Thursday, March 21, 2024

No moriran


 Evangelio

Jn 8, 51-59

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: “Yo les aseguro: el que es fiel a mis palabras no morirá para siempre”.

Los judíos le dijeron: “Ahora ya no nos cabe duda de que estás endemoniado. Porque Abraham murió y los profetas también murieron, y tú dices: ‘El que es fiel a mis palabras no morirá para siempre’. ¿Acaso eres tú más que nuestro padre Abraham, el cual murió? Los profetas también murieron. ¿Quién pretendes ser tú?”

Contestó Jesús: “Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, aquel de quien ustedes dicen: ‘Es nuestro Dios’, aunque no lo conocen. Yo, en cambio, sí lo conozco; y si dijera que no lo conozco, sería tan mentiroso como ustedes. Pero yo lo conozco y soy fiel a su palabra. Abraham, el padre de ustedes, se regocijaba con el pensamiento de verme; me vio y se alegró por ello”.

Los judíos le replicaron: “No tienes ni cincuenta años, ¿y has visto a Abraham?” Les respondió Jesús: “Yo les aseguro que desde antes que naciera Abraham, Yo Soy”.

Entonces recogieron piedras para arrojárselas, pero Jesús se ocultó y salió del templo.



Meditacion:

El Evangelio de hoy da muchas vueltas pero al final lo que se juega es el conocimiento de Dios. O mejor dicho, la imagen o la idea que tenemos de Dios. Los judíos ya tenían una idea de Dios. La tenían codificada, expresada y explicada en sus libros sagrados, lo que hoy conocemos como el Antiguo Testamento, y en los comentarios de los entendidos, el Talmud. Ahí estaba todo lo que tenía que saber un buen judío.

También nosotros tenemos ya una serie de ideas preconcebidas sobre quién es Dios. Ayer mismo escuchaba en la radio a un señor hablando de cómo Dios es el que está controlando todos nuestros actos y nos amenaza con la sanción correspondiente en caso de que no cumplamos con sus normas. Parece que lo importante no es que las normas sean más o menos razonables, sino que son mandadas, ordenadas por Dios. El problema con esta imagen de Dios es que se atribuyen a Dios normas que en muchos casas son productos de la tradición o de la cultura.

Jesús se desmarca de todo eso. Él conoce a Dios, tiene una experiencia profunda y única de Dios. Lo llama Padre. Y hace presente el modo de ser de Dios en su forma de comportarse y de hablar. En su cercanía a los pobres, a los marginados, a los pecadores. Y en sus críticas a los fariseos, escribas y sacerdotes, que se sentían no solo los representantes de la religión oficial judía sino también sus propietarios. Ellos eran los que sabían, los que entendían. Los demás eran todos unos ignorantes que necesitaban ser enseñados y pastoreados como se hace con las ovejas.

Jesús rompe con esos representantes oficiales. Él no quiere esclavos obedientes, estudiantes aplicados, sino seguidores: hombres y mujeres que libremente le sigan y vayan haciendo presente en el mundo, con sus palabras y sus obras el amor universal e incondicional de Dios por todas sus criaturas. Seguir el camino de Jesús tiene sus riesgos pero es la condición para llevar a plenitud el don de la libertad que se nos ha regalado y la vida que se nos ha entregado como don y gracia. Está claro que los judíos de que habla el Evangelio no habían entendido nada. ¿Y nosotros?

Tuesday, March 19, 2024

Yo soy


 Evangelio de hoy

Lectura del santo evangelio según san Juan (8,21-30):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos:

«Yo me voy y me buscaréis, y moriréis por vuestro pecado. Donde yo voy no podéis venir vosotros».

Y los judíos comentaban:

«¿Será que va a suicidarse, y por eso dice: “Donde yo voy no podéis venir vosotros”?».

Y él les dijo:

«Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba: vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo. Con razón os he dicho que moriréis en vuestros pecados: pues, si no creéis que Yo soy, moriréis en vuestros pecados».

Ellos le decían:

«¿Quién eres tú?».

Jesús les contestó:

«Lo que os estoy diciendo desde el principio. Podría decir y condenar muchas cosas en vosotros; pero el que me ha enviado es veraz, y yo comunico al mundo lo que he aprendido de él».

Ellos no comprendieron que les hablaba del Padre.

Y entonces dijo Jesús:

«Cuando levantéis en alto al Hijo del hombre, sabréis que “Yo soy”, y que no hago nada por mi cuenta, sino que hablo como el Padre me ha enseñado. El que me envió está conmigo, no me ha dejado solo; porque yo hago siempre lo que le agrada».

Cuando les exponía esto, muchos creyeron en él.



Meditacion:

Lo que dice Jesús a los fariseos es algo que, si lo pensamos, puede ser importante para nosotros y ayudarnos a vivir mejor nuestra vida en todos los sentidos. Dice Jesús que “yo me voy y me buscaréis”. Les está diciendo que entonces, en aquel momento, es cuando los fariseos tenían la oportunidad de encontrarse con Jesús en vivo y en director. Ese era el momento. Más tarde, ya sería tarde. Ya no encontrarían a Jesús porque se iba a ir y dónde se iba, ellos no podrían ir.

Aplicaría esas palabras también a nosotros. Vivimos aquí y ahora. Por mucho que nos empeñemos, esta es la única realidad que tenemos: el presente, el ahora, el ya. Este día que estamos viviendo. Este es nuestro tiempo. Mañana no sabemos lo que pasará. Por mucho que nos empeñemos en organizar nuestras agendas, en decir que dentro de un mes o dos o dentro de una semana vamos a hacer esto y lo otro, en realidad no tenemos ninguna seguridad. La incertidumbre, que tanto aborrecemos, domina nuestra vida. No conocemos el mañana. El futuro es una realidad siempre abierta. Para ser realista, lo único que sabemos con seguridad es que vamos a morir. Pero lo que puede haber por medio no tenemos ni idea. Es posible que la vida nos dé muchas sorpresas.

Por eso, tenemos que aprovechar el hoy y el ahora. Este momento que tenemos, esta persona con la que me encuentro, este tiempo de silencio. Dejar las cosas para más adelante, para mañana o pasado, es hacer un brindis al sol. Y puede ser que se nos haga tarde. Y que la oportunidad pasé de largo sin que la hayamos aprovechado.

Hoy y ahora es nuestra oportunidad para encontrarnos con Jesús, para escucharle y dejar que su mensaje llegue a nuestro corazón. Hay que estar atentos, despiertos. Hay que abrir los ojos y llevar la mirada a nuestros hermanos y hermanas. Y, por supuesto, dejar de mirarnos al ombligo, dejar de creernos el centro del mundo.

