el que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".


Meditacion:

Jesús no reconoce como familia suya a quienes no hacen la voluntad de su Padre Dios. Jesús no desprecia los vínculos de sangre, pero sí subraya que son insuficientes para formar parte de su nueva familia. María pertenece a la nueva familia de Jesús: es su madre y también su discípula. De ella tenemos que aprender a ser “madres, hermanos y hermanas” de Jesús en su nueva familia.

Todos los que buscan y hacen la voluntad de Dios forman parte de la gran familia de Dios.  En los evangelios, cumplir “la voluntad de Dios” es anteponer a todo lo demás “el amor al Padre y al prójimo”. Unidos a Dios nos hacemos más hermanos. ¿Nos sentimos hermanados y comprometidos mutuamente? ¿Buscamos la voluntad de Dios sen nuestras vidas?  En el Padre Nuestro no pedimos que nos ayude a hacer la voluntad de Dios, sino que esta voluntad se haga en nosotros. María nos da el ejemplo: “Hágase en mí, según tu Palabra”

Monday, January 27, 2025

Satanas


 Evangelio

Marcos 3, 22-30

En aquel tiempo, los escribas que habían venido de Jerusalén, decían acerca de Jesús: “Este hombre está poseído por Satanás, príncipe de los demonios, y por eso los echa fuera”.

Jesús llamó entonces a los escribas y les dijo en parábolas: “¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Porque si un reino está dividido en bandos opuestos no puede subsistir. Una familia dividida tampoco puede subsistir. De la misma manera, si Satanás se rebela contra sí mismo y se divide, no podrá subsistir, pues ha llegado su fin. Nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y llevarse sus cosas, si primero no lo ata. Sólo así podrá saquear la casa.

Yo les aseguro que a los hombres se les perdonarán todos sus pecados y todas sus blasfemias. Pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo nunca tendrá perdón; será reo de un pecado eterno”. Jesús dijo esto, porque lo acusaban de estar poseído por un espíritu inmundo.



Meditacion:

En el evangelio se nos narra una de las reacciones que la actuación y las palabras de Jesús provocaba en las personas de su tiempo. A lo largo de todo el Evangelio, se nos narran diversas reacciones y de diversos personajes, hoy se nos recuerda, la reacción de unos escribas venidos de Jerusalén, gente culta y cumplidora, pero gente cerrada a la novedad que Jesús aporta. El cumplimiento de la voluntad de Dios por parte de Jesús, lo interpretan como una fuerza que recibe del contrario de Dios, de Satanás.

Debemos leer despacio la respuesta de Jesús, pues es muy clara y evidente y a pesar de todo, no comprendieron. Esta respuesta nos hace una reflexión muy seria para nuestra vida. Todo se perdona, menos renegar de la voluntad de Dios y rechazarla si la descubrimos.

Pidamos ayuda al Espíritu que nos ayude a descubrir esa voluntad de Dios y sobre todo que nos de fuerza y valentía para no rechazarla.

Thursday, January 23, 2025

Hijo de Dios


 Evangelio
Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, seguido por una muchedumbre de galileos. Una gran multitud, procedente de Judea y Jerusalén, de Idumea y Transjordania y de la parte de Tiro y Sidón, habiendo tenido noticias de lo que Jesús hacía, se trasladó a donde él estaba.Entonces rogó Jesús a sus discípulos que le consiguieran una barca para subir en ella, porque era tanta la multitud, que estaba a punto de aplastarlo.En efecto, Jesús había curado a muchos, de manera que todos los que padecían algún mal, se le echaban encima para tocarlo. Cuando los poseídos por espíritus inmundos lo veían, se echaban a sus pies y gritaban: “Tú eres el Hijo de Dios”. Pero Jesús les prohibía que lo manifestaran. 



Meditacion:

En los días anteriores hemos visto que el enfrentamiento entre las autoridades religiosas y Jesús ha ido subiendo de nivel. Tanto que en el evangelio de ayer se decía al terminar que los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con Jesús. A tanto llegó el enfrentamiento que Jesús se tuvo que retirar de las ciudades y pueblos por los que iba a la orilla del mar, como dice el evangelio. Se entiende que es el mar de Galilea, un gran lago que atraviesa la región.
Dios
Pero si fariseos y herodianos se habían enfrentado con Jesús, y Jesús con ellos, el pueblo llano no entendía de esas discusiones sobre normas y leyes abstrusas. El pueblo lo único que entendía era que en Jesús se abría un camino a la esperanza para los que sufrían a causa de la enfermedad o los espíritus inmundos. Así que las gentes se dijeron que si Jesús no iba a pasar por sus ciudades y pueblos, ellos se acercarían a él. Tantos fueron y de tantas partes que los discípulos temieron que le fuera a estrujar el gentío.

