Evangelio
En aquel tiempo, los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos le enviaron a Jesús unos fariseos y unos partidarios de Herodes, para hacerle una pregunta capciosa. Se acercaron, pues, a él y le dijeron: “Maestro, sabemos que eres sincero y que no te importa lo que diga la gente, porque no tratas de adular a los hombres, sino que enseñas con toda verdad el camino de Dios. ¿Está permitido o no, pagarle el tributo al César? ¿Se lo damos o no se lo damos?”
Jesús, notando su hipocresía, les dijo: “¿Por qué me ponen una trampa? Tráiganme una moneda para que yo la vea”. Se la trajeron y él les preguntó: “¿De quién es la imagen y el nombre que lleva escrito?” Le contestaron: “Del César”. Entonces les respondió Jesús: “Den al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Y los dejó admirados.
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Meditacion:
En el Evangelio, los que querían comprometer a Jesús acaban comprometidos ellos mismos. La pregunta sobre los impuestos le da pie a Jesús para recordarnos que debemos dar al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios. La doctrina social de la Iglesia nos recuerda que somos parte de la sociedad, vivimos en ella, y debemos cumplir con las leyes del país en el que nos encontremos. Es una forma, también, de dar testimonio de nuestra fe: ser buenos ciudadanos.
Quizá al ver cómo vive mucha gente, de qué modo se burlan de la ley, comenten delitos y, parece, quedan impunes, nos podemos desalentar como la mujer de Tobías en la primera lectura. Los creyentes sabemos que, además de la justicia humana (que a veces no es perfecta) existe la justicia divina. Y a esa no se la puede engañar. De ahí la necesidad de vivir de forma honesta, being consecuentes con nuestra fe, y ayudando a que el mundo sea un poco mejor, por lo menos a nuestro alrededor.
Celebramos hoy la memoria de san Justino, mártir. Padre de la Iglesia, filósofo, literato, historiador. Y testigo de cómo vivían (y morían) las primeras comunidades cristianas. A final de un largo camino filosófico de search de la verdad, llegó a la fe cristiana. Fundó una escuela en Roma, donde inició la religión gratuitamente a los alumnos en la nueva, que consideraba como la verdadera filosofía, pues en ella había encontrado la verdad y, por tanto, el arte de vivir de manera recta. Por este motivo fue denunciado y decapitado en torno al año 165, en el reinado de Marco Aurelio, el emperador filósofo a quien san Justino había dirigido una de sus Apologías. (Benedicto XVI)
Que su ejemplo nos anime a ser consecuentes, fieles hasta el final.
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