Los fariseos estaban tan convencidos de tener la verdad que supieron ni pudieron aceptar la realidad y el testimonio de Jesús. Dejaron pasar su oportunidad. Ahora ya es cuestión de cada uno de nosotros aprovechar el momento, estar atentos y hacer vida lo que hemos aprendido del mismo Jesús.

Monday, March 18, 2024

El que este libre de pecado...


 Gospel

Jn 8, 1-11

En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos y al amanecer se presentó de nuevo en el templo, donde la multitud se le acercaba; y él, sentado entre ellos, les enseñaba.

Entonces los escribas y fariseos le llevaron a una mujer sorprendida en adulterio, y poniéndola frente a él, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos manda en la ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?”

Le preguntaban esto para ponerle una trampa y poder acusarlo. Pero Jesús se agachó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como insistían en su pregunta, se incorporó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra”. Se volvió a agachar y siguió escribiendo en el suelo.

Al oír aquellas palabras, los acusadores comenzaron a escabullirse uno tras otro, empezando por los más viejos, hasta que dejaron solos a Jesús y a la mujer, que estaba de pie, junto a él.

Entonces Jesús se enderezó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Nadie te ha condenado?” Ella le contestó: “Nadie, Señor”. Y Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar”.



Meditacion:

Siempre hay algún moralista o predicador rigorista que estropea esta escena del evangelio de Juan. Es una preciosa escena en la que sobresale sobre todo lo demás el perdón y la misericordia. Jesús acoge la adúltera (podríamos hacer un comentario de que el adulterio es cosa de dos pero no estaba en aquella cultura esa idea ni siquiera siempre en la nuestra). La saca de las garras de los que quieren apedrearla. Hace que todos se alejen y lo que era un grupo de acusadores, fiscales y jueces desaparece poco a poco. Dice el evangelio que se escabulleron uno a uno, empezando por los más viejos. Y todo sin necesidad de hacer grandes discursos. Jesús apenas dice unas palabras: “El que esté sin pecado que tire la primera piedra.” Lo de que se fueran primero los más viejos se entiende porque a más años más meteduras de pata, más pecados y más que callar.

Se van los acusadores. Ya no hay juicio. Nadie condena y Jesús tampoco. Este es el punto más importante de la escena. Lo que era un auténtico pecado se queda sin castigo. No pasa nada. Todo queda en una recomendación genérica: “No peques más”. Tan genérica que todos sabemos que es, para cualquiera de nosotros imposible de cumplir en la práctica.

Decía que siempre hay alguien que estropea la escena porque terminan dando más importancia a estas últimas palabras de Jesús que a toda la escena. Estoy seguro de que en sus predicaciones hablan muy bien del perdón de Jesús y de la misericordia de Dios que se manifiesta en la historia pero (y en español, como en tantos idiomas, lo más importante de una frase es la parte que viene después del “pero”) terminan subrayando ese “no peques más”. Y de paso pueden recordar a todos que todo pecado tiene su castigo. Porque en nuestra historia tuvimos un tiempo en que los pecados estaban catalogados y cada uno tenía su castigo proporcional.

Pero (y este pero es importante porque es lo que quiero decir) en Jesús no hay castigo, no hay sanción, no hay pena. Lo que hay es una nueva oportunidad, un nuevo comenzar para la persona que se encuentra hundida. Nadie condena a la adúltera. Ni los que hacían de jueces y fiscales (descubrieron que no calificaban para ese cargo) ni tampoco Jesús que maneja mucho la misericordia y nada, nada de nada, el castigo.

Saturday, March 16, 2024

Profetas


 Evangelio

Jn 7, 40-53

En aquel tiempo, algunos de los que habían escuchado a Jesús comenzaron a decir: "Éste es verdaderamente el profeta". Otros afirmaban: "Éste es el Mesías". Otros, en cambio, decían: "¿Acaso el Mesías va a venir de Galilea? ¿No dice la Escritura que el Mesías vendrá de la familia de David, y de Belén, el pueblo de David?" Así surgió entre la gente una división por causa de Jesús. Algunos querían apoderarse de él, pero nadie le puso la mano encima.

Los guardias del templo, que habían sido enviados para apresar a Jesús, volvieron a donde estaban los sumos sacerdotes y los fariseos, y éstos les dijeron: "¿Por qué no lo han traído?" Ellos respondieron: "Nadie ha hablado nunca como ese hombre". Los fariseos les replicaron: "¿Acaso también ustedes se han dejado embaucar por él? ¿Acaso ha creído en él alguno de los jefes o de los fariseos? La chusma ésa, que no entiende la ley, está maldita".

Nicodemo, aquel que había ido en otro tiempo a ver a Jesús, y que era fariseo, les dijo: "¿Acaso nuestra ley condena a un hombre sin oírlo primero y sin averiguar lo que ha hecho?" Ellos le replicaron: "¿También tú eres galileo? Estudia las Escrituras y verás que de Galilea no ha salido ningún profeta". Y después de esto, cada uno de ellos se fue a su propia casa.



Meditacion:

Nicodemo, con su, aparentemente tímida defensa de Jesús, me hace pensar en el mundo de hoy y sus medios de comunicación. Aunque conocemos el dicho en inglés que recomienda “no juzgar a un libro por su portada”, los juicios sobre cosas, personas y acontecimientos son a menudo rápidos y sentenciosos. No juzgar un libro por su portada quiere decir, claro está, no juzgar por apariencias, por prejuicios o por lo que nos ha dicho alguien que ha dicho alguien sobre alguien… El Mesías no puede venir de Galilea, sino que tiene que venir de Belén y de la familia de David… “¡Pues eso!”, podría decir Jesús burlonamente: “infórmense, porque ciertamente nací en Belén y mi padre es de la familia de David.”

En nuestra sociedad a menudo se da por hecho lo que “el pensamiento único” se ha dado como absoluto con obligación de creerlo. Quienes no creen alguna de las “verdades” de este pensamiento, son negacionistas, retrógrados o algo peor. Pero la tímida defensa de Nicodemo podría servirnos para profundizar un poco: “¿Acaso nuestra ley condena a un hombre si oírlo primero y averiguar lo que ha hecho?” ¿Acaso no es Dios quien sondea el corazón y sabe la verdad de cada uno? ¿Acaso no es el buen corazón el que da buenos frutos? ¿No habría que mirar, más bien, a los frutos y a de dónde vienen -no geográfica o racialmente-, sino en su más profunda verdad?

El corazón del justo, el que ha de ser juzgado únicamente por Dios, sabe dónde está su refugio, como dice el Salmo. Y es en ese refugio donde está su más profunda verdad. Es el mismo refugio de Jesús, que sabe bien de dónde viene. Y el saber de dónde se viene es el que da la más absoluta seguridad: “tú llegas, Señor, a lo más hondo del corazón humano… Tengo mi escudo en Dios”.

