Monday, February 28, 2022

Sigueme


 

Evangelio

Mc 10, 17-27

En aquel tiempo, cuando salía Jesús al camino, se le acercó corriendo un hombre, se arrodilló ante él y le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?” Jesús le contestó: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. Ya sabes los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no cometerás fraudes, honrarás a tu padre y a tu madre”.

Entonces él le contestó: “Maestro, todo eso lo he cumplido desde muy joven’’. Jesús lo miró con amor y le dijo: “Sólo una cosa te falta: Ve y vende lo que tienes, da el dinero a los pobres y así tendrás un tesoro en los cielos. Después, ven y sígueme”. Pero al oír estas palabras, el hombre se entristeció y se fue apesadumbrado, porque tenía muchos bienes.

Jesús, mirando a su alrededor, dijo entonces a sus discípulos: “¡Qué difícil les va a ser a los ricos entrar en el Reino de Dios!” Los discípulos quedaron sorprendidos ante estas palabras; pero Jesús insistió: “Hijitos, ¡qué difícil es para los que confían en las riquezas, entrar en el Reino de Dios! Más fácil le es a un camello pasar por el ojo de una aguja, que a un rico entrar en el Reino de Dios”.

Ellos se asombraron todavía más y comentaban entre sí: “Entonces, ¿quién puede salvarse?” Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: “Es imposible para los hombres, mas no para Dios. Para Dios todo es posible”.



Meditacion:

Comencemos a estudiar este pasaje pensando en lo que Jesús no estaba haciendo en este relato. No estaba tratando de engañar a este hombre. Tampoco estaba tratando de desanimarlo o decirle que la única forma de llegar al cielo era deshaciéndose de todo su dinero. Jesús no estaba diciendo que este hombre no era lo suficientemente bueno o que para Dios sus esfuerzos por cumplir los mandamientos no eran del todo importantes.

Entonces, ¿qué es lo que Jesús sí está haciendo? Le está ofreciendo a este hombre la oportunidad de dar el siguiente paso. Viéndolo con gran amor, ve el deseo de salvación que él tenía y le dice cómo obtenerla.

Hoy podrías ponerte en el lugar del hombre rico. Piensa en lo que Jesús podría decirte al verte a los ojos y amarte:

“Hijo, veo todas las maneras en que estás cumpliendo mis mandamientos. Veo la forma en que ya estás entregando tu vida por mí. Veo todas las cosas grandes y pequeñas que haces, las maneras en que muestras tu amor por tu familia y amigos, tu fidelidad para asistir a Misa y cuánto te esfuerzas por ser paciente y bondadoso. Yo lo veo todo y eso me produce mucha alegría.

“Pero, ¡tengo más para ti! Quiero mostrarte con más claridad quién soy yo. Quiero que sientas mi amor más profundamente. Deseo darte más oportunidades para compartir mi amor con las personas que forman parte de tu vida. Quiero dar el siguiente paso porque sé que estás preparado para ello.”

¿Cómo sabes cuáles son estas oportunidades? Pídele al Espíritu Santo que te ayude a descubrirlas, y luego mantén los ojos abiertos. Puede ser un sencillo acto de servicio que puedes hacer por un amigo. Podría ser una forma nueva, más paciente y amorosa de abordar una situación adversa. Quizá es un mal hábito que necesitas esforzarte por superar.

Independientemente de lo que sea, recuerda siempre que Jesús te ama mucho. Recuerda que cualquier cosa a la que renuncies por él, cualquier cosa que le entregues te ayudará a seguirlo fielmente. El Señor te promete que si le entregas las cosas que atesoras, él te recompensará inmensamente. Así que, sigue a Jesús, él desea bendecirte con su riqueza.

“Señor, ¡quiero seguirte! Gracias por la manera en que tú me amas.”

Saturday, February 26, 2022

Ninos


 

Evangelio

Mc 10, 13-16

En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.

Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.

Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.



Meditacion:

Confiar, como los amigos confían en sus amigos. Confiar, como los niños confían en sus padres. De los que son como niños es el Reino de los Cielos. Dentro de cada uno de nosotros sigue habitando un niño, y ese niño puede abrirse, con asombro, a la invitación de Dios, cada día nueva, para ser parte de la Historia de la Salvación. Solo con asombro ante la grandeza de Dios, que se acerca a nosotros, sabiéndonos pequeños, como un niño en los brazos de su Padre, podemos alabar a Dios y sentirlo cercano.

Solo siendo como un niño podemos abrirnos al crecimiento y al cambio. Aceptar la novedad de Dios, que pide que le dejemos entrar en nuestra vida para hacerla nueva. Sentir el abrazo de Dios, para que su calor penetre en nuestra alma y podamos vivir con alegría. 

Dediquemos hoy un tiempo a rezar por los enfermos, conocidos, familiares, parroquianos, si es posible, hagámosles una visita o una llamada, para que sientan nuestro apoyo, y recemos también por los niños, para que puedan crecer sanos, felices y tranquilos, puros, como los ángeles. Que tienen derecho a una infancia feliz.

Friday, February 25, 2022

Hombre y mujer


 

Evangelio

Mc 10, 1-12

En aquel tiempo, se fue Jesús al territorio de Judea y Transjordania, y de nuevo se le fue acercando la gente; él los estuvo enseñando, como era su costumbre. Se acercaron también unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Le es lícito a un hombre divorciarse de su esposa?”

Él les respondió: “¿Qué les prescribió Moisés?” Ellos contestaron: “Moisés nos permitió el divorcio mediante la entrega de un acta de divorcio a la esposa”. Jesús les dijo: “Moisés prescribió esto, debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio, al crearlos, Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su esposa y serán los dos una sola cosa. De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Por eso, lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”.

Ya en casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre el asunto. Jesús les dijo: “Si uno se divorcia de su esposa y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella se divorcia de su marido y se casa con otro, comete adulterio”.



Meditacion:

Continuamos acompañando a Jesús, en su camino evangelizador, enseñando por todas partes. En esta ocasión, sus enemigos intentan otra vez liarlo con cuestiones legales. La ley está muy bien, nos hace falta, para vivir en sociedad. Sin leyes, viviríamos mucho peor. Primaría la ley del más fuerte. En muchas sociedades antiguas, las primeras leyes eran, además aglutinantes de la comunidad. Gracias a las normas, la gente puede saber a qué atenerse.

Pero, como ya sabemos, a Jesús no le interesa tanto la ley, como el sentido de la misma. Hay que ir siempre a la raíz de las cosas, para poder entenderlas mejor. Lo que está claro para Cristo es que lo que Dios ha unido, es mejor que no lo separe el hombre. En el fondo de la unión matrimonial está el amor entre un hombre y una mujer, que prometen vivir juntos, en fidelidad, y recibir de Dios los hijos que Él quiera darles.

El acta de repudio fue una (pequeña) garantía para la mujer, una forma de defensa frente al abandono. Nada que ver con lo que hoy entendemos, pero algo es algo. Sin embargo, en la concepción cristiana del matrimonio, la clave es la fidelidad, una fidelidad que se sostiene en el amor. No puede la ley garantizar el amor. Deben hacerlo los propios cónyuges.

“El Señor es compasivo y misericordioso”. Puede ser un buen lema para los esposos, en los casos en que la luna de miel quede ya lejos, y los roces del día a día hayan ido desgastando el amor primero. El Papa Francisco siempre aconseja en las bodas que los cónyuges no se duerman nunca enfadados, que hablen y comenten los problemas de cada día. Ponerse en el lugar del otro, intentar escuchar (no con la respuesta preparada antes de que el otro termine), saber perdonar, aprender a olvidar lo secundario y centrarse en lo fundamental. En lo más importante, en el amor de dos personas que quieren compartir sus vidas para siempre.

