Wednesday, December 31, 2025

Palabra


 Evangelio

Juan 1, 1-18

En el principio ya existía aquel que es la Palabra,

y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.

Ya en el principio él estaba con Dios.

Todas las cosas vinieron a la existencia por él

y sin él nada empezó de cuanto existe.

Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas

y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por medio de él.

Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,

que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

En el mundo estaba;

el mundo había sido hecho por él

y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;

pero a todos los que lo recibieron

les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,

a los que creen en su nombre,

los cuales no nacieron de la sangre,

ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,

sino que nacieron de Dios.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre

y habitó entre nosotros.

Hemos visto su gloria,

gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,

lleno de gracia y de verdad.

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:

“A éste me refería cuando dije:

‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,

porque ya existía antes que yo’ ”.

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.

Porque la ley fue dada por medio de Moisés,

mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás.

El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,

es quien lo ha revelado.




Meditacion:

La verdad es la luz: en el principio era el Verbo… con tantos anticristos, algunos (dice Juan que incluso los suyos) no lo conocieron. A quienes sí lo conocen se les da, nada más y nada menos, que ser hijos de Dios. El agradecimiento hoy no es tanto por el año que se aleja con todas sus desgracias (quizá para dar paso a otras nuevas, como resulta ser nuestra experiencia), sino el año que nos deja, si lo reconocemos, la inmensa gracia y dignidad de ser hijos en el Hijo, en el Verbo encarnado. De esa plenitud hemos recibido “gracia sobre gracia”. Es un buen momento para despedir el año no con la amargura de tanto malo, desgracias, catástrofes, muertes, guerras, separaciones, como hemos visto, sino con el recuento de gracia sobre gracia recibida: vida, paz interior, alegría, fortaleza para sobrellevar las dificultades, amistad, familia, trabajo si lo ha habido o tiempo para la reflexión si no lo ha habido, gestos de bondad y solidaridad, esfuerzos por la paz… cada uno tendrá (o sería bueno construirla) una lista de gracia sobre gracia recibida. Y es una lista interminable. No es Nochevieja, sino noche perenne de presencia de Dios en la vida; nuevas oportunidades de caminar después de nuestros errores, nuevos impulsos para hacer el bien y para reconocerlo en otros. ¡Bendito 2025! ¡Feliz 2026!


Tuesday, December 30, 2025

Ana


 Evangelio

Lucas 2, 36-40

En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño,) se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.

Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.



Meditacion:

Y nosotros nos iremos y no volveremos más… ¿O no es así? Juan hoy habla a todas las edades, cuyo tiempo va pasando y cuyos afanes, dolores, penas y alegrías, pasan. El mundo y sus placeres pasan. Pero el mensaje que da Juan es de alegría, liberación y fuerza: os hablo porque se os han perdonado los pecados; porque habéis vencido al Maligno, porque conocéis al Padre, porque sois fuertes y la Palabra permanece… Por tanto, no améis las cosas del mundo. “No améis” se podría traducir como “no os aferréis como si fueran Dios”. Porque todo pasa, pero quien está en Dios permanece para siempre. Sabemos bien, y lo aprendimos de memoria en clases de biología (nacen, crecen, se reproducen y mueren…) que todo lo que tiene fin se acaba, y aferrarse a ello podría ser una locura y al larga, una frustración y desesperación.

El tiempo del matrimonio de la profetisa Ana pasó rápidamente, unos meros siete años, pero ella permaneció en las cosas de Dios. Ese permanecer le permitió reconocer la salvación de Dios. Supo crecer y permanecer. Aprendió la sabiduría que supone no aferrarse a lo que pasa.

Es la misma sabiduría de Jesús, según nos dice el Evangelio hoy, que pasó por algunas de las edades de la vida humana a las que se refiere la carta de Juan, creciendo en sabiduría y fuerza… Parte de permanecer para nosotros será quizá ir creciendo en esa sabiduría, ese ir saboreando las cosas de Dios que no pasan, mientras tocamos las cosas del mundo, como Cristo en su Encarnación, con cariño pero sin idolatría. Esa sabiduría de Dios abre a la paz de quien sabe que nada es para siempre. Inclina a la generosidad. Impulsa a la humildad de quien sabe que solo depende de Dios. Es mucho más saludable que la “perturbación” de la que pedimos liberación en el Padrenuestro. El poema de Machado, como la canción de Serrat, tienen una sabiduría muy limitada. Lo nuestro no es pasar sin más; es pasar para permanecer.


Monday, December 29, 2025

Simeon


 Evangelio

Lucas 2, 22-35

Transcurrido el tiempo de la purificación de María, según la ley de Moisés, ella y José llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley: Todo primogénito varón será consagrado al Señor, y también para ofrecer, como dice la ley, un par de tórtolas o dos pichones.

Vivía en Jerusalén un hombre llamado Simeón, varón justo y temeroso de Dios, que aguardaba el consuelo de Israel; en él moraba el Espíritu Santo, el cual le había revelado que no moriría sin haber visto antes al Mesías del Señor. Movido por el Espíritu, fue al templo, y cuando José y María entraban con el niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios, diciendo:

"Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo,

según lo que me habías prometido,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,

al que has preparado para bien de todos los pueblos;

luz que alumbra a las naciones

y gloria de tu pueblo, Israel".

El padre y la madre del niño estaban admirados de semejantes palabras. Simeón los bendijo, y a María, la madre de Jesús, le anunció: "Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción, para que queden al descubierto los pensamientos de todos los corazones. Y a ti, una espada te atravesará el alma".



Meditacion:

En plenas celebraciones de Navidad, comidas y fiestas, las lecturas de hoy son como una sacudida. ¿Por qué sacar a la gente del calorcito de la Navidad, los turrones, los cantos y la familia feliz con duras advertencias y anuncios de dolor? Quizá para recordarnos que lo que se acaba de celebrar hace apenas cuatro días, y de hecho, lo que se celebra en toda la semana de la Octava, no es solo, ni siquiera principalmente, ternura y brillo. Un bebé siempre llena de alegría, pero al mirar la escena bien nos damos cuenta de la paradoja: un bebé que nace en circunstancias bastante complicadas y pobres; un poco más adentro: un Dios que deja su trono y su gloria para que le canten unos seres, en aquel tiempo despreciables, que son los humildes pastores. ¡Pero también los ángeles! El Dios que conoce todo el arco de alegría y gozo humano y se sumerge en él.