Aquella gente sencilla no entendía más que lo que veía. Les importaba poco la ortodoxia de las leyes. Les importaba que con Jesús sus males, sus sufrimientos, sus dolores, podían llegar a su fin y tenían la oportunidad de comenzar una nueva vida. No es poco. ¿Qué nos hace falta para poder seguir adelante en el camino de la vida sino alguien que nos dé esperanza? A veces, no hace falta siquiera que se nos pasen milagrosamente los dolores o las dificultades. Basta con que recobremos a esperanza. Ni siquiera nos hace falta ver la luz a la salida del túnel. Es suficiente con que creamos firmemente que el túnel tiene salida, aunque no la veamos, Solo con eso ya nuestro caminar se hace más firme y somos más capaces de soportar los dolores del camino.

Es tiempo de mirar a Jesús, de levantar la cabeza y de volver a caminar llenos de fe., como hicieron todas aquellas gentes de que habla el evangelio. El cambio, el Reino, es posible. Tenemos que ser, como nos propone el lema de este año jubilar, “Peregrinos de la Esperanza”, aunque en medio del túnel no alcancemos todavía a ver la salida

Friday, January 17, 2025

Perdonar pecados

Evangelio

Marcos 2,1-12

Cuando Jesús volvió a Cafarnaúm, corrió la voz de que estaba en casa, y muy pronto se aglomeró tanta gente, que ya no había sitio frente a la puerta. Mientras él enseñaba su doctrina, le quisieron presentar a un paralítico, que iban cargando entre cuatro. Pero como no podían acercarse a Jesús por la cantidad de gente, quitaron parte del techo, encima de donde estaba Jesús, y por el agujero bajaron al enfermo en una camilla.

Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: “Hijo, tus pecados te quedan perdonados”. Algunos escribas que estaban allí sentados comenzaron a pensar: “¿Por qué habla éste así? Eso es una blasfemia. ¿Quién puede perdonar los pecados sino sólo Dios?”

Conociendo Jesús lo que estaban pensando, les dijo: “¿Por qué piensan así? ¿Qué es más fácil, decirle al paralítico: ‘Tus pecados te son perdonados’ o decirle: ‘Levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa’? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados – le dijo al paralítico –: Yo te lo mando: levántate, recoge tu camilla y vete a tu casa”.

El hombre se levantó inmediatamente, recogió su camilla y salió de allí a la vista de todos, que se quedaron atónitos y daban gloria a Dios, diciendo: “¡Nunca habíamos visto cosa igual!”



Meditacion:

Lo que se juega en este relato evangélico no es tanto si Jesús puede curar o no. Lo importante es si puede perdonar los pecados. Ahí es donde los que le escuchan encuentran una blasfemia, una ofensa radical a Dios. ¡Sólo Dios puede perdonar los pecados! ¡Sólo Dios tiene la lleva que permite a la persona liberarse de la carga del error cometido y poder comenzar de nuevo! Y el que se arroga ese poder blasfema contra Dios. Todo esto tiene una contrapartida: yo no estoy obligado a perdonar a mi hermano porque eso solo lo puede hacer Dios.

Nosotros podemos usar esta historia para contrargumentar: está claro que Jesús podía perdonar los pecados porque Jesús era Dios. Lo que pasa es que sus oyentes no habían dado el salto de fe hasta reconocer la divinidad de Jesús. Nosotros creemos en esa divinidad y por eso podemos encontrar en Jesús el perdón de nuestros pecados y el camino de la salvación, una vez que hemos dejado atrás esas culpas. Todo eso se materializa en la celebración del sacramento de la reconciliación, de la penitencia, en la confesión, que parece que es el momento en el que Dios perdona nuestros pecados.

Creo que debemos ir más allá. Nuestro Dios es un Dios Padre que ama y perdona y reconcilia, que siempre nos ofrece nuevos caminos y nuevas esperanzas. Lo que hacemos en el sacramento de la reconciliación no es tanto obtener el perdón de unos pecados concretos –los que hemos cometido desde la última confesión– sino celebrar el perdón de Dios que está siempre con nosotros. Siempre. Siempre.

Más allá todavía. En Jesús se nos ha entregado a todos el ministerio de la reconciliación. Todos somos portadores de ese perdón de Dios para nosotros y para nuestros hermanos y hermanas. Lo dice Pablo en la segunda carta a los Corintios: “Todo procede de Dios que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación” (5,18). Jesús puede perdonar los pecados y nosotros, sus discípulos, también. Precisamente ese es el ministerio que se nos ha encargado: liberar, perdonar, reconciliar, abrir caminos a la esperanza. Nunca condenar ni excluir ni rechazar sino acoger y salvar.

 

Thursday, January 16, 2025

Quiero!


 Evangelio

Marcos 1, 40-45

En aquel tiempo, se le acercó a Jesús un leproso para suplicarle de rodillas: “Si tú quieres, puedes curarme”. Jesús se compadeció de él, y extendiendo la mano, lo tocó y le dijo: “¡Sí quiero: sana!” Inmediatamente se le quitó la lepra y quedó limpio.

Al despedirlo, Jesús le mandó con severidad: “No se lo cuentes a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo prescrito por Moisés”.

Pero aquel hombre comenzó a divulgar tanto el hecho, que Jesús no podía ya entrar abiertamente en la ciudad, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios, a donde acudían a él de todas partes.



