Thursday, November 25, 2021

Leprosos


 

Evangelio

Lc 17, 11-19

En aquel tiempo, cuando Jesús iba de camino a Jerusalén, pasó entre Samaria y Galilea. Estaba cerca de un pueblo, cuando le salieron al encuentro diez leprosos, los cuales se detuvieron a lo lejos y a gritos le decían: “Jesús, maestro, ten compasión de nosotros”.

Al verlos, Jesús les dijo: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”. Mientras iban de camino, quedaron limpios de la lepra.

Uno de ellos, al ver que estaba curado, regresó, alabando a Dios en voz alta, se postró a los pies de Jesús y le dio las gracias. Ése era un samaritano. Entonces dijo Jesús: “¿No eran diez los que quedaron limpios? ¿Dónde están los otros nueve? ¿No ha habido nadie, fuera de este extranjero, que volviera para dar gloria a Dios?” Después le dijo al samaritano: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.



Meditacion:

Fácil le hubiera sido al Señor Jesús ignorar aquellas voces distantes. Es más difícil negarle algo a alguien que se nos apersona, a que si nos escribe o telefonea pidiendo algo. Notemos la respuesta del Mesías: "Id, mostraos a los sacerdotes". Alguno de ellos podría haber pensado: "¿Qué está diciendo? Todavía recuerdo cuando el sacerdote me dijo: Es lepra". Pero esa voz les responde desde la distancia con fuerza y seguridad. Lo poco que oyen les es suficiente y deciden obedecer. Alguien dirá que después de todo, tampoco tenían mucho que perder. Si es difícil para tres o cuatro personas ponerse de acuerdo en algo, cuánto más podría ser para diez, y todavía cumpliendo una ordenanza "carente de sentido". Bien que alguno podría decir: "¿Qué tengo para mostrarle al sacerdote sino un cuerpo llagado, manos llenas de cicatrices de heridas y quemaduras provocadas por mi insensibilidad, y un rostro desfigurado que da pena mirarlo?".

Pero mientras iban alejándose, seguramente que hubo uno que primeramente sintió que algo había sucedido en su cuerpo. Pronto la sorpresa fue colectiva: habían quedado limpios. El milagro no ocurrió sino hasta que se pusieron a andar el camino. Ignoramos si fue a poco de salir o tras un buen rato de caminata. Lo que sí sabemos es que el milagro no acontece sino hasta que se dirigen a ver a los sacerdotes. No es que el Señor Jesucristo no pudiera hacer el milagro de inmediato y a la distancia, con el solo poder de su voz, sino porque quiso hacerlo así para que se mostrara la obediencia de la fe en su palabra.

En nuestra propia vida ocurre lo mismo. Dios produce el milagro en nosotros.. encontramos trabajo, una situacion dolorosa se resuelve, encontramos paz y alegria... pero hasta que no pongamos de nuestra parte y nos pongamos "en marcha" nada sucedera.

Y luego viene el asombro de los sacerdotes en este caso del evangelio y de nuestros amigos y parientes cuando la persona cambia "que feliz se te ve", "que tranquilidad en tu vida", "felicitaciones" escuchamos a nuestro paso. Jesus salva, Jesus limpia, Jesus cambia corazones, Jesus resuelve... pero necesita que nos pongamos en marcha... y que seamos agradecidos. Volvamos nuestro rostro a Jesus, visitemos el Santisimo y demos gracia. No es que nuestros problemas se hayan evaporado para siempre pero la proxima vez, comprenderemos que de esa "lepra" de desesperacion y tristeza ya estaremos vacunados.

Dios los bendiga amigos y amigas.

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