“El Señor es compasivo y misericordioso”. Que no se nos olvide nunca. Nunca. Y que no nos falte nunca la paciencia, que es virtud bien buena y que, parece, alarga la vida. Paciencia es la primera palabra que aprendí en Rusia, cuando todavía había colas por todas partes, en el año 1997. La paciencia todo lo alcanza, decía santa Teresa. Me voy convenciendo de que es así.

Thursday, February 24, 2022

Vaso de agua


 

Evangelio

Mc 9, 41-50

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Todo aquel que les dé a beber un vaso de agua por el hecho de que son de Cristo, les aseguro que no se quedará sin recompensa.

Al que sea ocasión de pecado para esta gente sencilla que cree en mí, más le valdría que le pusieran al cuello una de esas enormes piedras de molino y lo arrojaran al mar.

Si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela; pues más te vale entrar manco en la vida eterna, que ir con tus dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo; pues más te vale entrar cojo en la vida eterna, que con tus dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo; pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga.

Todos serán salados con fuego. La sal es cosa buena; pero si pierde su sabor, ¿con qué se lo volverán a dar? Tengan sal en ustedes y tengan paz los unos con los otros”.




Meditacion:

Se lee hoy en la liturgia una recopilación de varios dichos de Jesús. De todos y cada uno se puede aprender, porque la Palabra es siempre viva y eficaz. En el fondo, se trata de entender cómo tenemos que vivir, en todos los momentos de nuestra vida.


Desde la clave de la primera lectura, donde se critica a los que solo viven para el dinero, a cualquier precio, incluso pasando por encima de los demás y abusando de ellos, podemos entender la llamada a ser generosos, aunque sea solo un vaso de agua. Ninguna de las buenas obras que hacemos queda sin recompensa. Que no seamos idólatras del dinero. No hace falta ser millonario para caer en esta trampa. Revisa hoy si te cuesta mucho dejar tus cosas o dar una pequeña ayuda, cuando te lo piden. A lo mejor no somos tan pobres de espíritu como deberíamos.


Los siguientes consejos nos recuerdan que debemos siempre estar alerta, para evitar los motivos de escándalo que provienen de dentro de cada persona. Está muy claro que no hay que amputar nada (el filósofo Orígenes, en el siglo segundo, se lo tomó al pie de la letra, el pobre), sino que se trata de intentar controlar las ganas de dominar a los demás, como sugieren las referencias al pie o a la mano, o los malos deseos y los planes egoístas, que se insinúan en la imagen del ojo. Sabemos que por la vista entran muchos de los malos deseos que después se alojan en nuestros corazones, querámoslo o no.


Ser luz del mundo y sal de la tierra. “Eres del mundo la sal”, decía una canción del musical “Godspell”, hace algunos años. Una sal mojada ya no sirve para nada. La sal es una sustancia que, en su momento, fue muy valiosa, para conservar los alimentos. Nos ha llegado, incluso, la palabra “salario”. Ser la sal de la tierra no es tarea fácil. He conocido a mucha gente que, al comenzar el camino de la fe, arranca con mucha fuerza, pero va perdiendo fuerza poco a poco, hasta que, ante las primeras frustraciones, renuncian a seguir. Su sal se ha mojado, ya no sirve para nada.


Es un riesgo que nos puede afectar a todos, incluso a los religiosos: el cansancio, el pensar que lo que hacemos no tiene mucho sentido, no verle fruto a lo que hacemos. Pero, a pesar de todo, somos la sal de la tierra. Si se nos olvida echar sal en la comida, nos sabe rara. Se echa de menos. Sin nuestra aportación, el mundo será más soso. Se echará de menos, y, cuando llegue el momento de encontrarnos con el Hacedor, tendremos que responder también. Ojalá hayamos repartido toda la sal que llevamos dentro, y hayamos vivido en paz con todos los que nos rodean. Que no es un mal propósito.