Meditacion:

Siempre me han sorprendido esas palabras con que el leproso se expresa al encontrarse con Jesús: “Señor, si quieres, puedes limpiarme”. La primera explicación que se me viene a la mente, y a muchos otros antes que a mí, es que el leproso no tiene mucha fe en Jesús. Fruto de esa falta de fe, sería esa pregunta que le hace. Pero me da la impresión de que no es esa la explicación. O de que, al menos, podemos dar otra explicación a las palabras del leproso.

Quizá el leproso no tenía ninguna duda de que en Jesús había una presencia extraordinaria. Es posible que no hubiese llegado a definir a Jesús como el Hijo de Dios, como llegaron a hacer los cristianos al cabo de unos años después de la muerte de Jesús. Pero está claro que veía en él alguien extraordinario, dotado de unos poderes fuera de lo normal. Pero también podría darse que el leproso se hubiese ya encontrado en su vida como muchos otros personajes llenos de poder y que ese poder no hubiese significado necesariamente que se hubiese dedicado a ayudar a los más necesitados, a los enfermos, a los marginados… Ya sabemos todos que muchas veces los poderosos piensan básicamente sí mismos y en su bienestar. Y que las necesidades de los otros, pues no les importan demasiado.

Quizá el leproso estaba probando a ver si este Jesús, del que se decían tantas cosas, era como esos otros poderosos que había conocido o era diferente y realmente se preocupaba por el bien de las personas más allá de mirar a su propio ombligo. Por eso, ese “si quieres”.

Seguramente, su sorpresa fue grande cuando Jesús “quiso”. En Jesús descubrió a un hombre poderoso que miraba más allá de sí para acercarse a los demás, a los pobres y necesitados. Descubrió que Jesús no le miró con indiferencia ni le utilizó para que la gente reconociese más sus poderes. Simplemente, Jesús se compadeció. Ya solo eso era mucho. Jesús no era poderoso como los otros poderosos que había conocido. Jesús ponía su poder al servicio de los pobres y necesitado.

Por eso, reaccionó el leproso como reaccionó: hablando a todos de Jesús. Porque Jesús era diferente. ¡Los pobres, por primera vez, estaban de suerte!

Wednesday, January 15, 2025

En salida


 Evangelio

Marcos 1, 29-39

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús. Él se le acercó, y tomándola de la mano, la levantó. En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles. 

Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios, pero no dejó que los demonios hablaran, porque sabían quién era él. 

De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar. Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: “Todos te andan buscando”. Él les dijo: “Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido”. Y recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando a los demonios. 



Meditacion:

El texto evangélico de hoy parece que es un conjunto de historias o anécdotas que no tienen que ver unas con otras. Relata las actividades de Jesús durante dos días. Jesús sale de la sinagoga y va a casa de Simón. Allí cura a la suegra, que se levanta y que sirve a todos. La gente se agolpa a la puerta esperando ser curados. Llega la noche. Jesús se levanta temprano para orar. Pero los discípulos le buscan porque la gente le sigue buscando. Jesús vuelve a salir por los caminos predicando la buena nueva y curando.

Hasta aquí el resumen de lo que hizo Jesús. Diversas actividades. Diversos momentos. Pero hay una nota que me gustaría subrayar y que está presente en todo el relato. Es una nota que nos habla de la forma de ser de Dios quizá tanto o más que las mismas palabras que pronuncia Jesús en sus discursos. Es la cercanía que manifiesta Jesús con todos.

Para empezar es Jesús el que se acerca a la gente. Va a la sinagoga, sale a los caminos, deja la oración para volver a salir a los caminos. Incluso antes de descansar atiende, se acerca, a la suegra de Pedro que está enferma. El movimiento primero es de Jesús hacia la gente. Es lógico que luego, una vez que la gente le ha visto actuar, le busquen. En él encuentran la esperanza y la vida. Pero el movimiento se ha iniciado en Jesús, que deja su lugar para ir a la gente, para acercarse a ellos.

Es más, una vez conseguida la fama, Jesús se podía haber quedado en un lugar fijo: una ermita, un santuario, a esperar que la gente se acercase a él. Pero hace precisamente lo contrario: sale de nuevo a los caminos y recorre toda Galilea predicando y curando.

Se me ocurre que en la Iglesia, y en nuestra vida como discípulos de Jesús, tendríamos que hacer lo mismo. No se trata de poner elegantes oficinas que atienden a los que vienen de 9 a 13 y de 16 a 18. Si queremos ser como Jesús, hay que olvidar las oficinas y salir a la calle. Acercarnos nosotros a los necesitados, a los pobres, a todos. El verbo clave es “acercarse”. Eso significa salir de nuestra comodidad y acercarnos a los otros. La “cercanía” es todo un estilo. ¿No es eso lo que quiere decir el papa Francisco con aquello de que tenemos que ser una “Iglesia en salida”?


Tuesday, January 14, 2025

Con autoridad


 Evangelio

Marcos 1, 21-28

En aquel tiempo, llegó Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas. 

Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús le ordenó: “¡Cállate y sal de él!” El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea. 



Meditacion:

El anuncio del reino urge a Jesús. No puede parar. Tiene que acercarse a la gente y hablarles de la buena nueva de la salvación. Desde la orilla del lago llega a Cafarnaúm y se dirige a la sinagoga. El sábado se reúnen allí los judíos para orar. Es el mejor lugar para hablar. Los que le escuchan quedan admirados porque “no enseñaba como los letrados sino con autoridad”. Pero en el evangelio no se habla de una autoridad que provenga de la forma de construir las frases, del articulado de las ideas o de las citas de autores anteriores y famosos que hubiesen explicado la ley. Es una autoridad que tiene efectos prácticos y concretos: es capaz de expulsar al espíritu inmundo que atormenta a un hombre.

Es difícil concretar que se entendería entonces por esa posesión de un espíritu inmundo. Si se entiende que ese mal espíritu atormentaba a la persona, le hacía imposible vivir en comunidad y comportarse con normalidad. Quizá hoy preferiríamos hablar de una enfermedad mental. En todo caso, el efecto es el mismo: aquel hombre vivía esclavizado, era un peligro para los demás. La palabra de Jesús, su autoridad, hace que el hombre quede liberado y el espíritu inmundo salga de él.

El anuncio de la buena nueva no es un mero eslogan publicitario. Tiene efectos concretos en la vida de las personas. Libera de todo lo que oprime y permite a las personas levantarse y tomar las riendas de su vida. La autoridad de Jesús va mucho más allá de la autoridad de los escribas. La autoridad de estos provenía de haber dedicado muchas horas al estudio de la ley. La autoridad de Jesús provenía de una relación especial e íntima con Dios, con su Abbá, su experiencia de Dios le había permitido conocerle más allá de cualquier cosa que pudieran decir los libros. Su autoridad, su palabra, llega hasta el fondo del corazón, nos libera y nos lleva a vivir una vida nueva. Por eso su fama llegó a toda Galilea y más allá. Por eso, sería bueno que día a día estemos atentos a lo que Jesús hace y dice. En él encontraremos libertad y esperanza.

Monday, January 13, 2025

Tiempo ordinario


 Evangelio
Marcos 1, 14-20
Después de que arrestaron a Juan el Bautista, Jesús se fue a Galilea para predicar el Evangelio de Dios y decía: “Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”. 
Caminaba Jesús por la orilla del lago de Galilea, cuando vio a Simón y a su hermano, Andrés, echando las redes en el lago, pues eran pescadores. Jesús les dijo: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. 
Un poco más adelante, vio a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que estaban en una barca, remendando sus redes. Los llamó, y ellos, dejando en la barca a su padre con los trabajadores, se fueron con Jesús. 



Meditacion:
Terminado el tiempo de Navidad, comenzamos con la vida diaria. Terminaron las fiestas, las grandes celebraciones. Y comienza lo que en la liturgia de la Iglesia se llama el tiempo ordinario. Día a día la iglesia nos va proponiendo el Evangelio, la buena noticia. Éste se convierte en una especie de lluvia generosa que inunda, o debería inundar, todos los rincones de nuestra vida. No solo los domingos y las fiestas sino también los días de entre semana, las noches, las tardes, las mañanas aburridas…
Porque el centro del anuncio de Jesús está ahí y es lo más importante: “Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed la Buena Noticia”. El Reino de que habla Jesús es un nuevo mundo, una nueva forma de relacionarnos las personas, unos con otros, y con Dios, que ya no es el juez acosador y castigador sino el padre que quiere a sus hijos e hijas, que desea su vida y su bienestar.
Con este anuncio comenzamos la semana y tantas semanas que va a haber a lo largo del año. Se trata de creer que realmente hay algo nuevo entre nosotros, una nueva oportunidad, un nuevo comienzo. Se trata de asumir que, aún siendo lo que somos, Dios cree en nosotros y tenemos la posibilidad de empezar de nuevo. Ya sabemos cómo somos y lo que damos de sí, conocemos nuestras miserias, nuestras pequeñeces, nuestros egoísmos, nuestras miopías que tantas veces nos impiden ver más allá de nuestra nariz, nuestro ombligo, nuestros intereses. Y así y todo, Dios, el del Reino, está con nosotros y en Jesús nos abre un nuevo futuro, una nueva esperanza. Podemos cambiar, podemos mejorar, podemos hacer reino donde tantas veces hemos creado violencia y dolor.
No solo eso. Dios cuenta con nosotros para anunciar ese reino nuevo, esa nueva esperanza: “Venid conmigo y os haré pescadores de hombre”. La llamada a aquellos pescadores para que dejaran todo y lo siguieran, resuena hoy en nuestros oídos. También nosotros nos debemos convertir en anunciadores del reino con nuestras palabras y nuestros actos, con el testimonio de nuestra vida.

Saturday, January 11, 2025

El cielo


 Evangelio

Juan 3, 22-30

En aquel tiempo, fue Jesús con sus discípulos a Judea y permaneció allí con ellos, bautizando. También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salim, porque ahí había agua abundante. La gente acudía y se bautizaba, pues Juan no había sido encarcelado todavía.

