Friday, May 29, 2026

La higuera

Evangelio

Marcos 11, 11-26

Después de haber sido aclamado por la multitud, Jesús entró en Jerusalén, fue al templo y miró todo lo que en él sucedía; pero como ya era tarde, se marchó a Betania con los Doce.

Al día siguiente, cuando salieron de Betania, sintió hambre. Viendo a lo lejos una higuera con hojas, Jesús se acercó a ver si encontraba higos; pero al llegar, sólo encontró hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces le dijo a la higuera: “Que nunca jamás coma nadie frutos de ti”. Y sus discípulos lo estaban oyendo.

Cuando llegaron a Jerusalén, entró en el templo y se puso a arrojar de ahí a los que vendían y compraban; volcó las mesas de los que cambiaban dinero y los puestos de los que vendían palomas; y no dejaba que nadie cruzara por el templo cargando cosas. Luego se puso a enseñar a la gente, diciéndoles: “¿Acaso no está escrito: Mi casa será casa de oración para todos los pueblos? Pero ustedes la han convertido en una cueva de ladrones”.

Los sumos sacerdotes y los escribas se enteraron de esto y buscaban la forma de matarlo; pero le tenían miedo, porque todo el mundo estaba asombrado de sus enseñanzas. Cuando atardeció, Jesús y los suyos salieron de la ciudad.

A la mañana siguiente, cuando pasaban junto a la higuera, vieron que estaba seca hasta la raíz. Pedro cayó en la cuenta y le dijo a Jesús: “Maestro, mira: la higuera que maldijiste se secó”.

Jesús les dijo entonces: “Tengan fe en Dios; les aseguro que si uno le dice a este monte: ‘Quítate de ahí y arrójate al mar’, sin dudar en su corazón y creyendo que va a suceder lo que dice, lo obtendrá. Por eso les digo: Cualquier cosa que pidan en la oración, crean ustedes que ya se la han concedido, y la obtendrán. Y cuando se pongan a orar, perdonen lo que tengan contra otros, para que también el Padre, que está en el cielo, les perdone a ustedes sus ofensas; porque si ustedes no perdonan, tampoco el Padre, que está en el cielo, les perdonará a ustedes sus ofensas”.



Meditacion:

En el gesto profético de la maldición de la higuera Jesús anticipa su crítica (de palabra y obra) al templo, de apariencia espléndida, pero corrompido por intereses espurios, que impiden su verdadero fin, la comunicación con Dios. Esta comunicación fortalece la fe, perdona nuestros pecados, nos da fuerza para perdonar a los demás, convirtiéndonos en agentes de reconciliación e intercesores en la oración por el bien de todo el mundo. Así es como podemos superar nuestros límites, morales, por la acción de la gracia, y temporales, por la participación en la resurrección de Cristo. Así damos testimonio de ese fin que está cerca y que no es otro que la meta de nuestra fe: la salvación de las alma

 

Thursday, May 28, 2026

Ciego

Evangelio

Marcos 10, 46-52

En aquel tiempo, al salir Jesús de Jericó en compañía de sus discípulos y de mucha gente, un ciego, llamado Bartimeo, se hallaba sentado al borde del camino pidiendo limosna. Al oír que el que pasaba era Jesús Nazareno, comenzó a gritar: “¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!” Muchos lo reprendían para que se callara, pero él seguía gritando todavía más fuerte: “¡Hijo de David, ten compasión de mí!”

Jesús se detuvo entonces y dijo: “Llámenlo”. Y llamaron al ciego, diciéndole: “¡Ánimo! Levántate, porque él te llama”. El ciego tiró su manto; de un salto se puso en pie y se acercó a Jesús. Entonces le dijo Jesús: “¿Qué quieres que haga por ti?” El ciego le contestó: “Maestro, que pueda ver”. Jesús le dijo: “Vete; tu fe te ha salvado”. Al momento recobró la vista y comenzó a seguirlo por el camino.



Meditacion:

Qué podemos hacer cuando nos encontramos en una situación que parece sin salida? Bartimeo nos enseña a apelar a los recursos que llevamos dentro y que forman parte de nosotros. Él es un mendigo, sabe pedir, es más, ¡puede gritar! Si realmente deseas algo, haz todo lo posible por conseguirlo, incluso cuando los demás te reprenden, te humillan y te dicen que lo dejes. Si realmente lo deseas, ¡sigue gritando! El grito de Bartimeo, relatado en el Evangelio de Marcos —«¡Hijo de David, Jesús, ten piedad de mí!» (v. 47)— se ha convertido en una oración muy conocida en la tradición oriental, que también nosotros podemos utilizar: «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, que soy pecador». Bartimeo es ciego, ¡pero paradójicamente ve mejor que los demás y reconoce quién es Jesús! Ante su grito, Jesús se detiene y lo llama (cf. v. 49), porque no hay ningún grito que Dios no escuche, incluso cuando no somos conscientes de dirigirnos a Él (…) Lo que salva a Bartimeo, y a cada uno de nosotros, es la fe. Jesús nos cura para que podamos ser libres. Él no invita a Bartimeo a seguirlo, sino le dice que se vaya, que se ponga en camino (cf. v. 52). Marcos, sin embargo, concluye el relato refiriendo que Bartimeo se puso a seguir a Jesús: ¡ha elegido libremente seguir a Aquel que es el Camino!

 

Wednesday, May 27, 2026

Servidores


 Evangelio

Marcus 10, 32-45

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos iban camino de Jerusalén y Jesús se les iba adelantando. Los discípulos estaban sorprendidos y la gente que lo seguía tenía miedo. Él se llevó aparte otra vez a los Doce y se puso a decirles lo que le iba a suceder: "Ya ven que nos estamos dirigiendo a Jerusalén y el Hijo del hombre va a ser entregado a los sumos sacerdotes y a los escribas; van a condenarlo a muerte y a entregarlo a los paganos; se van a burlar de él, van a escupirlo, a azotarlo y a matarlo; pero al tercer día resucitará".

