Friday, April 30, 2021

Jesus de cada dia

 

Evangelio

Jn 14, 1-6

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me vaya y les prepare un sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.

Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?” Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”.


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Meditacion:

En 1654, Blaise Pascal, el famoso matemático, físico y escritor tuvo una experiencia de conversión que le ayudó a regresar a su fe católica con un celo renovado. Cuando Pascal murió ocho años más tarde, su sirviente encontró que había cosido un parche dentro de su abrigo que contenía recordatorios garabateados de esa experiencia de conversión. Cada vez que Pascal cambiaba su abrigo, cosía el parche de nuevo. La nota era bastante larga pero incluía un segmento particularmente hermoso:

Nos mantenemos aferrados a él solo por las enseñanzas del Evangelio.

Renunciación, total y dulce.

Sumisión total a Jesucristo y a mi director.

No olvidaré su palabra. Amén.

Es interesante pensar en que un hombre tan brillante hiciera tal cosa para recordarse a sí mismo su conversión y permanecer centrado en el amor que Jesús le tenía.

Cuando los discípulos escucharon que Jesús los iba a dejar y les prepararía un lugar para ellos en el cielo, se sintieron confundidos y preocupados de no poder ser capaces de seguirlo hasta ahí. Pero Jesús los reconfortó: ellos conocían el camino al cielo, solamente tenían que concentrarse en seguirlo a él.

¿Has sentido alguna vez que podrías no ser capaz de seguir el camino correcto al cielo? ¿O incluso que podrías no ser digno de ese lugar de reposo que Cristo ha preparado para ti?

Blaise Pascal puede habernos mostrado el camino a muchos descubrimientos en la ciencia y las matemáticas, pero su simple práctica de coser un pedazo de parche en su abrigo puede enseñarnos una lección invaluable. Él nos enseña cómo fijarnos en Cristo cuando nos sentimos inseguros o indignos. De una forma poética, se aseguró de que su fe estuviera entretejida a su vida diaria para poder recordarla y recordarse a sí mismo de su veracidad.

Tú puedes imitar a Pascal y encontrar alguna forma de recordarte a ti mismo la presencia constante de Jesús en tu vida. Tal vez una nota que coloques en el bolsillo de tu abrigo o un rosario que tengas al lado de tu cama o una imagen sagrada en tu escritorio puede ayudarte. Jesús es el camino, ¡y vale la pena seguirlo!

“Señor Jesús, ayúdame a grabar tu amor en mi corazón y caminar con confianza en la fe y seguir tu camino, te lo ruego.”

Thursday, April 29, 2021

El mensaje

 

Evangelio

Jn 13, 16-20

En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:

“Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.

Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”.


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Meditacion:


Jesús acababa de lavarle los pies a los apóstoles, incluyendo a Judas, que él sabía que lo iba a traicionar esa misma noche. Por eso citó el Salmo 41 (40), 10: “El que comparte mi pan me ha traicionado.” El Señor quería mostrarle a los otros que la traición de Judas en realidad era parte del plan de Dios para que se cumplieran las Escrituras (Juan 13, 18).

Resulta sorprendente la forma en que Dios puede utilizar la más amarga de las traiciones para cumplir las Escrituras y su promesa de salvar a su pueblo. A menudo la forma en la que Dios actúa no se parece en nada a lo que nosotros esperaríamos. Los judíos devotos esperaban al Mesías que rescataría a Israel, y se fijaban en los héroes del pasado, como Moisés, Josué, Gedeón y David, concluyendo que necesitaban otro héroe poderoso que acabara con la ocupación romana y restableciera el reino.

Pero en Jesús, el heredero del trono de David, el cumplimiento de las Escrituras parecía muy distinto a lo que ellos esperaban; él no gobernaría por la fuerza ni el dominio. Más bien, sería traicionado por uno de sus compañeros más cercanos y finalmente entregaría su vida en la cruz por amor a su pueblo.

De tal forma que en una noche cargada de grandes promesas y esperanza, Jesús le mostró a sus discípulos cuál era el tipo de coronación que él recibiría y cuál clase de reino estaba estableciendo. Al lavar los pies de los discípulos, les enseñó que él es un rey que sirve a sus súbditos. En los siguientes días, ellos verían a un rey que entregó su vida por amor a su pueblo, derrotó a la muerte y que se ofrece a limpiar sus pecados todos los días.

Jesús desea entrar en tu corazón y servirte (Juan 13, 19). Podría ser que esto no es lo que esperas del Rey del universo, pero es exactamente la forma en la que Dios decidió cumplir las Escrituras. Te invito, entonces, a que le abras tu corazón y le permitas servirte. Permite que el Señor perdone tus pecados y te limpie. Permite que Jesucristo sea tu Rey-servidor, ahora y para siempre.

“Señor Jesús, ¡gracias por servirme, lavarme y entregar tu vida por mí!”