Y en este contexto, los mensajes de hoy son de advertencia y anuncio: reconocer al Dios de la Noche de Paz significa seguirlo. Un seguimiento que significa a veces adherirse a unas maneras de obrar que están en contra de lo que indicaría el mundo; sacrificio frente a comodidad, generosidad frente a egoísmo; servicio frente a dominio; verdad frente a corrupción; desprendimiento frente a la tentación de trepar; justicia frente a injusticia… Si no va a ser así, la vida, aunque se diga cristiana, va a ser mentira. Seguirlo significa, como expresa Simeón, reconocer la salvación y también la contradicción. Vivir en una constante fiesta de gloria y alabanza y en una dura aceptación de la espada de dolor que implica el reconocer todo el misterio de vida en el mundo, cruz y resurrección. Es reconocer que no hay vida sin dolor de parto. Que no hay vida eterna sin Pasión y Cruz. Abrazar la espada de dolor, como María, implica la aceptación de una vida humana que sabe que es necesario ser traspasado por el asta de la cruz; por el dolor, el temor y la angustia, con la profunda convicción de que la Vida y la salvación son mucho más fuertes. Del otro lado siempre está la vida.

Thursday, December 25, 2025

Navidad


 Evangelio

Juan 1, 1-18 o 1, 1-5. 9-14

En el principio ya existía aquel que es la Palabra,

y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.

Ya en el principio él estaba con Dios.

Todas las cosas vinieron a la existencia por él

y sin él nada empezó de cuanto existe.

Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas

y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por medio de él.

Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,

que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

En el mundo estaba;

el mundo había sido hecho por él

y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;

pero a todos los que lo recibieron

les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,

a los que creen en su nombre,

los cuales no nacieron de la sangre,

ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,

sino que nacieron de Dios.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre

y habitó entre nosotros.

Hemos visto su gloria,

gloria que le corresponde como a unigénito del Padre,

lleno de gracia y de verdad.

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:

“A éste me refería cuando dije:

‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,

porque ya existía antes que yo’ ”.

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.

Porque la ley fue dada por medio de Moisés,

mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás.

El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,

es quien lo ha revelado.




Meditacion:

Escuchemos una vez más la gran y alegre noticia de la Navidad: ¡Ha aparecido la gracia de Dios! ¡Nos ha nacido un Salvador! ¡Dios ha venido a visitarnos! El objeto de nuestros anhelos y deseos más profundos y auténticos se ha hecho presente entre nosotros. En una palabra, ha nacido Jesús, el Salvador y, por Él, Dios mismo se ha hecho accesible y cercano.

Sin embargo, esta gran noticia tiene el peligro de sonar en nuestros oídos como una fórmula hueca, una frase retórica, que de tantas veces repetida ya no nos dice nada. Y es que, en verdad, podríamos preguntarnos, después de más de dos mil años del nacimiento de Cristo (de celebrar la navidad y anunciar esa alegre noticia), ¿qué ha cambiado realmente? ¿Dónde está ese Sol que nace de lo alto (Lc 1, 78)? ¿No resulta que, tras dos mil años de “era cristiana”, seguimos viviendo en tinieblas y oscuridad? Porque lo cierto es que en nuestro mundo siguen reinando la injusticia y la violencia, la pobreza y el hambre, la guerra y la opresión. Las tinieblas tienen muchos rostros, nos rodean de múltiples formas. A la gran escala de las grandes tragedias de la humanidad, y a la escala menor de nuestros pequeños dramas, dolores, frustraciones e insatisfacciones (que para nosotros no son en absoluto pequeños, ya que están hechos a nuestra medida), parece que las tinieblas tienen las de ganar. Porque es así: tras dos mil años de celebraciones navideñas seguimos caminando en las tinieblas. Y los fuegos de artificio que hemos ido inventando con la ilusión de sustituir a la luz nacida en Belén (la ciencia, la revolución social, el progreso…) aunque al principio nos han deslumbrado, tampoco nos han traído la salvación prometida y han provocado al final más frustración todavía.

Sin embargo, tenemos que decir que, aun reconociendo su parte de verdad, si nos limitamos a quedarnos en estas críticas y esta protesta, es que no hemos entendido bien el mensaje de navidad. Escuchémoslo, pues, de nuevo: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande”. No se dice ni se anuncia que ya no hay, ni habrá más tinieblas, sino que en medio de ellas brilla una luz grande, de manera que el pueblo que caminaba sin rumbo en la oscuridad (todos nosotros) ha encontrado la posibilidad de orientarse, de dar con el camino, de salir de su extravío y dirigirse a la meta. En verdad, en medio de la oscuridad basta una pequeña luz para no perder el rumbo. Y nosotros, en esta noche, hemos recibido no una pequeña, sino una gran luz, la luz de Jesucristo, que brilla en medio de la noche.

Es una luz grande, capaz de iluminar a todo el mundo, a toda la historia. Por eso, Lucas sitúa el nacimiento de Cristo en el conjunto del cosmos y de la historia universal: “salió un decreto del emperador Augusto, ordenando hacer un censo del mundo entero”. Pero su modo de aparición no es deslumbrante ni cegador: esta gran luz está encerrada en la humanidad de un niño recién nacido. De este modo nos dice Dios (y ya con esto nos ilumina no poco) quiénes somos nosotros, los seres humanos, para Él. Si Dios mismo adopta la humanidad y se hace hombre en Jesús, es que ser hombre no es algo insignificante, ni un azar ciego, sino dotado de enorme importancia: ¡le importamos a Dios!

Pero esta apariencia humana que encierra la luz divina requiere por nuestra parte un acto de fe. Para ver en la oscuridad y caminar en pos de la luz hay que abrir los ojos, hay que creer y confiar. Ahora podemos entender que creer no es andar a ciegas, sino ir en pos de la luz.