Entonces se acercaron a Jesús Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dijeron: "Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte". Él les dijo: "¿Qué es lo que desean?" Le respondieron: "Concede que nos sentemos uno a tu derecha y otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria". Jesús les replicó: "No saben lo que piden. ¿Podrán pasar la prueba que yo voy a pasar y recibir el bautismo con que seré bautizado?" Le respondieron: "Sí podemos". Y Jesús les dijo: "Ciertamente pasarán la prueba que yo voy a pasar y recibirán el bautismo con que yo seré bautizado; pero eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; eso es para quienes está reservado".

Cuando los otros diez apóstoles oyeron esto, se indignaron contra Santiago y Juan. Jesús reunió entonces a los Doce y les dijo: "Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, así como el Hijo del hombre, que no ha venido a que lo sirvan, sino a servir y a dar su vida por la redención de todos".



Meditacion:

Vemos que esta forma de proceder tienta y anida incluso en aquellos que siguen al que nos ha rescatado de ella: en el grupo de los apóstoles. Al parecer, todos ellos pretendían puestos de privilegio en el Reino que, según se imaginaban, Jesús se disponía a instaurar. Y, acuciados por la rivalidad, los hermanos hijos del Zebedeo decidieron tomar la delantera. Lo inaudito de la situación es que lo hacen cuando Jesús les está hablando del precio que va a pagar para rescatarlos de ese proceder inútil: el precio de la cruz.

Aunque tal vez más arrojados y astutos, los hijos del Zebedeo no eran más ambiciosos que los demás que, haciendo también oídos sordos a las palabras de Jesús, se indignaron contra los hermanos porque veían peligrar el objeto de su propia ambición.

Así fue entonces, así es hoy, así ha sido siempre: somos sordos al mensaje de la cruz, pero estamos muy despiertos para pillar reconocimiento, poder y privilegios. Y hoy como entonces Jesús, Maestro bueno y paciente, nos reprende con suavidad, y aprovecha la ocasión para enseñarnos: lo que pretendemos podremos alcanzarlo, pero por otro camino, el camino por el que él mismo va, hacia Jerusalén, bebiendo su mismo cáliz, que no entendemos, pero que podemos llegar a entender escuchando sus palabras. No es el camino de la ambición y el poder que se impone y aplasta a los demás, sino el del servicio, que se abre y se inclina humildemente ante las necesidades de los demás. Si queremos acabar entendiendo la lógica de la cruz (el precio con el que nos han rescatado) tenemos que aprenderla en el servicio, haciéndonos libremente esclavos de nuestros hermanos

Tuesday, May 26, 2026

Salvacion

Evangelio

Marcus 10, 28-31

En aquel tiempo, Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ya ves que nosotros lo hemos dejado todo para seguirte''.

Jesús le respondió: "Yo les aseguro: Nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o padre o madre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, dejará de recibir, en esta vida, el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres e hijos y tierras, junto con persecuciones, y en el otro mundo, la vida eterna. Y muchos que ahora son los primeros serán los últimos, y muchos que ahora son los últimos, serán los primeros".



Meditacion:

Solemos pensar en la salvación sólo en futuro, como algo que no es para nuestro tiempo. Pero Pedro nos recuerda hoy que lo que indagaron y escrutaron los profetas del Antiguo Testamento es para nuestro tiempo, es un presente que ya está operando en la historia. Es, precisamente, lo que hemos celebrado en el tiempo de Pascua recién acabado, y lo que la liturgia nos ha invitado a experimentar: Jesús ya ha resucitado, nosotros ya vivimos en el primer día de la semana, el tiempo de la nueva creación, estamos, por tanto, en el tiempo no de la pura espera, sino de la realización.

Es verdad que esa realización todavía no se da en nosotros de manera plena, pero ya está actuando entre nosotros: ya ha aparecido la gracia de Dios (Tito 2, 11), Cristo ha resucitado, el amor y la vida han vencido ya al pecado y a la muerte. Y todo esto es para nosotros, al mismo tiempo, una gracia y una responsabilidad: ya no somos ignorantes, ya sabemos, ya hemos sido llamados a la santidad, ya podemos ser santos. Y debemos tratar de conducir una vida santa para que los que todavía no saben que Cristo ha resucitado puedan recibir la noticia.

Esta santidad de una vida resucitada no es, sin embargo, un motivo de orgullo, que nos hace sentirnos superiores a nadie. Porque se trata de una santidad en camino. Hemos acogido la llamada de Cristo y lo hemos seguido, dejándolo todo (cada cual según su propia vocación). Y esta respuesta no queda sin recompensa. Es verdad que sentimos dificultades, unas internas (por nuestros apegos y resistencias, nuestros pecados), y otras externas, como pueden ser el rechazo del entorno y las persecuciones. Pero también experimentamos los signos evidentes de nuestra nueva condición: adquirimos bienes sin medida, especialmente hermanos y hermanas, porque entramos a formar parte de una fraternidad universal: la de los hijos de Dios. Anticipamos así, ya en este mundo, el objeto de nuestra esperanza, la vida eterna, que no es sino la plenitud de la vida. 

 

Monday, May 25, 2026

Madre


 Evangelio

Juan 19, 25-34
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entregó el espíritu.
Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.


Meditacion:
El Señor mismo sabe que necesitamos refugio y protección en medio de tantos peligros. Por esto, en el momento más álgido, en la cruz, dijo al discípulo amado, a todo discípulo: «Ahí tienes a tu Madre» (Jn 19,27). La Madre no es (…) algo opcional, es el testamento de Cristo. Y nosotros tenemos necesidad de ella como un caminante del descanso, como un niño de ser llevado en brazos. Es un gran peligro para la fe vivir sin Madre, sin protección, dejándonos llevar por la vida como las hojas por el viento. El Señor lo sabe y nos recomienda acoger a la Madre. No son buenos modales espirituales, sino es una exigencia de vida. Amarla no es poesía, es saber vivir. Porque sin Madre no podemos ser hijos. Y nosotros, ante todo, somos hijos, hijos amados, que tienen a Dios por Padre y a la Virgen por Madre. El Concilio Vaticano II enseña que María es «signo de esperanza cierta y de consuelo para el Pueblo peregrinante de Dios» (Const. Lumen Gentium, VIII, V). Es signo, es el signo que Dios nos ha dado. Si no lo seguimos, nos salimos del camino, porque hay unas señales en la vida espiritual que deben ser respetadas. Estas nos indican a nosotros que todavía peregrinamos y nos hallamos «en peligros y ansiedad» (ibíd, 62), la Madre, que ya ha llegado a la meta. ¿Quién mejor que ella puede acompañarnos en el camino? ¿Qué esperamos? Como el discípulo que bajo la cruz acogió a la Madre con él, «como algo propio», dice el Evangelio (Jn 19, 27), también nosotros (…) i nvitamos a María a nuestra casa, a nuestro corazón, a nuestra vida
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Saturday, May 23, 2026