Wednesday, April 28, 2021

La salvacion

 

Evangelio

Jn 12, 44-50

En aquel tiempo, exclamó Jesús con fuerte voz: “El que cree en mí, no cree en mí, sino en aquel que me ha enviado; el que me ve a mí, ve a aquel que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, para que todo el que crea en mí no siga en tinieblas.

Si alguno oye mis palabras y no las pone en práctica, yo no lo voy a condenar; porque no he venido al mundo para condenar al mundo, sino para salvarlo.

El que me rechaza y no acepta mis palabras, tiene ya quien lo condene: las palabras que yo he hablado lo condenarán en el último día. Porque yo no he hablado por mi cuenta, sino que mi Padre, que me envió, me ha mandado lo que tengo que decir y hablar. Y yo sé que su mandamiento es vida eterna. Así, pues, lo que hablo, lo digo como el Padre me lo ha dicho’’.


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Meditacion:

El evangelista introduce las palabras pronunciadas por Jesús diciendo que gritó con fuerza. Juan en este texto quiere abrirnos al mensaje de salvación de Jesús. Representa la conclusión última de su ministerio público. Es una llamada vehemente a escuchar y guardar su Palabra. Jesús enviado por el Padre, está íntimamente unido a Él, quien lo ve a Él ve al Padre. Su venida al mundo constituye nuestra salvación, lo que ilumina nuestra existencia y humaniza nuestro mundo. ¡Su palabra nos da vida! Por eso, en la actitud que tenemos hacia Él y su Evangelio nos jugamos la plenitud de nuestra vida cristiana. ¿Qué es lo que se expresa en este grito de Jesús? Nos manifiesta el fuerte deseo del corazón de Jesús de ser escuchado, seguido, amado. Este es el sentido del grito de Jesús: él grita para que lo escuchemos, grita para que sigamos su palabra, grita para que dejemos nuestra mediocridad e indiferencia, grita para que finalmente nos decidamos por Él y su evangelio.

Tuesday, April 27, 2021

El Mesias

 

Evangelio

Jn 10, 22-30

Por aquellos días, se celebraba en Jerusalén la fiesta de la dedicación del templo. Era invierno. Jesús se paseaba por el templo, bajo el pórtico de Salomón. Entonces lo rodearon los judíos y le preguntaron: “¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo claramente”.

Jesús les respondió: “Ya se lo he dicho y no me creen. Las obras que hago en nombre de mi Padre dan testimonio de mí, pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy la vida eterna y no perecerán jamás; nadie las arrebatará de mi mano. Me las ha dado mi Padre, y él es superior a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno”.


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Meditacion:


El diálogo entre Jesús y los judíos en el texto del Evangelio (10,22-30) tiene un tono particular. Los judíos le piden a Jesús que diga con claridad si es o no es el Mesías. Jesús responde diciendo que ellos no creen porque no escuchan su voz. ¡No escuchan su voz! Sin embargo, se da un diálogo muy intenso y cerrado entre Jesús y los judíos. ¿Qué significan las palabras de Jesús? Los judíos escuchan, pero no son capaces de acoger el mensaje de Jesús. Su corazón está cerrado por los prejuicios que les imposibilitan una comprensión auténtica de su mensaje. Esto nos les permite llegar a la fe y al conocimiento del misterio de Jesucristo.

Esto que vale para los judíos tiene también validez para nosotros hoy. Nuestra fe y la comprensión del evangelio de Jesús crece en la medida en que escuchamos con sinceridad y con total apertura de corazón sus palabras. Nos podemos cuestionar si esto se realiza en nosotros; si escuchamos con atención, prontitud, disponibilidad, si nos dejamos cuestionar por la voz de Jesús. También hoy tenemos el riesgo de ser parte de ese grupo hostil a Jesús e incapaces de ponernos en sintonía con su palabra.

Monday, April 26, 2021

Dios vivo

 

Evangelio

Jn 10, 1-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Yo les aseguro que el que no entra por la puerta del redil de las ovejas, sino que salta por otro lado, es un ladrón, un bandido; pero el que entra por la puerta, ése es el pastor de las ovejas. A ése le abre el que cuida la puerta, y las ovejas reconocen su voz; él llama a cada una por su nombre y las conduce afuera. Y cuando ha sacado a todas sus ovejas, camina delante de ellas, y ellas lo siguen, porque conocen su voz. Pero a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron lo que les quería decir. Por eso añadió: “Les aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes que yo, son ladrones y bandidos; pero mis ovejas no los han escuchado.

Yo soy la puerta; quien entre por mí se salvará, podrá entrar y salir y encontrará pastos. El ladrón sólo viene a robar, a matar y a destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’’.