Wednesday, February 23, 2022

Colaboradores


 

Evangelio

Mc 9, 38-40

En aquel tiempo, Juan le dijo a Jesús: “Hemos visto a uno que expulsaba a los demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos”. Pero Jesús le respondió: “No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí. Todo aquel que no está contra nosotros, está a nuestro favor”.


Meditacion:

Dos ideas para la reflexión en las lecturas de este día. Y ambas útiles para todos, pequeños y grandes, sabios y humildes. En la primera lectura, de las Carta a Santiago, el recuerdo de que no todo depende de nosotros. «Si el Señor lo quiere y vivimos, haremos esto o lo otro.» Es verdad. Vivimos como si tuviéramos derecho a ello, olvidando que, cada día, es un nuevo regalo que Dios nos da. Esto lo entienden muy bien las abuelitas que vienen a Misa cada domingo, en Múrmansk, o cada día, en muchas parroquias de España. Se alegran de verse, se dan la paz con sentimiento y se preguntan por sus cosas, a la puerta del templo, con verdadero interés, no por obligación o por educación.

¡Cómo cambiarían las cosas si viviéramos cada jornada con esta clave! No nos daría pereza decirla a la gente que tenemos cerca que los queremos, o quizá ayudaríamos más a los “prójimos” que Dios nos pone en el camino. “Nadie puede salvarse, ni dar a Dios un recate”, nos recuerda el salmo, pero podemos definir la línea maestra de nuestra vida con nuestras acciones. Que no se nos olvide, “quien conoce el bien que debe hacer y no lo hace es culpable”. Y sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. Que para eso somos creyentes. Algunos, desde hace muchos años.

Y la segunda idea. Vivimos en un mundo que tiende a dividir todo en grupos. Los míos y los otros, los buenos y los malos, los conservadores y los progresistas, los guapos y los feos… En los partidos políticos, se ve mucho. Aunque dentro de la Iglesia también se da esta tendencia. Miramos raro a la persona que llega nueva, que piensa de otra manera o que tiene “mala” pinta. Es el síndrome del grupo cerrado. Nos hace falta aprender mucho de Jesús. Para Él no había ningún tipo de divisiones. A todos se acercaba, a todos proponía su mensaje de salvación. Algo de eso que nos recuerda el Papa Francisco y su Iglesia en salida.

La única división importante para Jesús es aceptar o no su mensaje. “El que no está contra nosotros, está con nosotros”. Lo primero, entonces, es decidir si aceptamos a Jesús como el guía de nuestra vida, para después compartirlo con otros. Como un equipo. Sin rivalidades, sin celos, sabiendo que todos estamos en lo mismo. Hace algunos años, en la misma calle de nuestra parroquia en Múrmansk, consagraron un templo luterano. Cuando llegó mi turno en los saludos, dije que no éramos rivales, sino colaboradores en la propagación del Evangelio. Ojalá podamos unirnos todos alrededor de Jesús, para seguir diciendo que Él es nuestro Salvador. Con la libertad de los hijos de Dios. Pues lo somos.

Tuesday, February 22, 2022

Y para ti...quien soy?


 

Evangelio

Mt 16, 13-19

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: “¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?” Ellos le respondieron: “Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas”.

Luego les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”. Jesús le dijo entonces: “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo”



Meditacion:

Hoy celebramos la fiesta de la Cátedra de san Pedro. Aquí puedes leer algo sobre esta antigua celebración. Cada año tenemos la ocasión de recordar la figura del Santo Padre y su misión en la Iglesia. Que no es tarea pequeña. Y orar por él, para que no le falte la ayuda y el consuelo del Espíritu Santo.

En la Palabra de hoy hay palabras para todos. Para lo que tenemos algún cargo en la Iglesia, y para los que son creyentes de base. A todos nos hablan las lecturas. A cada uno, desde su puesto y responsabilidad.