Sigueme

Evangelio

Juan 21, 20-25

En aquel tiempo, Jesús dijo a Pedro: "Sígueme". Pedro, volviendo la cara, vio que iba detrás de ellos el discípulo a quien Jesús amaba, el mismo que en la cena se había reclinado sobre su pecho y le había preguntado: 'Señor, ¿quién es el que te va a traicionar?' Al verlo, Pedro le dijo a Jesús: "Señor, ¿qué va a pasar con éste?" Jesús le respondió: "Si yo quiero que éste permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué? Tú, sígueme".

Por eso comenzó a correr entre los hermanos el rumor de que ese discípulo no habría de morir. Pero Jesús no dijo que no moriría, sino: 'Si yo quiero que permanezca vivo hasta que yo vuelva, ¿a ti qué?'

Éste es el discípulo que atestigua estas cosas y las ha puesto por escrito, y estamos ciertos de que su testimonio es verdadero. Muchas otras cosas hizo Jesús y creo que, si se relataran una por una, no cabrían en todo el mundo los libros que se escribieran.



Meditacion:

Este coloquio entre Jesús y Pedro contiene una enseñanza valiosa para todos los discípulos, para todos nosotros creyentes. (…) Empezando por la tentación —muy humana, sin duda, pero también muy insidiosa— de conservar nuestro protagonismo. Y a veces el protagonismo debe disminuir, debe abajarse, (…) Pero tendrás otra forma de expresarte, otra forma de participar en la familia, en la sociedad, en el grupo de los amigos. Y es la curiosidad que le viene a Pedro: “¿Y él?”, dice Pedro, viendo al discípulo amado que los seguía (cf. vv. 20-21). Meter la nariz en la vida de los otros. Pues, no. Jesús le dice: “¡Cállate!”. ¿Realmente tiene que estar en “mi” seguimiento? ¿Acaso debe ocupar “mi” espacio? ¿Será mi sucesor? Son preguntas que no sirven, que no ayudan. ¿Debe durar más que yo y tomar mi lugar? Y la respuesta de Jesús es franca e incluso áspera: «¿Qué te importa? Tú, sígueme» (v. 22). Como diciendo: cuida de tu vida, de tu situación actual y no metas la nariz en la vida de los otros. Tú sígueme. Esto sí, es importante: el seguimiento de Jesús, seguir a Jesús en la vida y en la muerte, en la salud y en la enfermedad, en la vida cuando es próspera con muchos éxitos y también en la vida difícil con tantos momentos duros de caída. Y cuando queremos meternos en la vida de los otros, Jesús responde: “¿A ti qué te importa? Tú sígueme”. Hermoso

 

Friday, May 22, 2026

Me amas?


 Evangelio

Juan 21, 15-19

En aquel tiempo, le preguntó Jesús a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?" Él le contestó: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".

Por segunda vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?" Él le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Pastorea mis ovejas".

Por tercera vez le preguntó: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?" Pedro se entristeció de que Jesús le hubiera preguntado por tercera vez si lo quería, y le contestó: "Señor, tú lo sabes todo; tú bien sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.

Yo te aseguro: cuando eras joven, tú mismo te ceñías la ropa e ibas a donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás los brazos y otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras". Esto se lo dijo para indicarle con qué género de muerte habría de glorificar a Dios. Después le dijo: "Sígueme''.



Meditacion:

Uno de los apelativos decisivos del tiempo pascual para calificar al Resucitado es el de “Buen Pastor”. Con el se designa esa peculiaridad de la religión cristiana que no sólo presenta una doctrina propia, sino que tal doctrina se concentra en la persona de Jesucristo y se identifica prácticamente con él. De esta identidad nace la comprensión de la Iglesia que supera la comprensión genérica y no se plantea como un colectivo indiferenciado e informe de personas que adhieren a una doctrina, sino que se postula, como Cuerpo de Cristo, del que la cabeza es el mismo Resucitado, mientras la iglesia se postula como un cuerpo articulado, con funciones diversas, pero unificado y estructurado con un cierto orden. Un cuerpo en el que cuenta la relación personal con Cristo. Misiones, funciones, tareas que, siendo diversas, sin embargo, precisamente por explicarse desde el vínculo con Cristo, no pueden entenderse de forma independiente o aislada. Porque están pensadas para dar forma a un cuerpo.

Una de las misiones más específicas de Jesús respecto de los creyentes es la de se como el pastor de un rebaño. Jesús, al retornar al Padre, ha querido dejar a uno de los discípulos como el que continúa su misión de pastor. Dos aspectos que conviene comentar porque no pueden dejar de llamar nuestra atención. He elegido para tal misión a Pedro, justo el apóstol que lo había traicionado, renegando de él. Y las tres veces en que le dirige la misma pregunta, sin duda tienen que ver con las tres veces en que lo negó, al inicio de la pasión. Y no es posible no evocar las palabras que Jesús le dijo a Pablo, cuando éste le pidió que le quitase un peso fuerte que sufría: “te basta con mi gracia”. Seguramente Pedro habría dicho algo semejante.