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Meditacion:

El evangelio de hoy nos invita a seguir contemplando el rostro de Jesús Buen Pastor. Imagen que caracteriza la liturgia del cuarto domingo de Pascua. El evangelio de Juan nos ofrece en este hermoso texto (10,1-10), cuáles son las características de una auténtica representación de Jesús como Buen Pastor. 

En primer lugar, se nos habla de un pastor que llama sus ovejas una a una porque las conoce por su nombre; luego se nos dice que es un pastor que tiene un cuidado particular por su rebaño. Más aún es un pastor que quiere que sus ovejas tengan vida y la tengan en abundancia. En definitiva, las palabras de Jesús nos muestran que la característica típica del buen pastor es la del amor por su rebaño. En este sentido, estamos llamados a volver nuestra mirada al Pastor que ama sus ovejas, que nos ama uno a uno, que nos tiene en su corazón. Nosotros, tantas veces distraídos y superficiales en nuestra relación con el Señor, somos llamados por él mismo a hacer una memoria grata del inmenso amor que nos tiene. Esta experiencia la podemos cultivar en nuestra cotidianidad, partiendo de la escucha asidua de su Palabra. Con esa apremiante necesidad que expresa el salmista: ¡Mi alma tiene sed de ti, Dios vivo!

Ese profundo anhelo de encuentro con el Señor, «como busca la cierva corrientes de agua», nos da una pista de interpretación para comprender la primera lectura. En este texto de los Hechos de los Apóstoles (11,1-18) Pedro se refiere al modo como el Espíritu Santo lo inspiró a que llevara el Evangelio a los paganos. La primera comunidad cristiana se abre a la dimensión del mundo entero. El salmo responsorial de hoy nos sugiere que cada ser humano lleva en su corazón una sed insaciable de Dios y de su misterio, del sentido más profundo de la vida; incluso aquellos que pueden parecer más distantes, distraídos, indiferentes, contrarios. De este modo somos invitados a una doble consideración. En primer lugar, a tomar conciencia de que todos somos «una espera viviente» del Señor. En segundo lugar, a alimentar el deseo, que luego es también necesidad, de anunciar a todos con nuestra vida y palabras la buena noticia del Evangelio: porque de hecho todos tenemos necesidad.

El auténtico discípulo del Señor está llamado a encarnar en su historia los rasgos esenciales del Buen Pastor, cuya identidad propia, como hemos visto, es la del amor gratuito por su rebaño. De esta manera, reproduciendo los gestos y actitudes del Buen Pastor, seremos capaces de ofrecer una gota de agua que calme un poco la sed de este desierto que nos está tocando vivir.

Saturday, April 24, 2021

Palabra de Vida Eterna

 

Evangelio

Jn 6, 60-69

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús dijeron al oír sus palabras: “Este modo de hablar es intolerable, ¿quién puede admitir eso?”

Dándose cuenta Jesús de que sus discípulos murmuraban, les dijo: “¿Esto los escandaliza? ¿Qué sería si vieran al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da la vida; la carne para nada aprovecha. Las palabras que les he dicho son espíritu y vida, y a pesar de esto, algunos de ustedes no creen”. (En efecto, Jesús sabía desde el principio quienes no creían y quién lo habría de traicionar). Después añadió: “Por eso les he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede”.

Desde entonces, muchos de sus discípulos se echaron para atrás y ya no querían andar con él. Entonces Jesús les dijo a los Doce: “¿También ustedes quieren dejarme?” Simón Pedro le respondió: “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios”.


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Meditacion:

El significado eucarístico de la enseñanza de Jesús sobre que él es el Pan de Vida permaneció oculto para muchos de quienes lo escucharon, pero tuvo una poderosa influencia sobre sus discípulos. Ellos sabían que Jesús tenía palabras de vida eterna, así que permanecieron fieles a él, confiando en que el Señor no los abandonaría en la oscuridad y gradualmente el Espíritu Santo les mostró lo que Jesús quiso decir aquel día.

Podemos confiar en que el Espíritu Santo hará lo mismo por nosotros. Las palabras de Jesús dan vida, pero aún pueden ser confusas. A veces no logramos ver de qué manera podemos vivirlas, pero al pedirle al Espíritu que nos ayude, empiezan a cobrar sentido.

Por ejemplo, Jesús dice “Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí” (Juan 15, 9). Al comprender en nuestro corazón esta poderosa verdad, entendemos que debería impactar la forma en que interactuamos con quienes nos rodean. ¿Cómo la hacemos vida? Con el tiempo, vamos entendiendo que Jesús ama a nuestros padres o vecinos, al mendigo que vemos en la esquina de la acera y al criminal convicto con la misma profundidad con que nos ama a nosotros. Luego vemos que él nos está invitando a compartir con ellos su amor incondicional.

