Monday, June 30, 2025

Casa


 Evangelio

Mateo 8, 18-22

En aquel tiempo, al ver Jesús que la multitud lo rodeaba, les ordenó a sus discípulos que cruzaran el lago hacia la orilla de enfrente.

En ese momento se le acercó un escriba y le dijo: “Maestro, te seguiré a dondequiera que vayas”. Jesús le respondió: “Las zorras tienen madrigueras y las aves del cielo, nidos; pero el Hijo del hombre no tiene en donde reclinar la cabeza”.

Otro discípulo le dijo: “Señor, permíteme ir primero a enterrar a mi padre”. Pero Jesús le respondió: “Tú sígueme y deja que los muertos entierren a sus muertos”.




Meditacion:

Es curioso que en los versículos anteriores se nos narrase tres curaciones que Jesús realiza: un ciego, un paralítico y la fiebre de la suegra de Pedro. Acto seguido la gente busca a Jesús, se acerca y el texto pone de relieve la fe, la llamada y el seguimiento, en la clave más profunda de lo humano. Con sus luces y sus sombras. Con el ideal que empuja a entregar la vida y con la limitación humana que te lleva a la continua excusa.

Jesús lanza una llamada en clave personal: «Tú, sígueme». Lo que sucede que no es tan fácil discernir el llamado que hace el Maestro. No es sencillo atisbar esa voz de Dios en medio de un continuo ruido de la sociedad que intenta apagar una voz de verdad y de sentido pleno. Por ello, se emplea la imagen de que los muertos entierren a sus muertos. Hoy día se dan con relativa facilidad esos escenarios de muerte, en los que se ha perdido un horizonte de valores evangélicos. Una verdad que sustente tú vida. Un sueño e ideal por el cual luchar, perseguir. Esfuerzo, tesón, coherencia, fidelidad, empatía, escucha, diálogo, superación… No están de moda en la sociedad en la que trata Jesús de echar las redes para conseguir amigos que siembren la realidad del Reino de Dios.

«¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?» (Mt 1,18). La eterna pregunta del discipulado. Qué nos va a tocar en suerte o quién va a ser el primero. En esa clave, siempre, van a aparecer las excusas, celos, resentimientos y no habrá la posibilidad de una entrega total de la vida. Ver el seguimiento en clave mercantil, yo me entrego mientras le esté sacando partido a esto. Mientras me llene y no me de complicaciones. Solo unos años de mi vida.

«Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn 15,13). El planteamiento de Jesús tumba por completo los proyectos de la sociedad. Marca una hoja de ruta distinta y que necesita ser abrazada y acogida desde el amor por el cual te has sentido llamado a participar en el proyecto del Reino. No te puedes guardar nada. Estás continuamente expuesto, a la intemperie, en las manos de otros y para otros. Gastarte, partirte, repartirte, al igual que lo hizo Él. Lo que recibes debes de entregarlo con agradecimiento.

Por ello, después de pasar por el proceso de muerte, se llega a la resurrección, con un mandato clave: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación» (Mc 16,15). Libertad total y absoluta para gritar al mundo el evangelio de la salvación. Jesús nos quiere libres, desprendidos, itinerantes, para de este modo ser testigos veraces de su salvación.

Saturday, June 28, 2025

No soy digno

Evangelio

Mateo 8, 5-17

En aquel tiempo, al entrar Jesús en Cafarnaúm, se le acercó un oficial romano y le dijo: "Señor, tengo en mi casa un criado que está en cama, paralítico, y sufre mucho". El le contestó: "Voy a curarlo".

Pero el oficial le replicó: "Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; con que digas una sola palabra, mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; cuando le digo a uno: '¡Ve!', él va; al otro: '¡Ven!', y viene; a mi criado: '¡Haz esto!', y lo hace".

Al oír aquellas palabras, se admiró Jesús y dijo a los que lo seguían: "Yo les aseguro que en ningún israelita he hallado una fe tan grande. Les aseguro que muchos vendrán de oriente y de occidente y se sentarán con Abraham, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos. En cambio, a los herederos del Reino los echarán fuera, a las tinieblas. Ahí será el llanto y la desesperación".