La primera lectura nos habla a los pastores, y recuerda el “para qué” de nuestra ordenación. El motivo de haber elegido un estilo de vida diferente al de otras personas: ocuparnos del pueblo de Dios. Hay días en que resulta muy fácil ocuparse de las tareas encomendadas. Todo está en orden, no te duele la cabeza, los pajaritos cantan, las nubes se levantan… Vivimos, sin embargo, jornadas que se hacen muy largas, por muy diversos motivos. En esos momentos, recordar las palabras de la primera carta de san Pedro es muy útil. Hacer todo “de buena gana, como Dios quiere; con generosidad; convirtiéndoos en modelos del rebaño”. E intentar ver a todas las personas como Dios las ve. Incluso a las personas que son “muy, pero que muy pesadas”.

Lo de ser modelo me sigue abrumando, veinte años después de la ordenación. Me consuela que es tarea de todos los creyentes, lo de ser testigo, modelo para los demás. Ahí estamos.

El salmo nos da a todos un motivo para la esperanza. “El Señor es mi pastor, nada me falta”. A menudo nos parece que nos hacen falta muchas cosas; se va la luz un rato, se nos corta el internet, y parece que se nos acaba el mundo. Sería interesante recordar, en esos momentos de “oscuridad digital”, que el Señor es nuestro pastor, y dedicarle un tiempito. Y no solo. Con Dios los tenemos todo, sin Dios no tenemos nada.

Y la pregunta del millón. ¿Quién es Jesús para ti? De esa respuesta depende no solo cómo vas a vivir, sino también la vida eterna. Espero que la respuesta no sea solo la aprendida del Catecismo, sino que nazca de la vivencia, del encuentro personal con Cristo. Un verdadero Amigo, el único Salvador, la Esperanza que te ayuda a seguir viviendo… No es una pregunta cualquiera. Según respondas, podrás afrontar los problemas de una u otra manera. Y, cada día, respóndele al Señor quién es para ti.

Monday, February 21, 2022

Aprendizaje


 

Evangelio

Mc 9, 14-29

En aquel tiempo, cuando Jesús bajó del monte y llegó al sitio donde estaban sus discípulos, vio que mucha gente los rodeaba y que algunos escribas discutían con ellos. Cuando la gente vio a Jesús, se impresionó mucho y corrió a saludarlo.

Él les preguntó: “¿De qué están discutiendo?” De entre la gente, uno le contestó: “Maestro, te he traído a mi hijo, que tiene un espíritu que no lo deja hablar; cada vez que se apodera de él, lo tira al suelo y el muchacho echa espumarajos, rechina los dientes y se queda tieso. Les he pedido a tus discípulos que lo expulsen, pero no han podido”.

Jesús les contestó: “¡Gente incrédula! ¿Hasta cuándo tendré que estar con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganme al muchacho”. Y se lo trajeron. En cuanto el espíritu vio a Jesús, se puso a retorcer al muchacho; lo derribó por tierra y lo revolcó, haciéndolo echar espumarajos. Jesús le preguntó al padre: “¿Cuánto tiempo hace que le pasa esto?” Contestó el padre: “Desde pequeño. Y muchas veces lo ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él. Por eso, si algo puedes, ten compasión de nosotros y ayúdanos”.

Jesús le replicó: “¿Qué quiere decir eso de ‘si puedes’? Todo es posible para el que tiene fe”. Entonces el padre del muchacho exclamó entre lágrimas: “Creo, Señor; pero dame tú la fe que me falta”. Jesús, al ver que la gente acudía corriendo, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: “Espíritu mudo y sordo, yo te lo mando: Sal de él y no vuelvas a entrar en él”. Entre gritos y convulsiones violentas salió el espíritu. El muchacho se quedó como muerto, de modo que la mayoría decía que estaba muerto. Pero Jesús lo tomó de la mano, lo levantó y el muchacho se puso de pie.