En realidad, de las tinieblas de nuestra historia somos responsables nosotros. No es Dios, sino nosotros, quienes declaramos guerras (aunque algunos usen abusivamente el nombre de Dios para justificarlas), nosotros, los que nos comportamos injustamente, los que nos servimos de la violencia o de la mentira. La historia y el mundo son nuestro campo, y Dios respeta nuestra libertad. Pero ese respeto que le prohíbe entrometerse en nuestras tomas de decisión (lo que destruiría nuestra libertad y nos haría marionetas, no sé si felices, pero, desde luego, no con una felicidad humana), no significa que permanezca indiferente y nos abandone a nuestra suerte. Dios viene a visitarnos para ofrecernos su luz, para enseñarnos el camino de la verdadera felicidad, del bien, de la salvación.

También de nosotros depende acogerlo o rechazarlo. ¿Por qué después de más de 2000 años de celebrar la Navidad seguimos en la oscuridad? Porque “no tenían sitio en la posada”. Como dice también San Juan en el Evangelio del día 25, “la luz verdadera que con su venida ilumina a todo hombre vino a los suyos, pero los suyos no la recibieron” (Jn 1, 9. 11).

Sin embargo, el mismo Juan nos recuerda que no es cierto que nadie la recibió y, por tanto, que nada ha cambiado desde entonces: “A cuantos la recibieron… les dio el poder para ser hijos de Dios” (Jn 1, 12). Lucas identifica en los pastores a aquellos que lo recibieron. Los pastores en aquel tiempo tenían muy mala fama por diversos motivos. Jesús no viene a justos, sino a los pecadores. Pero nadie es malo por definición. Por eso, hoy los pastores significan a los pobres, a los que viven a la intemperie, a los que están abiertos, a los que velan. Según cómo leamos la canción del coro celestial, podemos entender que los pastores son “los hombres de buena voluntad”, o, mejor, aquellos “a los que ama el Señor”; y, por tanto, en principio, todos los seres humanos. Los pastores son los que se ponen en camino, los que caminan en la oscuridad porque reconocen la luz. De manera especial, los pastores son hoy los niños, que no están maleados por la rutina y son capaces de percibir la novedad alegre del mensaje de los ángeles; los niños y los que son como ellos: José y María, los Magos de oriente, Pedro y Pablo y los demás Apóstoles, Justino, Ignacio de Alejandría, Agustín, Francisco, Domingo, Teresa, Antonio M. Claret y un largo etcétera de nombres la mayoría para nosotros desconocidos (pero en el que estamos incluidos) pertenecen a esa estirpe de pastores, gentes en vela, niños.

Dios nos ha dado la luz de Jesucristo; significa que la oscuridad (el mal del mundo en todas sus formas) no es una excusa: podemos ir a adorarlo, podemos, si queremos, caminar en su seguimiento, podemos acoger su Palabra y ponerla en práctica, haciendo de ella la luz que ilumina la oscuridad. Tal vez, de esta manera, no disiparemos del todo las tinieblas a nuestro alrededor pero, al menos, veremos la luz que ha nacido en Belén y podremos no sólo caminar, sino ser nosotros mismos, por medio de las buenas obras, pequeñas luminarias que alumbran reflejando la luz recibida de Jesús, dan esperanza y ayudan a otros a caminar.

Será, pues, cierto, que hay oscuridad. Pero hoy nosotros descubrimos que también hay luz, que hay, sobre todo, luz.

Wednesday, December 24, 2025

Navidad


 Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,67-79):

EN aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:

«“Bendito sea el Señor, Dios de Israel”,

porque ha visitado y “redimido a su pueblo”,

suscitándonos una fuerza de salvación

en la casa de David, su siervo,

según lo había predicho desde antiguo

por boca de sus santos profetas.

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos

y de la mano de todos los que nos odian;

realizando la “misericordia que tuvo con nuestros padres,

recordando su santa alianza”

y “el juramento que juró a nuestro padre Abrahán” para concedernos

que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,

le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante “del Señor a preparar sus caminos”,

anunciando a su pueblo la salvación

por el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,

para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».



Meditacion:

Esta noche es “de noche”, hace frío, hay oscuridad, dolor, miedo, violencia, injusticia. La noche es como la cifra de la negatividad que domina sobre la historia humana. Esa historia está presente también en el pueblo de Israel. David es un rey que quiere asegurarse una dinastía duradera, “para siempre”, y por eso busca el favor de Dios. Pero los poderes de este mundo, de su noche, no pueden durar para siempre, ni Dios está para servirlos. Dios no permite que se le construya un templo, no se deja encerrar en los designios humanos. Sin embargo, no por eso se exilia del mundo que Él mismo ha creado: en la historia atormentada y oscura de la humanidad, plena de luchas e intrigas, se entrevera otra historia: la historia de salvación. No será David el que le construya un templo a Dios, sino que Dios mismo promete construir una casa, una dinastía que durará para siempre. No se trata, ciertamente, de una dinastía al estilo de los poderes de este mundo. Habrá que esperar algunos siglos para empezar a entender de qué casa, templo y dinastía se trata. Sólo los que tienen un corazón bien dispuesto pueden entenderlo. Zacarías, pese a su inicial incredulidad, es uno de ellos. La promesa hecha a David empieza a cumplirse ahora, no por el poder y la fuerza, sino en los signos de vida de un hijo de la vejez, en el que empieza a anunciarse la fuerza de salvación anunciada por los profetas, que nos libra de la enemistad y el odio, que derrama sobre nosotros su misericordia, y que requiere que nos preparemos mediante el servicio, la santidad y la justicia. El hijo de la que llamaban estéril, el profeta del Altísimo, va a preparar el camino de aquel en quien la tantas veces oscura historia de la humanidad y la historia de salvación se unirán para siempre. La primera seguirá su curso, con sus tinieblas y sombras de muerte, pero en ella nos iluminará, si queremos, el sol que nace de lo alto.

El templo que Dios se va a construir es el cuerpo de Cristo, la dinastía que no tendrá fin no es un poder que nos somete, sino un camino que nos conduce a la paz, porque nos reconcilia con Dios y con los hombres.

Esta noche es nochebuena: es de noche, pero “el pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande” (Is 9, 1). Esta noche es una noche buena, porque la luz vence a las tinieblas, porque mañana es Navidad.