Jesús le dijo al oficial romano: "Vuelve a tu casa y que se te cumpla lo que has creído". Y en aquel momento se curó el criado.

Al llegar Jesús a la casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Entonces la tomó de la mano y desapareció la fiebre. Ella se levantó y se puso a servirles.

Al atardecer le trajeron muchos endemoniados. Él expulsó a los demonios con su palabra y curó a todos los enfermos. Así se cumplió lo dicho por el profeta Isaías: Él hizo suyas nuestras debilidades y cargó con nuestros dolores.

 

Friday, June 27, 2025

Corazon de Jesus


 Evangelio

Lucas 15, 3-7

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos y a los escribas esta parábola: "¿Quién de ustedes, si tiene cien ovejas y se le pierde una, no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la que se le perdió hasta encontrarla? Y una vez que la encuentra, la carga sobre sus hombros, lleno de alegría, y al llegar a su casa, reúne a los amigos y vecinos y les dice: 'Alégrense conmigo, porque ya encontré la oveja que se me había perdido'.

Yo les aseguro que también en el cielo habrá más alegría por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos, que no necesitan arrepentirse''.



Meditacion:

Jesús ha acercado el amor incondicional de Dios, y nos ha hecho accesible, por medio de su corazón de carne, el corazón de Dios. No es un Dios lejano y terrible, ante el que debamos sentirnos temerosos e indignos, sino un Dios Padre que se preocupa por nosotros, y que suscita en nosotros confianza y amor. Esto es lo que podemos experimentar al acercarnos a Jesús con un espíritu sencillo: la revelación de una sabiduría que no es cuestión de erudición, sino la sabiduría del amor. El amor, es verdad, es exigente y a veces nos pesa: “amor meus pondus meum” (mi amor es mi peso), decía San Agustín. Pero es, también, lo que da sentido y orientación a nuestra vida. Por eso añadía: “eo feror, quocumque feror” (por él soy llevado adondequiera que me lleven), porque el ser humano tiende al objeto de su amor, por más que esfuerzos que le exija. Por eso dice Jesús que su yugo es llevadero y su carga es ligera (cf. Mt 11, 30). Y tanto más si consideramos que el peso del amor verdadero lo ha tomado Jesús sobre sí mismo al dar su vida por nosotros. Por eso, vemos que el corazón de Jesús es también un corazón desgarrado, atravesado por la lanza, pero esto es así porque es un corazón abierto, que ha estado antes atravesado de un amor que no conoce límites.

La sabiduría del amor que Jesús ha revelado plenamente en la Cruz y de la que nos habla Pablo es exigente, cierto, pero sobre todo nos da confianza, nos relaja, nos da alivio y respiro. En Cristo, en su corazón manso y humilde, encontramos el perfecto equilibrio entre la autoestima y la humildad: autoestima, porque somos amados sin condiciones, lo que significa que, en el fondo de nuestro ser, somos buenos y valiosos; pero también humildad, porque sabemos que no somos perfectos, que tenemos que reconocer con humildad nuestros límites, nuestros pecados. Pero esto último no es una humillación que nos destruye, sino la certeza de que podemos mejorar, de que hay en nosotros posibilidades no exploradas. Y nuestra gran posibilidad, si aprendemos de Jesús, es el amor: saber que cuando tratamos de amar, Dios mismo está obrando en nosotros y que Él permanece con nosotros.

Thursday, June 26, 2025

Mision

Evangelio

Mateo 7, 21-29

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en el Reino de los cielos, sino el que cumpla la voluntad de mi Padre, que está en los cielos. Aquel día muchos me dirán: '¡Señor, Señor!, ¿no hemos hablado y arrojado demonios en tu nombre y no hemos hecho, en tu nombre, muchos milagros?' Entonces yo les diré en su cara: 'Nunca los he conocido. Aléjense de mí, ustedes, los que han hecho el mal'.

El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica, se parece a un hombre prudente, que edificó su casa sobre roca. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos y dieron contra aquella casa; pero no se cayó, porque estaba construida sobre roca.

El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica, se parece a un hombre imprudente, que edificó su casa sobre arena. Vino la lluvia, bajaron las crecientes, se desataron los vientos, dieron contra aquella casa y la arrasaron completamente".