La seguridad de Jesús, que se enfrenta en estos momentos finales a la muerte más cruel, es la que se apoya en esa verdad. La invitación de hoy sería a buscar la verdad más íntima y a confiar en el juicio de Dios más que en el propio. Y también a tener bien puesta la propia seguridad en ese escudo que aleja todo temor y que es más fuerte que cualquier juicio. Pero también es una invitación a desafiar los juicios y los pensamientos ligeros que se apoyan en algo tan efímero como una opinión generalizada o impuesta. A ser capaces, como Nicodemo, de desafiar esos juicios y confesar la verdad. De ver, o al menos poder intuir, que el juicio de Dios va a lo más profundo.

Friday, March 15, 2024

Me conocen?


 Evangelio

Jn 7, 1-2. 10. 25-30

En aquel tiempo, Jesús recorría Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo. Se acercaba ya la fiesta de los judíos, llamada de los Campamentos.

Cuando los parientes de Jesús habían llegado ya a Jerusalén para la fiesta, llegó también él, pero sin que la gente se diera cuenta, como de incógnito. Algunos, que eran de Jerusalén, se decían: "¿No es éste al que quieren matar? Miren cómo habla libremente y no le dicen nada. ¿Será que los jefes se han convencido de que es el Mesías? Pero nosotros sabemos de dónde viene éste; en cambio, cuando llegue el Mesías, nadie sabrá de dónde viene".

Jesús, por su parte, mientras enseñaba en el templo, exclamó: "Conque me conocen a mí y saben de dónde vengo... Pues bien, yo no vengo por mi cuenta, sino enviado por el que es veraz; y a él ustedes no lo conocen. Pero yo sí lo conozco, porque procedo de él y él me ha enviado". Trataron entonces de capturarlo, pero nadie le pudo echar mano, porque todavía no había llegado su hora.



Meditacion:

Las noticias se dan tan rápidamente que a menudo no da tiempo a pasar de los titulares. Y los titulares son cada vez más cortos, porque no hay paciencia, ni disposición mental para ir más allá. Y, como lo dice el periódico, o el internet, o la tv, se cree a pies juntillas. Pero no da tiempo a ir al fondo de la cuestión. Este mal no es solo de tiempos modernos. Los del tiempo de Jesús decían que sabían de dónde venía: un galileo despreciado, el hijo de un artesano.

Pero era un galileo, un hijo del artesano algo distinto. “¿Así que saben de dónde vengo?”, dice. Pues habría que mirar un poco más allá. Siempre hay que mirar un poco más allá y el resultado es algo asombroso y maravilloso. A veces nos podemos quedar con la figura del Jesús histórico, en todo su sentido admirable y bueno. Un hombre extraordinario que pasó haciendo el bien. Un personaje que causa admiración por sus palabras y por su atractiva manera de ser. Pero hay que mirar un poco más allá: “Soy de él y él me envió”. Es decir, no es un hombre cualquiera, sino alguien que habla libremente, porque sabe de dónde viene. No es que le moleste ser de Galilea, sino que mira a su verdadero origen. No es que niegue a sus padres, sino que, además, apunta a su Padre, al origen divino. No es que no haga “buenas obras”, sino que ES la salvación.

La lectura del Libro de la Sabiduría presenta ese modo de pensar superficial que ha dominado muchas veces y hoy día sigue dominando: creen saber de dónde viene, pero se dan cuenta de que su presencia va mucho más allá, y eso molesta: “Presume de que conoce a Dios

y se proclama a sí mismo hijo del Señor. Ha llegado a convertirse en un vivo reproche

de nuestro modo de pensar y su sola presencia es insufrible, porque lleva una vida distinta de los demás y su conducta es extraña.”

Es decir, el Justo no se acopla a lo que es “normal”, a la superficialidad. Va más allá y eso obliga a pensar. Parece ser que el testimonio cristiano tiene que ir también más allá y quizá ser reproche y desafío. Difícil; pero nos obligaría a pensar más allá: a reconocer de dónde venimos de verdad y hacia dónde caminamos. Nos hará preguntarnos si llevamos una vida distinta a la de los demás. ¿En qué tendríamos que ser distintos? ¿Tenemos el valor de serlo?

Thursday, March 14, 2024

El testimonio de mi Padre


 Evangelio

Jn 5, 31-47

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: "Si yo diera testimonio de mí, mi testimonio no tendría valor; otro es el que da testimonio de mí y yo bien sé que ese testimonio que da de mí, es válido.

Ustedes enviaron mensajeros a Juan el Bautista y él dio testimonio de la verdad. No es que yo quiera apoyarme en el testimonio de un hombre. Si digo esto, es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron alegrarse un instante con su luz. Pero yo tengo un testimonio mejor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido realizar y que son las que yo hago, dan testimonio de mí y me acreditan como enviado del Padre.

El Padre, que me envió, ha dado testimonio de mí. Ustedes nunca han escuchado su voz ni han visto su rostro, y su palabra no habita en ustedes, porque no le creen al que él ha enviado.

Ustedes estudian las Escrituras pensando encontrar en ellas vida eterna; pues bien, ellas son las que dan testimonio de mí. ¡Y ustedes no quieren venir a mí para tener vida! Yo no busco la gloria que viene de los hombres; es que los conozco y sé que el amor de Dios no está en ellos. Yo he venido en nombre de mi Padre y ustedes no me han recibido. Si otro viniera en nombre propio, a ése sí lo recibirían. ¿Cómo va a ser posible que crean ustedes, que aspiran a recibir gloria los unos de los otros y no buscan la gloria que sólo viene de Dios?

No piensen que yo los voy a acusar ante el Padre; ya hay alguien que los acusa: Moisés, en quien ustedes tienen su esperanza. Si creyeran en Moisés, me creerían a mí, porque él escribió acerca de mí. Pero, si no dan fe a sus escritos, ¿cómo darán fe a mis palabras?''



Meditacion:

Hay alegrías muy verdaderas, pero efímeras: las comidas familiares, una celebración de cumpleaños, un concierto, un éxito. Y quizá, también, como la gente del tiempo de Jesús, una palabra que parece definitiva; una buena predicación, una conferencia o clase maravillosa. Y queda el recuerdo, quizá algo nostálgico, del momento. No es que todos esos momentos, como el testimonio de Juan, sean falsos. Es que son un instante que “quisimos gozar”. Pero hay una verdad, un testimonio que no pasa, y es el ver el rostro de Dios en la persona de Cristo.

El testimonio de Cristo es más grande que el de Juan. Juan mismo lo había reconocido: “no soy digno de atar la correa de su sandalia”. Entonces, si la alegría de la luz que se encuentra en momentos concretos es proporcional a la fuerza del testimonio, Cristo ofrece no un instante, sino una eternidad de gloria y alegría. ¿Cómo ver esa luz y esa gloria?

