Tuesday, December 31, 2024

En un principio...


 Evangelio

Jn 1, 1-18

En el principio ya existía aquel que es la Palabra,

y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios.

Ya en el principio él estaba con Dios.

Todas las cosas vinieron a la existencia por él

y sin él nada empezó de cuanto existe.

Él era la vida, y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en las tinieblas

y las tinieblas no la recibieron.

Hubo un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan.

Éste vino como testigo, para dar testimonio de la luz,

para que todos creyeran por medio de él.

Él no era la luz, sino testigo de la luz.

Aquel que es la Palabra era la luz verdadera,

que ilumina a todo hombre que viene a este mundo.

En el mundo estaba;

el mundo había sido hecho por él

y, sin embargo, el mundo no lo conoció.

Vino a los suyos y los suyos no lo recibieron;

pero a todos los que lo recibieron

les concedió poder llegar a ser hijos de Dios,

a los que creen en su nombre,

los cuales no nacieron de la sangre,

ni del deseo de la carne, ni por voluntad del hombre,

sino que nacieron de Dios.

Y aquel que es la Palabra se hizo hombre

y habitó entre nosotros.

Hemos visto su gloria,

gloria que le corresponde como a Unigénito del Padre,

lleno de gracia y de verdad.

Juan el Bautista dio testimonio de él, clamando:

“A éste me refería cuando dije:

‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí,

porque ya existía antes que yo’ ”.

De su plenitud hemos recibido todos gracia sobre gracia.

Porque la ley fue dada por medio de Moisés,

mientras que la gracia y la verdad vinieron por Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás.

El Hijo unigénito, que está en el seno del Padre,

es quien lo ha revelado.



Meditacion:

El Evangelio de Juan, tan teológico y filosófico, puede parecer algo difícil de entender. Sin embargo, en este último día del año, hay varias cosas muy luminosas en este pasaje: una es la proclamación de la verdad. En un mundo, una sociedad y una política que nos parecen tan llenos de mentira y corrupción, el anuncio de la verdad que llega con el Hijo de Dios encarnado es enormemente consolador. Vivir a su luz, en el Verbo, significa, entonces, vivir en verdad. Hay algo mucho más grande que las pequeñeces y corruptelas del mundo, y es la verdad que no pasa.

La otra palabra consoladora es saber que hemos recibido “gracia sobre gracia”. Esto nos puede hacer pensar. En un año quizá lleno de problemas, de desgracias, de guerra, ¿cuál puede ser la gracia sobre gracia? A veces puede ser difícil descubrirla en medio de mucho dolor. Habrá que ir más adentro en la noticia: a quienes lo recibieron se les dio el ser hijos de Dios. Ahí está la gracia: la seguridad de una dignidad inmensa que supera toda situación en la que podamos encontrarnos, ya sea de intensa felicidad o de dolor. Una vez una persona muy pobre, con un nivel de educación bajo, y que vivía en medio de mil dificultades domésticas y económicas me dijo: “Yo siempre estoy alegre, porque sé que soy hija de un gran Rey”. Esa seguridad es la misma que nos hace caminar con confianza y esperanza en dolores y alegrías. Tenemos la certeza de quiénes somos.  Y eso, pase lo que pase, sean las mentiras lo grandes que sean, sea la situación lo angustiosa que sea, nos da un gran poder. De su plenitud hemos recibido gracia sobre gracia. Es decir, de la plenitud de la Encarnación del Verbo, de esa Palabra eterna que ilumina toda la vida y acompaña en toda peregrinación. La luz brilla en las tinieblas y las tinieblas nunca pueden vencerla, porque la oscuridad desaparece en cuanto hay un poco de luz, por pequeña que sea. Y esta luz es más fuerte que cualquier oscuridad, por grande que sea.

Monday, December 30, 2024

Ana

Evangelio
Lc 2, 36-40
En aquel tiempo, había una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era una mujer muy anciana. De joven, había vivido siete años casada y tenía ya ochenta y cuatro años de edad. No se apartaba del templo ni de día ni de noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones. (Cuando José y María entraban en el templo para la presentación del niño,) se acercó Ana, dando gracias a Dios y hablando del niño a todos los que aguardaban la liberación de Israel.
Una vez que José y María cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, se volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño iba creciendo y fortaleciéndose, se llenaba de sabiduría y la gracia de Dios estaba con él.


Meditacion:
En el evangelio de hoy, José y María cumplen lo establecido; Jesús regresa a Nazaret con sus padres, y les “está sujeto”. Es decir, todos cumplen la voluntad de Dios. El resultado es que el niño crece lleno de salud y sabiduría. No se trata de la edad; se trata de la escucha y de cumplir la voluntad de Dios. Se puede crecer siempre; se puede vivir eternamente. Esto va mucho más allá de la edad. A nosotros nos escribe Juan en cualquier momento de la vida en que conozcamos al Padre, sintamos que nuestros pecados hayan sido perdonados, vencemos al Maligno… A nosotros se nos dice que, al estar sujetos al Padre, podemos crecer en salud y en sabiduría. Ya tenemos la fuente, no de la juventud eterna, sino de la vida eterna.

 

Saturday, December 28, 2024

Santos Inocentes


 Evangelio

Mt 2, 13-18

Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto. Quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo".

José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo.

Cuando Herodes se dio cuenta de que los magos lo habían engañado, se puso furioso y mandó matar, en Belén y sus alrededores, a todos los niños menores de dos años, conforme a la fecha que los magos le habían indicado.

Así se cumplieron las palabras del profeta Jeremías: En Ramá se ha escuchado un grito, se oyen llantos y lamentos: es Raquel que llora por sus hijos y no quiere que la consuelen, porque ya están muertos.



Meditacion:

La verdad es que no tenemos una noticia cierta de que la matanza de los inocentes, de todos los niños nacidos en Belén fuese real. Eso no significa que no lo fuese porque de aquellos tiempos no tenemos muchas noticias de lo que sucedía en una parte remota del imperio romano. Pero más allá del hecho histórico, vamos a tener presente que los evangelios de la infancia son el prólogo que tanto Lucas como Mateo ponen en sus evangelios. Y, como ya he indicado en los comentarios de los días pasados, un prólogo tienen que anticipar las ideas fundamentales de lo que se va a desarrollar en el texto.

Aquí lo importante es que Mateo nos plantea desde el mismo principio que la vida de Jesús está amenazada de muerte. Jesús va a estar siempre en peligro y, más de una vez, va a escapar de los que atentaban contra su vida. Hasta que al final ya no pudo escapar y terminó en la cruz, entregando la vida. ¿Por qué esa violencia mortal dirigida contra Jesús?