Tuesday, December 23, 2025

Juan El Bautista


 Evangelio

Lucas 1, 57-66

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: “No. Su nombre será Juan”. Ellos le decían: “Pero si ninguno de tus parientes se llama así”.

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”. Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos, y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: “¿Qué va a ser de este niño?” Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.



Meditacion:

La tendencia de hacer de los hijos “clones” de sus padres, llamándoles con el mismo nombre, es cosa que viene de lejos. También en el Israel de los tiempos de Jesús existía esta costumbre. Sin embargo, no hay semejanzas ni parentescos que puedan anular o disminuir la irrepetible originalidad de cada uno. De ahí la importancia del gesto de Zacarías, secundando a su mujer Isabel, de darle a su hijo el hombre de Juan. Zacarías significa “El Señor se acuerda”; y, aunque ese nombre tiene sentido en la situación de un hijo inesperado en la vejez, le cuadra mejor a su padre, pues tiene una inevitable referencia al pasado. El nombre de Juan, “Dios es propicio” (o misericordioso), y también “Don de Dios”, habla de la inminencia de la novedad que Juan habrá de preparar. Zacarías, viejo y mudo, es una buena imagen del Antiguo Testamento: parece que ya nada tiene que decir, pero tiene todavía la fuerza suficiente para dar un último fruto que pondrá punto final a esa larga historia del Dios de las promesas, depositadas en Israel, pero válidas para todo el mundo. Juan dará el testigo a una época nueva, la del cumplimiento. Al darle el nombre de Juan, Zacarías intuye una novedad que el Bautista no inaugura, pero a la que abre el camino ante la inminencia de su venida.

En el nombre va implícita la misión que el hombre tiene que desempeñar en la vida, es decir su vocación. En Juan descubrimos algunos rasgos esenciales de la vocación humana y cristiana. En primer lugar, la llamada: desde el seno materno el hombre está llamado a cumplir una misión en la vida. Es importante entender que no se trata de un destino ineludible que esté escrito de antemano; este carácter abierto de la llamada se expresa muy bien en la pregunta que “todos se hacían”: “¿qué va a ser de este niño?” Se trata, pues, de una llamada dirigida a la propia libertad y que el ser humano debe realizar tomando decisiones propias para responder a ella.

En segundo lugar, esta llamada que debe ser libremente respondida nos dice ya que la vida tiene sentido y que ese sentido comparece desde el mismo momento de su concepción. Por tanto, somos responsables no sólo de nuestra propia vida, sino también de la vida de los demás, que nos es confiada cuando ésta no puede todavía valerse por sí misma. Ahora bien, esta proclamación de sentido puede ser impugnada y lo es con mucha frecuencia. Existen experiencias vitales de decepción y frustración que pueden inclinarnos a pensar así. Pero si se considera atentamente, caemos en la cuenta de que la misma decepción y frustración hablan de sentido, de expectativas que, por algún motivo, no han podido realizarse. Cuando alguien proclama que la vida carece de sentido lo hace siempre con un deje de protesta que reconoce implícitamente el sentido que niega. Si la vida careciera de todo sentido, ni siquiera nos daríamos cuenta de ello y no haría falta ni quejarse ni proclamarlo.

Así pues, Juan, desde el seno materno nos habla de un sentido que es vocación (llamada) y misión, y que es, además, servicio. Este es el tercer rasgo esencial que debemos señalar en la vocación humana y que en Juan es especialmente visible. La misión de Juan es la de abrir camino y luego hacerse a un lado, disminuir él, para que crezca Jesús. Realmente, para poder realizar la propia misión en la vida hay que saber que estamos al servicio de algo que es más grande que nosotros y que, por tanto, no es demasiado importante figurar y estar en el centro. Los grandes acontecimientos, igual que los grandes personajes no serían nada si no fuera por una multitud de personas que, sin figurar especialmente, han vivido con fidelidad su propia vocación y han allanado el camino de eso y esos que son más grandes que ellos, pero que sin ellos no serían nada. El mismo Jesús se ha sometido a esta misma ley de la encarnación, de modo que para poder realizar su misión salvadora ha necesitado del cumplimiento fiel de su misión de otras personas que como Juan de modo muy especial le han preparado el camino.

Al contemplar la figura de Juan el Bautista y meditar con él sobre nuestra vocación y el sentido de nuestra vida, podemos comprender que en toda vocación cristiana hay un componente que nos asemeja al Precursor. Jesús sigue viniendo al mundo, acercándose a los hombres, muchos de los cuales no lo conocen, no saben de él. Para que Jesús pueda llegar hasta ellos, siguiendo las leyes de la encarnación, necesita de precursores y mediadores que allanen el camino y preparen su venida. Nosotros mismos, en algún momento de nuestra vida, tuvimos a algún Juan el Bautista que nos introdujo al conocimiento de Cristo. Y cada uno de nosotros, como todo cristiano, estamos llamados a realizar esta misión, cuando, por medio del testimonio de nuestras palabras y nuestras obras, señalamos, no a nosotros mismos, sino al “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1, 29, 36).

Monday, December 22, 2025

Magnificat



 Evangelio
Lucas 1, 46-56
En aquel tiempo, dijo María:
“Mi alma glorifica al Señor
y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,
porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.
Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,
porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.
Santo es su nombre,
y su misericordia llega de generación en generación
a los que lo temen.
Ha hecho sentir el poder de su brazo:
dispersó a los de corazón altanero,
destronó a los potentados
y exaltó a los humildes.
A los hambrientos los colmó de bienes
y a los ricos los despidió sin nada.
Acordándose de su misericordia,
vino en ayuda de Israel, su siervo,
como lo había prometido a nuestros padres,
a Abraham y a su descendencia,
para siempre’’.
María permaneció con Isabel unos tres meses y luego regresó a su casa.


