Saturday, August 31, 2024

Necesitados


 Evangelio

Mt 25, 14-30
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.
El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.
Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.
Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: 'Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado'. Su señor le dijo: 'Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor'.
Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado'. Su señor le dijo: 'Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor'.
Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: 'Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo'.



Meditacion:
Leo la parábola del evangelio de hoy y lo primero que se me viene a la mente son las muchas veces que he ido a la iglesia y de rodillas me he puesto a pedir cosas a Dios en mi oración. Casi podría decir, usando un viejo refrán español, que en esos momentos la boca se me hace un fraile”, vamos que todo se me hace pedir y pedir todos los favores, necesidades y problemas que se me vienen a la mente. Desde aprobar un examen hasta la salud de mi familiar o el trabajo para un amigo que se ha quedado en el paro. Todo es pedir y pedir. Y, en el fondo, dar por supuesto que Dios es el que me puede solucionar todo, el manitas que lo puede arreglar todo. Desde una enfermedad hasta mis problemas económicos. Todo es pedir y pedir.
Esto me ha venido a la mente porque la parábola de hoy plantea exactamente la idea contraria. Dios no es el que se encarga de solucionarnos los problemas sino el que pone en nuestras manos las herramientas para irlos solucionando. En nuestras manos está el aprovechar esos talentos con que nos ha regalado a todos con un fin claro y distinto. No se trata solo de usarlos en beneficio propio: solucionar mis problemas y los problemas de los míos. El objetivo es mucho más amplio. Somos los trabajadores en la viña del Señor y nuestro objetivo no es solo mirar por lo mío. No se trata de centrarnos en la punta de nuestra nariz o de nuestro ombligo. Se trata de hacer que la viña del amo de sus frutos. Se trata de alinearnos con los objetivos del amo, con los objetivos de Dios: construir el reino de fraternidad y justicia donde todos los hombres y mujeres puedan vivir como hermanos.
Vamos a dejar de pedir. Vamos a poner nuestras manos y nuestros corazones a trabajar al servicio del Reino. No se trata de ir a la Iglesia a pedir que Dios nos solucione esto o lo otro. Se trata de ponernos en su presencia para asumir el compromiso y la responsabilidad de usar los talentos que nos ha dado al servicio del Reino. ¡Que cambio de perspectiva y de actitud! De pedigüeños a comprometidos y responsables con el Reino. Ahí está la clave.
El señor le respondió: 'Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.
Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación' ".

Friday, August 30, 2024

10 virgenes necias


 Evangelio

Mt 25, 1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: '¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!' Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: 'Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando'. Las previsoras les contestaron: 'No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo'.

Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos'. Pero él les respondió: 'Yo les aseguro que no las conozco'.



Meditacion:

Podemos darle muchas vueltas a la parábola que nos trae el texto evangélico de hoy. Podemos pensar que las vírgenes necias apenas fueron un poco despistadas y que las sensatas fueron unas egoístas que no supieron ni quisieron compartir su aceite con las otras. Podemos imaginar que el aceite que mantiene encendidas las lámparas es la oración continua en la presencia del Señor. Y así podemos ir pensando en cada uno de los elementos de la parábola y tratar de darle un significado. Pero los estudiosos del Nuevo Testamento ya nos dejaron claro hace mucho que en estas breves historias que cuenta Jesús a sus oyentes lo único que importa es el punto central de la historia. Lo demás son solo adornos para los oyentes.

Y está claro que el centro de la parábola es solo uno: estar atentos y preparados porque no sabemos cuando llega el que estamos esperando. Parece ser que las vírgenes estaban todas atentas y despertaron a la voz del que anunciaba la llegada del esposo. Pero no todas estaban preparadas. Unas tenían aceite suficiente en sus lámparas y las otras no. Así que las que no estaban preparadas, las necias, como las llama la parábola, tuvieron que ir a buscarlo y se quedaron fuera de la fiesta.

Conclusión: hay que estar atentos, despiertos, vigilantes. Pero no es suficiente: hay que estar también preparados. ¿Cómo se interpreta este “estar preparados”? Algunos pensarán que es estar “confesados y comulgados”. Es decir, habiendo cumplido con los ritos que la iglesia establece para estar en “gracia de Dios”. Eso está bien pero no es suficiente. Además, no creo que Jesús pensase en eso en aquel momento. Más bien, Jesús pensaría en estar dispuestos al cambio radical que el Reino pone en nuestras vidas: apertura a la nueva familia que son los hijos o hijas de Dios, disposición para la justicia y la fraternidad más allá de todas las fronteras y diferencias, reconocimiento del único Padre-Abbá común, ir más allá de las normas, de lo establecido, para dejarlo todo y ponerse al servicio del Reino. Eso es estar preparados.


Thursday, August 29, 2024

Juan el Bautista


 Evangelio

Mc 6, 17-29

En aquel tiempo, Herodes había mandado apresar a Juan el Bautista y lo había metido y encadenado en la cárcel. Herodes se había casado con Herodías, esposa de su hermano Filipo, y Juan le decía: "No te está permitido tener por mujer a la esposa de tu hermano". Por eso Herodes lo mandó encarcelar.

Herodías sentía por ello gran rencor contra Juan y quería quitarle la vida, pero no sabía cómo, porque Herodes miraba con respeto a Juan, pues sabía que era un hombre recto y santo, y lo tenía custodiado. Cuando lo oía hablar, quedaba desconcertado, pero le gustaba escucharlo.

La ocasión llegó cuando Herodes dio un banquete a su corte, a sus oficiales y a la gente principal de Galilea, con motivo de su cumpleaños. La hija de Herodías bailó durante la fiesta y su baile les gustó mucho a Herodes y a sus invitados. El rey le dijo entonces a la joven: "Pídeme lo que quieras y yo te lo daré". Y le juró varias veces: "Te daré lo que me pidas, aunque sea la mitad de mi reino".

Ella fue a preguntarle a su madre: "¿Qué le pido?" Su madre le contestó: "La cabeza de Juan el Bautista". Volvió ella inmediatamente junto al rey y le dijo: "Quiero que me des ahora mismo, en una charola, la cabeza de Juan el Bautista".

El rey se puso muy triste, pero debido a su juramento y a los convidados, no quiso desairar a la joven, y enseguida mandó a un verdugo que trajera la cabeza de Juan. El verdugo fue, lo decapitó en la cárcel, trajo la cabeza en una charola, se la entregó a la joven y ella se la entregó a su madre.

Al enterarse de esto, los discípulos de Juan fueron a recoger el cadáver y lo sepultaron.