Está claro: en primer lugar, leer las Escrituras y reconocer hacia quién está orientado todo el Antiguo Testamento y de quién habla todo el Nuevo. Ver al enviado, al que anunciaron los profetas.

Y ¿qué hacemos en términos concretos?

Está claro: mirar las acciones del Ungido. A veces son acciones espectaculares: milagros, convocatoria de miles de personas, actos y palabras magníficas. Y otras veces son acciones tan sencillas como beber agua del pozo de una mujer a la que llama a la reconciliación y a la verdad; o como comer en casa de un recaudador de impuestos que entrega lo que ha defraudado y la mitad de sus bienes; o escribir en el suelo algo misterioso y liberar a una mujer no solo de las piedras, sino de su pecado. Quizá los milagros que Dios opere por nuestro medio no sean milagros espectaculares; seguramente no tendremos una fuerza de convocatoria tan grande que reúna a multitudes y les dé de comer milagrosamente. Pero los pequeños actos, las acciones más sencillas, pueden dejar traslucir la luz de Dios. Si es así, si no es la propia luz sino la que apunta a Cristo, la alegría de la que se podrá gozar no será un instante, sino toda una eternidad.


Wednesday, March 13, 2024

Mi Padre siempre trabaja...


 Evangelio

Jn 5, 17-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos (que lo perseguían por hacer curaciones en sábado): "Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo". Por eso los judíos buscaban con mayor empeño darle muerte, ya que no sólo violaba el sábado, sino que llamaba Padre suyo a Dios, igualándose así con Dios.

Entonces Jesús les habló en estos términos: "Yo les aseguro: El Hijo no puede hacer nada por su cuenta y sólo hace lo que le ve hacer al Padre; lo que hace el Padre también lo hace el Hijo. El Padre ama al Hijo y le manifiesta todo lo que hace; le manifestará obras todavía mayores que éstas, para asombro de ustedes. Así como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a quien él quiere dársela. El Padre no juzga a nadie, porque todo juicio se lo ha dado al Hijo, para que todos honren al Hijo, como honran al Padre. El que no honra al Hijo tampoco honra al Padre.

Yo les aseguro que, quien escucha mi palabra y cree en el que me envió, tiene vida eterna y no será condenado en el juicio, porque ya pasó de la muerte a la vida.

Les aseguro que viene la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la hayan oído vivirán. Pues así como el Padre tiene la vida en sí mismo, también le ha dado al Hijo tener la vida en sí mismo; y le ha dado el poder de juzgar, porque es el Hijo del hombre.

No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que yacen en la tumba oirán mi voz y resucitarán: los que hicieron el bien para la vida; los que hicieron el mal, para la condenación. Yo nada puedo hacer por mí mismo. Según lo que oigo, juzgo; y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió".



Meditacion:

Al principio del año, y luego al principio de la Cuaresma, se suelen hacer muchos buenos propósitos… Es bueno, porque supone un reconocimiento de algo que no se está haciendo del todo bien, o una intención de recordarse a uno mismo el buen camino, o de unirse a todo el Pueblo de Dios en un caminar colectivo de búsqueda de lo santo. Pero también a menudo vemos que, a mitad de camino, hemos fallado, o hemos encontrado alguna excusa para no seguir el plan. No hemos tenido “fuerza de voluntad”… Quizá porque pensábamos que la voluntad era la nuestra. Y, ya se sabe, “la carne es débil”. Y bueno, ¿qué quieres que te diga? Al fin y al cabo, soy humano. Todo cierto, ciertísimo. Pero quizá habría que cambiar el énfasis de la propia voluntad, que no tiene fuerza suficiente, que es débil, a la voluntad de Dios, que nunca está falta de fuerza. No busco mi voluntad, dijo Jesús, sino la del que me envió. Y, ¿cuál es tal voluntad?

La voluntad de Dios es una voluntad de misericordia: decir a los muertos que salgan de sus tumbas, a los prisioneros que rompan sus cadenas, a los que andan en la oscuridad que vengan a la luz. Los que están en las tumbas, oirán su voz y los que escuchen, vivirán. La voluntad de Dios es de vida. Pero ahí sí que nos perdemos: si no soy capaz de ayunar, ¿cómo voy a poder romper cadenas, sacar a muertos de tumbas? Terriblemente imposible y podría ser descorazonador.

Solo que hay pequeñas muertes diarias causadas por la injusticia de una mala palabra, de un rechazo, de un enojo continuado, de un atentado contra la dignidad de otra persona; hay pequeñas cadenas de adicciones personales y de las personas de nuestro alrededor, de malos hábitos, de falta de honradez. Y voluntad de Dios serán los pequeños actos que puedan dar algo de vida, que puedan romper alguno de esos hábitos. Para quienes ofenden y prenden en redes de resentimiento y juicios duro, los actos de misericordia y de perdón podrán ir sacándolos de las tinieblas y dando luz.

Mi propia voluntad puede querer inclinarme a mi gusto, a mi comodidad, y a mi enrocamiento en lo que creo que se me debe. Unirse a Cristo será poder decir, como Él: no busco mi voluntad, sino la del que me envió. La voluntad de quienes, por el Bautismo, fueron enviados como  seguidores de Jesús a dar vida, libertad, dignidad, luz. “Mi Padre trabaja siempre y yo también trabajo”. Y todos los discípulos trabajan también en esta gran esperanza y alegría.

Tuesday, March 12, 2024

Paralitico


 Evangelio

Jn 5, 1-16

Era un día de fiesta para los judíos, cuando Jesús subió a Jerusalén. Hay en Jerusalén, junto a la puerta de las Ovejas, una piscina llamada Betesdá, en hebreo, con cinco pórticos, bajo los cuales yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos. Entre ellos estaba un hombre que llevaba treinta y ocho años enfermo.

Al verlo ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado, Jesús le dijo: "¿Quieres curarte?" Le respondió el enfermo: "Señor, no tengo a nadie que me meta en la piscina cuando se agita el agua. Cuando logro llegar, ya otro ha bajado antes que yo". Jesús le dijo: "Levántate, toma tu camilla y anda". Al momento el hombre quedó curado, tomó su camilla y se puso a andar.

Aquel día era sábado. Por eso los judíos le dijeron al que había sido curado: "No te es lícito cargar tu camilla". Pero él contestó: "El que me curó me dijo: 'Toma tu camilla y anda' ". Ellos le preguntaron: "¿Quién es el que te dijo: 'Toma tu camilla y anda'?" Pero el que había sido curado no lo sabía, porque Jesús había desaparecido entre la muchedumbre. Más tarde lo encontró Jesús en el templo y le dijo: "Mira, ya quedaste sano. No peques más, no sea que te vaya a suceder algo peor". Aquel hombre fue y les contó a los judíos que el que lo había curado era Jesús. Por eso los judíos perseguían a Jesús, porque hacía estas cosas en sábado.