Al entrar en una casa con sus discípulos, éstos le preguntaron a Jesús en privado: “¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?” Él les respondió: “Esta clase de demonios no sale sino a fuerza de oración y de ayuno”.



Meditacion:

El camino del discípulo no termina nunca. Siempre es posible ir más allá. Se puede avanzar más y más. Lo comprobaron los apóstoles, cuando no pudieron expulsar a ese demonio que martirizaba al niño. Es una buena llamada de atención. Lo de ir más allá, digo. Todos necesitamos profundizar en nuestros conocimientos y, quizá, en nuestras vivencias de la fe. La lectura espiritual, la oración, los cursos de formación permanente… Hay muchas posibilidades de avanzar en la fe, para enfrentarnos a nuestros demonios personales.

Nadie dice que sea fácil, pero “todo es posible al que tiene fe”. Lo dice Jesús. Lo hemos experimentado en nuestra vida, posiblemente. Porque Cristo siempre nos tiene lástima, si acudimos a Él corriendo, como hizo la multitud que estaba esperándole. Claro está, hay que acercarse, pedirle y dejarle actuar en nuestra vida

La Carta de Santiago nos habla de la verdadera sabiduría. Otro buen toque de atención. De cómo nos comportamos, se puede deducir el grado de vivencia de nuestra fe. Basta con observar las vidas de los santos. Gente que podría alardear de su cercanía para con Dios, de todo lo que han recibido de Él, y, sin embargo, viven en un continuo ejercicio de humildad y renovación. Esa sabiduría viene de arriba.

Son gente que han comprendido el significado de los mandatos del Señor. Estos mandatos son rectos. Y nos ayudan a vivir en rectitud. Bien es verdad que no todos los entienden. Cuesta aceptarlos, en muchas ocasiones. Esos nuestros “demonios” nos arrojan a los muchos fuegos que nos rodean, o nos ahogan en las aguas de las corrientes contra las que tenemos que luchar los creyentes.

No siempre tenemos las fuerzas para luchar. Por eso la Iglesia nos regala, cada cierto tiempo, un período de oración y reflexión más intenso, antes de Navidad y pascua, para poder orar más intensamente. Y para dejar más espacio a Dios en nuestro corazón con el ayuno. Podemos aprovecharlo, o podemos pensar que es una “molestia” que hay que pasar cuanto antes. De nosotros depende.

Ojalá podamos ser amantes de la paz, comprensivos, dóciles, llenos de misericordia y buenas obras. Que no nos pueda la envidia. Que cumpliendo los mandatos del Señor se nos alegre el corazón, y salgan fuera todos los demonios que nos acechan.

Saturday, February 19, 2022

Transfigurados


 

Evangelio

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”. En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían entre sí qué querría decir eso de ‘resucitar de entre los muertos’.

Le preguntaron a Jesús: “¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?” Él les contestó: “Si fuera cierto que Elías tiene que venir primero y tiene que poner todo en orden, entonces ¿cómo es que está escrito que el Hijo del hombre tiene que padecer mucho y ser despreciado? Por lo demás, yo les aseguro que Elías ha venido ya y lo trataron a su antojo, como estaba escrito de él”.



Meditacion:

En el camino de la vida, hay momentos de oscuridad y tiempos de luz.

En el camino del seguimiento de Jesús, hay momentos de confusión y tiempos de ser confortado.

Hoy la Palabra nos habla de un momento de luz de los discípulos. A partir de su camino con el Maestro, desde la luz de la Pascua, los más cercanos descubren su verdadera identidad: Jesús es el Profeta, que siguiendo la tradición de Moisés y Elías, viene a traer la Palabra definitiva del Padre. Jesús es el Hijo amado de Dios, en quien el Padre nos la ha dado todo. Él es el Camino que nos lleva a Dios, la Verdad más auténtica sobre la existencia y el mundo, la Vida que nos abre horizontes insospechados, que se prolongan incluso más allá de la muerte. El Agua que sacia toda sed. La Luz que ilumina toda oscuridad. El Pan que alimenta en todo cansancio. La Palabra que da sentido… incluso a la cruz.