Meditacion:

La vida es un juego complejo de intereses personales y poderes, de inseguridades y miedos. Y a veces ese juego tiene consecuencias nefastas. Como en este caso, donde el juego termina con la muerte de un inocente. Nadie, al menos nadie importante, quería su muerte, pero, al final, la cabeza de Juan el Bautista termina en una bandeja. Fue el precio que tuvo que pagar Herodes, que no quería su muerte según nos dice el texto evangélico, para mantener su poder, su prestigio y su palabra ante su amante y sus invitados. Si no hubiese mandado decapitar a Juan, ¿qué habrían pensado de él sus invitados –todos amigos pero también enemigos, todos gente de poder, competidores en el juego mortal que es a veces la política–? Herodes tenía que mantener su imagen de rey todopoderoso. Lo tenía que hacer para que le respetasen y siguiesen obedeciendo. Si no lo hacía, su autoridad, su reino, estaba en peligro y podía terminar él mismo decapitado. No había alternativa. Por mucho que le doliese era mejor decapitar a Juan que arriesgarse a ser él mismo la víctima. Se trataba de sobrevivir en un mundo donde la competición era a muerte.

Claro que hay un problema: es que Juan era inocente. Juan no había hecho nada más que ser profeta y decir lo que era obvio. De hecho, el evangelio dice que “Herodes respetaba a Juan, sabiendo que era un hombre honrado y santo, y lo defendía.” Pero la realidad es que Juan era también la parte más débil de la ecuación. No tenía poder. No tenía autoridad. No tenía armas ni soldados. No tenía nada. De hecho, estaba en la cárcel de Herodes. Y estaba encadenado. En realidad, sí tenía algo: el odio de Herodías, la amante de Herodes. Ese era otro punto negativo más. Su vulnerabilidad era total. Por eso, la solución de la ecuación era sencilla: hacer desaparecer a Juan traía la “paz”, la seguridad para Herodes y su reino. A Herodes le proporcionaba la paz con su amante, lo que tenía su importancia.

Dicho todo esto, no queda más que preguntarnos si alguna vez, a la búsqueda de nuestra propia seguridad y tranquilidad, no hemos preferido la muerte, o algo parecido del inocente. Si alguna vez, por las mismas razones, no hemos dejado de lado lo que era de justicia, de fraternidad, de defensa del más débil.


Wednesday, August 28, 2024

Hay de ustedes! (2)


 Evangelio

Mt 23, 27-32

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque son semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre! Así también ustedes: por fuera parecen justos, pero por dentro están llenos de hipocresía y de maldad.

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les construyen sepulcros a los profetas y adornan las tumbas de los justos, y dicen: ‘Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, nosotros no habríamos sido cómplices de ellos en el asesinato de los profetas’! Con esto ustedes están reconociendo que son hijos de los asesinos de los profetas. ¡Terminen, pues, de hacer lo que sus padres comenzaron!”



Meditacion:

Hay algo que tenemos que tener en cuenta cuando leemos el Evangelio y es que todos tenemos unas gafas, unos filtros, desde los que leemos esos textos. No es fácil deshacerse de esos filtros. Son nuestra cultura, nuestro idioma, nuestra forma de entender el mundo, la vida, la familia, etc. Leemos los textos de los Evangelios desde esa perspectiva. Y eso nos hace que comprendamos unas cosas de una manera y otras de otra. No siempre es fácil saber exactamente lo que Jesús quería decir. Entre otras cosas, porque los mismos que redactaron los Evangelios también tenían sus filtros, su cultura, su forma de entender el mundo. Y eso les influyó con toda seguridad a la hora de redactar sus recuerdos de Jesús.

Pero hay textos que son diferentes. Uno de ellos es el de hoy. La sociedad judía del tiempo de Jesús, como casi todas o todas las sociedades que ha habido a lo largo de la historia era una sociedad muy jerarquizada. Estaban los de arriba y los de abajo, los que sabían y los ignorantes, los ricos y los pobres, los poderosos y los que no pintaban nada. En realidad, nada diferente a lo de hoy. Por eso terminamos viendo esas diferencias de nivel como algo normal y natural.

Precisamente por eso, llama más la atención el Evangelio de hoy. Porque Jesús plantea una comunidad radicalmente igualitaria. No hay más que un superior, un padre, un maestro, un consejero. Es Dios, el Padre de todos. De ahí para abajo, todos son/somos iguales. No hay categorías. No hay arriba ni abajo, no hay mandos intermedios. El texto termina con una frase más sorprendente todavía: si alguno quiere ser el primero tiene que hacerse el servidor de todos. Más claro, imposible.

Tengo la impresión de que nos cuesta entender/aceptar este radicalismo de Jesús. Tanto nos cuesta entenderlo y aceptarlo que a lo largo de los siglos hemos terminado afirmando y creyendo que la iglesia, la comunidad de los discípulos de Jesús, es una sociedad esencialmente jerárquica. Pero la palabra de Jesús sigue ahí y debería ser el centro inspirador de nuestra vida, como personas, como creyentes y como iglesia.


Tuesday, August 27, 2024

Hay de ustedes!


 Evangelio

Mt 23, 23-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: “¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino, pero descuidan lo más importante de la ley, que son la justicia, la misericordia y la fidelidad! Esto es lo que tenían que practicar, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que cuelan el mosquito, pero se tragan el camello!

¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que limpian por fuera los vasos y los platos, mientras que por dentro siguen sucios con su rapacidad y codicia! ¡Fariseo ciego!, limpia primero por dentro el vaso y así quedará también limpio por fuera’’.



Meditacion:

Un enorme llamado de atencion. Y no solo para los escribas y maestros de la ley, para todos los que vivimos un poco alla y un poco aca. Jesus es radical, rechaza esa doble vida. Jesus nos llama a  optar por el bien, por la paz, por la misericordia.

Saturday, August 24, 2024

Nataniel

 Evangelio

Jn 1, 45-51

En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: "Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José". Natanael replicó: "¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?" Felipe le contestó: "Ven y lo verás".

Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: "Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez". Natanael le preguntó: "¿De dónde me conoces?" Jesús le respondió: "Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera". Respondió Natanael: "Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel". Jesús le contestó: "Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver". Después añadió: "Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre".



Meditacion:

Natanael fue apóstol un poco por casualidad. Pasaba por allí y se encontró con su amigo Felipe. Claro que también tenemos que suponer que andaba buscando algo en su vida. Por eso, Felipe le habló de Jesús. Si Natanael hubiese estado solo preocupado por la cosecha o por la enfermedad o por el desperfecto en el tejado de su casa, casi seguro que Felipe no le habría hablado de Jesús. Pero Felipe debía saber de las inquietudes de Natanael y por eso le habló de Jesús.