Pero quizá lo que llama la atención es la llamada insistente: Pedro, ¿me amas? Y esto ilumina lo dicho anteriormente. Porque la reiteración de la pregunta, no tiene tanto que ver con las negaciones, sino con la necesidad de amar totalmente a Jesús para poder ser pastor de los creyentes. Y quizá esta es la luz decisiva para entender el alma de cada vocación eclesial: para poder ser: sacerdotes, padres, consagrados, voluntarios … debemos responder a esta pregunta que Jesús dirige a todos: “¿Me amas de verdad?”

Thursday, May 21, 2026

Padre te pido

Evangelio

Juan 17, 20-26

En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: "Padre, no sólo te pido por mis discípulos, sino también por los que van a creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí y yo en ti somos uno, a fin de que sean uno en nosotros y el mundo crea que tú me has enviado.

Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno. Yo en ellos y tú en mí, para que su unidad sea perfecta y así el mundo conozca que tú me has enviado y que los amas, como me amas a mí.

Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que me has dado, para que contemplen mi gloria, la que me diste, porque me has amado desde antes de la creación del mundo.

Padre justo, el mundo no te ha conocido; pero yo sí te conozco y éstos han conocido que tú me enviaste. Yo les he dado a conocer tu nombre y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que me amas esté en ellos y yo también en ellos''.



Meditacion:

Son fuertes las palabras de la oración sacerdotal de Jesús. Fuertes y únicas. Porque en ellas se establece de forma definitiva no sólo un cierto paralelismo sino una verdadera identidad entre la relación que hay entre el Padre y Jesús y el tipo de relación que debe existir no sólo entre los apóstoles sino entre todos los creyentes. La razón para afirmar esta identidad es que la palabra clave: “como”, que en nuestra lengua es ambigua, pues puede significar igualdad, pero también sólo una semejanza o una analogía, en griego (“Kazós” ) significa “exactamente igual que”. También lo indica el que Jesús pone una condición: que sean uno “en nosotros” lo que quiere indicar que no podemos alcanzar esa unidad por nuestra cuenta, sino en la medida en que estamos unidos a Jesús. Pero lo más serio es el resultado de vivir este tipo de unidad: es la que hace que el mundo crea que el padre ha enviado a Jesús. Por tanto, la fuerza última de la credibilidad de Cristo.

Y lo que resulta increíble es esa profecía por la que se nos indica una plena participación en la comunión divina, no sólo para que podamos estar allí donde está Jesús, sino para indicar que él está dentro de nosotros, como también el amor de Dios está dentro de nosotros. Desde esta perspectiva, todas la palabras de salvación, de redención, de gracia santificadora se articular y se reconducen a esta participación en el amor de Dios que nos llega a través de Jesús y hace que la vida divina deje de pensarse como algo fundamentalmente ajeno y totalmente transcendente a nuestra condición creada, y pase a concebirse al estilo de la reciprocidad interhumana, por la que un Yo y un Tu (o, mejor, muchos Yoes y Tues, llegan a formar un Nosotros universal que constituye la familia de los hijos de Dios. Y así, por toda la eternidad en un juego constante de donación y recuperación del amor al Amor.

El contraste entre esta forma de concebir el plan de Dios y la maniobra que debe poner en practica Pablo para salir vivo del tribunal de Jerusalén, nos recuerda que el don maravilloso lo llevamos en vasijas de barro y que debe encarnase entre asechanzas, persecuciones, odios y agresiones. Todo lo puedo en aquel que me conforta.

 

Wednesday, May 20, 2026

Padre Santo

Evangelio
Juan 17, 11-19
En aquel tiempo, Jesús levantó los ojos al cielo y dijo: “Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros. Cuando estaba con ellos, yo cuidaba en tu nombre a los que me diste; yo velaba por ellos y ninguno de ellos se perdió, excepto el que tenía que perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y mientras estoy aún en el mundo, digo estas cosas para que mi gozo llegue a su plenitud en ellos. Yo les he entregado tu palabra y el mundo los odia, porque no son del mundo, como yo tampoco soy del mundo. No te pido que los saques del mundo, sino que los libres del mal. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Santifícalos en la verdad. Tu palabra es la verdad. Así como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo. Yo me santifico a mí mismo por ellos, para que también ellos sean santificados en la verdad’’.


Meditacion:
En cambio, en la oración sacerdotal de Jesús, que nos desvela sus deseos más íntimos y personales – y en este sentido es impagable – pero desde la que se refleja un horizonte diverso. Jesús le pide al Padre para que entre los miembros del colegio apostólico reine la unidad, una unidad especial, similar a la unidad que existe entre el Padre y el Hijo. Porque tal unidad es la que les ayudaría a estar protegidos del mal – Jesús, que les ha protegido, se va – a vivir ese modo peculiar de ‘estar en el mundo sin ser del mundo’, y a ser santificados en la verdad, gracias a la Palabra que Jesús les ha dado. Resalta de modo notable el vínculo y el paralelismo con la persona de Jesús. Como Jesús no es del mundo, ellos no son del mundo; como el Padre envió a Jesús al mundo, así Jesús envía al mundo sus discípulos. Es Jesús mismo el que se consagra para que los discípulos puedan consagrarse en la verdad.
No se trata de perspectivas opuestas, ambas son necesarias. Pero puede que hoy resulte más urgente la segunda, dado que el horizonte secularizado ha privado de algunos presupuestos que servían para sostener la primera (religiosidad natural, aprecio de los sacerdotes, vigencia social de la religión). En la medida en que la segunda perspectiva se orienta a asegurar la presencia del mismo Cristo resucitado en el seno de la comunidad seguramente es más capaz de afrontar las actitudes de rechazo y persecución que nunca han faltado en la historia de la Iglesia.

 

Monday, May 18, 2026

Paz al mundo


 Evangelio

Juan 16, 29-33

En aquel tiempo, los discípulos le dijeron a Jesús: “Ahora sí nos estás hablando claro y no en parábolas. Ahora sí estamos convencidos de que lo sabes todo y no necesitas que nadie te pregunte. Por eso creemos que has venido de Dios”.