Al contemplarle, todo cobra un nuevo sentido. A veces, nos gustaría quedarnos ahí, haciendo tres tiendas… Aunque, como a Pedro, también a nosotros nos invita a bajar de la montaña, al valle donde está la vida de cada día, para vivir desde esa luz y con ese horizonte que hemos recibido de su Persona.

En medio de tus luces y tus sombras, en la mitad del camino de tu vida, también Jesús quiere mostrar su ser Hijo y Hermano para, mostrándote la meta, hacer más fácil el recorrido. Que tú también puedas experimentar, como aquellos primeros discípulos, la fuerza que da saberse amado y enviado.

 

Friday, February 18, 2022

Perde la vida por Jesus es ganar el cielo


 

Evangelio

Mc 8, 34–9, 1

En aquel tiempo, Jesús llamó a la multitud y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y que me siga. Pues el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

¿De qué le sirve a uno ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar uno a cambio para recobrarla? Si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras ante esta gente, idólatra y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él, cuando venga con la gloria de su Padre, entre los santos ángeles”.

Y añadió: “Yo les aseguro que algunos de los aquí presentes no morirán sin haber visto primero que el Reino de Dios ha llegado ya con todo su poder”.



Meditacion:

La vida es un bien recibido, que por su misma naturaleza está llamada a convertirse en un bien dado. Algo así puede ser el “kerygma vocacional” de la fe cristiana, compartido por otros muchos. “Gratis lo recibisteis, dadlo gratis”, dice el Señor. La gracia de la vida consiste en ser conscientes de todo lo recibido, para darlo gratis y generar así más vida. Ese es el tronco común de toda vocación.

En este Evangelio, Jesús expresa esta verdad de una forma paradójica: “el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará”.

Es importante darse cuenta de un detalle: Jesús habla primero de su destino, y sólo después anima a sus discípulos a hacer lo mismo. El que le ha afirmado con su llamada, les pide luego negarse a sí mismos. El que les ha mostrado la belleza del Evangelio, les pide después perder su vida por ello. El que les a abierto las puertas del Reino, les invita a darlo todo para abrirle caminos a ese Dios que quiere llegar a todos.

Sólo quien se haya sentido afirmado por Dios, podrá “negarse”, dando todo lo recibido. El Dios que nos lo da todo, es el mismo que nos lo pide todo… para que la Buena Noticia siga su camino. En esa dinámica de recibir y dar, está la gracia de la vida y de toda vocación.

Gracias, Señor, por todo lo recibido.
Tuyo soy. Mi vida para ti.
Y para darla a otros, según tu querer.
Hágase en mi según tu Palabra.

Thursday, February 17, 2022

Quien dice la gente que soy?


 

Evangelio

Mc 8, 27-33

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a los poblados de Cesarea de Filipo. Por el camino les hizo esta pregunta: “¿Quién dice la gente que soy yo?” Ellos le contestaron: “Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; y otros, que alguno de los profetas”.

Entonces él les preguntó: “Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?” Pedro le respondió: “Tú eres el Mesías”. Y él les ordenó que no se lo dijeran a nadie.

Luego se puso a explicarles que era necesario que el Hijo del hombre padeciera mucho, que fuera rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, que fuera entregado a la muerte y resucitara al tercer día.

Todo esto lo dijo con entera claridad. Entonces Pedro se lo llevó aparte y trataba de disuadirlo. Jesús se volvió, y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro con estas palabras: “¡Apártate de mí, Satanás! Porque tú no juzgas según Dios, sino según los hombres”.