Natanael es un buen ejemplo de lo que tantas veces somos nosotros. Tenemos inquietudes pero también tenemos prejuicios. Las inquietudes pueden abrirnos a otras realidad. Podríamos decir que nos excitan la curiosidad, que nos abren o, al menos, señalan puertas a lo nuevo, a lo desconocido, allá donde quizá podemos encontrar respuesta a nuestras inquietudes.

Pero también están los prejuicios. Estos se encargan exactamente de lo contrario. ¿Para que intentar nuevos caminos, para que atravesar umbrales a lo desconocido si ya sabemos lo que nos vamos a encontrar ahí detrás? Es esa pregunta de Natanael a Felipe: ¿Puede salir algo bueno de Nazaret? Parece que Natanael ya lo tenía controlado todo. Sabía lo que buscaba y, al mismo tiempo, tampoco quería buscar mucho porque ya sabía…

Menos mal que le pudo la curiosidad más que el prejuicio inútil. Y se animó a seguir a Felipe y a conocer a Jesús. Descubrió que sí, que de Nazaret, podía salir algo bueno. Bueno y sorprendente. Aquella puerta que abrió, aquel umbral que atravesó le cambió la vida. Si se hubiese quedado en el prejuicio, en el “ya me sé lo que hay ahí”, habría seguido siendo también hijo de Dios, pero se habría perdido el encuentro directo con el que es la gracia, el testigo del amor de Dios por cada uno de nosotros. Se habría perdido la oportunidad de su vida.

Thursday, August 22, 2024

Santa Maria, Reina


 Evangelio

Mt 22, 1-14

En aquel tiempo, volvió Jesús a hablar en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo, diciendo:

"El Reino de los cielos es semejante a un rey que preparó un banquete de bodas para su hijo. Mandó a sus criados que llamaran a los invitados, pero éstos no quisieron ir.

Envió de nuevo a otros criados que les dijeran: 'Tengo preparado el banquete; he hecho matar mis terneras y los otros animales gordos; todo está listo. Vengan a la boda'. Pero los invitados no hicieron caso. Uno se fue a su campo, otro a su negocio y los demás se les echaron encima a los criados, los insultaron y los mataron.

Entonces el rey se llenó de cólera y mandó sus tropas, que dieron muerte a aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad.

Luego les dijo a sus criados: 'La boda está preparada; pero los que habían sido invitados no fueron dignos. Salgan, pues, a los cruces de los caminos y conviden al banquete de bodas a todos los que encuentren'. Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos, y la sala del banquete se llenó de convidados.

Cuando el rey entró a saludar a los convidados, vio entre ellos a un hombre que no iba vestido con traje de fiesta y le preguntó: 'Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin traje de fiesta?' Aquel hombre se quedó callado. Entonces el rey dijo a los criados: 'Átenlo de pies y manos y arrójenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación'. Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos".



Meditacion:

Hoy celebramos la fiesta de Santa María Reina. Es una forma de hablar. En el Reino de los cielos, en el Reino de Dios, no hay reyes ni reinas, ni cortesanos ni aristócratas. En el Reino de Dios hay una gran mesa donde todos nos sentamos y compartimos al mismo nivel. En el Reino de Dios todos somos hermanos y hermanas. Todos hijos e hijas del mismo Padre. Lo del “Reino” no es más que una forma de hablar pero no significa que los cristianos creamos en un Dios, rey y príncipe, un Dios que juzga y gobierna con cetro de hierro, que impone normas y leyes y castiga a los que desobedecen. Más bien, los cristianos creemos en un Dios que es Padre, Abbá, cercano y amante de sus hijos e hijas, un Dios que pone el cariño por encima de cualquier otra consideración. Creemos en un Dios que cuida de cada uno de nosotros. Eso forma parte integral, fundamental, irrenunciable de nuestra fe.

Entonces, ¿cómo podemos hablar de María “Reina”? Así de entrada es como si en la corte celestial, María, la madre de Jesús, fuese la reina consorte, la segunda por protocolo en todos los actos de esa corte. Pero no hay nada de eso.

No tenemos más que ir al Evangelio de hoy, la Anunciación, y escuchar las palabras de María, cuando responde al ángel al final: “”Aquí está la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra.” Escuchamos esas palabras y comprendemos que María había entendido perfectamente el mensaje del Reino: que no hemos venido para ser servidos sino para servir. El Reino de Dios es otro tipo de Reino diferente, que no se parece en nada a los de esta tierra –quizá hasta se podría pensar en quitar esa palabra ya que a veces nos hace pensar en señores absolutos, señores de horca y cuchillo, señores que vivían a costa de sus súbditos que nunca eran hijos sino siervos y esclavos.

María se sitúa en el Reino de Dios como la que se hace la servidora de todos. Entiende que esa es la única forma de construir fraternidad, de construir y unir la familia de los hijos e hijas de Dios. Desde el servicio, desde la sencillez, desde la humildad.


Wednesday, August 21, 2024

Jornaleros


 Evangelio

Mt 20, 1-16

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a un propietario que, al amanecer, salió a contratar trabajadores para su viña. Después de quedar con ellos en pagarles un denario por día, los mandó a su viña. Salió otra vez a media mañana, vio a unos que estaban ociosos en la plaza y les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo.

Por último, salió también al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: '¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar?' Ellos le respondieron: 'Porque nadie nos ha contratado'. El les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

Al atardecer, el dueño de la viña le dijo a su administrador: 'Llama a los trabajadores y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta que llegues a los primeros'. Se acercaron, pues, los que habían llegado al caer la tarde y recibieron un denario cada uno.

Cuando les llegó su turno a los primeros, creyeron que recibirían más; pero también ellos recibieron un denario cada uno. Al recibirlo, comenzaron a reclamarle al propietario, diciéndole: 'Esos que llegaron al último sólo trabajaron una hora, y sin embargo, les pagas lo mismo que a nosotros, que soportamos el peso del día y del calor'.

Pero él respondió a uno de ellos: 'Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?'



Meditacion:

En la parábola de hoy, se alude precisamente a esa envidia cuando uno de los jornaleros de primera hora, de los que habían trabajado todo el día bajo el sol se queja de que uno de los últimos que han llegado reciba el mismo salario que ellos, los de la primera hora, los que han estado bregando sin parar. ¡No hay derecho! Nos sale del corazón un grito que dice: “Nosotros deberíamos cobrar más que ellos que no han hecho nada más que una horita el final del día.”