No es difícil encontrar la respuesta. Jesús, a lo largo de su vida, se va a salir de los caminos trillados, de lo que estaba bien visto en el mundo judío. Jesús va a hablar de Dios pero de una manera muy diferente a como hablaban los sacerdotes, los fariseos y los estudiosos de la ley. Si ellos decían que la presencia de Dios estaba en el Templo de Jerusalén y que solo los que cumplían las normas de la Torá eran dignos de contarse entre los preferidos de Dios, Jesús convierte los caminos y las calles de los pueblos de Judea en su templo. Insiste en que los preferidos de Dios son los pobres, los enfermos, los pecadores, los marginados. Todos los que las autoridades religiosas de su tiempo consideraban como excluidos de la religión, como indignos. Se entiende perfectamente que ante su forma de actuar y de hablar, surgiese la violencia. Hasta terminar con su vida.

La historia de los inocentes y la misma huida de Jesús, José y María a Egipto, nos hablan de esa violencia que desde el principio va a amenazar la vida del que no hizo más que hablar de Dios como Padre de todos y que puso en el amor fraterno el centro del Reino de Dios.

Friday, December 27, 2024

Fiesta de San Juan


 Evangelio

Jn 20, 2-9

El primer día después del sábado, María Magdalena vino corriendo a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso, llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.



Meditacion:

Se supone que Juan es el autor del cuarto Evangelio. Es uno de los apóstoles. Se le llama el discípulo amado porque parece ser que Jesús tenía alguna preferencia por él. Lo que no debemos creer en absoluto es esa imagen que aparece en tantos cuadros donde se ve a Juan como un jovencito. No eran tiempos aquellos para jovencitos inocentes. Ni era el seguimiento de Jesús algo para gente inmadura sino algo muy exigente, que pedía compromiso y entrega total. Más bien, conviene que imaginemos a un hombre hecho y derecho, libre y responsable de su vida, que se comprometió a seguir a Jesús con todas sus consecuencias.

El texto evangélico de hoy nos le presenta en el momento final, cuando el camino de Juan con su maestro ha llegado a su final. Ha tenido ya lugar la pasión de Jesús y, por tanto, su muerte. Todo ha terminado desde los ojos de los hombres. Pero no desde los ojos de la fe, que van más allá y son capaces de contemplar el triunfo de la vida donde los demás no vemos más que muerte.

La historia de la tumba vacía se podía interpretar de diversas maneras. De hecho, parece que en el mundo judío de la época se contemplo otra hipótesis: la de que los mismos discípulos habían robado el cuerpo de Jesús para luego hablar de que estaba vivo, de que había resucitado. Pero los ojos de la fe contemplan otra realidad: la tumba vacía es el signo claro y contundente de que la apuesta de Jesús por el reino, por su Padre, había recibido una respuesta inesperada y que iba más allá de lo que los hombres podemos imaginar. La tumba vacía era el signo de que Jesús había resucitado. Nadie había robado el cuerpo inerte de Jesús. Simplemente, Dios Padre le había devuelto a la vida.

Celebrar hoy la fiesta de san Juan apóstol nos hace pensar que este niño que nos ha nacido nos a abrir las puertas a una vida más plena, a una esperanza llena de luz, que va más allá de todo lo imaginable, que va más allá de la muerte.


Thursday, December 26, 2024

San Esteban


 Evangelio

Mt 10, 17-22

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: "Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque, en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes.

El hermano entregará a su hermano a la muerte, y el padre a su hijo; los hijos se levantarán contra sus padres y los matarán; todos los odiarán a ustedes por mi causa, pero el que persevere hasta el fin, se salvará''.



Meditacion:

Justo después del nacimiento de Jesús, la gran fiesta de la alegría, de la vida y de la esperanza, el día en que reconocemos en ese niño recién nacido la salvación gratuita de Dios para todos nosotros, la Iglesia nos propone celebrar a san Esteban, el primer mártir. El primer mártir después de Jesús, ¡claro!, que fue el que dio la vida por todos nosotros, que todo tiene su orden. Para decir la verdad, después de Esteban ha habido otros muchos. De bastantes de ellos conocemos el nombre y han sido canonizados por la iglesia. Pero seguro que hay otros muchos que han quedado en el anonimato, el olvido, de tantas matanzas que ha habido a lo largo de la historia. Además, la iglesia celebra a los mártires pero también celebra, con muy buen sentido, a los confesores. El mártir es el que ha muerto por su fe. El confesor quizá ha muerto en la cama pero lo es porque ha ido confesando su fe en Jesús a lo largo de toda su vida. Es decir, en el fondo, confesores y mártires no se diferencian tanto.

Lo importante no es, pues, si la muerte ha sido cruenta o no. Lo verdaderamente importante es que tanto unos como otros han dado su vida por seguir a Jesús, han arrimado el hombro para construir el reino de fraternidad y justicia que predicó e intentó hacer realidad Jesús. Ese es el reino de Dios, que más que cuestión de teología o de sacramentos o de oraciones, es cuestión ante todo y sobre todo de caridad, de amor fraterno, de perdón y reconciliación.

San Esteban fue el primero de una larga serie de mártires y confesores que con su vida, con sus hechos, con su muerte, lo dieron todo por construir ese reino de Dios, abrieron la mano al hermano, se dejaron llevar por la compasión ante el sufrimiento ajeno y no pensaron primero en sus necesidades sino en las necesidades y pobrezas de los demás.

Estoy seguro de que si abrimos los ojos a nuestro alrededor, vamos a encontrar personas, hombres y mujeres, que están viviendo así: dándolo todo, dándose todo, dando la vida, sin medida, para que todos, especialmente los más pobres, tengan vida. Como lo hizo Jesús, como nos invita a hacerlo a cada uno de nosotros.


Tuesday, December 24, 2024

Canto de Zacarias


Evangelio

Lc 1, 67-79

En aquel tiempo, Zacarías, padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo:

“Bendito sea el Señor, Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su pueblo,

y ha hecho surgir en favor nuestro

un poderoso salvador en la casa de David, su siervo.

Así lo había anunciado desde antiguo,

por boca de sus santos profetas:

que nos salvaría de nuestros enemigos

y de las manos de todos los que nos odian,

para mostrar su misericordia a nuestros padres,

acordándose de su santa alianza.

El Señor juró a nuestro padre Abraham

concedernos que, libres ya de nuestros enemigos,

lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia

delante de él, todos los días de nuestra vida.

Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,

porque irás delante del Señor a preparar sus caminos

y a anunciar a su pueblo la salvación,

mediante el perdón de los pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto

para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte,

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz’’.



Meditacion:

Hoy toca en el evangelio de Lucas justo el último texto antes del relato del nacimiento de Jesús. Se nota que mañana es Navidad. Se trata de un antiguo canto de alabanza a Dios, que el evangelista pone en labios de Zacarías. Como en todos estos textos de la infancia de Jesús, que sirven de prólogo a los Evangelios, Lucas trata de sintetizar lo que es fundamental de lo que luego se va a exponer, cuando relate la vida, hechos y palabras de Jesús.

Sería bueno que utilizásemos este cántico como parte de nuestra oración diaria. Así lo hace la Iglesia desde tiempos inmemoriales en su oración de la mañana. Cada verso se podría comentar con detalle porque no hay ni una palabra puesta al azar. Da para meditar y alabar y orar.