Meditacion:

Después de la pandemia se ha hablado mucho de una enfermedad que parece muy moderna, o que se ha agudizado en tiempos modernos, pero que tiene miles de años de antigüedad: la soledad. La soledad es un mal provocado por el abandono de otros o por la pasividad propia. O  por la falta de reconocimiento de quien está cerca: el Cristo vivo que nunca abandona. A veces son trágicamente inevitables, pero a otras veces se pueden evitar. Diversos estudios aseguran que una de las claves para vivir más y tener más salud es tener buenas relaciones.

Es la soledad la que impide al paralítico curarse. Una soledad persistente, de treinta y ocho años, que le lleva a la más total pasividad. “Ahí tendido y sabiendo que ya llevaba mucho tiempo en tal estado…” ¿Nunca buscó ayuda? ¿Nadie se solidarizó con él? ¿Pasó totalmente desapercibido? El hombre tenía una parálisis que llegaba mucho más allá de su estado físico. Era la parálisis de la soledad, de la falta de iniciativa, de la pasividad. Una resignación enfermiza.

Jesús le pregunta si quiere curarse. Parece una pregunta retórica, pero, después de 38 años de parálisis total, interna y externa, es la pregunta más lógica. ¿Es que no quieres?  ¿Por qué no puedes? La respuesta que da el paralítico es que está solo, que no tiene a nadie… Jesús podría haber seguido preguntando si la respuesta tiene una causa real, o si responde a un victimismo buscado. Porque la soledad y las soledades pueden ser trágicamente reales… ¿ni un gesto de solidaridad en 38 años? consciente o inconscientemente buscadas. Un aislamiento que puede comenzar por un rechazo y que se convierte en la parálisis de la autocompasión.

Jesús no le remueve el agua, ni le ayuda a entrar… simplemente le dice que levante su camilla y ande. Quizás nuestras parálisis causadas por la soledad, por el temor, el rechazo o el aislamiento procurado o no, puedan curarse simplemente con la escucha y obediencia a la llamada a levantarse y andar. Salir a buscar quién pueda ayudarnos a zambullirnos en el agua que cura. Salir a buscar a quién ayudar a salir de sus parálisis. Salir a acompañar y sentirse acompañados. Escuchar la voz que nunca abandona. Pero hay que responder a la pregunta: ¿quieres…? Y, si quieres, también puedes sanar otras soledades porque, como el paralítico, puedes ir hablando de Quien te dijo que tomaras la camilla. Puedes ir hablando de curación a otros.

Monday, March 11, 2024

Creer y ponerse en camino


 Evangelio

Jn 4, 43-54

En aquel tiempo, Jesús salió de Samaria y se fue a Galilea. Jesús mismo había declarado que a ningún profeta se le honra en su propia patria. Cuando llegó, los galileos lo recibieron bien, porque habían visto todo lo que él había hecho en Jerusalén durante la fiesta, pues también ellos habían estado allí.

Volvió entonces a Caná de Galilea, donde había convertido el agua en vino. Había allí un funcionario real, que tenía un hijo enfermo en Cafarnaúm. Al oír éste que Jesús había venido de Judea a Galilea, fue a verlo y le rogó que fuera a curar a su hijo, que se estaba muriendo. Jesús le dijo: "Si no ven ustedes signos y prodigios, no creen". Pero el funcionario del rey insistió: "Señor, ven antes de que mi muchachito muera". Jesús le contestó: "Vete, tu hijo ya está sano".

Aquel hombre creyó en la palabra de Jesús y se puso en camino. Cuando iba llegando, sus criados le salieron al encuentro para decirle que su hijo ya estaba sano. Él les preguntó a qué hora había empezado la mejoría. Le contestaron: "Ayer, a la una de la tarde, se le quitó la fiebre". El padre reconoció que a esa misma hora Jesús le había dicho: 'Tu hijo ya está sano', y creyó con todos los de su casa.

Éste fue el segundo señal milagrosa que hizo Jesús al volver de Judea a Galilea.



Meditacion:

Pedir con prisa y con insistencia es bueno, pero quizá no se vea o se toque un efecto inmediato y entonces parece que Dios no escucha. Pero hay tres palabras en el texto del evangelio de hoy que dan las mejores claves para la oración:

Insistió. Dios sabe muy bien lo que necesitamos y deseamos, pero parece que le gusta la insistencia, no porque él no sepa, sino porque quizás seamos nosotros los que no sabemos y necesitamos repetírnoslo a nosotros mismos. Insistir es una actividad virtuosa, porque nos ejercita en la perseverancia y la confianza. Y el fruto está claro: después de la insistencia, Jesús no necesita siquiera acudir físicamente. Puede responder a todas las peticiones simplemente con otra palabra:

Vete. ¿Y no sería mejor quedarse y seguir insistiendo? ¿O resignarse a que no se puede hacer nada ya? ¿Marchar con la cabeza gacha y el sabor del fracaso en los labios? El funcionario, sin embargo, “creyó y se puso en camino”. La insistencia había creado en él la virtud de la confianza. Creer y ponerse en camino sin ninguna prueba puede ser casi prácticamente imposible para muchos de nosotros. Creer a ciegas. El funcionario se pone en camino de regreso, aparentemente sin conseguir nada, porque confía.

Reconoció. Hacer la relación entre necesidad y respuesta, entre obediencia y fruto quizá no sea tan fácil para la mayoría de nosotros, porque a veces respuesta o fruto no son tan evidentes. Pero el funcionario podría haber pensado que había sido todo una casualidad. Y sin embargo, reconoce. Reconoce el tiempo, reconoce la causa y el efecto.

Seguramente todos tenemos cerca a alguien que está enfermo, física o espiritualmente, por quien hay que pedir insistentemente. Y quizá la confianza no sea tan fácil, y mucho menos el reconocer el fruto que, a menudo, no es lo que esperábamos.

Dice san Agustín que la oración es la fuerza del hombre y la debilidad de Dios. Y este pasaje lo expresa de manera elocuente. Y al mismo tiempo, la oración débil, pero confiada de la persona, es lo que muestra la fuerza de Dios. “Esta fue la segunda señal…”

Saturday, March 9, 2024

Las dos caras


 Evangelio

Lc 18, 9-14

En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola sobre algunos que se tenían por justos y despreciaban a los demás:"Dos hombres subieron al templo para orar: uno era fariseo y el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: 'Dios mío, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos y adúlteros; tampoco soy como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todas mis ganancias'.El publicano, en cambio, se quedó lejos y no se atrevía a levantar los ojos al cielo. Lo único que hacía era golpearse el pecho, diciendo: 'Dios mío, apiádate de mí, que soy un pecador'.Pues bien, yo les aseguro que éste bajó a su casa justificado y aquél no; porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido''.