Pero hay que ir al texto de la parábola y al Evangelio mismo. En realidad no hay más que un salario. No se mide en dinero. El salario es la posibilidad, la oportunidad, el don, la gracia, la suerte, la buena estrella, la fortuna incomparable, de haber participado y de poder seguir participando en el Reino de Dios. No hay salario mayor que ese. No hay otro premio ni mayor ni menor. Seguir a Jesús es participar en la Vida y abrirnos al amor, la justicia y la fraternidad. ¡Qué gozada participar en el Reino! ¡Qué gozada ser como Dios y poder perdonar como él, ser misericordioso como él, reconciliar como él, ser portadores del amor de Dios para todos los que nos rodean! Eso es vivir y lo demás es cuento y pérdida de tiempo.

Algunos jornaleros de la parábola no lo entendieron así. ¡Qué pena! Lo siento por ellos. Estoy seguro de que a poco que conozcamos a Jesús y le hayamos dejado entrar en nuestro corazón, apreciaremos el don del Reino. Y daremos gracias por ese don inmenso e inmerecido.

Monday, August 19, 2024

Los ultimos


 Evangelio

Mt 19, 23-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo les aseguro que un rico difícilmente entrará en el Reino de los cielos. Se lo repito: es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de los cielos".

Al oír esto, los discípulos se quedaron asombrados y exclamaron: "Entonces ¿quién podrá salvarse?" Pero Jesús, mirándolos fijamente, les respondió: "Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible".

Entonces Pedro, tomando la palabra, le dijo a Jesús: "Señor, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido, ¿qué nos va a tocar?" Jesús les dijo: "Yo les aseguro que en la vida nueva, cuando el Hijo del hombre se siente en su trono de gloria, ustedes, los que me han seguido, se sentarán también en doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.

Y todo aquel que por mí haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o esposa o hijos, o propiedades, recibirá cien veces más y heredará la vida eterna. Y muchos primeros serán últimos y muchos últimos, primeros''.



Meditacion:

El texto evangélico de hoy sigue al de ayer. Los discípulos se han quedado sorprendidos al ver que Jesús pedía al joven rico que lo dejase todo, todo. Y que lo entregase a los pobres antes de seguirle. Además, Jesús pone la comparación del camello y el ojo de la aguja y los discípulos se quedan espantados. Conclusión para algunos: las riquezas son del demonio y los ricos son mala gente. No se va a salvar ni uno.

Sinceramente no creo que ésta sea la conclusión adecuada. Más bien lo que nos dice Jesús es que hay que tener claras las prioridades. El que ponga el dinero y las riquezas por delante de Jesús y del Reino, ese va a tener difícil y complicado lo de la salvación porque se equivoca al poner el valor central de su vida en las riquezas y no en el Reino.

El Reino es el centro de todo en Jesús. Y todo el que quiera seguirle ha de poner todo lo que es y lo que tiene al servicio del Reino, que no es otra cosa que la justicia y la fraternidad de los hijos e hijas de Dios. ¿Eres inteligente? Pon tu inteligencia al servicio de tus hermanos. ¿Tienes riquezas? Pon esas riquezas al servicio de tus hermanos. Y así podíamos seguir con todas las cualidades, con todas nuestras fuerzas, con todo lo que poseemos. Como dijo un teólogo de la liberación hace ya muchos años: hay que pasarse a los pobres con armas y bagaje. Quería decir que no se trata de renunciar a lo que somos y tenemos sino de ponerlo todo al servicio de los más pobres.

Ahí es donde vamos a encontrar la salvación. Ahí es donde vamos a encontrar la vida, la Vida con mayúsculas, la que vale la pena vivir porque no termina, porque es para siempre.

Aferrarnos al dinero o a otras cosas como si ahí estuviese la salvación es un grave error. A corto plazo nos puede hacer sentir seguros, pero al final no vale para nada. La vida no está en el dinero ni en las grandes casas ni en los cochazos ni en las cuentas corrientes con muchos ceros. La vida se encuentra en el abrazo fraterno del hermano, en el amor que es siempre gratuito. Esa es la vida que merece la pena vivir. Esa es la vida del Reino.

Vende todo lo que tienes

Evangelio

Mt 19, 16-22

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un joven y le preguntó: “Maestro, ¿qué cosas buenas tengo que hacer para conseguir la vida eterna?” Le respondió Jesús: “¿Por qué me preguntas a mí acerca de lo bueno? Uno solo es el bueno: Dios. Pero, si quieres entrar en la vida, cumple los mandamientos”. El replicó: “¿Cuáles?”

Jesús le dijo: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, ama a tu prójimo como a ti mismo.

Le dijo entonces el joven: “Todo eso lo he cumplido desde mi niñez, ¿qué más me falta?” Jesús le dijo: “Si quieres ser perfecto, ve a vender todo lo que tienes, dales el dinero a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme”. Al oír estas palabras, el joven se fue entristecido, porque era muy rico.



Meditacion:

Jesús le hace a este hombre del evangelio de hoy un cambio de planteamiento total. El hombre preguntaba por una cosa y Jesús le respondió con otra. Hoy diríamos que Jesús le sacó de su zona de confort. En un español un poco más clásico o castizo, diríamos que Jesús le sacó de sus casillas, cosa que es bastante molesta. Pero debemos reconocer que es lo que suele hacer Jesús con nosotros. Y que es lo que nos conviene la mayor parte de las veces.

Digo esto porque el hombre se acerca a Jesús preocupado con su salvación. Anteojeras grandes y vista a corta distancia. Su “yo” es lo primero. El hombre se plantea si se va a salvar y qué tiene que hacer para salvarse. En principio, el resto del mundo –naturaleza y personas cercanas y lejanas incluidas– da la impresión de que no le preocupa lo más mínimo. El hombre está centradito en sí mismo y en su salvación: “¿qué he de hacer de bueno para obtener la vida eterna.”

A la primera, Jesús le deja donde está. Si quieres la vida, basta con que guardes los mandamientos. No hace falta más. Pero el hombre busca, como tantas veces buscamos nosotros, seguridades. Quiere estar seguro de salvarse. Quiere tener una especie de póliza o certificado que garantice que está en el buen camino. Así que sigue preguntando. Ya cumple los mandamientos pero quiere ese punto más de seguridad. Como el que tiene un seguro médico pero contrata otro más caro y con mejores médicos, solo para sentirse más seguro.

Ahí es donde Jesús le responde sacándole de sus casillas. Le viene a decir que deje de pensar en sí mismo y en su salvación, que levante la vista hasta el horizonte, que se fije en sus hermanos, que lo deje todo –todo lo que le parecía que le hacía sentirse seguro– y que le siga. Seguir a Jesús supone entrar en la inseguridad total. Se trata de caminar sin rumbo fijo tendiendo la mano a los necesitados de todo tipo. Se trata de pensar antes en los demás y sus necesidades que en uno mismo. Supone vivir en la inseguridad. Supone aceptar que todo puede terminar mal, como de hecho terminó, y que sólo se puede confiar ciegamente en el Padre-Abbá.