Cuando Jesús terminó de hablar, la gente quedó asombrada de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.




Meditacion:

En el evangelio que hoy nos presenta Mateo, nos indica que los que escuchamos el mensaje del evangelio, tenemos que elegir; tenemos que definir nuestro estilo de vida, frente a otras formas de vivir.

Por una parte, está claro que las palabras, las buenas intenciones, incluso la oración, si no van acompañadas de obras, no están siendo fieles al mensaje de Jesús. Hemos de hacer la voluntad del Padre, poniendo en práctica las enseñanzas de Jesús.

Existe el riesgo de una oración que no se traduzca en vida; de una escucha comunitaria de la Palabra que se cierre en sí misma; de una celebración de la Eucaristía que no nos lleve al compromiso; aunque ciertamente estas cosas son la raíz de nuestra esencia cristiana.

En el momento que estamos viviendo de tremendos conflictos bélicos, económicos, migratorios y sociales, muchos sectores influyentes de la sociedad hablan de arreglar esta realidad que afecta a las personas más vulnerables y pobres del planeta. Sin embargo, todas estas posibles acciones que plantean, no tienen el impacto suficiente, porque se están construyendo sin tener en cuenta el bien común, el respeto y defensa de los derechos humanos y el desarrollo humano de las personas y los pueblos.

Para que esto nos quede claro, Mateo pone la parábola de dos personas que hacen lo mismo: construir una casa. Aparentemente los dos hacen lo mismo. A los dos se les ve comprometidos en algo bueno y duradero. Pero al llegar la tormenta, se descubre que uno la había asentado sobre roca mientras que el otro la había edificado sobre arena. La enseñanza de Jesús es clara. No se puede edificar algo duradero de cualquier manera. Sólo quien escucha sus Palabras y las pone en práctica está construyendo sobre roca.

Todo esto nos obliga a revisar los cimientos y ver sobre qué bases estamos construyendo nuestra vida. Porque igual descubrimos que nuestra fe no está asentada sobre el cimiento sólido del Evangelio sino sobre costumbres y tradiciones no siempre muy acordes con el Espíritu de Jesús.

¿Cuáles están siendo hoy nuestros cimientos para ir construyendo el Reino?


 

Wednesday, June 25, 2025

Sus frutos

Evangelio

Mateo 7, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos? 

Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán”. 


Meditacion:

Pero este criterio de discernimiento podemos aplicárnoslo a nosotros mismos. También podemos usarlo para examinarnos, para comprobar si nuestra vida está dando buenos o malos frutos. Lo más probable es que encontremos que se dé una mezcla de frutos buenos y malos, puesto que no somos perfectos. Pero Jesús nos llama a dar solo frutos buenos. ¿Cómo hacer? Tenemos que trabajar en las raíces: examinar nuestros valores básicos, los que realmente mueven nuestro corazón, no sólo los que profesamos teóricamente. Y no solo examinar, sino alimentar, abonar, sanar, para que esas raíces acaben dando buenos frutos. Abraham nos sirve hoy de ejemplo. La primera y fundamental condición es la confianza. Tenemos que creer las promesas de Dios, acoger su Palabra, que es Cristo. En segundo lugar, afincados en esa confianza, tenemos que poner manos a la obra: hacer con diligencia lo que depende de nosotros. Abraham prepara el sacrificio y lo preserva de los buitres. Pero, finalmente, dar frutos de vida buena, de amor y vida eterna, es cosa de Dios, que acogerá y consumará lo que con buena voluntad hemos preparado.

Frutos buenos a los que Dios nos llama son consecuencia de la cooperación de nuestra libertad y la gracia de Dios. Como dice la liturgia de la ordenación sacerdotal, citando la carta a los Filipenses (1, 6): “que Dios que empezó en ti la obra buen, Él mismo la lleve a término”.

 

Tuesday, June 24, 2025

Juan el Bautista


 Evangelio

Lucas 1, 57-66. 80

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.

El niño se iba desarrollando físicamente y su espíritu se iba fortaleciendo, y vivió en el desierto hasta el día en que se dio a conocer al pueblo de Israel.