Pero me voy a centrar en la parte que empieza por “Es la salvación… y termina en “en su presencia todos nuestros días”. El párrafo anterior se ha dedicado a alabar a Dios por la salvación que está por venir. Es esa fuerza de salvación que Dios ha suscitado en la casa de David. Pero las líneas que siguen nos dicen cuál es el objetivo de esa acción de Dios, que es nuestra salvación.

El cántico lo expresa con mucha claridad: la salvación de Dios nos libra de nuestros enemigos y de la mano de los que nos odian. Es decir, la salvación se orienta a liberarnos de todo lo que puede amenazar nuestra vida. Es una salvación que, ante los peligros, nos devuelve la esperanza. Es el cumplimiento de la antigua promesa. Dios no se ha olvidado de nosotros.

Lo que sigue es más importante aún. Esa salvación nos concede que libres de temor… le sirvamos con santidad y justicia. Hay que subrayar ese “libres de temor”. Seguir a Jesús no lo hacemos porque tengamos miedo a la condenación o vete tú a saber qué otras razones. Seguir a Jesús lo hacemos en libertad. Una libertad y una vida que se pone al servicio de la santidad y la justicia. Dicho con las palabras que aparecerán más adelante repetidamente en los Evangelios, es una libertad puesta al servicio del amor. Con Jesús se supera la ley y entra en el camino del amor. Para eso nos ha liberado su salvación. Para amar.


Monday, December 23, 2024

Juan el Bautista


 Evangelio

Lc 1, 57-66

Por aquellos días, le llegó a Isabel la hora de dar a luz y tuvo un hijo. Cuando sus vecinos y parientes se enteraron de que el Señor le había manifestado tan grande misericordia, se regocijaron con ella.

A los ocho días fueron a circuncidar al niño y le querían poner Zacarías, como su padre; pero la madre se opuso, diciéndoles: "No. Su nombre será Juan". Ellos le decían: "Pero si ninguno de tus parientes se llama así".

Entonces le preguntaron por señas al padre cómo quería que se llamara el niño. Él pidió una tablilla y escribió: "Juan es su nombre". Todos se quedaron extrañados. En ese momento a Zacarías se le soltó la lengua, recobró el habla y empezó a bendecir a Dios.

Un sentimiento de temor se apoderó de los vecinos, y en toda la región montañosa de Judea se comentaba este suceso. Cuantos se enteraban de ello se preguntaban impresionados: "¿Qué va a ser de este niño?" Esto lo decían, porque realmente la mano de Dios estaba con él.



Meditacion:

El relato de hoy cuenta el nacimiento de Juan Bautista. Él es el precursor, el que va anunciar la llegada del Mesías, de Jesús. En el relato hay una discusión o debate entre los padres de Juan y el resto de los familiares. Estos se extrañan de que le vayan a llamar Juan. Parece ser que era un nombre nuevo en la familia. Los padres se llamaban Zacarías e Isabel. Nadie antes se había llamado Juan. Pero tanto Isabel como Zacarías afirman con rotundidad que el niño que ha nacido se va a llamar Juan. Rompen así con la tradición, con lo que se hacía siempre. Comienza una nueva historia en esa familia.

El nombre “Juan” viene del hebreo y se podría traducir por “Dios es misericordioso” o “Dios es bueno” pero también por “aquel que está lleno de la gracia de Dios”. En cualquier caso, la bendición de Dios está con aquel al que van a llamar Juan.

Esa bendición se mezcla con la ruptura con la tradición que supone el que sea un nombre nuevo en la familia. De esta forma, el evangelista nos está indicando que hay un comienzo nuevo en la historia. El nacimiento de Juan, su nombre nuevo, marca un final y un comienzo. Lo que se había hecho hasta entonces ya no valía. Lo nuevo que viene rompe esquemas e invita al asombro. Es exactamente eso lo que piensan los vecinos de Zacarías e Isabel, que se preguntaban “¿Qué va a ser de este niño?” Porque en su mismo nombre veían que la mano de Dios estaba con él. Y Dios es siempre sorprendente.

De esta manera el evangelista nos va invitando a seguir leyendo, a dejarnos llevar por la sorpresa al conocer la historia de Juan y de Jesús. Por ahora, nos quedamos en la admiración. Ya tendremos muchos días para conocer más de cerca lo que la vida de Jesús nos va a ofrecer.


Friday, December 20, 2024

La anunciacion


 Evangelio

Lc 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin".

María le dijo entonces al ángel: "¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios". María contestó: "Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". Y el ángel se retiró de su presencia.




Meditacion:

Ya hemos leído o escuchado cientos de veces el texto de la anunciación del ángel Gabriel a la doncella de Nazaret, a María. Y seguro que nos siguen asombrando dos cuestiones fundamentales en el relato. Por una parte, está la sencillez de aquella mujer. Por otra parte, la envergadura del anuncio.

He dicho que nos asombra, en primer lugar, la sencillez de María. Para hoy más. Aquel era un mundo donde la mujer no tenía presencia social. Ni siquiera su testimonio era válido ante un tribunal. La mujer no era entonces ciudadana de segunda sino de tercera o cuarta o quinta. Todavía las mujeres de las familias poderosas y ricas podían tener relevancia, podían influir en las decisiones. Pero estamos hablando de María, una mujer de Nazaret, una “ciudad” de Galilea. Galilea era una zona marginal para los judíos. Sus habitantes no eran considerados siquiera verdaderos judíos. Había una mucha mezcla pagana. Pero es que, además, los arqueólogos nos dicen que en aquellos tiempos la “ciudad” de Nazaret no debía pasar de ser unas cuantas cuevas habitadas por gente muy pobre. Mucha cultura ni erudición no se podía esperar de las gentes de Nazaret y mucho menos de sus mujeres. Así que María sería una pobre mujer (lejos de las casas en que suele representarla las pinturas e imágenes que hemos hecho de ella). Sencilla y pobre.

Precisamente a esa mujer y en ese contexto es donde se hace presente el ángel Gabriel para anunciar que va a nacer el salvador, el mesías esperado. La altura del anuncio contrasta con la sencillez y la pobreza del lugar y de María. Dios precisamente ha escogido la pobreza, me atrevería a decir que la miseria, para hacerse presente en la historia. Si Juan era hijo de un sacerdote del tiempo, toda una categoría en la sociedad de la época, Jesús va a ser hijo de una pobre mujer y de un artesano, ambos situados en lo último de la escala social.

La anunciación es, pues, toda una declaración de intenciones de por donde va a ir la presencia de Dios en la historia. Lejos quedan los palacios de Jerusalén y la solemnidad del Templo. Toda queda en una paupérrima cueva de una aldeilla de Galilea. Ahí es donde Dios quiso dar un nuevo comienzo a la historia, a nuestra historia, a su historia con nosotros.

