Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Yo les aseguro que si el grano de trigo sembrado en la tierra no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde; el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se asegura para la vida eterna.
El que quiera servirme que me siga, para que donde yo esté, también esté mi servidor. El que me sirve será honrado por mi Padre’’.
Meditacion:
Una semilla que ha sido plantada no solo crece más grande y fuerte, sino que literalmente se desintegra y se convierte en una nueva planta llena de un asombroso potencial. Podría parecer ilógico, pero eso es exactamente lo que sucede.
De la misma forma, al asemejarse a un grano enterrado y que muere, Jesús revela que su misión no es hacerse más fuerte; sino que es entregar su vida para que las personas en todo el mundo puedan nacer a una nueva vida y dar un fruto abundante. Sin embargo, puede ser fácil olvidar esta verdad fundamental.
Jesús era un maestro con una enseñanza profunda, pero no nos asemejamos a él simplemente por seguir su enseñanza con nuestra propia fuerza. Y a pesar de que él realiza milagros y curaciones, nosotros no somos semejantes a él por el solo hecho de experimentar alguna clase de curación. Igualmente, practicar la moralidad cristiana conduce a una libertad y felicidad tremendas, pero adoptar la moral cristiana no nos imprime completamente a Cristo en nuestra alma.
No, la vida de Jesús nos viene finalmente a través de su mayor acto de amor: Su muerte en la cruz. San Lorenzo, cuya fiesta celebramos hoy, es un conmovedor ejemplo de esta verdad. Era un diácono que vivió en Roma en el siglo III, durante un tiempo de gran persecución. Cuando un agente del emperador le exigió que entregara todos los tesoros de la Iglesia, Lorenzo reunió a los pobres y quienes pasaban hambre a los que la Iglesia estaba sirviendo y los presentó. “Estos son los tesoros de la Iglesia,” le dijo al prefecto. Por este humilde acto de rebeldía, Lorenzo fue ejecutado.
Lorenzo sabía que su vida estaba destinada a ser una vida derramada por las personas que lo rodeaban, y vivió así hasta el último momento.
Ahora, nosotros no tenemos que morir físicamente para vivir este llamado. Podemos seguir el ejemplo de Lorenzo pidiéndole al Espíritu Santo que nos ayude a poner primero las necesidades de otras personas. Podemos pedirle que nos convierta en siervos como lo era Lorenzo, como lo era Jesús.
“Espíritu Santo, te ruego que me ayudes a dar fruto abundante no solo por mí mismo sino por toda la Iglesia.”
No comments:
Post a Comment