Meditacion:

Tengo la impresión de que al fariseo de la parábola le pasaba algo parecido. Él se presentaba ante Dios por pura generosidad no porque le hiciese falta en absoluto. Él ya cumplía con todas las normas, hacía todas las oraciones. Y para colmo ni robaba ni mataba. Se sentí ajusto ante Dios. La salvación no era regalo gratuito de Dios sino algo que se había ganado con su buen hacer, con su cumplimiento de la ley.

Por eso miraba con desprecio al publicano. Imagino que se diría a sí mismo el fariseo algo así como “Dios mío, ¿pero como permites que ése entre en el templo cuando todo el mundo sabe que es un pecador, sinvergüenza y muchas cosas más, que ni reza sus oraciones ni ayuna cuando está mandado? El fariseo se sentía bien. Se sentía con la suficiente altura como para tratar con confianza a Dios. No como un hijo que habla con su padre sino más bien en tú a tú de amiguetes.

Lo que no sabía el fariseo es que Dios lo miraba más bien con pena. Lo miraba con el amor con que un padre mira a un hijo tonto y malo que ni siquiera se da cuenta de su descarrío. Lo miraba tratando de atraerle, de invitarle a tomar el buen camino, pero sintiendo que el otro se veía a sí mismo tan bueno y ejemplar, que todo su esfuerzo de Padre era inútil.

Es nuestro tiempo para presentarnos al Señor no con la imagen, a veces fabulosa y fabulada, que nos hemos creado de nosotros mismos, sino asumiendo nuestra realidad y abriendo el corazón con humildad para que su amor nos cure y nos habilite para volver a intentarlo, que no es otra cosa lo que el Padre quiere para nosotros.

Friday, March 8, 2024

No estas lejos del Reino de Dios


 Evangelio

Mc 12, 28-34

En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: "¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?" Jesús le respondió: "El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos".

El escriba replicó: "Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios".

Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: "No estás lejos del Reino de Dios". Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.




Meditacion:

Ayer hablábamos de liberarnos de los prejuicios y hoy llegamos a centrarnos en lo fundamental. Es la pregunta que le hace el escriba a Jesús. Porque en el mundo judío había muchos mandamientos, muchas normas y muchas reglas. Había que tener cuidado para cumplirlas todas en detalle. Pero el mismo escriba entendía que tantas reglas y normas no podían tener todas el mismo nivel. Por eso, le pregunta a Jesús qué es lo más importante, cuál es el mandamiento central y primero.

Jesús le contesta pero va un poco más allá. Porque no se queda sólo en el primero sino que añade el segundo. Y en la respuesta del escriba hay una muy buena nota o añadido que nos ayuda a relativizar cosas que a veces creemos que también son importantes.

Jesús deja claro que el mandamiento más importante es amar a Dios. Él es el centro de todo, el origen de nuestro ser. Todo lo que somos lo hemos recibido de gracia. La vida, el cuerpo, las personas, la fraternidad… todo ha sido fruto del amor creador de Dios. Y la respuesta lógica por nuestra parte es amarle con todo el alma, con toda la mente, con todo lo que somos. Pero Jesús añade un segundo. Prácticamente lo pone al mismo nivel: “amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

Nosotros podemos añadir algo a estas palabras de Jesús. Es una pregunta: ¿Cómo podemos decir que amamos a Dios si no amamos al prójimo. Y si no lo amamos de una forma concreta y práctica. En realidad, el amor al hermano, al prójimo, es la prueba y condición de que nuestro amor a Dios es real y no apenas un discurso vacío, una palabra sin sentido n significado. Así que los dos mandamientos están más juntos de lo que parece.

Para terminar atención al añadido que hace el escriba que tiene su importancia. Porque nos recuerda que estos dos mandamientos valen más que todos los holocaustos y sacrificios. Importante tener esto en cuenta en esta Cuaresma. No es un mensaje nuevo. Se ha repetido muchas veces en las lecturas. Conviene tenerlo presente porque a veces nos resulta más fácil hacer sacrificios, rezos y holocaustos que amar de verdad al prójimo necesitado.


Thursday, March 7, 2024

Dos amos


 Evangelio

Lc 11, 14-23

En aquel tiempo, Jesús expulsó a un demonio, que era mudo. Apenas salió el demonio, habló el mudo y la multitud quedó maravillada. Pero algunos decían: "Éste expulsa a los demonios con el poder de Belzebú, el príncipe de los demonios". Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa.

Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: "Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si Satanás también está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo arrojo a los demonios con el poder de Satanás. Entonces, ¿con el poder de quién los arrojan los hijos de ustedes? Por eso, ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo arrojo a los demonios con el dedo de Dios, eso significa que ha llegado a ustedes el Reino de Dios.

Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros; pero si otro más fuerte lo asalta y lo vence, entonces le quita las armas en que confiaba y después dispone de sus bienes. El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama".



Meditacion:

Eso le pasó a Jesús. O podríamos decir, eso le pasó a Dios mismo. Hizo hablar al mudo. Le liberó del demonio. Pero entre los espectadores hubo diversas reacciones. Unos se admiraron pero otros lo criticaron pensando que si era capaz de expulsar los demonios era por ser servidor del mismísimo Belzebú, el príncipe de los demonios.

Posiblemente no hay maldad en esas interpretaciones. Lo que hay son prejuicios, muchos prejuicios. Ya tenemos una forma de pensar, ya tenemos una idea de cómo es el otro. Y haga lo que haga, lo juzgamos desde ese prejuicio. Podemos pensar, y hay quien lo piensa, que los pobres son pobres porque son vagos. Y que los ricos son ricos porque se lo han ganado a pulso con su trabajo. Podemos tener muchos prejuicios. Y desde ellos acomodamos la realidad a lo que ya pensábamos previamente.

Pero, y es lo importante, el hombre aquel quedó liberado del demonio y empezó a hablar. El resto son prejuicio


Wednesday, March 6, 2024

Abolir


 Evangelio

Mt 5, 17-19

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolirlos, sino a darles plenitud. Yo les aseguro que antes se acabarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra o coma de la ley.

Por lo tanto, el que quebrante uno de estos preceptos menores y enseñe eso a los hombres, será el menor en el Reino de los cielos; pero el que los cumpla y los enseñe, será grande en el Reino de los cielos".


Meditacion:

Los mandatos y normas a que hace referencia el Evangelio de hoy tienen poco que ver con el cumplimiento detallado de unas normas externas: arrodillarse, rezar un número de veces al día. Lo que Jesús nos pide en el Evangelio es que cambiemos de vida, que abramos los ojos y los corazones a la fraternidad. El amor. Amar como él nos ha amado. Ese es el precepto. Esa es la norma. La única norma. La única ley. Todo lo demás es accesorio, secundario, creación nuestra, tradiciones hermosas, que valen en tanto en cuanto nos centran en el mandamiento principal. Pero si nos desvían, si hacen que dejemos de lado lo principal, terminan siendo más ocasión de error que otra cosa. Vamos a centrarnos en lo importante no vaya a ser que seamos como aquel que apuntaba con el dedo a la luna y se quedó mirando al dedo.

