Monday, April 12, 2021

Nicodemo

 

Evangelio

Jn 3, 1-8

Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: “Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él”.

Jesús le contestó: “Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios”. Nicodemo le preguntó: “¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?”

Le respondió Jesús: “Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: ‘Tienen que renacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu”.


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Meditacion:

Los discípulos vieron claro muy pronto que, en este mundo, los poderes se alían -en este caso hablan de Herodes y Poncio Pilato- y siempre hay gente dispuesta entre “los nuestros” a ser parte de la alianza si con eso ganan algún beneficio.

Y sigue ocurriendo hoy en todos los ámbitos, porque mercadear con el poder es muy humano. En toda cultura y tiempo. Cambiarán las formas y los modos, pero seguiremos dejando inocentes a la orilla del camino: a unos porque les hacen sombra, otros los viven como una amenaza a su bienestar, otros no quieren problemas y bajan la cabeza, otros se pliegan a las medidas sabiendo que son injustas por un plato de lentejas… En fin, cada uno sabe. Así ocurrió con Jesús porque así había ocurrido antes con miles de hombres y mujeres y sigue ocurriendo hoy.

Hagamos nuestra la oración de Pedro: “Ahora, Señor, fíjate en sus amenazas y concede a tus siervos predicar tu palabra con toda valentía (parresía, dice el texto griego)”.

Seguimos amenazados y amenazando a otros cuando elegimos pactar con el poder, con el mal, con las medias-tintas, con la falta de verdad… Y ante eso, o acogemos el don de la parresía o no podremos ser fieles a Jesús y su Evangelio. Aquel día, la respuesta de Dios a la oración de los discípulos fue llenarlos de su Espíritu Santo.

Es como contemplar en la primera lectura lo que ya en el Evangelio anunció Jesús a Nicodemo, ese personaje incómodo y poco simpático (al menos para mí) que teniendo clara la verdad y por dónde caminar, no acaba de decidirse. No es capaz de romper con su vida, su posición social y religiosa… su “hombre viejo”. Por eso suele aparecer en la noche, medio oculto siempre.

Pero, ¿podemos decir que nosotros no tenemos nada de Nicodemo y su tibieza?, ¿acaso no somos buena gente, sabemos qué es lo correcto e incluso lo defendemos en la intimidad pero nos sentimos incapaces de abandonar la seguridad de lo conocido y la protección del anonimato?

¿Algo de esto tendrá que ver con nacer de nuevo y pasar de nuestro ser viejo al nuevo? (recordemos que Jn 3,4 dice el ser humano (ánthropos) viejo, no el hombre (andrós) viejo, porque el griego sí lo distingue). Lo que es seguro es que es cuestión de dejarse llevar por el Espíritu, que no casa bien con la tibieza ni la falta de valentía y verdad.

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