Meditacion:
Dios creó el mundo de la nada, en un acto de puro amor, de pura donación. La historia de la salvación prolonga esta obra creadora de gratuidad total, que se expresa en el don de la vida que florece en mujeres estériles, como Sara, la mujer de Abraham (cf. Gn 18, 9-14), o la madre de Sansón (cf. Jue 13, 2-25), en el que caso que consideramos hoy, el de Ana, la madre de Samuel, o como sucederá con Isabel, la madre del Bautista, y, como culmen, en María, Virgen y Madre de Jesús.
Pero si en todos estos casos se hace patente el carácter gratuito de la salvación, no conviene olvidar lo que advertía san Agustín: “el Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti” (Sermón 169, 11, 13). Dios nos da la vida como un don, y después nos propone un diálogo –en el que consiste la salvación: la comunión con Él. Para que este diálogo tenga lugar es necesaria la respuesta humana. Dios nos da y nosotros respondemos reconociendo, agradeciendo y, en cierto modo, devolviendo a Dios lo que de Él hemos recibido. Lo vemos con claridad hoy en la acción de gracias de Ana, que entrega el novillo, la harina y el vino, un verdadero ofertorio, y consagra al servicio de Dios el hijo recibido de Él.
Cuando tiene lugar este intercambio de dones se producen los vínculos de familiaridad más profundos e intensos. ¿Qué mejor modo de expresarlos y celebrarlos que cantando? No es descabellado imaginar que María no se limitó a “decir”, sino que cantó el Magníficat. Dicen que san Agustín decía que “el que canta ora dos veces” (y “se non è vero è ben trovato”). Y contemplando el Magníficat, esa explosión de oración y alegría, lo natural es ponerle música. Porque en el seno de María ya está aconteciendo la plenitud de los dones de Dios, que comenzaron con la creación del mundo, y que culminan con el don de la misma vida de Dios en la carne humana, en la de María (en la que el Verbo se hizo carne, y la carne se hizo Verbo). Y como María es de nuestra raza, de nuestra carne, sus palabras de agradecimiento, alabanza y alegría tiene que ser también las nuestras.
María pronuncia su Magníficat cuando Jesús está ya presente, pero no es todavía visible. ¿Cómo podemos unirnos nosotros a ese canto de acción de gracias y alabanza, cuando todavía no vemos al que está ya entre nosotros? Para esto hacen falta los ojos de fe. Y la fe es confianza en que Dios está actuando en favor nuestro a pesar de los pesares. Estos últimos hablan de opresión, injusticia, violencia, del mal que nos lleva con frecuencia a maldecir. Pero si abrimos los ojos con fe, entonces somos capaces de ver los signos de la presencia de Dios, como los ve Isabel en María y, en vez de maldecir, bendecimos. María e Isabel, que tenían tantos motivos para quejarse y maldecir, encuentran muchos más para alegrarse y bendecir. Así podemos percibir que Dios, aunque todavía no visible, está ya entre nosotros y nos está salvando. Bendigamos como Isabel, para que podemos cantar con María.  No podemos saber, por desgracia, qué música le puso María. Pero podemos, por fortuna, ponerle nosotros la nuestra.

Friday, December 19, 2025

Nacimiento de Juan


 Evangelio

Lucas 1, 5-25
Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.
Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.
Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: “No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo”.
Pero Zacarías replicó: “¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada”. El ángel le contestó: “Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo”.
Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo.
Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: “Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí”.


Meditacion:
Fiel a su propósito de “contar desde el principio” el Evangelio de Lucas hace el relato del nacimiento de Juan el precursor del Mesías. Es Gabriel el mensajero. Conocemos bien los protagonistas y el escenario: Zacarías, su esposa Isabel, el Templo… Casí enseguida Lucas cuenta la Anunciación con el mismo mensajero. El contraste entre una respuesta y otra está en la la duda de Zacarías: “¿Cómo estaré seguro?”.frente a la acogida incondicional de María: “Hágase en mi”
La verdad es que la duda del sacerdote es bastante razonable. Seguramente nos ha ocurrido algo parecido en más de una ocasión. Nos preguntamos si realmente responder a una propuesta, acatar una norma, decidir en una cuestión complicada, llevar a cabo una buena acción que nos viene a la mente, unir nuestra fuerza a tal o cual causa, aceptar o rechazar una tarea o discernir si realmente hay una inspiración de Dios mismo o lo que queremos decidir es el producto de nuestra imaginación. A veces hasta abandonamos el asunto porque, realmente, no sabemos cómo estar seguros.
Hay que decidir aunque haya dudas. En todo caso como dirá tiempo después Gamaliel “si esto que hacen es de carácter humano, se desvanecerá; pero si es de Dios, no lo podrán destruir”. (Hechos 5:34-39).
Gabriel, el enviado le pone a prueba: se quedará sin habla y los que estaban con él en el templo saben que algo extraño ha sucedido. Zacarías regresa a casa y las cosas ocurren: Isabel queda encinta, nace el Precursor y Zacarías recupera el habla. Final feliz aunque una respuesta decidida y confiada le hubiera ahorrado la pena…

Thursday, December 18, 2025

San Jose


 Evangelio

Mateo 1, 18-24

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: “José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”.

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.



Meditacion:

José es el prototipo del hombre justo de las Escrituras. Es quien obedece los mandamientos con una obediencia que es, sencillamente, expresión de la relación del ser humano con Dios: se trata del reconocimiento de la trascendencia divina y, al mismo tiempo, la afirmación como criatura de la dignidad propia. Así, acogiendo las indicaciones del ángel que le habla en sueños y aún sopesando lo complicado y peligroso de la acción (acoger a María como esposa,   hacer el camino hasta Belén bien avanzado el embarazo, escapar de Herodes huyendo a Egipto y regresar más tarde para custodiar en la intimidad cotidiana al Salvador y a la Madre) José actúa según el designio marcado, con confianza y amor.

Es buena costumbre pedir la intercesión de San José al modo de Santa Teresa, cuando ella  recomendaba encarecidamente a San José como guía para la vida espiritual y la oración: «Quien no hallare maestro que le enseñe oración, tome a este glorioso santo por maestro, y no errará en el camino», veía en la vida silenciosa y obediente de José un modelo perfecto de contemplación y entrega a la voluntad de Dios pero también un apoyo poderoso para todo tipo de necesidades, materiales o espirituales.

Wednesday, December 17, 2025

Genealogia de Jesus


 Evangelio

Mateo 1, 1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

De modo que el total de generaciones, desde Abraham hasta David, es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, es de catorce, y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, es de catorce.