Thursday, December 19, 2024

Juan el Bautista


 Evangelio
Lc 1, 5-25
Hubo en tiempo de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, casado con una descendiente de Aarón, llamada Isabel. Ambos eran justos a los ojos de Dios, pues vivían irreprochablemente, cumpliendo los mandamientos y disposiciones del Señor. Pero no tenían hijos, porque Isabel era estéril y los dos, de avanzada edad.
Un día en que le correspondía a su grupo desempeñar ante Dios los oficios sacerdotales, le tocó a Zacarías, según la costumbre de los sacerdotes, entrar al santuario del Señor para ofrecer el incienso, mientras todo el pueblo estaba afuera, en oración, a la hora de la incensación.
Se le apareció entonces un ángel del Señor, de pie, a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y un gran temor se apoderó de él. Pero el ángel le dijo: "No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada. Isabel, tu mujer, te dará un hijo, a quien le pondrás el nombre de Juan. Tú te llenarás de alegría y regocijo, y otros muchos se alegrarán también de su nacimiento, pues él será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor y estará lleno del Espíritu Santo, ya desde el seno de su madre. Convertirá a muchos israelitas al Señor; irá delante del Señor con el espíritu y el poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia sus hijos, dar a los rebeldes la cordura de los justos y prepararle así al Señor un pueblo dispuesto a recibirlo".
Pero Zacarías replicó: "¿Cómo podré estar seguro de esto? Porque yo ya soy viejo y mi mujer también es de edad avanzada". El ángel le contestó: "Yo soy Gabriel, el que asiste delante de Dios. He sido enviado para hablar contigo y darte esta buena noticia. Ahora tú quedarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda, por no haber creído en mis palabras, que se cumplirán a su debido tiempo".
Mientras tanto, el pueblo estaba aguardando a Zacarías y se extrañaba de que tardara tanto en el santuario. Al salir no pudo hablar y en esto conocieron que había tenido una visión en el santuario. Entonces trató de hacerse entender por señas y permaneció mudo.
Al terminar los días de su ministerio, volvió a su casa. Poco después concibió Isabel, su mujer, y durante cinco meses no se dejó ver, pues decía: "Esto es obra del Señor. Por fin se dignó quitar el oprobio que pesaba sobre mí".



Meditacion:
El Mesías tiene su precursor. Es Juan, el hijo de Zacarías e Isabel. Como veremos en los próximos días con Jesús, también el nacimiento de Juan está envuelto en el misterio. Dios mismo interviene en su nacimiento, haciendo que esa pareja de ancianos, de ella se dice expresamente que era estéril y él de edad avanzada, pueda concebir.
Según el texto, Juan va a ocupar el lugar de Elías, el que tenía que venir a anunciar al Mesías. Su misión será la de preparar un pueblo bien dispuesto para acoger al Mesías. Estará lleno del Espíritu santo ya desde el vientre de su madre.
El efecto de esta anunciación es diferente en Zacarías y en Isabel. A Zacarías le cuesta creer en el anuncio del ángel, pone sus dificultades. Como señal y casi también como castigo, Zacarías queda mudo. Pierde la palabra hasta el momento del nacimiento del niño Juan. Sin embargo, Isabel, al darse cuenta de que se queda encinta, se llena de alegría porque el Señor le ha quitado su afrenta ante los hombres.
Quizá estas dos actitudes nos puedan ayudar a vivir estos días de Adviento. Por una parte, guardar silencio ante lo que va a acontecer. Es algo asombroso, casi imposible de creer. Es como si la historia se detuviese por un momento porque Dios va a intervenir directamente en ella. Toda la espera de tantos años y siglos se concentra en estos acontecimientos y en estos tiempos: Dios va a nacer. Su precursor ya está aquí. Es algo tanto novedoso, tan radicalmente diferente que nos quedamos, como Zacarías, sin palabra. Solo podemos admirar y contemplar.
Pero es una contemplación llena de alegría. Como Isabel, nos sentimos liberados de un destino que parece abocado siempre a la esterilidad, a la muerte, al sin sentido. El nacimiento de este niño, y en el fondo de cualquier niño, es siempre una puerta abierta a la esperanza. La vida sigue, la vida crece y renace en nosotros el optimismo y la fe. A pesar de todo lo que nos puedan decir los agoreros de turno, Dios está con nosotros.

Wednesday, December 18, 2024

Jose y Maria


 Evangelio

Mt 1, 18-24

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.

Cuando José despertó de aquel sueño, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y recibió a su esposa.



Meditacion:

Estamos en estos días especiales antes de celebrar la Navidad y la Iglesia nos propone para nuestra meditación lo que se ha dado en llamar los “Evangelios de la Infancia”. Dicho de otro modo, los prólogos de los evangelios de Mateo y Lucas. Ayer leímos la genealogía de Jesús y hoy toca la siguiente parte del evangelio de Mateo: el nacimiento de Jesús contado desde el lado de José.

Como todo buen prólogo, el evangelista nos abre el telón para informarnos de quién es el protagonista del libro que va a escribir. Lo primero que nos dice es que Jesús no es un hombre cualquiera, no es uno más. De hecho nace de una mujer, María, que espera un hijo “por obra del Espíritu Santo”. José no debe tener miedo a acoger a María porque “la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dos veces se insiste en esa intervención del Espíritu en el nacimiento de Jesús. Es Dios mismo el que interviene en la historia. No sólo en la historia de aquella pareja, María y José, sino en la historia humana. Es como si Dios saltará desde su trascendencia para encarnarse entre nosotros. Dios salta el abismo y se hace uno de nosotros. Es un hombre pero no sólo un hombre. Es Dios mismo que se hace presente entre nosotros.

Pero hay algo más. No se trata simplemente de que Dios venga a darse un paseo por el mundo. Al hijo que va a nacer José le tiene que poner por nombre Jesús “porque salvará a su pueblo de los pecados”. El evangelista insiste en que así se cumple la antigua profecía de la virgen que iba a dar a luz un hijo y le iba a llamar “Emmanuel”, Dios-con-nosotros.

Así en pocas líneas y articulado como un relato o, casi mejor, como un sueño en el que un ángel se manifiesta a Jesús, el evangelista nos ha dejado claro que el protagonista del Evangelio que va a escribir es un hombre pero en cuyo nacimiento ha intervenido el Espíritu de Dios. Y que este hombre es el salvador y mesías esperado, el que habían anunciado los profetas, el que va a salvar a su pueblo, es “Dios con nosotros”. Ahora no nos queda más que seguir leyendo para ver qué hizo y que dijo este hombre, cómo vivió y cómo murió. Porque en él veremos al mismo Dios.


Tuesday, December 17, 2024

Cronologia


 Evangelio

Mt 1, 1-17

Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abraham: Abraham engendró a Isaac, Isaac a Jacob, Jacob a Judá y a sus hermanos; Judá engendró de Tamar a Fares y a Zará; Fares a Esrom, Esrom a Aram, Aram a Aminadab, Aminadab a Naasón, Naasón a Salmón, Salmón engendró de Rajab a Booz; Booz engendró de Rut a Obed, Obed a Jesé, y Jesé al rey David.