Surgió entonces una disputa entre algunos de los discípulos de Juan y unos judíos, acerca de la purificación. Los discípulos fueron a decirle a Juan: “Mira, maestro, aquel que estaba contigo en la otra orilla del Jordán y del que tú diste testimonio, está ahora bautizando y todos acuden a él”.

Contestó Juan: “Nadie puede apropiarse nada, si no le ha sido dado del cielo. Ustedes mismos son testigos de que yo dije: ‘Yo no soy el Mesías, sino el que ha sido enviado delante de él’. En una boda, el que tiene a la novia es el novio; en cambio, el amigo del novio, que lo acompaña y lo oye hablar, se alegra mucho de oír su voz. Así también yo me lleno ahora de alegría. Es necesario que él crezca y que yo venga a menos”.



Meditacion:

Después de curar al leproso, Jesús le manda que no hable de ello con nadie, pero le dice: «Vete, muéstrate al sacerdote y haz la ofrenda por tu purificación como prescribió Moisés, para que les sirva de testimonio» (v. 14). Esta disposición de Jesús muestra al menos tres cosas. La primera: la gracia que obra en nosotros no busca el sensacionalismo. A menudo se mueve con discreción y sin clamor. Para curar nuestras heridas y guiarnos por la senda de la santidad ella trabaja modelando pacientemente nuestro corazón según el Corazón del Señor, de tal modo que asimilemos cada vez más sus pensamientos y sentimientos. La segunda: haciendo verificar oficialmente por los sacerdotes la curación realizada y celebrando un sacrificio expiatorio, el leproso es readmitido en la comunidad de los creyentes y en la vida social. Su reintegro completa la curación. Como él mismo lo había suplicado, ahora está completamente purificado. Por último, presentándose a los sacerdotes el leproso testimonia ante ellos acerca de Jesús y su autoridad mesiánica. La fuerza de la compasión con la cual Jesús curó al leproso condujo la fe de este hombre a abrirse a la misión. Era un excluido, ahora es uno de nosotros. Pensemos en nosotros, en nuestras miserias... Cada uno tiene las propias. Pensemos con sinceridad. Cuántas veces las tapamos con la hipocresía de las «buenas formas». Y precisamente entonces es necesario estar solos, ponerse de rodillas ante Dios y rezar: «Señor, si quieres, puedes limpiarme». Hacedlo, hacedlo antes de ir a la cama, todas las noches

Friday, January 10, 2025

Si tu quieres...


 Evangelio

Lucas 5, 12-16

En aquel tiempo, estando Jesús en un poblado, llegó un leproso, y al ver a Jesús, se postró rostro en tierra, diciendo: “Señor, si quieres, puedes curarme”. Jesús extendió la mano y lo tocó, diciendo: “Quiero. Queda limpio”. Y al momento desapareció la lepra. Entonces Jesús le ordenó que no lo dijera a nadie y añadió: “Ve, preséntate al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que Moisés prescribió. Eso les servirá de testimonio”.

Y su fama se extendía más y más. Las muchedumbres acudían a oírlo y a ser curados de sus enfermedades. Pero Jesús se retiraba a lugares solitarios para orar.



Meditacion:

Esta buena nueva, que dice el Evangelio, está dirigida «a los pobres» (v. 18). A menudo nos olvidamos de ellos, sin embargo, son destinatarios mencionados explícitamente, porque son los predilectos de Dios. Acordémonos de ellos y recordemos que, para acoger al Señor, cada uno de nosotros debe hacerse “pobre dentro”. Con esa pobreza que hace decir: “Señor necesito perdón, necesito ayuda, necesito fuerza”. Esta pobreza que todos nosotros tenemos: hacerse pobre dentro. Se trata de vencer toda pretensión de autosuficiencia para saberse necesitado de gracia, y siempre necesitado de Él. Si alguien me dice: Padre, pero ¿cuál es la vía más breve para encontrar a Jesús? Hazte necesitado. Hazte necesitado de gracia, necesitado de perdón, necesitado de alegría. Y Él se acercará a ti.

Thursday, January 9, 2025

Espiritu de Dios

Evangelio

Lucas 4, 14-22

En aquel tiempo, con la fuerza del Espíritu, Jesús volvió a Galilea. Iba enseñando en las sinagogas; todos lo alababan y su fama se extendió por toda la región.

Fue también a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: “Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios.



Meditacion:

Hermanos y hermanas, este pasaje del Evangelio nos dice que Jesús no es un “espíritu”, sino una Persona viva; que Jesús cuando se acerca a nosotros nos llena de alegría, hasta el punto de no creer, y nos deja asombrados, con ese asombro que solo da la presencia de Dios, porque Jesús es una Persona viva. Ser cristianos no es ante todo una doctrina o un ideal moral, es una relación viva con él, con el Señor Resucitado: lo miramos, lo tocamos, nos alimentamos de él y, transformados por su amor, miramos, tocamos y nutrimos a los demás como hermanos y hermanas. Que la Virgen María nos ayude a vivir esta experiencia de gracia

 

Wednesday, January 8, 2025

Milagros


 Evangelio

Marcos 6, 45-52

En aquel tiempo, después de la multiplicación de los panes, Jesús premió a sus discípulos a que subieran a la barca y se dirigieran a Betsaida, mientras él despedía a la gente. Después de despedirlos, se retiró al monte a orar.