Meditacion:

Casi a las puertas de la celebración de la Navidad, la lectura del Evangelio de Mateo ofrece la lista de antepasados de Jesús comenzando por Abraham. No es una lista aburrida. En el tiempo de Jesús estas listas, escritas o recitadas significaban mucho para las familias y para el orden social. Tenían valor legal (trasmisión de patrimonio, validez de los  vínculos, conexión con los origenes de la estirpe, antepasados ilustres). Esos nombres de algún modo certifican que en Jesús se cumplen las profecías mesiánicas de la Sagrada Escritura: Él es el prometido al pueblo elegido, el descendiente del rey David de la tribu de Judá, el Mesías anunciado y descrito por los profetas, el cumplimiento del plan de Redención de Dios.

Un plan que no es exclusivo para los israelitas sino que está abierto a todos los pueblos y además significativamente Mateo lo resalta mediante el nombre de algunas mujeres (algo muy poco frecuente porque los derechos se trasmitían de padre a hijo primogénito sin nombrar a la madre). Ellas son, sin embargo protagonistas de algunas historias de las Escrituras. Como los varones, no todas son ejemplares… Y, al final, en un sorprendente giro estilístico, María. José es descendiente de David pero tras su nombre Mateo no escribe el repetido “engendró” sólo le aplica el valor legal de padre. La fórmula es: “José, el esposo de María de la cual Nació Jesús el llamado Cristo”.

Cada uno de los que creemos en Jesucristo pertenecemos a esa genealogía, somos pueblo de reyes, hijos en el Hijo. Y a cada ser humano se le ofrece el acceso de manera que todos pueden formar parte del puebo de Dios. Somos hijos, y si hijos, herederos con Cristo, dirá el judío Pablo. La lectura de hoy es una hermosa ocasión de acción de gracias, de alabanza y de alegría porque somos hijos de Dios. Dios hecho carne por amor a toda la humanidad.

Tuesday, December 16, 2025

Dos hijos


 Evangelio

Mateo 21, 28-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué opinan de esto? Un hombre que tenía dos hijos fue a ver al primero y le ordenó: ‘Hijo, ve a trabajar hoy en la viña’. Él le contestó: ‘Ya voy, señor’, pero no fue. El padre se dirigió al segundo y le dijo lo mismo. Éste le respondió: ‘No quiero ir’, pero se arrepintió y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad del padre?” Ellos le respondieron: “El segundo”.

Entonces Jesús les dijo: “Yo les aseguro que los publicanos y las prostitutas se les han adelantado en el camino del Reino de Dios. Porque vino a ustedes Juan, predicó el camino de la justicia y no le creyeron; en cambio, los publicanos y las prostitutas sí le creyeron; ustedes, ni siquiera después de haber visto, se han arrepentido ni han creído en él”.



Meditacion:

El hijo de la parábola que rechaza la petición del padre pero enseguida rectifica y pone manos a la obra representa a publicanos y prostitutas: lo peor de lo peor. Pero son ellos los que siguieron a Juan y creyeron en el anuncio de la llegada de Cristo. El que asiente y pone buena cara, pero no hace nada, es un hipócrita. Los ancianos y sabios a quien Jesús pone frente a su dureza de corazón son de esa clase. No acogen a  Jesús y no lo reconocen como Mesías del mismo modo que rechazaron el anuncio del Bautista. Tanto el precursor como el Salvador no encajaban en su modo de vida. Representaban el riesgo de perder su posición social, su poder  sus privilegios y su comodidad.

A mi me sorprende que Jesús no los amenace con la condenación eterna: solo dice que no serán los primeros en el reino. Y en el fondo, creo que me alegro. Porque en muchas ocasiones actúo como el hijo que afirma una cosa y hace otra, pero la paciencia del Señor conmigo no se acaba nunca.

¿Qué hacer? Algo que aquellos “sabios” no hicieron: creer en Jesucristo. Y decir como el padre del niño epiléptico: Señor, yo creo, pero aumenta mi fe. Haz que piense como Tú quieres que piense, hable como Tú quieres que hable, actúe como Tú quieres que actúe.

Monday, December 15, 2025

Bautismo de Juan


 Evangelio

Mateo 21, 23-27

En aquellos días, mientras Jesús enseñaba en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le preguntaron: "¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?"

Jesús les respondió: "Yo también les voy a hacer una pregunta, y si me la responden, les diré con qué autoridad hago lo que hago: ¿De dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de la tierra?"

Ellos pensaron para sus adentros: "Si decimos que del cielo, él nos va a decir: 'Entonces, ¿por qué no le creyeron?' Si decimos que de los hombres, se nos va a echar encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta". Entonces respondieron: "No lo sabemos".

Jesús les replicó: "Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago lo que hago".



Meditacion:

En los los pasajes evangélicos proclamados en la Misa encontramos, con cierta frecuencia, la alabanza que Jesús hace al Padre por la fe de los sencillos y los pobres que aceptan su palabra, es decir que le aceptan a Él como el Mesías y Señor. En la lectura de hoy lo que escuchamos es una respuesta ácida y mordaz a quienes le interrogan acerca de sus autoridad. Una respuesta que desconcierta a sus interlocutores porque desvela su soberbia e hipocresía. Se creen con autoridad porque se tienen por superiores y sabios. Y por supuesto lo son. Digamos que son la “clase alta” entre los judíos. Sacerdotes del Templo, rabinos y escribas conocen la Ley Sagrada y también los enredos políticos y los resortes del poder… Pero no son capaces de explicar dónde se sitúan y porqué en relación con el Bautista decapitado por Herodes. Demasiado comprometida la respuesta.

Tanto a favor de Jesucristo, que los conoce mejor de lo que cada uno se conoce a sí mismo y silencio inmediato de los inquisidores. La verdad es que Jesús ha jugado con ventaja en el duelo dialéctico, como no puede ser de otra manera.

Primera reflexión: sin duda el Señor conoce nuestras inquietudes y nuestras preguntas aún antes de que las formulemos. Seguramente, alguna vez le hemos pedido explicaciones… Él no nos rechaza, nos entiende de sobra ¿Quién como Jesús conoce el interior de los corazones? Hemos rezado muchas veces esa oración de comienzo sorprendente: “Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío…” Este Dios al que adoramos, Creador y Padre ha venido a nuestra carne y se ha hecho hombre.