Meditacion:

La tendencia de hacer de los hijos “clones” de sus padres, llamándoles con el mismo nombre, se ve que es cosa que viene de lejos. También en el Israel de los tiempos de Jesús existía esta costumbre. Sin embargo, no hay semejanzas ni parentescos que puedan anular o disminuir la irrepetible originalidad de cada uno. Lo recordaba con su peculiar fuerza expresiva Khalil Gibram, cuando, en El Profeta, a la petición “háblanos de los niños” comienza respondiendo “vuestros hijos no son hijos vuestros. Vienen a través de vosotros, pero no vienen de vosotros. Y, aunque están con vosotros, no os pertenecen”. De ahí la importancia del gesto de Zacarías, secundando a su mujer Isabel, de darle a su hijo el hombre de Juan. Zacarías significa “El Señor se acuerda”; y, aunque ese nombre tiene sentido en la situación de un hijo inesperado en la vejez, le cuadra mejor a su padre, pues tiene una inevitable referencia al pasado. El nombre de Juan, “Dios es propicio” (o misericordioso), y también “Don de Dios”, habla de la inminencia de la novedad que Juan habrá de preparar. Zacarías, viejo y mudo, es una buena imagen del Antiguo Testamento: parece que ya nada tiene que decir, pero tiene todavía la fuerza suficiente para dar un último fruto que pondrá punto final a esa larga historia del Dios de las promesas, depositadas en Israel, pero válidas para todo el mundo. Juan dará el testigo a una época nueva, la del cumplimiento. Al darle el nombre de Juan, Zacarías intuye una novedad que el Bautista no inaugura, pero a la que abre el camino ante la inminencia de su venida.

En el nombre va implícita la misión que el hombre tiene que desempeñar en la vida, es decir su vocación. A veces, ante una conversión radical, se exige un cambio de nombre, que significa un cambio de vida. Es el caso del nombre nuevo, Pedro, que Jesús le da a Simón, el hijo de Juan. También es frecuente que los adultos que acceden al bautismo elijan un nombre nuevo; o los que se consagran a Dios al hacer su profesión religiosa. En un contexto de vida cristiana ha sido tradición dar nombres de santos, que son modelos de auténtica vida cristiana.

La liturgia reserva el término “natividad” sólo para el nacimiento de Jesús, de María y del mismo Juan. De esta forma destaca la extraordinaria cercanía de Juan (desde luego y, sobre todo, de María) con Jesús. En Juan descubrimos algunos rasgos esenciales de la vocación humana y cristiana. En primer lugar, la llamada: desde el seno materno el hombre está llamado a cumplir una misión en la vida. Es importante entender que no se trata de un destino ineludible que esté escrito de antemano; este carácter abierto de la llamada se expresa muy bien en la pregunta que “todo se hacían”: “¿qué va a ser de este niño?” Se trata, pues, de una llamada dirigida a la propia libertad y que el ser humano debe realizar tomando decisiones propias para responder a ella.

En segundo lugar, esta llamada que debe ser libremente respondida nos dice ya que la vida tiene sentido y que ese sentido comparece desde el mismo momento de su concepción. Por tanto, somos responsables no sólo de nuestra propia vida, sino también de la vida de los demás, que nos es confiada cuando ésta no puede todavía valerse por sí misma. Ahora bien, esta proclamación de sentido puede ser impugnada y lo es con mucha frecuencia. Tenemos permanentemente la tentación de reducir nuestra vida a un cúmulo de casualidades, que vacían de sentido nuestra existencia: “En vano me he cansado, en viento y en nada he gastado mis fuerzas”, se lamenta el profeta Isaías. Existen ciertamente experiencias vitales de decepción y frustración que pueden inclinarnos a pensar así. Pero si se considera atentamente, caemos en la cuenta de que la misma decepción y frustración suponen ese sentido, pues hablan de expectativas que, por algún motivo, no han podido realizarse. Cuando alguien proclama que la vida carece de sentido lo hace siempre con un deje de protesta que reconoce implícitamente el sentido que niega. Si la vida careciera de todo sentido, ni siquiera nos daríamos cuenta de ello y no haría falta ni quejarse ni proclamarlo.

