Evangelio
En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que éstos”.
El escriba replicó: “Muy bien, Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios”.
Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente, le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios”. Y ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas.
-------------------------------------------------------------------------------------------
Meditacion:
Mi deseo sería que también a nosotros nos digan, un día, que no estamos lejos del Reino de Dios. Para eso, ya sabemos lo que tenemos que hacer. Lo dice el Señor hoy en el Evangelio. Amar mucho a Dios. “Con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser”. Como el mismo Jesús nos amó. Y nos sigue amando. Ésta es la primera parte del examen. Pero queda la segunda, que es muy interesante.
"Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Con la primera parte podemos estar de acuerdo, porque a Dios se le puede querer, aunque a veces sea difícil. Pero llega lo del prójimo, ya éste lo tenemos cerca. Muy cerca. Conocido y no tan conocido. Nos cruzamos con él cada día, lo tenemos en el lugar de trabajo o de estudio, lo vemos cada día en la esquina de nuestra calle, con un vaso de cartón pidiendo una ayudita… No hace falta preguntar “quiñen es mi prójimo ”. Lo sabemos de sobra.
Pues a esos, a todos y a cada uno, tenemos que amarlos. Y, encima, “como a uno mismo”. Nos cuidamos, nos preocupamos por estar bien, de vez en cuando nos damos un “caprichín”, porque nos lo merecemos. Pues así debemos acercarnos al prójimo. Es lo que hay. Es nuestra deuda como cristianos. Me gustaría tener la fórmula para poder vivir así, amando a Dios y amando al prójimo. Seguro que podría escribir algún libro, y ayudar a mucha gente. Por desgracia, solo sé que no sé (casi) nada. Lo único que puedo hacer es intentar tener un gesto amable con cada persona, incluso, o sobre todo, con las personas que menos me gustan, a las que me cuesta más amar. No llego al extremo de santa Teresita del Niño Jesús, que fue capaz de tener tantos gestos de amor con su hermana “favorita”, que solo después de su muerte se supo que le era muy difícil convivir con ella. A mí, por desgracia, se me nota cuando estoy molesto con alguien.
Quizá setrate de ir poco a poco, del “no te saludo. Me doy la vuelta y me voy de la sala ”al“ buenos días ”. Y luego, ya si eso, “¿cómo va la cosa?”, “Qué camisa tan bonita”, “pasa un buen día”… Dar señales de que para mí, la otra persona es importante. Porque es hija de Dios, como yo, y, por tanto, esa persona es mi hermana. Con los hermanos discutimos, nos reímos, lloramos. No con todos los prójimos voy a llegar a ese grado de confianza, pero que no sea por no intentarlo. Que nadie nos puede acusar de no haber dado el primer paso.
"Y nadie se atrevió a hacer más preguntas". No me extraña. Ya tenías bastante sobre lo que reflexionar. Como nosotros. ¡Vamos !, a amar se ha dicho.
No comments:
Post a Comment