Y segunda reflexión: ante lo que no entendemos la única condición para que Dios nos devuelva la paz y nos de fuerza es la actitud humilde y confiada. Esa actitud humilde con la que aceptamos su autoridad, su poder y su bondad redentora es la condición para que acojamos su respuesta, su aparente silencio, el sufrimiento que experimentamos a veces y la esperanza de conocerlo y ver su rostro resplandeciente de poder y de amor, contemplándolo indefenso en Belén, en su vida culminada en la Cruz y, especialmente (lo que hiciéreis con uno de estos conmigo lo hacéis) en todo aquel que sufre a nuestro lado.


Saturday, December 13, 2025

Elias

Evangelio

Mateo 17, 10-13

En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a Jesús: "¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?"

Él les respondió: "Ciertamente Elías ha de venir y lo pondrá todo en orden. Es más, yo les aseguro a ustedes que Elías ha venido ya, pero no lo reconocieron e hicieron con él cuanto les vino en gana. Del mismo modo, el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos".

Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista.



Meditacion:

Hay gente que va corriendo de lugar en lugar buscando lo maravilloso, lo milagroso. Peregrinan de aparición en aparición. Es como si tuviesen necesidad de encontrar una ventana al cielo, al otro mundo, que les confirmase en su fe. Porque lo que tenemos parece que no es suficiente. Tengo la impresión de que esa gente, ciertamente con toda la buena voluntad del mundo, pero no ha entendido nada de lo que es el Evangelio, el mensaje de Jesús y la misma realidad de la Encarnación.

La verdad es que en Jesús Dios ha dicho donde quiere estar, donde quiere aparecerse en nuestro mundo. Y no ha sido precisamente en apariciones, luces ni eventos milagrosos. Dios se ha hecho presente en nuestro mundo andando nuestros caminos, cerca de los pobres y pecadores, haciéndose impuro con los impuros, frecuentando lugares de pecado a los que no se dignan ir las personas decentes. Jesús no fue hombre del templo. Oraba sí, pero hacía de la naturaleza su santuario. Y no tenía inconveniente en interrumpir su oración para atender a  los que le buscaban, casi seguro que pensando más en la ayuda que podían recibir de él que en adorarle como hijo de Dios.

Pero no ha sido solo Jesús, son veinte siglos de historia, de testigos vivos, que no han hecho milagros ni se han aparecido rodeados de luces, pero en nombre de Jesús han estado cerca de los que sufren de cualquier manera haciendo presente con sus manos abiertas, con su corazón atento a las necesidades y dolores de los hermanos y hermanas con que se cruzaron por el camino el amor de Dios.

En ellos ha venido ya Elías y Jesús y todos los que tenían que venir y los que seguirán viniendo. El problema es que en lugar de mirar a estos testigos, quizá porque no son mediáticamente llamativos, prefieren / preferimos buscar el milagro, la luz, la aparición. Y nos perdemos a Dios mismo allí donde se quiere hacer el encontradizo con nosotros: en los pobres y en los que sufren.


 

Friday, December 12, 2025

Guadalupana

Evangelio

Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.

María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.



Meditacion:

La imagen del Evangelio con «los niños que tienen miedo de bailar, de llorar», que tienen «miedo a todo, que piden seguridad en todo», lleva a pensar «en esos cristianos tristes que critican siempre a los predicadores de la verdad porque tienen miedo de abrirle la puerta al Espíritu Santo». De ahí la exhortación del Pontífice a rezar por ellos y a rezar también por nosotros mismos, para que «no seamos cristianos tristes», de esos que quitan «al Espíritu Santo la libertad de venir a nosotros a través del escándalo de la predicación». (…) Es escandaloso que Dios nos hable a través de hombres con limitaciones, hombres pecadores: ¡es escandaloso! Y es aún más escandaloso que Dios nos hable y nos salve a través de un hombre que dice ser el Hijo de Dios, pero termina siendo un criminal. Eso es escandaloso


 

Thursday, December 11, 2025

Juan el Bautista


 Evangelio

Mateo 11, 11-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a la gente: “Yo les aseguro que no ha surgido entre los hijos de una mujer ninguno más grande que Juan el Bautista. Sin embargo, el más pequeño en el Reino de los cielos, es todavía más grande que él.

Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el Reino de los cielos exige esfuerzo, y los esforzados lo conquistarán. Porque todos los profetas y la ley profetizaron, hasta Juan; y si quieren creerlo, él es Elías, el que habría de venir. El que tenga oídos que oiga”.



Meditacion:

En la vida perdemos a veces mucho tiempo mirando al pasado. Recordamos otros tiempos y nos parece siempre que fueron mejores. Había más… y podemos poner aquí muchas cosas que nos parece que hoy faltan. En realidad, es mentira. Lo que pasa es que la memoria nos juega una mala pasada y, sin darnos cuenta, nos hace seleccionar los recuerdos. Dejamos unos de lado –muchas veces los desagradables–. Y brillan con todo su esplendor lo que a nosotros nos parece ahora que era bueno. La verdad, la mera verdad, es que este mundo está siempre en cambio. Y que vivir de nostalgias a menudo nos paraliza para enfrentarnos a las situaciones que nos toca vivir hoy.

Jesús nos invita a vivir el presente. Hoy es cuando el Reino de Dios se está manifestando, se está haciendo realidad ante nuestros ojos. Hoy es cuando tenemos la oportunidad de hacer Evangelio con los que viven con nosotros, de crear fraternidad, de hacer justicia. Ese es el mensaje del Evangelio de hoy. Es un mensaje que nos ayuda a vivir en Adviento, a mirar hacia delante.

Con Jesús se inaugura un nuevo tiempo en la historia de la humanidad. La relación con Dios y la relación con nuestros hermanos y hermanas ya no es la misma que antes. En él se nos revela un Dios que es amor. Frente a él no hay temor sino amor, esperanza, misericordia. Ya no se puede seguir viviendo en el Antiguo Testamento. En Jesús el mundo nuevo ya está aquí. Es verdad, todavía no se ha manifestado del todo pero lo de antes ya ha pasado y Dios se ha hecho presente en nuestro mundo en Jesús como nunca antes lo había hecho.