Entrada la noche, la barca estaba en medio del lago y Jesús, solo, en tierra. Viendo los trabajos con que avanzaban, pues el viento les era contrario, se dirigió a ellos caminando sobre el agua, poco antes del amanecer, y parecía que iba a pasar de largo.

Al verlo andar sobre el agua, ellos creyeron que era un fantasma y se pusieron a gritar, porque todos lo habían visto y estaban espantados. Pero él les habló enseguida y les dijo: “¡Ánimo! Soy yo; no teman”. Subió a la barca con ellos y se calmó el viento. Todos estaban llenos de espanto y es que no habían entendido el episodio de los panes, pues tenían la mente embotada.


Meditacion:

A diario, por otra parte, ocurren milagros. En general los cristianos, y especialmente los que tienen mayor formación académica, ante hechos inexplicables prefieren justificaciones científicas, pseudocientíficas, sociológicas, psicológicas, etc. No deja de ser chocante ya que la fe cristiana se basa en algo concreto, real… y muy milagroso: un Niño nacido de mujer que vino al mundo hace algo más de dos mil años. Un Dios que se encarna y asume la condición humana con todas sus consecuencias salvo el pecado. Jesucristo, clave de bóveda del Credo que recitamos, es el mayor y más admirable de los milagros. Por Él, el Verbo, fue creado todo y todo está sometido a su poder para gloria de Dios Padre, con el Espíritu Santo.

Hoy la invitación es a hacer memoria de nuestra vida para descubrir lo asombroso de lo cotidiano, el milagro de la propia existencia que, para que se produciera, requirió una infinidad de eventos únicos, “programados” con milenios de anterioridad. Lo asombroso de la vida, de nuestro cuerpo, de nuestra mente y del espíritu que nos mueve, de los aconteceres que sufrimos o que disfrutamos: una suma de prodigios. Lo maravilloso del planeta que habitamos: gran cantidad de científicos, entre ellos varios premios Nóbel, afirman que una variación infinitesimal en las constantes de la materia y sus correlaciones haría imposible la vida.

Celebremos el milagro y demos gracias a Dios todopoderoso por su “actividad milagrera” para con nosotros.


Tuesday, January 7, 2025

Jesus

Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (4,12-17.23-25):

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de que habían arrestado a Juan se retiró a Galilea. Dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, junto al lago, en el territorio de Zabulón y Neftalí. Así se cumplió lo que había dicho el profeta Isaías: «País de Zabulón y país de Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles. El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; a los que habitaban en tierra y sombras de muerte, una luz les brilló.»

Entonces comenzó Jesús a predicar diciendo: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»

Recorría toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo. Su fama se extendió por toda Siria y le traían todos los enfermos aquejados de toda clase de enfermedades y dolores, endemoniados, lunáticos y paralíticos. Y él los curaba. Y le seguían multitudes venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Trasjordania.



Meditacion:

La presencia de Jesucristo en nosotros es esa luz grande, profetizada por Isaías, que ilumina a judíos y gentiles, es decir a todos. Una luz que suprime la tiniebla y rescata a la humanidad recreándola y haciendóla tan bella como fue creada. No suprime del todo la marca del pecado que señala nuestra fragilidad, pero nos reviste, como dice San Pablo con las armas de la luz.

En la lectura del evangelio de hoy Mateo nos presenta un Jesús apremiado por la prisión de Juan, que predica en Galilea, atrayendo a multitudes de las regiones próximas, porque está cerca el reino de los cielos. Pide conversión.

En nuestra vida la conversión no es un hecho que se produce y sin más, quedamos transformados. Experimentamos casi cada día la necesidad de conversión porque, aunque ciudadanos del reino contínuamente tenemos que renovar esa ciudadanía. Y porque hemos recibido el encargo de predicar a todas las gentes.

Una cosa es predicar y otra dar trigo, dice el refrán. A nuestro predicar tenemos que unir, como el Maestro, la curación. A Él se acercaban o eran traídos toda clase de enfermos de alma y cuerpo. Y Él curaba toda dolencia y toda enfermedad. Curar significa también cuidar y preservar de la corrupción. Y todo esto requiere la atención a cada persona.

Los que hemos recibido la luz de Cristo tenemos que parecernos al maestro. Identificarnos con Él y actuar como Él lo hizo. Y sin Cristo nada podemos. Hay que pedir día a día que el Señor nos renueve, nos convierta y nos impulse a predicar -a veces sin palabras- y a curar como Él lo hizo y lo sigue haciendo

 

Monday, January 6, 2025

Conviertanse


 Evangelio

Mateo 4, 12-17. 23-25

Al enterarse Jesús de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea, y dejando el pueblo de Nazaret, se fue a vivir a Cafarnaúm, junto al lago, en territorio de Zabulón y Neftalí, para que así se cumpliera lo que había anunciado el profeta Isaías:

Tierra de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los paganos; el pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz. Sobre los que vivían en tierra de sombras una luz resplandeció.