Jesús también dice “Tus pecados te son perdonados” (Lucas 7, 48). Cada vez que te arrepientes, él te perdona y te permite comenzar de nuevo. Pero Jesús también te dijo que su perdón debe ser compartido con los demás. ¿Cómo vives eso? Volviéndote a él una y otra vez y pidiéndole la fuerza de perdonar a aquél que te ha hecho daño.

Finalmente, Jesús dice “Yo soy el pan de vida” (Juan 6, 51). A través de la Eucaristía, él nos acompaña en nuestra vida. Su presencia se llega a convertir en parte de nosotros al punto de fluir desde nuestro interior. Entonces, ¿cómo vivimos esto? Llegamos a ser conscientes de que cada vez que nos encontramos con alguien, esa persona se está encontrando con Jesús, ya sea que nos percatemos o no.

¡Qué bendecidos somos! Las palabras de Jesús tienen el poder de cambiarnos y, a través de nosotros, cambiar el mundo.

“Espíritu Santo, te ruego que me ayudes a aceptar las palabras de Jesús en mi corazón.”

Friday, April 23, 2021

Pan de Vida (3)

 

Evangelio

Jn 6, 52-59

En aquel tiempo, los judíos se pusieron a discutir entre sí: “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”

Jesús les dijo: “Yo les aseguro: Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no podrán tener vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré el último día.

Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí y yo en él. Como el Padre, que me ha enviado, posee la vida y yo vivo por él, así también el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo; no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre’’.

Esto lo dijo Jesús enseñando en la sinagoga de Cafarnaúm.


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Meditacion:

Hoy, Jesús hace tres afirmaciones capitales, como son: que se ha de comer la carne del Hijo del hombre y beber su sangre; que si no se comulga no se puede tener vida; y que esta vida es la vida eterna y es la condición para la resurrección (cf. Jn 6.53.58). No hay nada en el Evangelio tan claro, tan intenso y tan definitivo como estas afirmaciones de Jesús.

No siempre los católicos estamos a la altura de lo que merece la Eucaristía: a veces se pretende “vivir” sin las condiciones de vida señaladas por Jesús y, sin embargo, como ha escrito San Juan Pablo II, «la Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones ».

“Comer para vivir”: comer la carne del Hijo del hombre para vivir como el Hijo del hombre. Este comer se llama “comunión”. Es un "comer", y decimos "comer" para que quede clara la necesidad de la asimilación, de la identificación con Jesús. Se comulga para mantener la unión: para pensar como Él, para hablar como Él, para amar como Él.

«Vivamente he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer» (Lc 22,15), decía Jesús al atardecer del Jueves Santo. Debemos de recuperar el fervor eucarístico. Es Dios que baja hasta el corazón del hombre para establecer ahí una relación misteriosa de amor. Y desde ahí se construye la Iglesia y se toma parte en el dinamismo apostólico y eclesial de la Eucaristía.

Con la Eucaristia, estamos tocando la entraña misma del misterio, como Tomás, que palpaba las heridas de Cristo resucitado. Los cristianos tendremos que revisar nuestra fidelidad al hecho eucarístico, tal como Cristo lo ha revelado y la Iglesia nos lo propone. Y tenemos que volver a vivir la “experiencia” hacia la Eucaristía y, a partir de la Eucaristía, nuestros hermanos y hermanas nos aparecerán sagrados, tal como son. Y les serviremos con una renovada amor.

Thursday, April 22, 2021

Pan de Vida (2)

 

Evangelio

Jn 6, 44-51

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre, que me ha enviado; y a ése yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: Todos serán discípulos de Dios. Todo aquel que escucha al Padre y aprende de él, se acerca a mí. No es que alguien haya visto al Padre, fuera de aquel que procede de Dios. Ese sí ha visto al Padre.

Yo les aseguro: el que cree en mí, tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Sus padres comieron el maná en el desierto y sin embargo, murieron. Éste es el pan que ha bajado del cielo para que, quien lo coma, no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre, y el pan que yo les voy a dar es mi carne para que el mundo tenga vida”.


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Meditacion:

Tener cierto grado de sana incredulidad es una virtud. Por ejemplo, habrás visto anuncios que promocionan ciertas dietas con las que te aseguran que conseguirás una dramática pérdida de peso. Posiblemente deberías investigar más antes de hacer alguna inversión monetaria en un plan de estos. Lo mismo sucede con la promesa de que un solo suplemento alimenticio puede cambiar toda tu vida. De nuevo, probablemente debes ser precavido.

Pero hay una promesa en la que puedes creer al pie de la letra: Jesús es “el pan de vida” (Juan 6, 51), que tomó en sus manos las sustancias ordinarias del pan y el vino durante la Última Cena y los transformó en su Cuerpo y su Sangre. El vino y el pan consagrados que recibimos en la Misa realmente son Jesús vivo, que se nos entrega una y otra vez. La Eucaristía realmente tiene el poder de sanarnos, fortalecernos y hacernos cada vez más semejantes a nuestro Señor Jesucristo.