Les contestó Jesús: “¿De veras creen? Pues miren que viene la hora, más aún, ya llegó, en que se van a dispersar cada uno por su lado y me dejarán solo. Sin embargo, no estaré solo, porque el Padre está conmigo. Les he dicho estas cosas, para que tengan paz en mí. En el mundo tendrán tribulaciones; pero tengan valor, porque yo he vencido al mundo”.



Meditacion:

Soportar, es más que tener paciencia, es llevar sobre los hombros, llevar el peso de las tribulaciones. También la vida del cristiano tiene momentos así. Pero Jesús nos dice: Tened valor en ese momento. Yo he vencido, también vosotros venceréis. Así, esta primera palabra nos ilumina para afrontar los momentos más difíciles de la vida, los momentos que nos hacen también sufrir. (…) confiar al Señor algo, confiar al Señor este momento difícil, confiarme a mí mismo al Señor, confiar al Señor a nuestros fieles; nosotros sacerdotes, obispos, confiar al Señor a nuestras familias, nuestros amigos. Es necesario saber decir al Señor: Cuida de estos, son los tuyos. Sin embargo, es una oración que no siempre hacemos: la oración de confianza. Es una bella oración cristiana la que reza: Señor te confío esto, llévalo tú adelante. Es la actitud de la confianza en el poder del Señor, también en la ternura del Señor que es Padre. (…) tres palabras: tribulación, confianza, paz. No hay que olvidar nunca que en la vida debemos ir por los caminos de la tribulación, porque es la ley de la vida; pero se debe siempre recordar, precisamente en esos momentos, de confiarse al Señor. Y Él nos responde con la paz». De hecho, el Señor es Padre que nos ama mucho y nunca defrauda

Saturday, May 16, 2026

En mi nombre

Evangelio

Juan 16, 23-28

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro: cuanto pidan al Padre en mi nombre, se lo concederá. Hasta ahora no han pedido nada en mi nombre. Pidan y recibirán, para que su alegría sea completa.

Les he dicho estas cosas en parábolas; pero se acerca la hora en que ya no les hablaré en parábolas, sino que les hablaré del Padre abiertamente. En aquel día pedirán en mi nombre, y no les digo que rogaré por ustedes al Padre, pues el Padre mismo los ama, porque ustedes me han amado y han creído que salí del Padre. Yo salí del Padre y vine al mundo; ahora dejo el mundo y vuelvo al Padre’’.



Meditacion:

En el Evangelio de Juan se habla de entusiasmo también: del amor a Cristo con tanta fuerza que “cualquier cosa que pidan al Padre en mi nombre…” ¿Cualquier cosa? No; no cualquier cosa que esté desprovista de entusiasmo, es decir, que no tenga dentro la esencia de Dios. Se pueden pedir cosas motivadas, no por el entusiasmo, sino por la ambición. Se puede pedir ganar la lotería, pero eso no es entusiasmo; se pueden pedir milagros innecesarios, que tampoco son entusiasmo porque no están motivados por el deseo de que se cumpla la voluntad de Dios. Se podría pedir un hueco de aparcamiento en un momento específico, pero tampoco eso sería entusiasmo a no ser que sea una necesidad perentoria por el bien de otros. Pero, como a Padre, se pueden pedir también ciertos caprichitos. A veces, si es para el bien, los concede. Aunque parezcan tonterías, pueden suscitar el agradecimiento, y eso ya es en sí un gran bien. Lo cierto es que el Padre no va a dar serpiente o piedra en lugar de pan. Pero habrá que saber cuál es el verdadero pan, el verdadero bien que pedimos. Y si, a la larga, va a ser para el bien propio y el bien común. Si va a servir para dar un paso más en entusiasmo. El Padre solo va a dar cosas buenas. La Encarnación del Hijo de Dios (vine del Padre) fue el mayor, el impensable y absolutamente maravilloso bien de salvación; lo más grande que puede recibir la humanidad. Es decir, todo. Con esa Encarnación, se nos permite “tener la esencia de Dios”, es decir, ser “entusiastas”. Es el entusiasmo que llama a pedir todo el bien de Dios, que es que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad. ¿Qué nos entusiasma? 

 

Thursday, May 14, 2026

Amor


 Evangelio

Juan 15, 9-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena.

Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande a sus amigos, que el que da la vida por ellos. Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a ustedes los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que le he oído a mi Padre.

No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca, de modo que el Padre les conceda cuanto le pidan en mi nombre. Esto es lo que les mando: que se amen los unos a los otros’’.


Meditacion:

Aquí lo que se nos da es la esperanza de que Cristo volverá. Y esa espera-esperanza es el poder que impele a movilizarse, a anunciar lo que se ha visto y oído. Decía san Antonio María Claret: “la caridad de Cristo nos urge.” Es decir, nos pone fuego y alas para la acción.

Lo que siempre se ha llamado la “gran comisión”, es decir, evangelizar, es no solo consecuencia lógica, sino obligación implicada en el bautismo. El cristiano sí se queda mirando al cielo, ciertamente, pero, una vez asegurado de la esperanza y recibido el poder, sale a todos los confines de la tierra a proclamar.

“Todos los confines de la tierra”, que parecen estar tan lejanos e inaccesibles para muchos de nosotros, pueden estar tan cerca como la propia cocina; el propio trabajo, la propia familia. Proclamar a Cristo en esos confines supone hacer que la fuerza, el amor, la verdad de Cristo dominen en cada momento. Que la fuerza motor de todas y cada una de nuestras acciones sea el bien, la verdad y la belleza de la salvación de Cristo; es decir, la búsqueda del bien. Y así el propio rostro de Cristo podrá brillar por medio de nosotros. La antigua noción de misión, de ir a tierras lejanas donde no se conoce a Dios, parece que hoy está algo trastocada, con la globalización, los movimientos demográficos y sociales. ¿Dónde no se conoce a Dios hoy día? Es más, ¿dónde se le persigue y desprecia incluso en medio de nosotros? Ahí está la misión. Esos son los confines de la tierra. Quizá rozándonos los codos.