Meditacion:

La vida es un camino en el que hasta el último día podemos aprender cosas nuevas.

Así también el discipulado cristiano: seguir al Maestro es un continuo aprendizaje. Es verdad que hay un primer momento de formación más intensa. Pero nunca llegamos a saberlo todo, y siempre hemos de estar abiertos a la sorpresa.

Hoy los discípulos tienen esa experiencia. Jesús les va instruyendo por el camino. Y en esta ocasión utiliza el método de las preguntas. Quiere saber qué dicen de Él. Qué piensan otros, y qué piensan los discípulos. Pedro parece dar la respuesta correcta: en su convivencia con el Maestro comienza a intuir lo que representa… pero no le da el auténtico significado. Jesús lo intuye, y por eso les instruye sobre el tipo de Mesías que Él quiere encarnar: su mesianismo pasa por la cruz, en la esperanza de la resurrección.

Entonces Pedro muestra que no ha entendido nada. Quiere él marcar las pautas, dictar el modo, señalar el camino. Y ante ello, Jesús dice las palabras más duras que encontramos en el Evangelio para uno de los suyos: “¡Quítate de mi vista, Satanás!...”. Es mucho lo que está en juego. Él no quiere ser mal interpretado. Por eso, desde el amor a Pedro, es también capaz de corregirle con firmeza, para que corrija la visión que tenía de su misión.

Hoy es un buen día para reflexionar sobre nuestra imagen de Jesús. Es muy fácil quedarse solamente con una de sus facetas. Jesús, según la Palabra, es el enviado del Padre, el Hijo del hombre -hermano de todos-, el Maestro de vida, el sanador de los necesitados, el cordero entregado y el Señor del mundo. Todo eso, como puente hacia el Padre y como inaugurador del Reino.

Después de 21 siglos, Él quiere seguir instruyendo a sus discípulos, por el camino, para que continuemos su misión en nuestros días.

Wednesday, February 16, 2022

Ciegos


 

Evangelio

Mc 8, 22-26

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegaron a Betsaida y enseguida le llevaron a Jesús un ciego y le pedían que lo tocara. Tomándolo de la mano, Jesús lo sacó del pueblo, le puso saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: “¿Ves algo?” El ciego, empezando a ver, le dijo: “Veo a la gente, como si fueran árboles que caminan”.

Jesús le volvió a imponer las manos en los ojos y el hombre comenzó a ver perfectamente bien: estaba curado y veía todo con claridad. Jesús lo mandó a su casa, diciéndole: “Vete a tu casa, y si pasas por el pueblo, no se lo digas a nadie



Meditacion:

La vida es un camino donde casi todos los cambios se dan siguiendo varios pasos.

Así nos aparece en el relato de la persona ciega de Betsaida. De no ver nada, por la acción de Jesús comienza a ver sombras, para acabar viendo con claridad.

La fe es un potente foco de luz que ilumina la vida. Por parte de Dios ya está todo dado de una vez, pero por nuestra parte, esa luz se va acogiendo a la medida de nuestras posiblidades: como niños, como jóvenes, como adultos…

Cuando somos niños, la luz de la fe nos abre por primera vez al horizonte de Dios como Maestro y Guía. Cuando somos jóvenes, la fe puede crecer hasta orientar la propia vida según el querer de Dios. Cuando llegamos a adultos, la luz de la fe está llamada a fermentar todos los rincones del propio ser, para así llegar a poder iluminar a otros.

Jesús es luz, y con su paso ilumina al ciego de Betsaida. Él, al ritmo de sus posibilidades, va asimilando esa luz hasta que llega a ver todo con claridad.

Señor Jesús,
luz del mundo y lámpara de mi corazón,
aclara mis tinieblas
y haz que yo pueda ser, de tu reflejo,
lámpara para otros.

Señor, señor!

  Evangelio Mateo 7, 21-29 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No todo el que me diga: '¡Señor, Señor!', entrará en ...