Evangelio
En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.
Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: “¡Tú eres el Hijo de Dios!” Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.
Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: “También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado”. Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.
Meditacion:
Parece irónico que el Hijo de Dios, que vino a salvarnos a veces evitara a la gente. Sin embargo, no era que no deseaba estar con las personas, sino que necesitaba tiempo a solas con el Padre.
La Biblia relata muchas ocasiones en que Jesús se apartó para rezar a solas. Y a veces las multitudes se las agenciaban para encontrarlo. ¿Cómo se sentía Jesús cuando la gente le arruinaba sus planes? No sabemos. Lo que sí sabemos es que él no se quejaba sino que se tomaba el tiempo de hablar con las personas y curarlas. En el Evangelio de hoy, por ejemplo, Jesús debe haber tratado a la gente con respeto pues lo invitaron a quedarse. Pero él sabía cuál era la voluntad de Dios, y su respuesta fue firme: Era momento de rezar y luego seguir adelante.
El Evangelio de San Mateo nos narra otra situación en la que Jesús se encontró inesperadamente con una multitud cuando buscaba estar a solas luego de la muerte de su primo Juan el Bautista. La multitud lo siguió, él “sintió compasión de ellos” y curó a los enfermos. Incluso los alimentó al multiplicar cinco panes y dos pescados. Eventualmente, sin embargo, Jesús despidió a la gente y “subió a un cerro para orar a solas” (Mateo 14, 22. 23).
Aunque la vida de Jesús era bastante particular, en muchas formas también era similar a la nuestra. Al igual que nosotros, él enfrentó muchas demandas en su tiempo, y tuvo que ocuparse de los obstáculos con gracia y humildad.
Nosotros deberíamos ser flexibles con nuestro horario, así como lo era Jesús, especialmente cuando las personas necesitan nuestro amor y ayuda. El Señor nunca ignoró a alguien que acudiera a él. Pero tuvo el mismo cuidado de no ignorar al Padre, cuyo amor lo sostenía y fortalecía. Si Jesús, que no tenía pecado, necesitaba tiempo a solas con Dios, ¡cuánto más lo necesitamos nosotros!
Si tus planes para rezar tranquilamente se ven interrumpidos, no te preocupes; busca otra oportunidad. Haz que Dios sea tu prioridad, pídele al Señor que te conceda la gracia de hacer su voluntad para ti. El Señor te dará el balance y la paz que estás buscando para tu ajetreada vida.
“Señor, gracias por las personas que son parte de mi vida y me han dado ánimo.”
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