 

Saturday, August 17, 2024

Niños


 Evangelio

Mt 19, 13-15

En aquel tiempo, le presentaron unos niños a Jesús para que les impusiera las manos y orase por ellos. Los discípulos regañaron a la gente; pero Jesús les dijo: "Dejen a los niños y no les impidan que se acerquen a mí, porque de los que son como ellos es el Reino de los cielos". Después les impuso las manos y continuó su camino.


Meditacion:

La escena de Jesús rodeado de niños que nos relatan los evangelios, leída ahora, resulta simpática y familiar; nos presenta a un adulto reaccionando ante ellos como uno de esos seres humanos “medianamente sanos”. Bien sabemos que Jesucristo es bastant más: es el más perfecto hijo del hombre. Los padres le presentan a sus hijos intuyendo que en Él hay bendición y salud. Y los discípulos se equivocan. Creen que los socialmente irrelevantes como lo eran los menores en aquel tiempo y lugar, representan un estorbo y el Maestro no debe perder el tiempo con ellos.

Ya hemos visto recientemente, en otro pasaje del relato de Mateo, que Jesús los amonesta y les explica que los ángeles de esos niños están viendo la gloria de Dios. Un pequeño de esos adquiere una dignidad impensable, es propietario del reino de los cielos. Es más, hay que hacerse como uno de ellos para entrar en el reino. Hacerse niño consiste en asombrarse ante la maravilla de la vida y confiar en los brazos amorosos de quien nos sostiene y cuida.

Estiman algunos escrituristas que todos los Salmos se refieren a Jesús. Él, que conocía perfectamente la Escritura, los recitaría con frecuencia. Este relato evangélico de la liturgia de hoy me lleva al Salmo 130: Señor, mi corazón no es ambicioso, / ni mis ojos altaneros; / no pretendo grandezas / que superan mi capacidad. Sino que acallo y modero mis deseos, / como un niño en brazos de su madre; / como un niño saciado / así está mi alma dentro de mí. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.

Friday, August 16, 2024

Matrimonio


 Evangelio

Mt 19, 3-12

En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerle una trampa: "¿Le está permitido al hombre divorciarse de su esposa por cualquier motivo?"

Jesús les respondió: "¿No han leído que el Creador, desde un principio los hizo hombre y mujer, y dijo: 'Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, para unirse a su mujer, y serán los dos una sola cosa?' De modo que ya no son dos, sino una sola cosa. Así pues, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre".

Pero ellos replicaron: "Entonces ¿por qué ordenó Moisés que el esposo le diera a la mujer un acta de separación, cuando se divorcia de ella?"

Jesús les contestó: "Por la dureza de su corazón, Moisés les permitió divorciarse de sus esposas; pero al principio no fue así. Y yo les declaro que quienquiera que se divorcie de su esposa, salvo el caso de que vivan en unión ilegítima, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la divorciada, también comete adulterio".

Entonces le dijeron sus discípulos: "Si ésa es la situación del hombre con respecto a su mujer, no conviene casarse". Pero Jesús les dijo: "No todos comprenden esta enseñanza, sino sólo aquellos a quienes se les ha concedido. Pues hay hombres que, desde su nacimiento, son incapaces para el matrimonio; otros han sido mutilados por los hombres, y hay otros que han renunciado al matrimonio por el Reino de los cielos. Que lo comprenda aquel que pueda comprenderlo".



Meditacion:

El Evangelio de hoy no explica si hubo comentario de los que hicieron la pregunta, pero si de los discípulos que se asustan de un dictamen tan exigente y estiman que mejor sería no casarse. Participaban de las costumbres y la cultura ambiental, claramente más ventajosas para el varón. Jesucristo viene a afirmar la igualdad esencial entre hombre y mujer. Y también a anunciar un camino, el matrimonio es una llamada de Dios pero no la única porque hay llamados a “ser eunucos por el reino de los cielos”. No todos estamos hechos para el matrimonio. Cada uno debe elegir según el don recibido. Cada elección implica renuncias y sacrificios pero también su propia belleza y alegría.

Este ideal no siempre ha sido alcanzado en plenitud por los cristianos. La condición humana, pecadora, está expuesta a la tentación y a la caida. Sin embargo en la sociedad dominaba la conciencia de lo que es virtuoso y digno.

Esa conciencia casi ha desaparecido en nuestra sociedad occidental desarrollada. Parece que lo digno de aplauso y admiración es la “liberación sexual” del siglo XX. Y entre muchos de los que nos creemos seguidores de Jesucristo lo que predomina no es una afirmación firme y atrevida de su Palabra sino más bien un silencio cobarde o una aceptación resignada porque “las cosas han cambiado”… Y hay que mimetizarse con el paisaje.

Al menos en nuestro camino de casados o célibes por el reino, que brille el esplendor de la vocación recibida y pidamos al Espíritu Santo que nos ilumine para elegir según el corazón de Cristo.

Thursday, August 15, 2024

Asuncion de la Virgen


 Evangelio

Lc 1, 39-56

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno.

Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor”.

Entonces dijo María:

“Mi alma glorifica al Señor

y mi espíritu se llena de júbilo en Dios, mi salvador,

porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,

porque ha hecho en mí grandes cosas el que todo lo puede.

Santo es su nombre

y su misericordia llega de generación en generación

a los que lo temen.

Ha hecho sentir el poder de su brazo:

dispersó a los de corazón altanero,

destronó a los potentados

y exaltó a los humildes.

A los hambrientos los colmó de bienes

y a los ricos los despidió sin nada.

Acordándose de su misericordia,

vino en ayuda de Israel, su siervo,

como lo había prometido a nuestros padres,

a Abraham y a su descendencia

para siempre’’.

María permaneció con Isabel unos tres meses, y luego regresó a su casa.



Meditacion:

El Evangelio de Lucas nos presenta el bellísimo cántico del Magníficat. Repetirlo una vez más pidiendo la gracia de comprenderlo es un asentimiento a los misteriosos caminos de Dios que ensalza a los humildes, rebaja a los poderosos y alienta nuestra fe. Es un quitamiedos eficaz cuando observamos el avance del mal en todas sus manifestaciones y nos asusta y desafía nuestra esperanza. Confiemos en Dios. La Iglesia, aunque tal vez retirada al desierto, sigue celebrando esta hermosa fiesta, especialmente en España que festeja a María como patrona en tantas poblaciones. Que la alegría del Señor sea nuestra fuerza.