Esta promesa es hermosa e increíble, pero debemos entender que la Eucaristía no es mágica. No, no nos convertimos instantáneamente en una versión nueva y mejorada de nosotros mismos cuando la recibimos. La transformación generalmente es gradual, y nosotros mismos tenemos un papel fundamental que desempeñar. Debemos recibirla con fe y respaldar esa fe con actos de obediencia durante el día.

Desde luego tú no necesitas ser perfecto para recibir a Cristo en tu corazón. Cuando lo recibes, él te recibe a ti, con tus fortalezas y debilidades. Y al recibirte, lentamente va despojándote de tu pecado, y tus debilidades y te va concediendo su gracia. Además, al dedicar más tiempo a estar en la presencia del Señor fuera de la Misa, irás experimentando más su amor, misericordia y gracia que se arraigan en tu corazón a través de la Eucaristía. Esa es la razón por la cual la oración y la lectura diaria de la Escritura son tan importantes.

La próxima vez que estés en Misa o en la adoración del Santísimo, piensa en lo extraordinaria que es la Eucaristía. Por puro amor por nosotros Jesús decidió no solo hacerse hombre sino también ofrecerse a nosotros en el pan y el vino. Jesucristo es nuestro pan vivo, y esta es una verdad que nunca se desvanecerá.

“Señor Jesús, gracias por convertirte en mi pan de vida. Te suplico que me transformes para ser más como tú.”

Wednesday, April 21, 2021

Pan de Vida

 

Evangelio

Jn 6, 35-40

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed. Pero como ya les he dicho: me han visto y no creen. Todo aquel que me da el Padre viene hacia mí; y al que viene a mí yo no lo echaré fuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.

Y la voluntad del que me envió es que yo no pierda nada de lo que él me ha dado, sino que lo resucite en el último día. La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en él, tenga vida eterna y yo lo resucite en el último día’’.


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Meditacion:

A menudo, al leer la Biblia, el mensaje de Jesús resulta bastante claro. Por ejemplo, en la parábola del Buen Samaritano (Lucas 10, 29-36) nos dice que ayudemos a otras personas, aunque no las conozcamos o nos parezcan diferentes. A veces, Jesús responde directamente a una pregunta, como cuando el escriba la preguntó cuál mandamiento era más importante: “Ama al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente” (Mateo 22, 37).

Sin embargo, en el Evangelio de hoy, que es parte del famoso discurso del “pan de vida”, el mensaje de Jesús escandalizó a sus oyentes. ¿Cómo podía decir él que había bajado del cielo? ¿Cómo podía darles su carne para comer?

Lo que Jesús decía era tanto simbólico como literal y sin duda eso confundió a la gente. Al referirse a sí mismo como el pan de vida, nos llama a confiar en que él es el sustento para nuestra vida. El Señor está diciendo que sus palabras y nuestra relación con él son alimento para el alma.

Pero Jesús también estaba hablando literalmente pues estaba describiendo la Eucaristía, que se convertiría en la máxima expresión de nuestro culto a él. Se refería a que este don podría unirnos con su cuerpo, sangre, alma y divinidad.

Sin embargo, los seguidores de Jesús comenzaron a celebrar la Eucaristía recién después de la resurrección. Así que, para ese momento, quienes lo escuchaban no tenían forma de saber a qué se refería. Todo lo que podían hacer era aceptar sus palabras con fe.

Incluso hoy en día, la Eucaristía es misteriosa, desafía la imaginación y solamente el don de la fe nos permite creer en ella.

Después de escuchar el discurso del pan de vida, muchos de los seguidores de Jesús lo abandonaron. Sin embargo, Pedro se mantuvo a su lado. Probablemente él estaba tan confundido como todos los demás, pero creía en Jesús.

Es normal tener dudas sobre nuestra fe. Podemos cuestionarnos una enseñanza de la Iglesia o preguntarnos por qué a las personas buenas les suceden cosas malas. Pero independientemente de cuáles sean tus preguntas, mantente siempre firme en tu fe hasta que Dios te ayude a entender mejor lo que sucede, al igual que lo hizo Pedro.

“Señor, te ruego que me des un corazón humilde que confíe en tu Palabra.”


Tuesday, April 20, 2021

Pan de Vida

 

Evangelio

Jn 6, 30-35

En aquel tiempo, la gente le preguntó a Jesús: “¿Qué signo vas a realizar tú, para que lo veamos y podamos creerte? ¿Cuáles son tus obras? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Les dio a comer pan del cielo”.

Jesús les respondió: “Yo les aseguro: No fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo”.

Entonces le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les contestó: “Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed”.