David engendró de la mujer de Urías a Salomón, Salomón a Roboam, Roboam a Abiá, Abiá a Asaf, Asaf a Josafat, Josafat a Joram, Joram a Ozías, Ozías a Joatam, Joatam a Acaz, Acaz a Ezequías, Ezequías a Manasés, Manasés a Amón, Amón a Josías, Josías engendró a Jeconías y a sus hermanos durante el destierro en Babilonia.

Después del destierro en Babilonia, Jeconías engendró a Salatiel, Salatiel a Zorobabel, Zorobabel a Abiud, Abiud a Eliaquim, Eliaquim a Azor, Azor a Sadoc, Sadoc a Aquim, Aquim a Eliud, Eliud a Eleazar, Eleazar a Matán, Matán a Jacob, y Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo.

De modo que el total de generaciones, desde Abraham hasta David, es de catorce; desde David hasta la deportación a Babilonia, es de catorce, y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, es de catorce.



Meditacion:

Hoy toca una de esas lecturas del Evangelio que nos resultan extrañas. Y que incluso nos suenan a patraña. Hoy leemos el comienzo del Evangelio de san Mateo en el que se nos cuenta la genealogía de Jesús, empezando por el patriarca Abraham. Quizá a nosotros ciudadanos del siglo XXI nos habría bastado con saber de sus padres y de sus abuelos. Pero aquellos tiempos eran otros y el evangelista necesitaba demostrar que Jesús pertenecía al pueblo de Israel desde su fundación. Si Abraham era el padre y fundador del  pueblo judío, el evangelista quiere demostrar que Jesús es tan judío como el que más. No es un extraño. No es uno venido de fuera. Dios ha escogido a uno de los suyos para hacer presente en medio del mundo su salvación. El Mesías esperado viene, como indicaban las escrituras más antiguas, del mismo pueblo judío.

Pero no deja de ser una genealogía complicada. Incluso podríamos decir muy humana. Se ve esto que digo en la inclusión de cuatro mujeres en esa genealogía. La primera, Tamar, tiene una forma complicada de tener descendencia con Judá. La segunda, Rahab, es directamente una prostituta en Jericó. La tercera, Rut, es una moabita, una extranjera. Y la cuarta es la mujer de Urías, de la que se enamoró David cuando el marido andaba peleando en la guerra y con la que aquel tuvo un hijo. Son historias que nos hablan de cómo Dios va guiando la historia por caminos que nos pueden sorprender pero que siempre llegan a buen término. Y aquí el término es Jesús, nuestro salvador. Porque, como dice el refrán español, “Dios escribe recto con líneas torcidas”.

Conclusión: que a veces lo que nos parece que está mal o que nos hace daño puede terminar en bien para nosotros y para los que nos rodean. La fe es creer que Dios es el señor de la historia y que, aunque no siempre lo comprendamos, él lo va orientando todo para nuestro bien. Esa es nuestra fe y es nuestra esperanza.


Monday, December 16, 2024

Autoridad

 

Evangelio

Mt 21, 23-27

En aquellos días, mientras Jesús enseñaba en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le preguntaron: “¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?”

Jesús les respondió: “Yo también les voy a hacer una pregunta, y si me la responden, les diré con qué autoridad hago lo que hago: ¿De dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de la tierra?”

Ellos pensaron para sus adentros: “Si decimos que del cielo, él nos va a decir: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’ Si decimos que de los hombres, se nos va a echar encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta”. Entonces respondieron: “No lo sabemos”.

Jesús les replicó: “Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago lo que hago”.



Meditacion:

Es una cuestión de autoridad lo que les preocupa a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Para ellos es una cuestión vital: hay que tener claro a quién hay que obedecer. Está en juego la salvación. Con esa cuestión se acercan a Jesús. Y se produce un diálogo curiosísimo en el que Jesús termina dejándoles sin una respuesta clara. Es más, da la impresión de que Jesús juega con ellos pero que no tiene ninguna intención de decirles con qué autoridad actúa.

Es normal que se produzca ese diálogo imposible. Porque Jesús se mueve en otro nivel. La cuestión de la autoridad es secundaria sino la última en el Reino. La esencia del Reino de Dios no es la autoridad sino el amor. Dios no es un dictador, un rey absoluto, que impone normas que deban ser obedecidas sí o sí bajo la amenaza de un castigo terrible que llega hasta la condenación eterna. Dios es Padre, es Abbá, que significa más bien “papaíto”. Y en el mundo del amor no existe la ley ni la norma ni el castigo.

Lo que propone Jesús es un reino que tiene mucho más de familia que de cuartel. En la mesa de los hijos todos son acogidos, sin excepción. La obediencia no es la clave de la relación sino el amor. Es un amor que se mueve en todas direcciones. De Dios a nosotros, a cada uno de nosotros. De nosotros a Dios y de nosotros a nosotros. La clave del reino es una forma nueva de relación que no está basada en que uno manda (Dios o sus representantes) y los demás obedecen sino en la dimensión de la mesa en la que todos estamos sentados al mismo nivel, incluso el que preside la mesa (más allá incluso, el que preside se abaja a lavar los pies a los demás, como hizo el mismo Jesús en la última cena). En la mesa del reino Dios no tiene un escabel más alto sino que se ha sentado a nuestro nivel. No hay primeros puestos ni segundos ni últimos. Es una mesa en la que todos somos iguales.

Por eso, la cuestión de la autoridad le debió hacer reír a Jesús. Y debió pensar que los sumos sacerdotes y los ancianos no se habían enterado de nada. No es una cuestión de autoridad sino de amor. Y eso vale para aquellos y para nosotros.

Saturday, December 14, 2024

Elias


 Evangelio

Mt 17, 10-13

En aquel tiempo, los discípulos le preguntaron a Jesús: "¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?"

Él les respondió: "Ciertamente Elías ha de venir y lo pondrá todo en orden. Es más, yo les aseguro a ustedes que Elías ha venido ya, pero no lo reconocieron e hicieron con él cuanto les vino en gana. Del mismo modo, el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos".

Entonces entendieron los discípulos que les hablaba de Juan el Bautista.



Meditacion:

El Evangelio de hoy habla del que tenía que venir antes que Jesús. Le llaman Elías. Y dice Jesús que sí que había llegado pero que no lo habían recibido. ¿Desde cuándo son bien recibidos los profetas? Y termina Jesús diciendo que también el Hijo del hombre (una forma de hablar de sí mismo) va a padecer a manos de ellos. Es decir, a las mismas manos que habían maltratado a los anteriores profetas.

Es cierto. Así va a ser la vida de Jesús. Tan maltratado va a ser que va a terminar en la cruz. Los profetas molestos, los que dicen la verdad, los que nos invitan a salir de los caminos trillados de siempre (los que nos llevan al camino de la venganza, de la guerra, del odio, de la destrucción, que tantas veces hemos recorrido las personas y los pueblos a lo largo de la historia), tienen poco y mal futuro.