Wednesday, May 13, 2026

Espiritu de la verdad


 Evangelio

Juan 16, 12-15

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Aún tengo muchas cosas que decirles, pero todavía no las pueden comprender. Pero cuando venga el Espíritu de la verdad, él los irá guiando hasta la verdad plena, porque no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que haya oído y les anunciará las cosas que van a suceder. Él me glorificará, porque primero recibirá de mí lo que les vaya comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho que tomará de lo mío y se lo comunicará a ustedes".



Meditacion:

El Evangelio de san Juan nos presenta un pasaje del largo discurso de despedida, pronunciado por Jesús poco antes de su pasión. En este discurso Él explica a los discípulos las verdades más profundas relacionadas con Él; y así se expresa la relación entre Jesús, el Padre y el Espíritu. Jesús sabe que está cerca de la realización del designio del Padre, que se cumplirá con su muerte y resurrección; por esto quiere asegurar a los suyos que no los abandonará, porque su misión será prolongada por el Espíritu Santo. Será el Espíritu quien prolongará la misión de Jesús, es decir, guiará a la Iglesia hacia adelante. Jesús revela en qué consiste esta misión. Sobre todo, el Espíritu nos conduce a entender muchas cosas que Jesús mismo tiene aún que decir (cf. Jn 16, 12). No se trata de doctrinas nuevas y especiales, sino de una plena comprensión de todo lo que el Hijo oyó del Padre y dio a conocer a los discípulos (cf. v. 15). El Espíritu nos guía por nuevas situaciones existenciales con una mirada dirigida a Jesús y, al mismo tiempo, abierto a los eventos y al futuro. Él nos ayuda a caminar en la historia firmemente radicados en el Evangelio y también con dinámica fidelidad a nuestras tradiciones y costumbres

Tuesday, May 12, 2026

Me voy


 Evangelio

Juan 16, 5-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Me voy ya al que me envió y ninguno de ustedes me pregunta: '¿A dónde vas?' Es que su corazón se ha llenado de tristeza porque les he dicho estas cosas. Sin embargo, es cierto lo que les digo: les conviene que me vaya; porque si no me voy, no vendrá a ustedes el Paráclito; en cambio, si me voy, yo se lo enviaré.

Y cuando él venga, establecerá la culpabilidad del mundo en materia de pecado, de justicia y de juicio; de pecado, porque ellos no han creído en mí; de justicia, porque me voy al Padre y ya no me verán ustedes; de juicio, porque el príncipe de este mundo ya está condenado".


Meditacion:

El pasaje evangélico de hoy nos lleva al Cenáculo donde, terminada la última Cena, los Apóstoles se sienten tristes y desconcertados. El motivo es que las palabras de Jesús suscitan interrogantes inquietantes:  habla del odio del mundo hacia él y hacia los suyos, habla de su misteriosa partida y queda todavía mucho por decir, pero por el momento los Apóstoles no pueden soportar esa carga (cf. Jn 16, 12). Para consolarlos les explica el significado de su partida:  se irá, pero volverá; mientras tanto no los abandonará, no los dejará huérfanos. Enviará al Consolador, al Espíritu del Padre, y será el Espíritu quien les dará a conocer que la obra de Cristo es obra de amor:  amor de él que se ha entregado y amor del Padre que lo ha dado. (…) el Espíritu Santo ilumina el corazón humano y, al revelar a Cristo crucificado y resucitado, indica el camino para llegar a ser más semejantes a él, o sea, ser "expresión e instrumento del amor que proviene de él"

Monday, May 11, 2026

Fe

Evangelio

Juan 15, 26–16, 4

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuando venga el Consolador, que yo les enviaré a ustedes de parte del Padre, el Espíritu de la verdad que procede del Padre, él dará testimonio de mí y ustedes también darán testimonio, pues desde el principio han estado conmigo.

Les he hablado de estas cosas para que su fe no tropiece. Los expulsarán de las sinagogas y hasta llegará un tiempo, cuando el que les dé muerte creerá dar culto a Dios. Esto lo harán, porque no nos han conocido ni al Padre ni a mí. Les he hablado de estas cosas para que, cuando llegue la hora de su cumplimiento, recuerden que ya se lo había predicho yo''.



Meditacion:

Por otro lado, en el evangelio vemos cómo Jesús advierte que quienes no creen, convencidos de que hacen el bien, expulsarán a quienes creen en Cristo. Quienes cierran su corazón a la fe en Cristo, también cierran sus puertas a los discípulos.

Hoy día podríamos aplicar esto a mil asuntos que nos preocupan: la inmigración, la persecución a los cristianos… pero quizá tendríamos que empezar por el principio de todo, que es la propia persona, es decir, nuestra hospitalidad, primero a Dios, que nos ha recibido en su familia, y luego en apertura a los demás, extender la mano a quienes la necesitan, el empezar por escuchar las historias y los sentimientos de otros, creyentes también. Tendríamos que empezar por “rogar” al otro que nos permita recibirlo; y a nuestra vez, estar dispuesto a que se nos reciba. No es tanto un sentido físico, de alojamiento, cama y comida, sino más bien de una actitud que reconoce al otro desde la fe y sabe que es recibido desde una fe común. Se trata, en realidad, de una actitud eucarística: el Señor viene a habitar entre nosotros, y al mismo tiempo, nos integra en su Cuerpo. 

 

Saturday, May 9, 2026

Perseguidos

Evangelio
Juan 15, 18-21
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a mí antes que a ustedes. Si fueran del mundo, el mundo los amaría como cosa suya; pero el mundo los odia porque no son del mundo, pues al elegirlos, yo los he separado del mundo.
Acuérdense de lo que les dije: 'El siervo no es superior a su señor'. Si a mí me han perseguido, también a ustedes los perseguirán, y el caso que han hecho de mis palabras lo harán de las de ustedes. Todo esto se lo van a hacer por mi causa, pues no conocen a aquel que me envió".