Tuesday, August 13, 2024

Convivencia y pecado


 Evangelio

Mt 18, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si tu hermano comete un pecado, ve y amonéstalo a solas. Si te escucha, habrás salvado a tu hermano. Si no te hace caso, hazte acompañar de una o dos personas, para que todo lo que se diga conste por boca de dos o tres testigos. Pero si ni así te hace caso, díselo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como de un pagano o de un publicano.

Yo les aseguro que todo lo que aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

Yo les aseguro también que si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, sea lo que fuere, mi Padre celestial se lo concederá; pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos''.



Meditacion:

Es difícil la convivencia, incluso con los más cercanos como familia o con quienes comparten la misma vocación. A veces un malentendido, una peculiaridad de carácter, algo que desaprobamos en el otro, dan lugar a barreras y propician silencios que acaban en resentimiento y distancia. Cuanto más tiempo dejamos pasar antes de explicarnos o pedir que nos expliquen, más difícil es romper el muro. Y las cosas se enquistan y la situación nos hace daño.

Hay que hablar. Se dice que el amor es ingenioso, Jesús nos enseña un camino de amor, antes de la reconciliación. Pidamos la gracia y el ingenio para afrontar los conflictos con valentía y humildad. Pidamos saber decir las cosas con amor auténtico, que es asunto bien difícil. Hablemos cara a cara con aquel que actua mal o de quien tenemos queja.

Lejos de buscar la confrontación, la propuesta del Maestro pretende sanar y restaurar relaciones, poniendo siempre en primer lugar el amor y la dignidad de la otra persona. Si nuestras palabras no encuentran eco, Jesús nos invita a involucrar a uno o dos testigos. Este acto no es para condenar, sino para buscar una solución justa y equitativa, reforzando la importancia del apoyo mutuo y la objetividad en nuestras acciones. La intervención de la comunidad entera es el siguiente paso, subrayando que la iglesia es una familia donde cada miembro tiene un papel vital en la reconciliación y la paz. Incluso cuando alguien persiste en su error, Jesús no nos llama a la

condena definitiva sino a tratar a esa persona con la esperanza de una futura restauración.

La promesa de Jesús de estar presente cuando dos o tres se reúnen en su nombre nos llena de consuelo y esperanza. No estamos solos en nuestros esfuerzos por vivir en armonía y resolver nuestras diferencias; su presencia nos guía y fortalece. Jesús nos pide vivir en amor, buscando siempre la reconciliación y la unidad, sabiendo que en cada esfuerzo por restaurar la paz, Él está con nosotros, respaldando y bendiciendo nuestras acciones.

Grano de trigo


 Evangelio

Mt 18, 1-5. 10. 12-14

En cierta ocasión, los discípulos se acercaron a Jesús y le preguntaron: “¿Quién es el más grande en el Reino de los cielos?”

Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y les dijo: “Yo les aseguro a ustedes que si no cambian y no se hacen como los niños, no entrarán en el Reino de los cielos. Así pues, quien se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el Reino de los cielos. Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí.

Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, pues yo les digo que sus ángeles, en el cielo, ven continuamente el rostro de mi Padre, que está en el cielo.

¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella, que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños’’.



Meditacion:

El Leccionario propone para la lectura del Evangelio dos pasajes de Mateo (Mat, 18, 1-5 10. 12-14) que, a mi parecer, es difícil poner en relación. En el primero Jesús declara que no podemos entrar en el reino de los cielos si no nos hacemos como niños. Luego pasa al versículo diez. En el corte desaparece la terrible amenaza acerca de los que escandalizan a un pequeño: “más le valiera que le pusieran al cuello una rueda de molino y lo echaran al mar”. Si se lee sin cortes el capítulo 18 se entiende todo mejor.

Vivimos en una sociedad que proclama hasta el hartazgo los derechos de los niños en declaraciones, acuerdos, leyes de protección e instrumentos legales… Y parece que no reaccionamos cuando vemos que, en realidad, esta infancia superprotegida y mimada y otras infancias desvalidas e indefensas son atropelladas en su inocencia, y en los casos más dolorosos, abusadas y pervertidas. Por supuesto la primera responsabilidad de proteger y cuidar es de los padres. Pero es obligación de todos. Es una obligación moral inscrita en la misma condición humana, es un instinto social que lleva a los individuos adultos a alimentar y cuidar a sus crías.

Jesucristo nos invita a asemejarnos a los niños. En distintos escritos, Chesterton subraya dos características infantiles que deberíamos recuperar para hacernos como niños: el asombro y la confianza. Los niños pequeños se asombran delante de cualquier realidad, por el mero hecho de que “sea” y se sorprenden delante de cada una de las modalidades del “ser” o de las leyes naturales de nuestro mundo: una persona, un niño, una niña, una abuela, un señor que pasa en la calle, un bebe, una flor, un insecto, una piedra, la luna, una sombra, la gravedad, la luz, un sueño… Además un bebé es confiado: no tiene otra opción que depender de sus padres o de los adultos y crece en esa confianza básica, esperando que papá, mamá o cualquier mayor solucione los problemas y lo arregle todo.

Hacernos como niños significa mantener el asombro y la admiración por lo que existe… reconociendo al Creador de todo. Siguiendo a Chesterton: “Los sabios más profundos no han alcanzado nunca la gravedad que habita en los ojos de un bebé de tres meses. Es la gravedad de su asombro ante el Universo”. Significa también caer en la cuenta de que nada podemos sino confiar en Dios que nos ha traído a la vida. En todo dependemos de Él.

Confiar sin límites en fin, en el Buen Pastor que no quiere que se pierda ninguna de sus ovejas.

Saturday, August 10, 2024

Grano de trigo

 Evangelio

Jn 12, 24-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.

El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’’.


Meditación:

Jesús ha llevado al mundo una esperanza nueva y lo ha hecho como la semilla: se ha hecho pequeño, como un grano de trigo; ha dejado su gloria celeste para venir entre nosotros: ha “caído en la tierra”. Pero todavía no era suficiente. Para dar fruto Jesús ha vivido el amor hasta el fondo, dejándose romper por la muerte como una semilla se deja romper bajo tierra. Precisamente allí, en el punto extremo de su abajamiento —que es también el punto más alto del amor— ha germinado la esperanza. Si alguno de vosotros pregunta: “¿Cómo nace la esperanza?”. “De la cruz. Mira la cruz, mira al Cristo Crucificado y de allí te llegará la esperanza que ya no desaparece, esa que dura hasta la vida eterna”. Y esta esperanza ha germinado precisamente por la fuerza del amor: porque es el amor que «todo lo espera. Todo lo soporta» (1 Corintios 13, 7), el amor que es la vida de Dios ha renovado todo lo que ha alcanzado. Así, en Pascua, Jesús ha transformado, tomándolo sobre sí, nuestro pecado en perdón. Pero escuchad bien cómo es la transformación que hace la Pascua: Jesús ha transformado nuestro pecado en perdón, nuestra muerte en resurrección, nuestro miedo en confianza. Es por esto porque allí, en la cruz, ha nacido y renace siempre nuestra esperanza; es por esto que con Jesús cada oscuridad nuestra puede ser transformada en luz, toda derrota en victoria, toda desilusión en esperanza. Toda: sí, toda. La esperanza supera todo, porque nace del amor de Jesús que se ha hecho como el grano de trigo en la tierra y ha muerto para dar vida y de esa vida plena de amor viene la esperanza. Cuando elegimos la esperanza de Jesús, poco a poco descubrimos que la forma de vivir vencedora es la de la semilla, la del amor humilde.