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Meditacion:

A propósito de la multiplicación de los paneles, Jesús les hacía ver en la lectura de ayer que hay otro alimento, el verdadero Pan de Vida; en el Evangelio de hoy, aprovechando la petición de un signo como el del pan llovido del cielo en el desierto, Jesús empieza a explicarles que Él es, en persona, el verdadero Pan del Cielo, el que da la Vida eterna, el que el Padre ha regalado a la humanidad para que tengamos la verdadera Vida.


Nuestra vida en este mundo es limitada, efímera, someida al mal, al pecado, a la muerte. Y no podemos por nosotros mismos salvarnos. Sin embargo, por puro amor Dios Padre ha querido enviarnos a su Hijo para darnos Vida nueva. Por la Encarnación, Jesús es uno de nosotros, con todas las consecuencias: el Hijo de Dios hace suya la pequeñez, limitación y temporalidad de nuestra vida. Por amor, acabará entregando su vida a la muerte en una Cruz; muerte de la que Dios mismo le levantará, Resucitado. Jesús, Hijo de Dios, muerto por nosotros, ha resucitado, y así nos ofrece la Vida Nueva, Resucitada. Quien quiera aceptarla, quien quiera comer de ese Pan de Vida que el Señor es, tendrá en sí Vida Nueva…


Acoger al Señor en el corazón, confiar en Él, comenzar a vivir desde Él, escuchándole y viviendo conforme nos enseñó, construir así Mundo Nuevo, el Reino de Dios,… Nada de ello es posible si no nos alimentamos de esa Vida Nueva que Él nos regala, del Pan de Vida que es Él mismo, en persona. Y por eso, no hay Sacramento más significativo que la Eucaristía.


San Esteban, como aquellos primeros cristianos, dejaron que el Espíritu de Jesús les cambiara el corazón y la vida. Alimentados así con el Pan de la Vida Nueva, comenzaron a amar y servir anunciando la Buena Nueva de la Resurrección del Señor, sin que nada ni nadie les detuviera. Incluso hasta dar la vida por Él.


“Danos siempre de este Pan, Señor”.

Monday, April 19, 2021

La obra de Dios

 

Evangelio

Jn 6, 22-29

Después de la multiplicación de los panes, cuando Jesús dio de comer a cinco mil hombres, sus discípulos lo vieron caminando sobre el lago. Al día siguiente, la multitud, que estaba en la otra orilla del lago, se dio cuenta de que allí no había más que una sola barca y de que Jesús no se había embarcado con sus discípulos, sino que éstos habían partido solos. En eso llegaron otras barcas desde Tiberíades al lugar donde la multitud había comido el pan. Cuando la gente vio que ni Jesús ni sus discípulos estaban allí, se embarcaron y fueron a Cafarnaúm para buscar a Jesús.

Al encontrarlo en la otra orilla del lago, le preguntaron: “Maestro, ¿cuándo llegaste acá?” Jesús les contestó: “Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto signos, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por ese alimento que se acaba, sino por el alimento que dura para la vida eterna y que les dará el Hijo del hombre; porque a éste, el Padre Dios lo ha marcado con su sello”.

Ellos le dijeron: “¿Qué necesitamos para llevar a cabo las obras de Dios?” Respondió Jesús: “La obra de Dios consiste en que crean en aquel a quien él ha enviado”.


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Meditacion:

A veces, al escuchar la Palabra de Dios, una pequeña frase se queda resonando con fuerza en el corazón. Es bueno abandonarse en ella, dejar que resuene, como una campana en lo profundo del valle de tu vida… Los discípulos le habían preguntado, después de tantas cosas vividas junto al Maestro: “¿Qué tenemos que hacer para realizar las obras de Dios?”. En medio de tantas cosas que vamos viviendo, nuestra intención es hacer lo que Dios quiere de nosotros, cumplir su Voluntad, hacer su obra. Por ello le preguntamos también al Señor: ¿qué tenemos que hacer? Pero no es fácil discernir, no es fácil saber cuál sea su Voluntad.

En aquella ocasión, la respuesta de Jesús fue sorprendente. Y lo es también para nosotros. “La obra de Dios es que creáis en el que Él ha enviado”. Lo que Dios quiere es que creamos en Jesucristo. Y ya está. ¿Da lo mismo lo que hagamos con tal de que creamos en Él?

En realidad, no da lo mismo, claro. Pero es que si crees de verdad en Él no va a darte lo mismo hacer o no hacer unas cosas u otras, y no las vas a hacer del mismo modo, ni con las mismas actitudes. La decisión de qué hacer, qué vivir, a qué dedicarte, cómo y con quién hacerlo, sigue siendo de cada cual. La fe no nos quita la libertad de decidir nuestra propia vida, no nos deshumaniza. Todo lo contrario. La fe en Cristo Jesús nos hace plenamente libres. El que cree en él pasa a ser una criatura nueva, renace a la verdadera libertad. En tus manos sigue estando tu propia vida. Pero, hagas lo que hagas, si realmente crees en Él, lo harás de un modo nuevo: amando, olvidado de ti, entregado al servicio de los que más sufren, con una esperanza inquebrantable, sembrando alegría, consuelo, justicia, paz a tu alrededor, construyendo fraternidad…

La obra de Dios es que creamos en su Hijo porque unidos a él construimos comunidad y nueva humanidad, Reino de Dios.