Meditacion:
Jesús muchas veces, y especialmente en su despedida con los apóstoles, habla del mundo (cf. Jn 15,18-21). Y aquí dice: «Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros» (v. 18). Claramente habla del odio que el mundo ha tenido contra Jesús y tendrá contra nosotros. Y en la oración que hace en la mesa con los discípulos durante la Cena, le pide al Padre que no los retire del mundo, sino que los defienda del espíritu del mundo (cf. Jn 17,15). Creo que podemos preguntarnos: ¿cuál es el espíritu del mundo? ¿Qué es esta mundanidad, capaz de odiar, de destruir a Jesús y sus discípulos, es más, de corromperlos y corromper a la Iglesia? (…) La mundanidad es una cultura; es una cultura de lo efímero, una cultura de la apariencia, del maquillaje, una cultura de “hoy sí, mañana no, mañana sí y hoy no”. Tiene valores superficiales. Una cultura que no conoce la fidelidad, porque cambia según las circunstancias, lo negocia todo. Esta es la cultura mundana, la cultura de la mundanidad

 

Thursday, May 7, 2026

Alegria


 Evangelio

Juan 15, 9-11

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Como el Padre me ama, así los amo yo. Permanezcan en mi amor. Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Les he dicho esto para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea plena”



Meditacion:

En una de las iglesias cercanas a mi casa, uno de los sacerdotes, después de la bendición final de la Misa, solía decir: “Que la alegría del Señor sea nuestra fuerza”. Creo que era muy efectivo en mi, porque lo cierto es que al salir, aunque hubiéra estado en babia gran tiempo de la celebración, estaba muy confortada y de buen humor. Seguramente lo mejor de este detalle pequeño es que me llevó al convencimiento de que la alegría de Dios es invencible. Y que está en nosotros si permanecemos en su amor o, precisamente, cuando su alegría es la que nos lleva a querer permanecer en él.

En la mayoría de las biografías de los santos lo más frecuente es encontrar la alegría como un rasgo de carácter o personalidad. Como ser santo no esta reservado a los de temperamento alegre, también los hubo muy serios y un poco sombrones. Alguno, y muy importante por cierto,  incluso llegó a afirmar que Cristo nunca se rió… con el peregrino argumento de que no hay ningún texto evangélico que de fe de la risa de Jesús. Desde luego nadie llega a santo sin abrazar la cruz. En toda vida hay momentos de cruz y en toda vida de santo hay una o muchas cruces que fueron abrazadas con amor. Pero no hay camino de santidad que no se inicie con un deseo ardiente de que no se acabe lo que es un encuentro con la Alegría.

La intensa, fuerte y misteriosa Alegría  de Dios es la respuesta a nuestro anhelo de felicidad, una sed de un bien que excede a lo que podemos conseguir por nosotros mismos y cuya plenitud  llegará porque Cristo lo ha prometido. Chesterton estaba convencido de que la alegría de Cristo era tan pura que era su atributo más divino. En su libro Ortodoxia, sugiere que Jesús pudo ocultar muchas cosas, pero lo que más le costaba ocultar era su regocijo, incluso camino a la Cruz. Para Chesterton, la alegría de la que habla Juan 15,11 es la fuerza que permite a los santos reírse mientras sufren, porque saben que el final de la historia es feliz.

Una de las más bellas composiciones de Bach es la Cantata 147: Jesús sigue siendo mi alegría/ me defiende de toda pena / consuelo y bálsamo de mi corazón / Él es la fuerza de mi vida, / el gozo y el sol de mis ojos, / el tesoro y la delicia de mi alma / por eso no quiero dejar ir a Jesús / fuera de mi corazón y de mi vista.

Es bueno buscar y hallar esta alegría en la oración y en el encuentro con los demás. 


Wednesday, May 6, 2026

Permaneced en mi


 Evangelio

Juan 15, 1-8

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.



Meditacion:

La lectura del Evangelio de hoy, dentro del larguísimo discurso de la Última Cena, según San Juan, es una exhortación a los discípulos de entonces y a nosotros, cristianos -discípulos de Cristo por definición- de hoy. Es la parábola de la vid y los sarmientos y la invitación: permaneced en Mí.

Sabemos que sin El no podemos hacer nada. Ocurre que a veces lo olvidamos y llegamos a creer que podemos enrolarnos en alguna causa o emprender alguna tarea con nuestra buena preparación, convencimiento, entusiasmo o incluso capacidad para recaudar fondos… sin contar con Cristo o dándolo por supuesto, pero sin que realmente cuente mucho. Incluso podemos llegar a creer que tenemos éxito sin entender que realmente nos aproximamos a ser sarmientos secos y que todo el fruto de ese esfuerzo no sirve para nada: es una selva de ramas con uvas pequeñas y ácidas.

Permanecer en Jesús, como el sarmiento en la viña, implica también someterse a la poda. Al ser una planta trepadora, la vid tiende a crecer indefinidamente y el resultado es un desastre. Hay que someterse a la poda que viene de Dios directamente y siempre será para nuestro bien aunque duela, pero también a aquella de la que somos conscientes y tenemos que hacer pero nos da miedo.

A modo de ejemplos: podar el  activismo de “hacer muchas cosas para Dios” pero no pasar tiempo con El; podar  formas y y maneras que han dado muy poco fruto pero siguen practicándose porque es duro reconocer el fracaso; podar el deseo de reconocimiento, de ser el centro de atención disfrazado de “celo espiritual”; podar el temor a dejar algo tal vez inofensivo pero que nos gratifica… y, en definitiva, nos distrae de lo verdaderamente importante.


Tuesday, May 5, 2026

Mi paz les dejo

Evangelio

Juan 14, 27-31

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "La paz les dejo, mi paz les doy. No se la doy como la da el mundo. No pierdan la paz ni se acobarden. Me han oído decir: 'Me voy, pero volveré a su lado'. Si me amaran, se alegrarían de que me vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Se lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, crean.

Ya no hablaré muchas cosas con ustedes, porque se acerca el príncipe de este mundo; no es que él tenga poder sobre mí, pero es necesario que el mundo sepa que amo al Padre y que cumplo exactamente lo que el Padre me ha mandado''.