Thursday, August 8, 2024

Quien dice la gente que soy?

 Evangelio

Mt 16, 13-23

En aquel tiempo, cuando llegó Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?" Ellos le respondieron: "Unos dicen que eres Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o alguno de los profetas".

Luego les preguntó: "Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?" Simón Pedro tomó la palabra y le dijo: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo".

Jesús le dijo entonces: "¡Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los cielos! Y yo te digo a ti que tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Los poderes del infierno no prevalecerán sobre ella. Yo te daré las llaves del Reino de los cielos; todo lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo". Y les ordenó a sus discípulos que no dijeran a nadie que él era el Mesías.

A partir de entonces, comenzó Jesús a anunciar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén para padecer allí mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que tenía que ser condenado a muerte y resucitar al tercer día.

Pedro se lo llevó aparte y trató de disuadirlo, diciéndole: "No lo permita Dios, Señor. Eso no te puede suceder a ti". Pero Jesús se volvió a Pedro y le dijo: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!"


Meditación:

Quién soy yo para vosotros, ahora? Jesús no quiere ser un protagonista de la historia, sino que quiere ser protagonista de tu presente, de mi presente; no un profeta lejano: Jesús quiere ser el Dios cercano. Cristo, hermanos y hermanas, no es un recuerdo del pasado, sino el Dios del presente. Si fuera solo un personaje histórico, imitarlo hoy sería imposible: nos encontraríamos frente al gran foso del tiempo y, sobre todo, ante su modelo, que es como una montaña altísima e inalcanzable; deseosos de escalarla, pero sin las capacidades ni los medios necesarios. En cambio, Jesús está vivo: recordemos esto, Jesús está vivo, Jesús vive en la Iglesia, vive en el mundo, Jesús nos acompaña, Jesús está a nuestro lado, nos ofrece su Palabra, nos ofrece su gracia, que iluminan y reconfortan en el camino: Él, guía experto y sabio, está feliz de acompañarnos en los senderos más difíciles y en las ascensiones más impracticables. (…) En el camino de la vida no estamos solos, porque Cristo está con nosotros, Cristo nos ayuda a caminar, como hizo con Pedro y con los demás discípulos. Precisamente Pedro, en el Evangelio de hoy, lo comprende y por gracia reconoce en Jesús «el Hijo del Dios vivo» (v. 16): “Tú eres el Cristo, Tú eres el Hijo de Dios vivo”, dice Pedro; no es un personaje del pasado, sino el Cristo, es decir, el Mesías, el esperado; no es un héroe difunto, sino el Hijo de Dios vivo, hecho hombre y venido para compartir las alegrías y las fatigas de nuestro camino

Tuesday, August 6, 2024

Transfiguracion

 Evangelio

Mc 9, 2-10

En aquel tiempo, Jesús tomó aparte a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos a un monte alto y se transfiguró en su presencia. Sus vestiduras se pusieron esplendorosamente blancas, con una blancura que nadie puede lograr sobre la tierra. Después se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Maestro, ¡qué a gusto estamos aquí! Hagamos tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban asustados.

Se formó entonces una nube, que los cubrió con su sombra, y de esta nube salió una voz que decía: “Éste es mi Hijo amado; escúchenlo”.

En ese momento miraron alrededor y no vieron a nadie sino a Jesús, que estaba solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó que no contaran a nadie lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de en¬tre los muertos. Ellos guardaron esto en secreto, pero discutían en¬tre sí qué querría decir eso de “resucitar de entre los muertos”.



Meditación:

Las fotos, y ahora más y más los videos, pretenden atrapar y detener momentos felices y, como se dice ahora, “mágicos”. Los discípulos también dijeron: ¡Qué bien se está aquí! Aposentémonos, hagamos tres tiendas.  ¡Qué pena que los discípulos no tuvieran una cámara de video o fotos… o simplemente un teléfono móvil con el que enviarnos a todos, simultánea e inmediatamente el momento de la Transfiguración, con la túnica resplandeciente y la gloria! Los seguidores de Jesús se querían quedar ahí, en ese momento maravilloso. Y nadie los podría culpar, claro. Queremos atrapar el momento efímero, por el intenso placer que nos produce. Pero, quizá en el esfuerzo por detener un momento se nos escape la belleza más permanente. Hacer tres tiendas y quedarse en el momento sería cerrarse a la posibilidad de la gloria mayor y más real. En el momento de la Transfiguración, la “gloria” manifestada en las vestiduras resplandecientes y la luz en realidad se refiere a la verdad mayor: este es mi Hijo amado. Y para nosotros ese momento en que se nos permite contemplar la gloria, se nos permite también escuchar la verdad. Al compartir la luz, compartimos también esa palabra, que es mucho más consoladora, permanente y transformadora: somos hijos amados. Esa afirmación no es de un momento, porque constituye nuestra identidad.


Pero la Transfiguración, ese momento de maravillosa luz y gloria que apunta a la gloria mayor, es un paso y una prenda antes de entrar en la Pasión. El Hijo amado, que dará la vida para dar vida a todos los hijos amados, entrará en el sufrimiento y la muerte. Y luego pasará a la luz inamovible y enorme de la gloria de la Resurrección. Los discípulos, se nos había dicho, no son más grandes que el Maestro. Aferrarse a un momento de luz podría impedirnos la mayor gloria inmensa y eterna…. Pasando, claro, por el sufrimiento y la muerte de cada día. Ahora bien, contar con la “fotografía”, el recuerdo de ese momento, intenso y gozoso, concede una esperanza que ya no es contra toda esperanza, porque existe la certeza. Somos hijos amados en el Hijo amado. Esa gloria nadie nos la podría quitar. No hace falta quedarse en un lugar, o en un momento. Hay que seguir caminando en la ciertísima esperanza de la gloria que ya conocemos y que alcanzamos. Pero hay que guardar, en cualquier lugar de nuestra cartera o álbum, la foto del momento en que recibimos esa gloria.