Seguir a Jesús tiene consecuencias. Sobre todo, si nos comprometemos, como él, en la defensa de la justicia, de la verdad, de los oprimidos, sobre todo si nos hacemos hermanos de todos. Ahora es tiempo para prepararnos para celebrar la Navidad  pero sin perder la perspectiva: el que nace no lo va a tener fácil en la vida. Y terminará mal. Porque el Reino no va a ser del gusto de todos.


Friday, December 13, 2024

Niños


 Evangelio

Mt 11, 16-19

En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con qué podré comparar a esta gente? Es semejante a los niños que se sientan en las plazas y se vuelven a sus compañeros para gritarles: 'Tocamos la flauta y no han bailado; cantamos canciones tristes y no han llorado'.

Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dijeron: 'Tiene un demonio'. Viene el Hijo del hombre, y dicen: 'Ése es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y gente de mal vivir'. Pero la sabiduría de Dios se justifica a sí misma por sus obras".



Meditacion:

Lo primero que me ha venido a la mente al leer el texto evangélico de este día ha sido la misa que se celebra en muchas de nuestras iglesias, tanto en domingos como en días de entre semana. Ha sido eso que dice Jesús de que esta generación se parece a los niños sentados en la plaza que gritan a otros: “Hemos tocado la flauta y no habéis bailado, hemos cantado lamentaciones y no habéis llorado.”

He pensado en esas misas a las que las personas “asisten” pero “participan” muy poco tirando a nada. A veces se oyen las respuestas a lo que dice el sacerdote pero a veces no se oyen o se oye un guirigay para que cada uno va a su ritmo. Se ve en la propia disposición en los bancos: todos bien separados unos de otros y, muchas veces, poniéndose la mayoría allá al fondo de la iglesia donde tantas veces ni se escucha ni se ve ni se entiende nada. “Asisten” a misa, como si estar presentes en el momento de la celebración, diese unas gracias especiales a los que están allí. Pasan unas lecturas que no se entienden y, cuando llega el momento de la comunión, no hay nada de “comida en común”. Como mucho es un momento para encerrarse más dentro de cada uno. A veces el sacerdote trata de animar la celebración pero se hace complicado. Es como si tuviese que tirar de un carro donde todos se han subido y nadie ayuda a empujar.

Por eso las palabras de Jesús sobre esos niños que oyen tocar la flauta a los otros y no bailan y les oyen cantar lamentaciones y no lloran, me han recordado a estas misas. Son frías, impersonales. Es difícil ver que es una comunidad la que se reúne a celebrar con gozo su fe, a escuchar la palabra y a compartir el pan de la eucaristía. Es difícil ver el sentido a esas misas, que son más “ritos vacíos” que auténticas “eucaristías”.

Quizá es que los que van así a misa piensan más en su salvación individual que en encontrarse los hermanos para comprometerse a seguir a Jesús. Pero eso tiene poco que ver con el sacramento que instituyó Jesús en sus comidas con los discípulos y, sobre todo, en la Última Cena.


Thursday, December 12, 2024

Virgen de Guadalupe


 Evangelio

Lc 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.


Meditacion:
La Iglesia nos invita a celebrar hoy la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América. Cuenta la historia que fue en el mes de diciembre de 1531, que en la colina del Tepeyac (México), la Virgen se le apareció al humilde indio Juan Diego. En 1910, el papa Pío X, proclamó a la Virgen de Guadalupe patrona de toda América Latina. De verdad que el Señor ha hechos cosas grandes en María y cosas más grandes aún a través de ella. Nuestro pueblo dominicano, ama y venera a María con una gran devoción.
El Adviento, es un tiempo mariano por excelencia. De la mano de María, este tiempo se vive mejor. El tiempo de adviento es un tiempo de espera, pero también de preparación, puesto que cuando nosotros vamos a recibir una visita, arreglamos nuestras casas y la acomodamos de tal forma que nuestros visitantes se sientan a gusto y bien recibidos, además para uno no quedar mal como anfitrión. En este tiempo, la Iglesia y junto a ella, cada cristiano, esperamos una visita singular y muy peculiar. Esperamos a Jesús, para que haga morada en nosotros por tal motivo debemos allanar el camino de nuestras vidas. Él hizo morada en la Virgen Madre.
Resulta importante, sentarnos a reflexionar: ¿Cuántas cosas torcidas en nuestras vidas que sabemos debemos enderezar, cuántos montes y colinas elevadas por el orgullo, la arrogancia, la vanidad y la altanería con la que podemos actuar en nuestro diario vivir? Cuáles son los obstáculos principales, que pueden estar en el camino de mi vida para que Cristo venga. Afortunadamente, nuestra Madre la Iglesia nos ha regalado este tiempo para reconstruir nuestras vidas, para hacer nuevos planes y proyectos, para ser más de Cristo, más de Iglesia, más para el prójimo, más para los necesitados. Que la Virgen María interceda por nosotros y nos ayude esperar con gozo la venida de su hijo, Nuestro Señor. Amén.

Wednesday, December 11, 2024

Vengan a mi


 Evangelio

Mt 11, 28-30

En aquel tiempo, Jesús dijo: "Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo los aliviaré. Tomen mi yugo sobre ustedes y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrarán descanso, porque mi yugo es suave y mi carga, ligera".



Meditacion:

Muchas veces me he encontrado con cristianos para los que serlo es una especie de peso casi insoportable que les acompaña toda su vida y del que les gustaría librarse porque, en el fondo, sienten la amenaza de una posible condenación. Ser cristiano y comportarse como tal les parece que es asumir una vida llena de normas, algunas de ellas les parece que no tienen mucho sentido. Desde tener que ir a misa todos los domingos hasta tantas otras obligaciones morales, de comportarse así o, sobre todo, de no hacer esto o lo otro. Y muchas de esas normas bajo la amenaza de cometer pecado mortal si no se cumplen adecuadamente. Realmente, no estoy seguro de que vivir el ser cristiano de esa manera valga la pena.

El texto evangélico de hoy presenta la vida cristiana de otra manera. Casi me atrevería a decir que la presenta de una manera radicalmente opuesta. Seguir a Jesús no es una tarea casi imposible sino más bien una liberación de todos los pesos y cadenas que nos oprimen. Seguir a Jesús es fuente de consuelo y alivio para los que están cansados y agobiados. El yugo de Jesús es llevadero y su carga ligera. En Jesús lo que encontramos es descanso. Eso es lo que dice el Evangelio de hoy. Y debe ser verdad porque son palabras que el evangelista pone en boca del mismo Jesús.

Es verdad que seguir a Jesús implica comportarse de una forma determinada. No vale todo. Es verdad. Pero, lo más importante, hay que comprender que esas normas que hay que seguir son fruto de un encuentro gozoso y liberador con Jesús, el Señor, el que nos salva, el que es portador y testigo del amor de Dios para cada uno de nosotros.

