Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.
Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.
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Meditacion:
En 1654, Blaise Pascal, el famoso matemático, físico y escritor tuvo una experiencia de conversión que le ayudó a regresar a su fe católica con un celo renovado. Cuando Pascal murió ocho años más tarde, su sirviente encontró que había cosido un parche dentro de su abrigo que contenía recordatorios garabateados de esa experiencia de conversión. Cada vez que Pascal cambiaba su abrigo, cosía el parche de nuevo. La nota era bastante larga pero incluía un segmento particularmente hermoso:
Nos mantenemos aferrados a él solo por las enseñanzas del Evangelio.
Renunciación, total y dulce.
Sumisión total a Jesucristo y a mi director.
No olvidaré su palabra. Amén.
Es interesante pensar en que un hombre tan brillante hiciera tal cosa para recordarse a sí mismo su conversión y permanecer centrado en el amor que Jesús le tenía.
Cuando los discípulos escucharon que Jesús los iba a dejar y les prepararía un lugar para ellos en el cielo, se sintieron confundidos y preocupados de no poder ser capaces de seguirlo hasta ahí. Pero Jesús los reconfortó: ellos conocían el camino al cielo, solamente tenían que concentrarse en seguirlo a él.
¿Has sentido alguna vez que podrías no ser capaz de seguir el camino correcto al cielo? ¿O incluso que podrías no ser digno de ese lugar de reposo que Cristo ha preparado para ti?
Blaise Pascal puede habernos mostrado el camino a muchos descubrimientos en la ciencia y las matemáticas, pero su simple práctica de coser un pedazo de parche en su abrigo puede enseñarnos una lección invaluable. Él nos enseña cómo fijarnos en Cristo cuando nos sentimos inseguros o indignos. De una forma poética, se aseguró de que su fe estuviera entretejida a su vida diaria para poder recordarla y recordarse a sí mismo de su veracidad.
Tú puedes imitar a Pascal y encontrar alguna forma de recordarte a ti mismo la presencia constante de Jesús en tu vida. Tal vez una nota que coloques en el bolsillo de tu abrigo o un rosario que tengas al lado de tu cama o una imagen sagrada en tu escritorio puede ayudarte. Jesús es el camino, ¡y vale la pena seguirlo!
“Señor Jesús, ayúdame a grabar tu amor en mi corazón y caminar con confianza en la fe y seguir tu camino, te lo ruego.”