Haz, pues, tu obra en nosotros; alimenta nuestra fe, Señor, para que creyendo de verdad en ti vivamos como Dios quiere de nosotros.

Saturday, April 17, 2021

En el lago

 

Evangelio

Jn 6, 16-21

Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.

Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero él les dijo: “Soy yo, no tengan miedo”. Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.


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Meditacion:

“Es Él, no temamos”. Así nos habla el evangelio de hoy y tantas otras veces que se pone esta petición en labios de Jesús: “soy Yo, no tengáis miedo”. Vivir en medio de tormentas y con más noche que día es algo por lo que todos pasamos. Forma parte de la vida. Los discípulos de Jesús lo vivieron con Él en persona: ir en una pequeña barca por la noche, que el lago se encrespe y se ponga a soplar el viento fuerte, no es una situación agradable. Los discípulos sintieron miedo; supongo que se sintieron solos, desprotegidos. Porque Jesús no estaba.

Tanto miedo tenían que no le reconocieron cuando se acercó y, ciertamente, ¿quién no lo haría si ve acercarse una figura humana caminando sobre el lago?

Cada uno sabemos de nuestros propios miedos. Las primeras comunidades enseguida lo experimentaron también: los griegos se incomodaban por unas cosas, los de origen hebreo por otras… Estaban empezando y ya se generaban tensiones. La respuesta fue establecer una nueva estructura o al menos fue una decisión que dio lugar a un nuevo estamento, el de los diáconos. Quizá las cosas serían distintas si hubieran entrado a dialogar el problema de fondo, el malestar entre los de un lado y los de otro, en lugar de establecer nuevas normas. O quizá las cosas hubieran sido muy distintas si no se les hubiera ocurrido separar el servicio por un lado y la oración y el servicio a la Palabra, por otro. ¡Quién sabe!

En todo caso, en cada momento, reaccionamos a los peligros, inseguridades y temores, como mejor podemos hacerlo en ese momento. A veces nos equivocaremos, otras no tanto. Lo importante será que siga creciendo la vida y la presencia del Resucitado por todo el mundo. Y aún más otra cosa: que nunca olvidemos que el único que realmente puede quitarnos el miedo y dar seguridad a nuestra vida y nuestra Iglesia es Él (Yo Soy). Las estructuras, grupos, nombramientos y planes que hagamos, si son buenos, sólo serán secundarios.

Friday, April 16, 2021

Panes y peces

 

Evangelio

Jn 6, 1-15

En aquel tiempo, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea o lago de Tiberíades. Lo seguía mucha gente, porque habían visto los signos que hacía curando a los enfermos. Jesús subió al monte y se sentó allí con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua, festividad de los judíos. Viendo Jesús que mucha gente lo seguía, le dijo a Felipe: “¿Cómo compraremos pan para que coman éstos?” Le hizo esta pregunta para ponerlo a prueba, pues él bien sabía lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Ni doscientos denarios de pan bastarían para que a cada uno le tocara un pedazo de pan”. Otro de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un muchacho que trae cinco panes de cebada y dos pescados. Pero, ¿qué es eso para tanta gente?” Jesús le respondió: “Díganle a la gente que se siente”. En aquel lugar había mucha hierba. Todos, pues, se sentaron ahí; y tan sólo los hombres eran unos cinco mil.

Enseguida tomó Jesús los panes, y después de dar gracias a Dios, se los fue repartiendo a los que se habían sentado a comer. Igualmente les fue dando de los pescados todo lo que quisieron. Después de que todos se saciaron, dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos sobrantes, para que no se desperdicien”. Los recogieron y con los pedazos que sobraron de los cinco panes llenaron doce canastos.

Entonces la gente, al ver el signo que Jesús había hecho, decía: “Éste es, en verdad, el profeta que habría de venir al mundo”. Pero Jesús, sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró de nuevo a la montaña, él solo.


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Meditacion:

Este sí es un misterio: Si Jesús ya tenía un plan para alimentar a miles de personas, si él ya sabía muy bien lo que iba a hacer, ¿por qué le pediría a sus discípulos que solucionaran el problema? El Señor podría haberle quitado milagrosamente el hambre a la multitud o hacer que frente a cada persona se materializaran alimentos. Tan simple como puede parecer, Jesús quería que ellos fueran parte de lo que él estaba planeando hacer. Así que les pidió a los discípulos que le dieran ellos de comer a la multitud.

