Evangelio
En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él. Después de esto, sabiendo Jesús que todo había llegado a su término, para que se cumpliera la Escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vinagre. Los soldados sujetaron una esponja empapada en vinagre a una caña de hisopo y se la acercaron a la boca. Jesús probó el vinagre y dijo: “Todo está cumplido”, e inclinando la cabeza, entrego el espíritu.
Entonces, los judíos, como era el día de la preparación de la Pascua, para que los cuerpos de los ajusticiados no se quedaran en la cruz el sábado, porque aquel sábado era un día muy solemne, pidieron a Pilato que les quebraran las piernas y los quitaran de la cruz. Fueron los soldados, le quebraron las piernas a uno y luego al otro de los que habían sido crucificados con Jesús. Pero al llegar a él, viendo que ya había muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua.
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Meditacion:
Si te preguntas el por qué del evangelio de hoy, es la fiesta de la Virgen María, Madre de la Iglesia. En el siglo II, San Ireneo, escribió que el nudo de la desobediencia de Eva fue desatado con la obediencia de María. Sí, Eva fue la madre de todos los seres vivientes, pero al accept a Jesús en su vientre, María se convirtió en la madre de todos aquellos que nacieron a la vida eterna a través de él. Y eso la convierte a ella en madre de toda la Iglesia.
Como una buena madre, María nos ayuda y nos guía, individualmente y como Iglesia, con ternura y compasión. Ella está comprometida a enseñarnos y ayudarnos a convertirnos en personas bondadosas y fieles que aman al Señor y que se aman unos a otros. Nos motiva a obedecer a Dios y confiar en él y no se limita simplemente a decirnos qué hacer; también es nuestro ejemplo. Por medio de sus acciones, nos muestra cómo escuchar el mensaje de Dios y ponerlo en práctica, y también cómo hacerlo con humildad y entrega (Lucas 8, 21).
Como lo hace cualquier buena madre por sus hijos, María también reza por nosotros constantemente. Ella conoce nuestras dificultades, esperanzas y temores, y los presenta frente a su Hijo y le pide que él nos ayude. Y, así como lo haría cualquier buena madre, corre a nuestro lado cuando tropezamos y caemos. Ella acude a consolarnos pero también a animarnos para que nos levantemos con fe e iniciemos de nuevo.
Querido hermano, te invito a que hoy dediques un tiempo para meditar en la misión que Dios le encomendó a la Virgen María como tu madre espiritual y como Madre de la Iglesia. Este día de fiesta en su honor es un buen día pararse más a ella y para pedirle que te guíe en tu camino de fe. María, la nueva Eva, está presta para mantenerte cerca de su corazón.
“Padre, gracias por darnos a María como Madre de la Iglesia. Te ruego que me ayudes a aprender de su ejemplo y a recibir las bendiciones de su intercesión ”.
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