Meditacion:

La lectura del Evangelio de hoy (14,27-31a) parece el párrafo final de ese largo discurso según el relato de Juan. Parece pero no es: del versículo final está suprimida esta frase: “Levantáos, vámonos de aquí”, y en realidad, a continuación Jesús sigue hablando…  hasta el final del capítulo 17.  No creo que el evangelista lo pretendiese pero el efecto, si se vuelve a la frase suprimida, da ese estilo de despedida que a veces practicamos. Y así, cuando queremos mucho a alguien, demoramos la separación y casi hacemos más largo el adios y las recomendaciones que lo que hablamos a lo largo del encuentro. Visto así, podríamos interpretar lo que sigue como una muestra de amor y de cuidado hacia estos de los que va a separarse.

Jesús sabe que los deja como huérfanos y quiere animarlos y fortalecer su fe. Es una despedida que se dilata como si Jesús temiera el desánimo de los suyos y tratara de consolarlos algo más en un tono menos solemne que el anterior, y hasta un poco risueño. No deben estar tristes porque Él va con el Padre. Como cuando despedimos a alguien querido que marcha a un trabajo, o a una situación familiar o personal mejor y “lo dejamos ir” sonriendo y alegrándonos (o poniéndo buena cara aunque nos duela la separación).

Les dice: mi paz os dejo, mi paz os doy. La palabra paz, (shalom) no significa solamente ausencia de conflicto, es un término con más contenido, quizá se parezca a lo que entendemos como armonía en el interior de una persona y también en un grupo. Poco antes había dicho: “amaos los unos a los otros como yo os he amado”, conociendo la limitación y la pobreza de ellos y también que para Dios nada es imposible. El ama con el amor infinito de Dios, y con su corazón de hombre. Sabe que lo que se aproxima es el cumplimiento de las atroces profecias sobre su persona que están en los libros sagrados y se anticipa al desconcierto, la cobardía y el miedo que se apoderarán de los discípulos tan amados. Presiente su desaliento, las negaciones y la huida… Y también la discordia y la desunión que va a provocar el miedo. Quiere darles seguridad y paz y sabe que esa paz y esa seguridad son obra del Espiritu Santo y no pueden tener otro origen.


 

Monday, May 4, 2026

Mandamientos

Evangelio

Juan 14, 21-26

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El que acepta mis mandamientos y los cumple, ése me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre, yo también lo amaré y me manifestaré a él”.

Entonces le dijo Judas (no el Iscariote): “Señor, ¿por qué razón a nosotros sí te nos vas a manifestar y al mundo no?” Le respondió Jesús: “El que me ama, cumplirá mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. El que no me ama no cumplirá mis palabras. Y la palabra que están oyendo no es mía, sino del Padre, que me envió.

Les he hablado de esto ahora que estoy con ustedes; pero el Paráclito, el Espíritu Santo que mi Padre les enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo cuanto yo les he dicho’’.



Meditacion:

Judas está perplejo porque Jesús habla de sí mismo con unos términos inéquivocos y se entiende que se revela con toda claridad, como el Mesías: el esperado para regir al pueblo de Dios y hacerlo grande. Jesús está íntimamente unido al Padre, sus palabras son del Padre y su voluntad está en Dios. El es el Salvador esperado por siglos… pero el mensaje solo lo escuchan unos pocos y desde luego está muy alejado de un poder político… “Señor ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?” Como si Jesús hubiera cambiado de plan o lo hubiera aplazado… Solo que nunca hubo ese plan. El plan es mucho más misterioso, locura y escándalo dirá más tarde Pablo. Se trata de la Cruz. Y aunque en la cena se palpa una tensión amenazadora, los discípulos están desconcertados, tal vez porque pocos días antes habían visto el entusiasmo del pueblo con la entrada triunfal en Jerusalén

La  pregunta y su trasfondo se relacionan bien con un episodio que Juan no escribe pero sí los sinópticos: las tentaciones de Jesús en el desierto. Y es en la última de las tentaciones donde encontramos respuesta al interrogante. Este es el trato que propone Satanás: todo esto te daré si postrándote me adoras. El poder, la salud, la prosperidad, la riqueza… sin Dios. Y esto nos lleva aún más atrás, al paraíso en el que la serpiente propone un “todo” que significa la autosuficiencia y por tanto rechazar a Dios.

Nos pasa casi a diario cuando, en lo personal, en lo político, en la naturaleza o en las relaciones humanas próximas, nos preguntamos porqué Dios no actua con su poder y limpia y endereza todo lo que está sucio, enfermo o torcido en el mundo o en nosotros mismos. Y es también el argumento de muchos que dicen no poder creer en un Dios que “permite” tantos sufrimientos materiales y espirituales, tantos crímenes y tantas víctimas inocentes…

Es misterio. Como el de que nos haya hecho libres. Nos acercamos a Pentecostés: para aceptar que nos ha creado por amor y por amor nos ha redimido y para mantener la fe, tenemos la promesa y aún la certeza de que el Espíritu Santo nos lo irá desvelando todo como Cristo prometió a Judas y a los primeros discípulos.

 

Saturday, May 2, 2026

Conocer

Evangelio

Juan 14, 7-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.

Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras.

Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre; y cualquier cosa que pidan en mi nombre, yo la haré para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Yo haré cualquier cosa que me pidan en mi nombre’’.



Meditacion:

Según la Biblia, conocer no es entender de un modo erudito, ni dominar por ciencia, ni triunfar de una forma externa sobre el mundo, sino comunicarse por amor, como dos amantes que se regalan vida uno al otro, recorriendo así juntos el camino

Conocemos a Dios acogiendo su amor. Conocer al Padre requiere abrir la mente y el corazón a Jesús, descubrir en sus palabras, en sus gestos y signos, en su entrega, la imagen de ese Padre.

Conocer al Padre es dejarnos guiar por la experiencia de Jesús: “¿quién me ha vito a mí, ha visto al Padre?” Conocemos al Padre recorriendo el camino abierto por Jesús: “Yo soy el camino” y también es el caminante que está junto a nosotros, el que nos revela al Padre, el que nos guía cuando nos perdemos y el que nos conduce a la sabiduría más alta de personas.

 

Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...