Algo perplejo, Felipe le dio una respuesta analítica al calcular que se necesitaba el salario de un año para satisfacer el hambre de la gente. Pero Andrés, por su parte, tuvo una perspectiva más práctica: La merienda de este muchacho, aunque no era suficiente, podía de alguna manera contribuir a la causa. Entonces, llegó la solución de Jesús, un milagro tan impresionante que las personas aun hablan de él en la actualidad.

Imagina lo que pensaban estos discípulos mientras Jesús bendecía y partía el pan y lo comenzaba a distribuir. ¡Algo estaba sucediendo! Frente a ellos un milagro se estaba desarrollando lentamente mientras ellos seguían repartiendo el pan y el pescado. No importó cuántas veces metieron su mano en las cestas, cada vez salía más comida. Al final, la gente comió hasta quedar satisfecha, y los discípulos entendieron un poco más de qué manera Dios cuida de su pueblo.

Jesús nunca deja de actuar a través de sus seguidores, y jamás permitirá que dejemos de formar parte esencial de su plan de cuidar de su pueblo y de que los creyentes tengan una fe más profunda. Así que mientras podemos vernos reflejados en Felipe y Andrés tal como somos, Jesús nos muestra en qué podemos convertirnos. Aunque somos imperfectos, Jesús quiere que nos involucremos para que cada vez más podamos entender su forma de actuar. El Señor toma nuestras humildes ofrendas y las multiplica más allá de toda expectativa para que crezcamos en confianza y tengamos la voluntad de dar un paso en fe.

Porque al final, el plan de Jesús es mucho más grande que nuestras capacidades, así como lo es su deseo de que nosotros seamos parte de él.

“Señor Jesús, te pido que me ayudes a confiar en tu plan perfecto para este mundo.”

Thursday, April 15, 2021

Cosas de Dios

 

Evangelio

Jn 3, 31-36

“El que viene de lo alto está por encima de todos; pero el que viene de la tierra pertenece a la tierra y habla de las cosas de la tierra. El que viene del cielo está por encima de todos. Da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie acepta su testimonio. El que acepta su testimonio certifica que Dios es veraz. Aquel a quien Dios envió habla las palabras de Dios, porque Dios le ha concedido sin medida su Espíritu.

El Padre ama a su Hijo y todo lo ha puesto en sus manos. El que cree en el Hijo tiene vida eterna. Pero el que es rebelde al Hijo no verá la vida, porque la cólera divina perdura en contra de él’’.


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Meditacion:

No muchas personas, al salir de prisión, regresarían al lugar de la escena del crimen para cometerlo de nuevo. Sin embargo eso fue lo que los apóstoles hicieron. Las autoridades les dieron una orden directa de no enseñar sobre Jesús, pero parece que eso no podía detenerlos. Habiendo sido liberados de la cárcel, todo lo que ellos deseaban hacer era obedecer la orden de Jesús de predicar su buena noticia a la gente.

¡Qué gran ejemplo de una perseverancia llena de fe! Desde luego, es poco probable que nosotros nos enfrentemos a la amenaza de ser encarcelados por nuestra fe, pero existe más de una clase de prisión que nos impide compartir la fe que profesamos. Fácilmente podemos sentirnos atrapados por el temor al fracaso o por una resistencia natural a exponernos. ¿Cómo podemos liberarnos entonces de estas prisiones?

La primera cuestión y la más importante que todos necesitan recordar sobre la evangelización es que es una obra de encuentro humano, no de argumentación lógica. A menudo, el “argumento” más convincente que alguien puede ofrecer es el cuidado y la preocupación auténtica por alguien más.

Esto puede ser más sencillo de lo que piensas. Palabras como “encuentro” pueden sonar terriblemente técnicas o demandantes, pero simplemente se refiere a conocer a otra persona y gradualmente compartirle tu vida. Es la forma en la que Jesús se acercó a la gente a la que evangelizó, mostrando un interés genuino y ofreciéndoles una mirada a la razón de su propia alegría, confianza y paz.

¿Qué puede significar esto para ti? Recuerda que Jesús dijo que él vino a dar testimonio de lo que había visto (Juan 3, 31). Eso también es suficiente para ti. ¿Qué has “visto”? ¿Un Dios que te perdonó cuando tenía derecho a abandonarte? ¿Un Salvador que escuchó tu súplica por tu ser querido y le dio consuelo? ¿La capacidad para reparar una relación rota o reconciliarte con un familiar?

Compartir tu fe no requiere mucho de ti, solamente la decisión de salir de la prisión de tu propia falta de confianza. Y eso sucede cuando das el primer paso e inicias una conversación. Solo iníciala, y mira a dónde te lleva el Espíritu Santo.

“Espíritu Santo te ruego que me des la valentía para hablar de Jesús a otras personas.”

Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...