Monday, August 5, 2024

Multiplicacion

 Evangelio

Mt 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.

Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denles ustedes de comer”. Ellos le contestaron: “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. El les dijo: “Tráiganmelos”.

Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomó los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.



Meditación:

Jesús podía pedir un salto triple mortal a sus seguidores con la misma naturalidad con que les pide hoy que den de comer a una multitud ingente con únicamente cinco panes y dos peces. Ellos avisan de que no tienen dinero, no pueden ir a comprar, no tienen con qué dar de comer. Es decir, lo imposible de lo imposible de lo más imposible. Más difícil todavía. Echad las redes al otro lado, ven a mi caminando por el agua, Talitha Kum, Lázaro, sal fuera… Todo de lo más natural, vaya. No deja de extrañar, pero los discípulos ya deberían estar acostumbrados a este tipo de pronunciamientos.  Porque, según lo dice Jesús, así ocurre.

Y Jesús no admite excusas. No las admite, porque él sabe que sí es posible. Ordena que se sienten. Para Dios nada hay imposible. Eso sí, requiere el asentimiento, la cooperación y la entrega de sus seguidores, con una fe casi ciega. Como en la historia de la viuda en el pasaje de Eliseo, que apenas tenía un poco de harina y un poco de aceite… Pero ella y su hijo vivieron todo el año… Él sabe que es posible. Lo sabe, porque sabe de dónde viene todo… lo poco y lo mucho. Y todo eso es gracia. Solo toca no aferrarse a lo poco que se tiene, porque ni eso es nuestro. Entregar todo, en la seguridad de que se multiplica…. ¡y hasta sobra! Dadle vosotros de comer es una invitación a unirse de tal manera a la Eucaristía, que toda acción es una entrega de Cristo. Para dar el pan, bendice, parte y reparte. Como bendice, parte y reparte el pan de la Última Cena.

“Somos lo que comemos”, se dice. Y una cita atribuida a san Agustín afirma esta verdad de una manera mucho más profunda y estremecedora. Al dar la Comunión, se decía: “He aquí lo que eres. Conviértete en lo que recibes”. Es decir que, después de todo, no se pide nada extraordinario. Recibe esto, el Cuerpo de Cristo, la gracia de Cristo, el alimento de Cristo. Conviértete en ello para “darles de comer”. Jesús bendice, parte y reparte lo que se le acaba de entregar, que es el pobre y escaso pan que tenemos y somos, para darlo al mundo en abundancia. Multiplica esa pequeña acción, en lo eterno de Cuerpo. ¡Y sobra!

Friday, August 2, 2024

Falta de fe

 Evangelio

Mt 13, 54-58

En aquel tiempo, Jesús llegó a su tierra y se puso a enseñar a la gente en la sinagoga, de tal forma, que todos estaban asombrados y se preguntaban: "¿De dónde ha sacado éste esa sabiduría y esos poderes milagrosos? ¿Acaso no es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama María su madre y no son sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? ¿Qué no viven entre nosotros todas sus hermanas? ¿De dónde, pues, ha sacado todas estas cosas?" Y se negaban a creer en él.

Entonces, Jesús les dijo: "Un profeta no es despreciado más que en su patria y en su casa". Y no hizo muchos milagros allí por la incredulidad de ellos


Meditación:

Detengámonos en la actitud de los paisanos de Jesús. Podemos decir que ellos conocen a Jesús, pero no lo reconocen. (…) En realidad, no se han dado nunca cuenta de quién es realmente Jesús. Se detienen en la exterioridad y rechazan la novedad de Jesús. Y aquí entramos precisamente en el núcleo del problema: cuando hacemos que prevalezca la comodidad de la costumbre y la dictadura de los prejuicios, es difícil abrirse a la novedad y dejarse sorprender. (…) Pero sin apertura a la novedad y sobre todo —escuchad bien— apertura a las sorpresas de Dios, sin asombro, la fe se convierte en una letanía cansada que lentamente se apaga y se convierte en una costumbre, una costumbre social. He dicho una palabra: el asombro. ¿Qué es el asombro? El asombro es precisamente cuando sucede el encuentro con Dios: “He encontrado al Señor”. Leemos en el Evangelio: muchas veces, la gente que encuentra a Jesús y lo reconoce, siente el asombro. Y nosotros, con el encuentro con Dios, tenemos que ir en este camino: sentir el asombro. Es como el certificado de garantía que ese encuentro es verdad, no es costumbre

Thursday, August 1, 2024

El Reino de los Cielos

 Evangelio

Mt 13, 47-53

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “El Reino de los cielos se parece también a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. Cuando se llena la red, los pescadores la sacan a la playa y se sientan a escoger los pescados; ponen los buenos en canastos y tiran los malos. Lo mismo sucederá al final de los tiempos: vendrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los arrojarán al horno encendido. Allí será el llanto y la desesperación.

¿Han entendido todo esto?’’ Ellos le contestaron: “Sí”. Entonces él les dijo: “Por eso, todo escriba instruido en las cosas del Reino de los cielos es semejante al padre de familia, que va sacando de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.

Y cuando acabó de decir estas parábolas, Jesús se marchó de allí.


Meditación:

En nuestros días, todos lo sabemos, la vida de algunos puede resultar mediocre y apagada porque probablemente no han ido a la búsqueda de un verdadero tesoro: se han conformado con cosas atractivas pero efímeras, de destellos brillantes pero ilusorios porque después dejan en la oscuridad. Sin embargo la luz del Reino no son fuegos artificiales, es luz: los fuegos artificiales duran solamente un instante, la luz del Reino nos acompaña toda la vida. El Reino de los cielos es lo contrario de las cosas superfluas que ofrece el mundo, es lo contrario de una vida banal: es un tesoro que renueva la vida todos los días y la expande hacia horizontes más amplios. De hecho, quien ha encontrado este tesoro tiene un corazón creativo y buscador, que no repite sino que inventa, trazando y recorriendo caminos nuevos, que nos llevan a amar a Dios, a amar a los otros, a amarnos verdaderamente a nosotros mismos. El signo de aquellos que caminan en este camino del Reino es la creatividad, siempre buscando más. Y la creatividad es la que toma la vida y da la vida, y da, y da, y da… Siempre busca muchas maneras diferentes de dar la vida. Jesús, no puede hacer otra cosa que suscitar la alegría, toda la alegría del mundo: la alegría de descubrir un sentido para la propia vida, la alegría de sentirla comprometida en la aventura de la santidad

Señor, señor!

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