Así pues, Juan, desde el seno materno nos habla de un sentido que es vocación (llamada) y misión, y que es, además, servicio. Este es el tercer rasgo esencial que debemos señalar en la vocación humana y que en Juan es especialmente visible. La misión de Juan es la de abrir camino y luego hacerse a un lado, disminuir él, para que crezca Jesús. Realmente, para poder realizar la propia misión en la vida hay que saber que estamos al servicio de algo que es más grande que nosotros y que, por tanto, no es demasiado importante figurar y estar en el centro. Los grandes acontecimientos, igual que los grandes personajes no serían nada si no fuera por una multitud de personas que, sin figurar especialmente, han vivido con fidelidad su propia vocación y han allanado el camino de eso y esos que son más grandes que ellos, pero que sin ellos no serían nada. El mismo Jesús se ha sometido a esta misma ley de la encarnación, de modo que para poder realizar su misión salvadora ha necesitado del cumplimiento fiel de su misión de otras personas que, como Juan, le han preparado el camino.

El filósofo cristiano Emmanuel Mounier expresó esta verdad de manera muy precisa cuando afirmó que “una persona sólo alcanza su plena madurez en el momento en que ha elegido fidelidades que valen más que la vida”. Y es que el hombre no crece ni madura cuando se afirma como centro del mundo y proclama una independencia tan absoluta como imposible, sino cuando, tomando las riendas de su propia vida, se consagra (se somete libremente y no de manera servil) a algo que descubre como más grande que él, pero que lo libera y engrandece. Esta verdad, que vemos tan patente en Juan el Bautista, es todavía más evidente en María, la humilde sierva del Señor, y, por encima de todos, en Jesús, que no vive para sí, sino libremente sometido a la voluntad de su Padre, al servicio del Reino de Dios y al servicio de sus hermanos (cf. Lc 22, 27. 42).

Al contemplar la figura de Juan el Bautista y meditar con él sobre nuestra vocación y el sentido de nuestra vida, podemos comprender que en toda vocación cristiana hay un componente que nos asemeja al Precursor. Jesús sigue viniendo al mundo, acercándose a los hombres, muchos de los cuales no lo conocen, no saben de él. Para que Jesús pueda llegar hasta ellos, siguiendo las leyes de la encarnación, necesita de precursores y mediadores que allanen el camino y preparen su venida. Nosotros mismos, en algún momento de nuestra vida, tuvimos a algún Juan el Bautista que nos introdujo al conocimiento de Cristo. Y cada uno de nosotros, como todo cristiano, estamos llamados a realizar esta misión, cuando, por medio del testimonio de nuestras palabras y nuestras obras, no nos señalamos a nosotros mismos, sino al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29, 36).

Monday, June 23, 2025

Juzgar

Evangelio

Mateo 7, 1-5

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No juzguen y no serán juzgados; porque así como juzguen los juzgarán y con la medida que midan los medirán.

¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no te das cuenta de la viga que tienes en el tuyo? ¿Con qué cara le dices a tu hermano: 'Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo', cuando tú llevas una viga en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga que tienes en el ojo, y luego podrás ver bien para sacarle a tu hermano la paja que lleva en el suyo".



Meditacion:

Es conocida la crítica de la religión que la ve como producto del temor y búsqueda de refugios y seguridades. Puede ser que haya variantes de la experiencia religiosa que vayan en ese sentido, pero no es esa, ciertamente, la esencia de la religión bíblica y, por tanto, cristiana. El origen del pueblo de Israel es una llamada que es un desafío, porque invita, precisamente, a dejar seguridades, a abandonar las propias raíces, y a afrontar un camino incierto hacia tierras desconocidas. Solo el que tiene valor y confianza, puede acoger esa llamada. La llamada de Dios, “sal de tu tierra”, dirigida a Abraham, nuestro padre en la fe, se repite después de muchas maneras. También Jesús llama a dejar las redes, a caminar siguiéndole a Él, por caminos arriesgados y abiertos, a tomar la propia cruz. Dios, Jesús, no ofrecen refugios, sino que llaman a vivir a la intemperie.