Tuesday, March 5, 2024

Perdonar


 Evangelio

Mt 18, 21-35

En aquel tiempo, Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarlo? ¿Hasta siete veces?” Jesús le contestó: “No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete”.

Entonces Jesús les dijo: “El Reino de los cielos es semejante a un rey que quiso ajustar cuentas con sus servidores. El primero que le presentaron le debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él, a su mujer, a sus hijos y todas sus posesiones, para saldar la deuda. El servidor, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. El rey tuvo lástima de aquel servidor, lo soltó y hasta le perdonó la deuda.

Pero, apenas había salido aquel servidor, se encontró con uno de sus compañeros, que le debía poco dinero. Entonces lo agarró por el cuello y casi lo estrangulaba, mientras le decía: ‘Págame lo que me debes’. El compañero se le arrodilló y le rogaba: ‘Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo’. Pero el otro no quiso escucharlo, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.

Al ver lo ocurrido, sus compañeros se llenaron de indignación y fueron a contar al rey lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ‘Siervo malvado. Te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías tú también haber tenido compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?’ Y el señor, encolerizado, lo entregó a los verdugos para que no lo soltaran hasta que pagara lo que debía.

Pues lo mismo hará mi Padre celestial con ustedes, si cada cual no perdona de corazón a su hermano”.



Meditacion:

A veces nos planteamos la conversión de la que tanto se habla en la Cuaresma como si fuese un aumento continuo de rosarios, misas, meditaciones y ejercicios espirituales. Y todo eso está bien. Casi seguro que nos hace falta. Mucha falta. Pero es nada si esos ejercicios piadosos (ya sé que la misa es mucho más que un ejercicio piadoso aunque a veces en nuestra forma de participar/asistir a ella no pase de eso) no terminan donde tienen que terminar: en el trabajo por el reino, por la justicia (que no es dar a cada uno lo suyo –lo que tiene en un título de propiedad– sino en dar a cada uno lo que exige su dignidad de hijo o hija de Dios, que no otra cosa es la justicia en la Biblia), por la fraternidad.

El evangelio de hoy nos plantea el tema del perdón. Que si hay que perdonar siete veces, o setenta o setenta veces siete (es decir, cuatrocientas noventa veces). La respuesta de Jesús va con ironía e historia. Frente al que mide las veces que hay que perdonar (Pedro en este caso que seguramente era el vocero/representante de los demás discípulos y que, como ellos, se enteraba más bien de poco), Jesús plantea una historia de un perdón imposible.

Porque imposible es la comparación entre los 10.000 talentos y los 100 denarios. Basta con mirar en internet para enterarnos que los 100 denarios al cambio actual serían aproximadamente 300 euros. Y que los 10.000 talentos también al cambio actual serían aproximadamente 65.000.000 de euros. Posiblemente los cambios aplicados sean discutibles pero la proporción la vemos todos con facilidad.

La historia va del señor que perdona los 10.000 talentos y del perdonado que no es capaz de perdonar una miseria de 100 denarios. La generosidad del señor de la parábola se ve comparada con la miseria, racanería, tacañería, del que no es capaz de perdonar esos pocos denarios. La historia va de decirnos que Dios es el señor que perdona los 10.000 talentos y que, si nosotros queremos parecernos a él, lo mejor que podemos hacer es empezar a ser generosos. Porque solo con el perdón y la misericordia se construye la fraternidad. Todo lo que no esté en esa órbita rompe la fraternidad y crea rencor, división… Y nada de eso ayuda a construir el Reino. Pues, ¡hale!, a perdonar, que lo demás es perder el tiempo y abrir heridas inútiles.

Monday, March 4, 2024

Profeta en su tierra


 Evangelio

Lc 4, 24-30

En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: "Yo les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón. Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo, ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria".

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de la ciudad y lo llevaron hasta una saliente del monte, sobre el que estaba construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos, se alejó de allí.



Meditacion:

Hay un denominador común en el Evangelio en los dos ejemplos que pone Jesús a la gente de su pueblo. En los dos se refiere a casos de curaciones del Antiguo Testamento en que los curados fueron personas que no pertenecían al pueblo de Israel. Dicho de otro modo: que no pertenecían al pueblo elegido. Eran extranjeros, paganos, creyentes en otras religiones o en otros dioses.

Me ha hecho pensar en algunas personas que me he encontrado, buenos católicos, de misa frecuente incluso, que me han dicho muy seriamente que las obras de caridad de los católicos se deberían dirigir preferentemente a los católicos en necesidad y dejar de lado a otros, increyentes, musulmanes, etc. Porque “primero tenemos que cuidar a los nuestros”.

En el Evangelio se ve que los que escuchaban a Jesús montaron en cólera. Se pusieron furiosos y quisieron matar a Jesús empujándole por el barranco en donde se alzaba su pueblo. Da la impresión de que se sentían propietarios de la salvación. Ellos eran el pueblo elegido. En realidad, se sentían propietarios de Dios mismo. Sabían cómo debía actuar Dios. Y Dios no podía actuar sino salvando a su pueblo. El resto era gente condenada. O se convertían al judaísmo o no había futuro para ellos.

Pero no es así el Dios de que nos habla Jesús en el Evangelio. Ni siquiera es así el Dios de que se habla en el Antiguo Testamente, el Dios de los profetas. El amor de Dios es universal y nadie escapa de su mano, de su piedad, de su misericordia. Todos somos hijos e hijas suyos. Hechura de sus manos. Queridos y amados. No se adquiere la participación en el amor y la misericordia de Dios por el bautismo. Ni se conserva a base de rosarios o misas o cumplimientos pascuales. Si lo entendemos así, terminamos por imaginarnos un Dios tan pequeño como nuestras mentes.

El Dios de Jesús es más grande que nuestras mentes. Y su amor es, hay que repetirlo y repetírnoslo, universal e incondicional. Por eso, solo cuando los cristianos somos capaces de amar a todos, sin excepciones de ningún tipo, es cuando anunciamos el Dios de Jesús y damos testimonio de él.