Un ejemplo: lo de ir a misa todos los domingos puede ser visto como una obligación pesada y sin sentido. Pero también se puede entender como una ocasión gozosa de encontrarse con los hermanos y celebrar con ellos la eucaristía, la acción de gracias, escuchando la palabra de Jesús y compartiendo el pan de vida. Posiblemente, el cambio de punto de vista dependerá de nuestra forma de participar en la misa: como simples oyentes de algo en lo que hay que estar o como participantes activos en una celebración de fe. Sólo es un ejemplo.

Tuesday, December 10, 2024

La oveja


 Evangelio

Mt 18, 12-14

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿acaso no deja las noventa y nueve en los montes, y se va a buscar a la que se le perdió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se le perdieron. De igual modo, el Padre celestial no quiere que se pierda uno solo de estos pequeños”.



Meditacion:

Dicen los estudiosos de la biblia que en las parábolas no hay que estudiar cada elemento ni pensar que cada elemento de la parábola tiene un significado específico en la enseñanza de Jesús. Pero hay algunos que las han interpretado en esa línea y han llegado a concluir que los cristianos tenemos que ser como las ovejas, a las que llevan y traen según donde el pastor y su perro tiren la piedra y den el grito. Estirando la interpretación se ha llegado a pensar que la jerarquía eclesial, obispos, sacerdotes… son los pastores y el pueblo de Dios, laicos y laicas, deben ser y portarse como las ovejas. Es decir, que no tienen que pensar por sí mismos sino que simplemente tienen que obedecer lo que les indica la jerarquía.

Nada más lejos de la realidad. En las parábolas Jesús quería solo transmitir una idea, una enseñanza simple. En el caso de la parábola que nos ocupa hoy la idea es que el pastor se preocupa sobre todo por la oveja perdida. El acento no se pone en la oveja, que se puede haber perdido por muchas razones. El acento se pone en la preocupación del pastor y en su alegría cuando la encuentra. Y ahí sí que podemos pensar que el pastor es la referencia a Dios. Lo que nos quiere decir Jesús es que Dios es como el pastor siempre preocupado por sus hijos e hijas. Por cierto, habría que señalar que en ese grupo de las ovejas / hijos e hijas de Dios están incluidos por igual desde el papa hasta tantos hombre y mujeres que forman la comunidad cristiana, pasando por todas las categorías intermedias que hemos terminado creando en la iglesia a lo largo de la historia (obispos, arzobispos, cardenales, curas, diáconos, religiosos, religiosas, etc). Aún más, el rebaño de Dios, sus hijos e hijas, no incluye solo a los creyentes, incluye y reúne a todos sin distinción de credos ni sexo ni lengua ni nación ni… todo lo que podamos imaginar que nos diferencia a unas personas de otras. Todos somos sus hijos. Todos. Y por todos se preocupa y alegra Dios. Eso es lo que nos quiere decir la parábola.

Monday, December 9, 2024

Inmaculada


 Evangelio

Lc 1, 26-38

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.

Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: "Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo". Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.

El ángel le dijo: "No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin".

María le dijo entonces al ángel: "¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?" El ángel le contestó: "El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios". María contestó: "Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho". Y el ángel se retiró de su presencia.



Meditacion:

Hoy, solemnidad de la Inmaculada Concepción, el Evangelio nos presenta la escena de la Anunciación (cfr. Lc 1,26-38). En ella se muestran dos actitudes de María que ayudan a comprender cómo custodió el don único que recibió, un corazón totalmente libre de pecado. Y estas dos actitudes son el asombro ante las obras de Dios y la fidelidad en las cosas simples. Veamos el primero: el asombro. (…)  Esta es una actitud noble: saber asombrarse ante los dones del Señor, no darlos nunca por descontados, apreciar su valor, alegrarse de la confianza y la ternura que traen consigo. Y también es importante testimoniar este asombro delante de los demás hablando con humildad de los dones de Dios, del bien recibido, y no solo de los problemas cotidianos. (…) Vamos con la segunda actitud: la fidelidad en las cosas simples. (…) Precisamente a través de la fidelidad cotidiana al bien, la Virgen permitió que creciera en ella el don de Dios; de este modo, se ejercitó para responder al Señor, para decirle "sí" con toda su vida.


Saturday, December 7, 2024

La cosecha...

Evangelio

Mt 9, 35–10, 1. 6-8

En aquel tiempo, Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos, enseñando en las sinagogas, predicando el Evangelio del Reino y curando toda enfermedad y dolencia. Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Entonces dijo a sus discípulos: "La cosecha es mucha y los trabajadores, pocos. Rueguen, por lo tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos".

Después, llamando a sus doce discípulos, les dio poder para expulsar a los espíritus impuros y curar toda clase de enfermedades y dolencias. Les dijo: "Vayan en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel. Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente".



Meditacion:

En el Evangelio (Mateo 9,35–10,1.6-8), Jesús recorre las ciudades y aldeas proclamando el Reino y curando a los enfermos, movido por la compasión hacia un pueblo extenuado y abandonado, “como ovejas sin pastor”. Su mirada compasiva no se queda en un sentimiento pasivo, sino que lo impulsa a actuar: llama a sus discípulos, les da autoridad y los envía con una misión concreta: proclamar que el Reino ha llegado y acompañar esa proclamación con gestos concretos de sanación y liberación.

Aquí se nos presenta un llamado directo a todos los discípulos de Jesús, especialmente en este tiempo de Jubileo: la misión no es opcional, es parte esencial de nuestra respuesta al don que hemos recibido. “Gratis habéis recibido, dad gratis”. El amor de Dios, su gracia y su misericordia no son algo que podamos guardar para nosotros mismos; son un regalo que debe compartirse con generosidad. Jesús nos invita a ser sus colaboradores en la gran mies, a ser instrumentos de su compasión para un mundo herido y necesitado.

El Adviento y el Año Jubilar se convierten así en un llamado doble: primero, a permitir que Dios sane, restaure y transforme nuestras vidas; y segundo, a salir al encuentro de los demás, anunciando con nuestras palabras y acciones que el Reino está cerca. En un mundo lleno de desigualdad, enfermedad y desesperanza, se nos pide que llevemos luz donde hay oscuridad, que proclamemos esperanza donde hay desolación y que demos gratuitamente lo que gratuitamente hemos recibido.

Que este tiempo de espera activa nos impulse a vivir con el oído atento a la voz del Maestro, los pies dispuestos a caminar por el sendero que nos marca y las manos abiertas para sanar, consolar y compartir. Así, nuestra vida se convertirá en un testimonio vivo de que el Señor está cerca, vendando heridas y proclamando un tiempo nuevo de gracia, justicia y plenitud. ¡Que nuestra existencia sea anuncio y testimonio del Reino de Dios, que ya está entre nosotros!