Desde entonces comenzó Jesús a predicar, diciendo: "Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos". Y andaba por toda Galilea, enseñando en las sinagogas y proclamando la buena nueva del Reino de Dios y curando a la gente de toda enfermedad y dolencia.

Su fama se extendió por toda Siria y le llevaban a todos los aquejados por diversas enfermedades y dolencias, a los poseídos, epilépticos y paralíticos, y él los curaba. Lo seguían grandes muchedumbres venidas de Galilea, Decápolis, Jerusalén, Judea y Transjordania.



Meditacion:

Ahora, Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca, que Dios está cerca. Aquí está la novedad, el primer mensaje: Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro. Y esta cercanía de Dios con su pueblo es una costumbre suya, desde el principio, incluso desde el Antiguo Testamento. Le dijo al pueblo: “Piensa: ¿Dónde hay una nación tan grande que tenga unos dioses tan cercanos como yo lo estoy contigo?” (cf. Dt 4,7). Y esta cercanía se hizo carne en Jesús. Es un mensaje de alegría: Dios vino a visitarnos en persona, haciéndose hombre. No tomó nuestra condición humana por un sentido de responsabilidad, no, sino por amor. Por amor asumió nuestra humanidad, porque se asume lo que se ama. Y Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos. Él desea estar con nosotros, darnos la belleza de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y de sentirnos amados.


Saturday, January 4, 2025

Tu eres Pedro


 Evangelio

Juan 1, 35-42 

En aquel tiempo, estaba Juan el Bautista con dos de sus discípulos, y fijando los ojos en Jesús, que pasaba, dijo: “Éste es el Cordero de Dios”. Los dos discípulos, al oír estas palabras, siguieron a Jesús. Él se volvió hacia ellos, y viendo que lo seguían, les preguntó: “¿Qué buscan?” Ellos le contestaron: “¿Dónde vives, Rabí?” (Rabí significa ‘maestro’). Él les dijo: “Vengan a ver”. Fueron, pues, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Eran como las cuatro de la tarde. Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron lo que Juan el Bautista decía y siguieron a Jesús. El primero a quien encontró Andrés, fue a su hermano Simón, y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías” (que quiere decir ‘el Ungido’). Lo llevó a donde estaba Jesús y éste, fijando en él la mirada, le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan. Tú te llamarás Kefás” (que significa Pedro, es decir, ‘roca’).  


Meditacion:

El Evangelio (…) presenta el encuentro de Jesús con sus primeros discípulos. La escena se desarrolla en el río Jordán, el día después del bautismo de Jesús. El mismo Juan Bautista señala al Mesías a dos de ellos con estas palabras: «¡He ahí el Cordero de Dios!» (v. 36). Y aquellos dos, fiándose del testimonio del Bautista, siguen a Jesús que se da cuenta y pregunta: «¿Qué buscáis?» y ellos le preguntan: «Maestro, ¿dónde vives?» (v. 38). Jesús no contesta: “Vivo en Cafarnaúm o en Nazaret”, sino que dice: «Venid y lo veréis» (v. 39). No es una tarjeta de visita, sino la invitación a un encuentro. Los dos lo siguen y se quedan con Él esa tarde. (…) Y ellos, tantos años después, se acordaban incluso de la hora, no podían olvidar este encuentro tan feliz, tan pleno, que había cambiado sus vidas. Luego, cuando salen de este encuentro y vuelven con sus hermanos, esta alegría, esta luz se desborda de sus corazones como una riada. Uno de los dos, Andrés, dice a su hermano Simón —a quien Jesús llamará Pedro cuando lo encuentre—: «Hemos encontrado al Mesías» (v. 41). Se fueron seguros de que Jesús era el Mesías, convencidos. Detengámonos un momento en esta experiencia de encuentro con Cristo que nos llama a estar con Él. Cada llamada de Dios es una iniciativa de su amor. Siempre es Él quien toma la iniciativa, Él te llama. Dios llama a la vida, llama a la fe, y llama a un estado de vida particular. “Yo te quiero aquí”. La primera llamada de Dios es a la vida; con ella nos constituye como personas; es una llamada individual, porque Dios no hace las cosas en serie

Friday, January 3, 2025

Cordero de Dios


 Evangelio

Juan 1, 29-34

Al día siguiente, vio Juan el Bautista a Jesús, que venía hacia él, y exclamó: "Éste es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Éste es aquel de quien yo he dicho: 'El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo'. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel".

Entonces Juan dio este testimonio: "Vi al Espíritu descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre él. Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: 'Aquel sobre quien veas que baja y se posa el Espíritu Santo, ése es el que ha de bautizar con el Espíritu Santo'. Pues bien, yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios".