Y esto no tiene sólo sentido físico o geográfico. Una forma de salir de la propia tierra es abrirse a los demás. La crítica, el juicio condenatorio, el rechazo del otro son formas de defensa que denotan temor, deseo de autojustificación y buscan el refugio que evita la confrontación con la propia verdad. También de esa tierra que nos aprisiona nos manda salir el Señor. Y esa salida significa exponerse, dejarse corregir, liberarse de redes, cadenas, prejuicios que nos separan de los demás. La corrección fraterna es importante, pero no como un arma arrojadiza que usamos cuando estamos hartos, sino como un verdadero acto de amor y de ayuda, que conlleva la conciencia de la propia limitación y la humildad de dejarse amar y ayudar, precisamente dejando que nos corrijan. También en este salir de la propia tierra hace falta humildad, confianza y valor.

 

Saturday, June 21, 2025

Reino de Dios


 Evangelio

Mateo 6, 24-34

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro, o bien obedecerá al primero y no hará caso al segundo. En resumen, no pueden ustedes servir a Dios y al dinero.

Por eso les digo que no se preocupen por su vida, pensando qué comerán o con qué se vestirán. ¿Acaso no vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Miren las aves del cielo, que ni siembran, ni cosechan, ni guardan en graneros y, sin embargo, el Padre celestial las alimenta. ¿Acaso no valen ustedes más que ellas? ¿Quién de ustedes, a fuerza de preocuparse, puede prolongar su vida siquiera un momento?

¿Y por qué se preocupan del vestido? Miren cómo crecen los lirios del campo, que no trabajan ni hilan. Pues bien, yo les aseguro que ni Salomón, en todo el esplendor de su gloria, se vestía como uno de ellos. Y si Dios viste así a la hierba del campo, que hoy florece y mañana es echada al horno, ¿no hará mucho más por ustedes, hombres de poca fe?

No se inquieten, pues, pensando: ¿Qué comeremos o qué beberemos o con qué nos vestiremos? Los que no conocen a Dios se desviven por todas estas cosas; pero el Padre celestial ya sabe que ustedes tienen necesidad de ellas. Por consiguiente, busquen primero el Reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura. No se preocupen por el día de mañana, porque el día de mañana traerá ya sus propias preocupaciones. A cada día le bastan sus propios problemas”.



Meditacion:

A primera vista, este Evangelio de hoy puede parecer una falta de respeto de Jesús para los pobres. Es verdad, en nuestro mundo ha habido y hay muchas personas cuya única preocupación a lo largo del día es sobrevivir: hacerse con lo suficiente (alimentos, cobijo…) para mantenerse vivos hasta el día siguiente. Decirles que no se deberían preocupar por nada de eso sería como reírse de ellos, de su pobreza intolerable. Decirles que no se preocupen porque Dios va a cuidar de ellos es desconocer la realidad de injusticia y abandono en que viven. Este hecho, tan presente en nuestro mundo y quizá más cerca de nosotros de lo que podemos pensar, no conviene olvidarlo. Pero no creo que Jesús se refiera a ellos al pronunciar las palabras del Evangelio de hoy.

Iría casi al final del texto para encontrar el centro de lo que Jesús quiere decir a sus discípulos: “Buscad el reino de Dios y su justicia”. Ahí está la clave, la idea central que Jesús quiere transmitir a sus discípulos y, en consecuencia, a nosotros. Para el discípulo no hay más que una motivación y un centro en su vida: el reino. Trabajar al servicio del reino de Dios es un compromiso total. Hoy diríamos full-time, utilizando una expresión inglesa. Estar al servicio del reino es tener presente la fraternidad y la justicia como valores fundamentales en nuestra vida. Trabajar al servicio del reino es, hagamos lo que hagamos, tener el perdón, la misericordia, la reconciliación, el amor, como los valores centrales siempre presentes. Vivir al servicio del reino es mirar el mundo y a los demás con los ojos que Dios los mira. Todo eso mientras que se trabaja, se descansa, se vive en familia, nos relacionamos con los demás en el trabajo, en la sociedad… Diríamos, con un término que hoy se usa en la educación, que buscar el reino de Dios y su justicia es un tema transversal que debe estar presente en todo lo que hagamos. Ese y no otro es el único agobio que debe vivir el discípulo de Jesús o sea, nosotros. En otras palabras, no se trata de ser cristiano sólo cuando vamos a la iglesia sino en todo momento.