 

Friday, December 6, 2024

Fe


 Evangelio

Mt 9, 27-31

Cuando Jesús salía de Cafarnaúm, lo siguieron dos ciegos, que gritaban: “¡Hijo de David, compadécete de nosotros!” Al entrar Jesús en la casa, se le acercaron los ciegos y Jesús les preguntó: “¿Creen que puedo hacerlo?” Ellos le contestaron: “Sí, Señor”. Entonces les tocó los ojos, diciendo: “Que se haga en ustedes conforme a su fe”. Y se les abrieron los ojos. Jesús les advirtió severamente: “Que nadie lo sepa”. Pero ellos, al salir, divulgaron su fama por toda la región. 




Meditacion:

La liturgia de la Palabra de este día nos anima a un despertar profundo, a abrir los ojos de nuestra existencia para reconocer la obra de Dios que transforma nuestra realidad. En este tiempo de Adviento, mientras aguardamos la venida del Señor, estas palabras nos llaman a vivir con esperanza activa, permitiendo que el encuentro con Cristo ilumine nuestras tinieblas interiores y renueve nuestro caminar.

En el libro de Isaías (29,17-24), el profeta describe un tiempo de cambio radical, un horizonte de restauración donde lo que parecía imposible se vuelve realidad: el Líbano se convierte en un vergel, los sordos escuchan, los ciegos ven, y los pobres se llenan de alegría. Este anuncio no es solo una promesa para el futuro; es una invitación a mirar nuestra vida desde la fe y descubrir que Dios ya está actuando en medio de nosotros. Su gracia transforma nuestra ceguera espiritual en visión clara, abre nuestros oídos para escuchar su palabra y nos llena de júbilo incluso en las dificultades.

Isaías también denuncia la injusticia y la opresión, señalando que los violentos y cínicos no tendrán la última palabra. Este mensaje, tan actual en nuestro tiempo, nos desafía a revisar nuestras propias actitudes y acciones. ¿Somos ciegos ante las necesidades de los demás? ¿Somos sordos a los gritos de los oprimidos? El Adviento nos invita a romper con la indiferencia y a dejarnos transformar por el Dios que hace nuevas todas las cosas.

En el Evangelio de Mateo (9,27-31), dos ciegos siguen a Jesús con una súplica cargada de fe: “Ten compasión de nosotros, Hijo de David”. Este grito no solo expresa su necesidad de curación física, sino también su deseo de encontrarse con el Salvador. Jesús responde tocando sus ojos y, más allá del milagro, les devuelve la capacidad de ver la vida con una perspectiva nueva. Sin embargo, antes de sanar, Jesús les pregunta: “¿Creéis que puedo hacerlo?”. Aquí, el Señor no solo quiere sanar sus cuerpos, sino también activar su fe, porque la verdadera luz nace de un corazón que confía plenamente en Él.

Esta escena evangélica nos desafía a preguntarnos: ¿Qué dimensiones de nuestra vida necesitan ser iluminadas por la presencia de Cristo? Tal vez hemos permitido que el cansancio, la rutina o el dolor nos conviertan en “ciegos”, incapaces de reconocer los signos de esperanza que nos rodean. Jesús también nos pregunta hoy: “¿Crees que puedo hacerlo?”. Nuestra respuesta, como la de los ciegos, debe ser un “Sí, Señor” lleno de confianza.

El Adviento es tiempo de abrir los ojos del corazón, de dejarnos tocar por la gracia de Dios y reconocer su acción en nuestra vida. Así como los ciegos del Evangelio no pudieron guardar silencio después de recibir la vista, también nosotros estamos llamados a proclamar con nuestra vida lo que hemos visto y experimentado.

En este Adviento, pidamos al Señor que abra nuestros ojos para ver su acción en nuestra historia, que encienda nuestra fe para caminar con esperanza y que transforme nuestro corazón para ser testigos de su amor. Confiemos en Él, porque su poder no solo cura, sino que nos conduce a una vida renovada y plena. ¡Que nuestra existencia proclame con alegría que el Salvador está en medio de nosotros!

Wednesday, December 4, 2024

Canastos llenos


 Evangelio

Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,29-37):
EN aquel tiempo, Jesús, se dirigió al mar de Galilea, subió al monte y se sentó en él.
Acudió a él mucha gente llevando tullidos, ciegos, lisiados, sordomudos y muchos otros; los ponían a sus pies, y él los curaba.
La gente se admiraba al ver hablar a los mudos, sanos a los lisiados, andar a los tullidos y con vista a los ciegos, y daban gloria al Dios de Israel.
Jesús llamó a sus discípulos y les dijo:
«Siento compasión de la gente, porque llevan ya tres días conmigo y no tienen qué comer. Y no quiero despedirlos en ayunas, no sea que desfallezcan en el camino».
Los discípulos le dijeron:
«¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
Jesús les dijo:
«¿Cuántos panes tenéis?».
Ellos contestaron:
«Siete y algunos peces».
Él mandó a la gente que se sentara en el suelo. Tomó los siete panes y los peces, pronunció la acción de gracias, los partió y los fue dando a los discípulos, y los discípulos a la gente.
Comieron todos hasta saciarse y recogieron las sobras: siete canastos llenos.




Meditacion:
En el Evangelio de Mateo (15,29-37), esta promesa de salvación encuentra un eco en la compasión de Jesús hacia la multitud. En la escena del monte, Jesús no solo cura a los enfermos y lisiados, devolviéndoles la salud y la dignidad, sino que también se preocupa por el hambre de la gente, ofreciendo alimento en abundancia. Este relato nos habla de un Dios cercano, que no solo atiende nuestras necesidades espirituales, sino que también se hace cargo de nuestras necesidades más humanas. Jesús, al multiplicar los panes, muestra que su Reino es un reino de comunión, generosidad y vida en plenitud.
En Adviento, este Evangelio nos desafía a vivir desde una fe activa y generosa. La compasión de Jesús hacia la multitud nos invita a preguntarnos: ¿de qué manera podemos ser instrumentos de su amor y cuidado en medio de las carencias del mundo? En un Año jubilar, esta invitación se vuelve aún más urgente: compartir el pan con los que tienen hambre, sanar las heridas de quienes sufren y, sobre todo, ser testigos de la abundancia de Dios en nuestras vidas.
El Adviento es tiempo de preparación y de esperanza. Así como la multitud fue saciada por Jesús, nosotros somos llamados a acercarnos al banquete que el Señor ha preparado. Este tiempo litúrgico nos impulsa a vivir con la confianza de que Dios no solo cumple sus promesas, sino que ya ha comenzado a actuar entre nosotros, llenando nuestras vidas de sentido, compasión y salvación.
Que este Adviento, iluminado por la esperanza del Jubileo, sea un momento para dejarnos transformar por el amor de Dios, abrir nuestras manos al necesitado y proclamar con alegría: “Aquí está nuestro Dios. Celebremos y gocemos con su salvación”.

Providencia

  Evangelio Mateo 6, 24-34 En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Nadie puede servir a dos amos, porque odiará a uno y amará al otro...