Meditacion:

El nombre de la persona, sobre todo en las culturas semíticas, tiene una gran importancia. Concede identidad y es el medio por el que se puede ser reconocido. Cuando éramos pequeños, a veces nuestras madres nos corregían si decíamos “ese” o “esa”… ¡Tiene un nombre! nos decían. Decir el nombre es concederle el respeto debido por ser criatura de Dios, hijo de Dios. En la Escritura, a quienes Dios llama muchas veces reciben un nombre nuevo: Abrán-Abraham; Simón-Pedro; Saulo-Pablo…  Al Hijo de Dios, al Dios con nosotros, se le da el “nombre que está sobre todo nombre”. Es decir, el más alto, el más excelso, el más digno de respeto y honor.

Lo curioso es que, según la primera lectura, ese nombre se le da precisamente a la persona que se vacía, que no se aferra a su condición ni a su honor, que se hace carne humana, que acepta los gozos y los dolores de los hombres, que se hace obediente hasta la muerte. Y ante ese nombre todo, absolutamente todo, en el cielo y en la tierra, ha de doblar la rodilla. Jesucristo, el ungido, el de naturaleza divina, es el que se abaja y se vacía.

Hay personas que se blasonan de sus apellidos ilustres. Y probablemente harán bien en estar orgullosos de su identidad familiar. Pero el verdadero blasón, la verdadera causa de orgullo es el ser hijos… y. a ejemplo de quien lleva el nombre sobre todo nombre, lo mejor que se puede hacer es no aferrarse a nada; caminar con otros en sus dolores y sus alegrías; obedecer (es decir, escuchar a Dios, ponerse debajo de Dios) por muy alto que sea el precio a pagar. Entonces recibiremos el nombre de hijos amados. Hijos en el Hijo cuyo nombre está sobre todo nombre. Una gloriosa identidad.

Thursday, January 2, 2025

Una voz en el desierto


 Evangelio

Juan 1, 19-28

Éste es el testimonio que dio Juan el Bautista, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén a unos sacerdotes y levitas para preguntarle: "¿Quién eres tú?"

Él reconoció y no negó quién era. Él afirmó: "Yo no soy el Mesías". De nuevo le preguntaron: "¿Quién eres, pues? ¿Eres Elías?" Él les respondió: "No lo soy". "¿Eres el profeta?" Respondió: "No". Le dijeron: "Entonces dinos quién eres, para poder llevar una respuesta a los que nos enviaron. ¿Qué dices de ti mismo?" Juan les contestó: "Yo soy la voz que grita en el desierto: 'Enderecen el camino del Señor', como anunció el profeta Isaías".

Los enviados, que pertenecían a la secta de los fariseos, le preguntaron: "Entonces ¿por qué bautizas, si no eres el Mesías, ni Elías, ni el profeta?" Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de ustedes hay uno, al que ustedes no conocen, alguien que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle las correas de sus sandalias".

Esto sucedió en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde Juan bautizaba.


Meditacion:

Puede resultar curioso que, después de escuchar repetidamente que somos hijos, con la enorme dignidad que eso conlleva, ahora nos unamos de corazón a Juan para decir, como decimos antes de todas las comuniones: “No soy digno”. Pero ambas cosas son verdad: por ser hijos de Dios, tenemos una enorme dignidad. Pero como el mérito no es nuestro, sino que todo es concedido, no somos dignos, o más bien no somo merecedores de nada.

Juan reconoce este hecho bien. El mayor de los profetas, el Precursor del Mesías solo se confiesa como “voz que grita en el desierto”. La voz del desierto que acabamos de escuchar en muchas de las primeras lecturas de las Eucaristías de Adviento. Esa es una voz valiosa y digna: anuncia la venida; proclama los cambios que hay que hacer para que la venida se realice según el plan de Dios (preparad los caminos; enderezad lo torcido…), denuncia el mal; consuela y desafía. El que no es digno de desatar la sandalia, recibe el enorme encargo de ser voz. Es decir, todos nosotros, que hemos sido adoptados por Dios, no somos merecedores siquiera de estar cerca, ni siquiera a la altura de su sandalia. Y sin embargo estamos llamados, estamos obligados a ser voz.

“Clamar en el desierto”, por razones de puntuación, se ha entendido algunas veces como predicar en vacío. Algo que pareciera inútil.  Pero quizá mejor transcrito se trate de:” Voz que clama: ´en el desierto, preparad el camino´”. Así, pasa de ser una ocupación inútil y desesperanzada a ser una tarea desafiante, pero esperanzadora: en el desierto de sentido y de valores en que vivimos; en el desierto de la ausencia de Dios de nuestra secularizada sociedad, preparad el camino. Preparar el camino significará entonces vivir de una manera que puede ser un poco “a contrapelo”; dar un testimonio de otra manera de vivir; mantener una verdad y unos valores contra las corrientes absurdas e injustas de nuestro mundo. No somos dignos; pero esta es nuestra gran dignidad. Los hijos de Dios vivimos (o debemos vivir) de otro modo. Incluso en el desierto.


Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...