Friday, June 20, 2025

Tesoros en el cielo


 Evangelio

Mateo 6, 19-23

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No acumulen ustedes tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho los destruyen, donde los ladrones perforan las paredes y se los roban. Más bien acumulen tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho los destruyen, ni hay ladrones que perforen las paredes y se los roben; porque donde está tu tesoro, ahí también está tu corazón.

Tus ojos son la luz de tu cuerpo; de manera que, si tus ojos están sanos, todo tu cuerpo tendrá luz. Pero si tus ojos están enfermos, todo tu cuerpo tendrá oscuridad. Y si lo que en ti debería ser luz, no es más que oscuridad, ¡qué negra no será tu propia oscuridad!”



Meditacion:

Hay dos asuntos en el texto evangélico de hoy. Los dos son importantes. Pero el orden hace que nos terminemos fijando más en el primero que en el segundo.

El primero se refiere a lo que es verdaderamente valioso para la persona. No son precisamente los tesoros materiales (cuenta corriente abundante, propiedades, etc.). Todo eso lo podemos perder fácilmente. Además no llena el corazón. Por la sencilla razón de que el amor, la amistad, el afecto, que son las cosas que realmente necesitamos para tener una vida plena, no se compran con todo el oro del mundo. Lo que se puede comprar con dinero no es más que una burda copia o mala imitación. Nada que sirva de verdad. Aunque a veces se nos olvida en el día a día, diría que esto lo sabemos bien.

Pero creo que hay que subrayar el segundo tema de este texto. Tiene que ver con nuestros ojos, con nuestra forma de mirar. Una mirada es capaz de ver el mundo de un modo. Pero si nuestro ojo está enfermo, entonces todo lo vamos a ver mal, oscuro, deformado. Por eso es importante limpiar nuestros ojos, quitar las opacidades, las mota y las vigas que se nos puedan haber metido.

Vamos un poco más allá. La mejor forma de mirar la realidad es con los ojos de Dios. Se trata de ver la realidad de este mundo, nuestros hermanos y hermanas, tal como Dios los ve. Esa es realmente una buena perspectiva. O dicho en el lenguaje del Evangelio, la mejor luz con la que podemos iluminar la realidad que nos rodea. Entonces se nos hará fácil comprender que todo es creación de Dios, fruto de su amor, de sus manos creadoras. Y que, por supuesto, Dios no hace basura. Al mirar a los hombres y mujeres que nos rodean, veremos en sus rostros las huellas de Dios mismo que los ha creado. Por muy feos y sucios que estén sus rostros, por muchas cosas malas que nos parezca que han hecho, veremos el rostro de un hermano o hermana, con todo lo que eso significa. Y, para unirlo a la primera parte del Evangelio, nos encontraremos con un verdadero tesoro, con el único tesoro que vale la pena.


Thursday, June 19, 2025

Padre Nuestro


 Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,7-15):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: «Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno.» Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»



Meditacion:

Hay que reconocer que la oración que nos enseñó Jesús y que hemos recitado y recitamos tantas veces tiene un comienzo que ya nos sitúa en otra dimensión. Llamar a Dios Padre implica toda una forma diferente de relacionarnos con él. Jesús nos invita a tratar a Dios con la misma confianza y cercanía que él mismo experimentó en su vida. Ya sabemos todos que Jesús se refería a Dios no tanto como “Padre” –un término que en nuestro idioma es más bien un término de respeto y que implica hasta un poco de lejanía– sino que más bien usaba el término “Abbá”, que era la palabra familiar que usaban los niños pequeños para dirigirse a su padre. Es decir, Abbá significa “papaíto” o “papá”.

Así que eso es lo que queremos decir cuando rezamos el Padrenuestro. Nos situamos en una posición de cercanía e intimidad con aquel que es para nosotros, como para el niño pequeño, la presencia que nos hace sentirnos seguros, queridos, amados sin condiciones. Esta forma de relacionarnos con Dios tiene mucho que ver con la afirmación de que “Dios es amor” que encontramos en otro de los textos del Nuevo Testamento (1 Jn 4,16). Si comenzamos el Padrenuestro dando toda la fuerza que corresponde a ese comienzo, “Padre”, quizá se nos haga más fácil entender el resto de la oración y recitarla con sentido.

Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...