Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos’’.
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Meditacion:
En el Evangelio de hoy, Jesús utiliza la hermosa imagen de la viña y los sarmientos para describir la forma en que estamos unidos con el Señor y dependemos de él. De la misma forma en que la viña sostiene a los sarmientos, su vida divina fluye en nosotros. Sin él, no seremos capaces de crecer o dar fruto en nuestra vida de fe. Seremos como madera seca y muerta, incapaces de producir nada.
Esa es la razón por la cual Jesús nos dice que permanezcamos en él. Pero, ¿cómo hacemos eso, especialmente cuando cada día nos enfrentamos a montañas de responsabilidades que alejan nuestros pensamientos de Dios? Apoyándonos en él continuamente, descansando en su amor, confianza y amistad.
Esto implica que tomemos la decisión de hacer el esfuerzo por acercarnos al Señor en cada momento del día. Una forma de iniciar es dedicándole tu vida al Señor por la mañana, con una pequeña oración. Puedes rezar de esta forma: “Gracias, Señor, por darme este día para amarte y servirte. Te pido que me ayudes a permanecer unido a ti.”
Probablemente tú ya acudes a la presencia del Señor durante tu tiempo regular de oración diaria, pero asegúrate de no estarte limitando solo a eso. Puedes procurar tener otros encuentros con Dios durante el día. Por ejemplo, mientras doblas la ropa o preparas la comida, puedes entonar un cántico de alabanza. En la oficina, puedes tomar unos minutos para hacer una oración de gratitud. Puedes expresar tu amor a Dios incluso cuando estás en el auto esperando que la luz del semáforo se ponga en verde.
Conforme el día avanza, es posible que te enfrentes a la ansiedad o a un momento de tristeza o luches contra una tentación. Esos son momentos especialmente importantes cuando clamas a Dios y le dices lo que está en tu corazón y luego escuchas para ver si él tiene algo que decirte.
Permanecer en Cristo realmente hace una diferencia. ¿Quién sabe? Si lo intentas hoy, podrías abrir tu corazón para compartir tu fe con algún compañero de trabajo. O tal vez encuentres la gracia de ser más paciente con un hijo difícil. Las posibilidades son infinitas conforme te esfuerzas a vivir en él y a creer que él vive en ti.
“Amado Jesús, tú eres la viña y yo soy el sarmiento, te ruego que me permitas estar siempre unido a ti.”
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