Basta ya de nostalgias. No es verdad que cualquier tiempo pasado fuera mejor. Es en el presente donde tenemos que vivir. Y contamos con esa presencia nueva de Dios en nuestras vidas para construir el Reino, para ser más hermanos, para amar y perdonar como nunca antes se había hecho. Nos tenemos que hacer violencia a nosotros mismos para ir más allá de las apariencias y descubrir la novedad del Reino en nuestro mundo.

Wednesday, December 10, 2025

Fatigados y agobiados


 Evangelio

Mateo 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: "Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera".



Meditacion:

“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré”. Jesús es descanso para el oprimido no fuente de opresión. Es creador de paz y serenidad no un peso inaguantable que termina llenando los corazones de angustia. Su yugo es llevadero y su carga ligera. No amenaza con la condenación eterna sino que invita a seguirle, a unirnos a él en la construcción de un mundo mejor, más justo, más hermano. El pecado no está en faltar un domingo a misa sino en despreciar al hermano. Pero incluso para el pecador, y nosotros estamos todos en ese grupo, el mensaje es de misericordia, de esperanza, de animarnos a levantarnos de nuevo e intentarlo otra vez. En Jesús no encontramos condena sino alivio y descanso.

Tuesday, December 9, 2025

No debe perderse ninguno....


 Evangelio

Mateo 18, 12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”.



Meditacion:

Dios no quiere que se pierda ni uno de nosotros. No quiere que nos extraviemos. Y deja todo por manifestarnos su amor de una u otra manera. Eso es lo que hace un Padre que es amor, un amor tal como lo describe Pablo en el texto arriba citado.

En este tiempo de Adviento, este de hoy es un texto que nos llena de esperanza. A pesar de los pesares, a pesar de todos nuestros extravíos –los conocidos solo para nosotros y los que conocen los demás–, Dios está buscándonos y de alguna manera nos va a encontrar. Quizá por los caminos que menos nos esperamos. Así es nuestra fe. Así es nuestro Dios.

Monday, December 8, 2025

Inmaculada concepcion


 Evangelio

Lucas 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin".

María le dijo entonces al ángel: "¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios". María contestó: "Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". Y el ángel se retiró de su presencia.



Meditacion:

Hoy quiero celebrar a todas esas personas que, como María, sin entender ni saber teologías, creen con sencillez y van dando la mano a sus hermanos y hermanas, acompañando en el dolor y la muerte, llorando con los que lloran, gozando con los que se gozan, haciendo familia, fraternidad, justicia, sin dejar nunca a nadie fuera –por más que parezca loco o fuera de sí. O sea, haciendo y construyendo el Reino de Dios aquí en nuestro mundo, creando espacios de amor y fraternidad donde nadie es excluido

Saturday, December 6, 2025

Cosecha


 Evangelio

Mateo 9, 35–10, 1. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos".

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: "Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente".



Meditacion:

El pasaje evangélico de hoy es un pequeño discurso misionero, con una rica introducción y algunas consignas de utilidad práctica. El comienzo de la narración empalma plenamente con el texto de Isaías que hemos leído y que podría llamarse la autopresentación de Yahvé como buen pastor. Él es el Dios que te acompaña y no permite que te extravíes, el Dios compasivo que no soporta que sufras, el que se conmueve con tu gemido, el que te da el alimento necesario. ¡Cuánta ligereza en muchos cristianos, que llegan a afirmar que no soportan al Dios del Antiguo Testamento! ¿Habrán leído algo de Isaías, de Oseas…? Isaías ofrece ya condensado el marco evangélico de la misión o envío, en él que es Jesús quien ve a Israel como un rebaño descarriado, ovejas sin pastor, se compadece y procura suscitar buenos pastores, en este caso los apóstoles – misioneros.

El evangelista escribe desde un contexto histórico avanzado, hacia la época final del Nuevo Testamento. La sinagoga y la Iglesia son ya entidades separadas; por eso dice que Jesús enseñaba en “sus” sinagogas, las de ellos, donde ya no hay espacio para los cristianos. Pero la Iglesia, nueva y definitiva sinagoga, lleva adelante los planes de Jesús, que son la puesta en acción de lo prometido por Isaías. Sus misioneros darán la buena noticia, aliviarán el sufrimiento humano, implantarán el reino siquiera de forma embrionaria… Ellos, la Iglesia, contemplarán y afrontarán, como Jesús, una tarea ímproba, pues “la mies es mucha”; según Lc 10,4, no podrán siquiera detenerse a saludar a quienes se les crucen en el camino, algo inconcebible en el mundo semita. Sin duda las Iglesias de Mateo y de Lucas se sienten acuciadas por una gran urgencia misionera; desaparecida ya de sus cálculos la parusía, se plantea la misión de dimensiones universales.

A los enviados se les encomienda un mensaje y un encargo que los supera inmensamente: anunciar y mostrar la presencia del Reino. Ellos no podrán resucitar muertos ni curar todas las dolencias; pero su talante será en todo momento el de portadores de vida e insufladores de ganas de vivir.

La mentalidad plenamente judía de este original evangelista se nota en la exclusividad de los enviados: de momento solo a Israel… Él conoce el orden trazado por Isaías en el establecimiento de la salvación: primero deberá “consolidarse” Israel, y seguidamente los paganos gozarán también de su luz y de su gloria: “estará firme el monte de la casa del Señor, hacia él confluirán las naciones… él nos instruirá y marcharemos por sus sendas” (Is 2,2; cf. Miq 4,1). Pero Mateo lo cuenta a su Iglesia: ella deberá vivir como verdadero pueblo mesiánico y ofrecer un resplandor contagioso, capaz de atraer a todos los pueblos y colmar sus aspiraciones, tal vez nunca formuladas, de participar también en los bienes divinos.

Y no olvidemos una última consigna de Jesús para sus mensajeros: la gratuidad. Con lo religioso no se trafica; S. Pablo contraponía su comportamiento al de quienes predicaban a sueldo: “no negociamos con la Palabra de Dios” (2Co 2,17). Solo la oferta desinteresada es creíble, también la de la fe, por supuesto.


Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...