Saturday, March 2, 2024

Hijo prodigo


 Evangelio

Lc 15, 1-3. 11-32
En aquel tiempo, se acercaban a Jesús los publicanos y los pecadores para escucharlo. Por lo cual los fariseos y los escribas murmuraban entre sí: "Éste recibe a los pecadores y come con ellos".
Jesús les dijo entonces esta parábola: "Un hombre tenía dos hijos, y el menor de ellos le dijo a su padre: 'Padre, dame la parte de la herencia que me toca'. Y él les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se fue a un país lejano y allá derrochó su fortuna, viviendo de una manera disoluta. Después de malgastarlo todo, sobrevino en aquella región una gran hambre y él empezó a padecer necesidad. Entonces fue a pedirle trabajo a un habitante de aquel país, el cual lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Tenía ganas de hartarse con las bellotas que comían los cerdos, pero no lo dejaban que se las comiera.
Se puso entonces a reflexionar y se dijo: '¡Cuántos trabajadores en casa de mi padre tienen pan de sobra, y yo, aquí, me estoy muriendo de hambre! Me levantaré, volveré a mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores'.
Enseguida se puso en camino hacia la casa de su padre. Estaba todavía lejos, cuando su padre lo vio y se enterneció profundamente. Corrió hacia él, y echándole los brazos al cuello, lo cubrió de besos. El muchacho le dijo: 'Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo'.
Pero el padre les dijo a sus criados: '¡Pronto!, traigan la túnica más rica y vístansela; pónganle un anillo en el dedo y sandalias en los pies; traigan el becerro gordo y mátenlo. Comamos y hagamos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado'. Y empezó el banquete.
El hijo mayor estaba en el campo y al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y los cantos. Entonces llamó a uno de los criados y le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: 'Tu hermano ha regresado y tu padre mandó matar el becerro gordo, por haberlo recobrado sano y salvo'. El hermano mayor se enojó y no quería entrar.
Salió entonces el padre y le rogó que entrara; pero él replicó: '¡Hace tanto tiempo que te sirvo, sin desobedecer jamás una orden tuya, y tú no me has dado nunca ni un cabrito para comérmelo con mis amigos! Pero eso sí, viene ese hijo tuyo, que despilfarró tus bienes con malas mujeres, y tú mandas matar el becerro gordo'.
El padre repuso: 'Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo. Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado' ".



Meditacion:
Con este evangelio de hoy se culmina esta segunda semana de Cuaresma. Podríamos decir que han sido, a lo largo de la semana, unos evangelios que nos han situado en el corazón del mensaje de Jesús, que no se centra en las teorías sino en la vida, en las actitudes.
Este Evangelio es el culmen porque, leído con atención, no sabemos de qué maravillarnos más: si de la grandeza de Dios, de su corazón abierto al perdón, o de la pequeñez y cortedad de miras de las personas, de nosotros mismos, representados en el hermano mayor, lleno de envidia porque su hermano ha vuelto a casa y el padre le ha hecho una fiesta.
Conviene que nos centremos en lo más importante: la grandeza del corazón de Dios, su amor por la criatura perdida. Ciertamente es una parábola lo que cuenta Jesús, pero también es verdad que no resulta difícil identificar a ese padre que pierde a su hijo en la lejanía con Dios mismo. Nos imaginamos a ese padre-Dios saliendo todos los días a la puerta de su casa para mirar si algo se movía en el camino que llevaba a su casa. Siempre esperando. Siempre pensando que valía la pena echar otra mirada al camino. Por si acaso.
Decía uno de mis formadores que la parábola quizá no está entera en el relato evangélico. Que quizá falta la parte en la que el hijo perdido se volvía a ir otra vez de casa. Y que el padre volvía a seguir saliendo al camino, sin desesperar. Y el hijo volvía. Y se volvía a ir. Y el padre volvía a salir. Siempre. Esperando con los brazos abiertos.
Aquí no hay una teoría/teología que aprender. Hay solo una realidad que contemplar: la del amor eterno de Dios por sus hijos. La realidad de su enorme respeto, infinito también, por la libertad del hijo, aunque vea cómo éste se equivoca. La realidad de su capacidad de acogida sin medida. La realidad de una comprensión más allá de lo razonable. Para cada uno de nosotros. Para toda la humanidad. Así es Dios, nos dice Jesús. Así es el corazón de Dios.
Y las últimas líneas para la miopía / cortedad / envidia del hijo mayor. Su actitud, vamos a ser sinceros, es muy humana. Casi seguro que nosotros también lo hemos sentido alguna vez. ¿Celebrando una fiesta para ése, que lo ha derrochado todo? ¿Y los que hemos estado todo el día, todos los días, trabajando? Entonces es cuando nos quejamos y decimos que Dios es injusto. Y lo único que hacemos es poner de manifiesto que no hemos entendido nada de lo que Jesús nos dice de Dios, su Abbá, Padre suyo y nuestro.

Friday, March 1, 2024

Misericordia

Evangelio

Mt 21, 33-43. 45-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo esta parábola: "Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Éste es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?" Ellos le respondieron: "Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo".

Entonces Jesús les dijo: "¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?

Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos".

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por un profeta.



Meditacion:

Hay una historia de la mitología griega que quizá nos pueda servir para iluminar el significado actual de esta parábola. Es la historia de Procusto. Éste era un personaje que ofrecía posada a los viajeros, a los que obligaba a acostarse en una cama de hierro. Si eran más largos que la cama, les cortaba la parte sobrante de las piernas. Si eran más pequeños, los estiraba, descoyuntándolos, hasta que alcanzaran la medida de la cama. Esta historia es una formidable expresión de la mentalidad de los que se creen en la posesión de la verdad y todo lo que no encaja en su visión, muy miope a veces, se desecha. Sienten que tienen la medida de todas las cosas.

Fariseos y sumos sacerdotes judíos se sentían en posesión de la verdad. ¿Quién era aquel Jesús que venía con ideas nuevas? ¿Quién les iba a enseñar a ellos cosas sobre Dios? Al final terminaron por mandar a Jesús al patíbulo. Por la sencilla razón de que no cabía en sus ideas, de que no se ajustaba a su cama.

Tengo la impresión de que hay cristianos en la Iglesia que también se sienten así propietarios de la verdad. Pretenden que todo lo que se haga en la iglesia se ajuste a su modo de pensar. Leen el Evangelio, ciertamente, pero desde sus ideas preconcebidas. Y juzgan y condenan a todo el que no se ajuste a esas ideas. Termina la historia en que sus ideas se convierten en mucho más importantes que las personas.

La parábola nos invita a abrir nuestra mente y nuestro corazón. La misericordia de Dios que se hace presente, se encarna, en Jesús nos enseña que las personas están en el centro. No es el hombre para el sábado sino el sábado para el hombre. La misericordia triunfa sobre el juicio. Los que se cierran en sus ideas terminan dando frutos de leyes y normas a las que las personas se tienen que ajustar. Igual que hacía Procusto con su cama. Se sienten propietarios de la verdad y las personas se tienen que ajustar a su verdad. No hay diálogo posible.

El Reino es otra cosa. La fraternidad, la atención a los pobres y marginados es lo primero. En la familia de los hijos e hijas de Dios todos tienen cabida. Y los más alejados y marginados son los primeros en ser acogidos. La misericordia y la acogida es lo más importante. En la familia no se juzga y condena sino que se salva y se ama.

 

Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...