Evangelio
En aquellos días, mientras Jesús enseñaba en el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo y le preguntaron: “¿Con qué derecho haces todas estas cosas? ¿Quién te ha dado semejante autoridad?”
Jesús les respondió: “Yo también les voy a hacer una pregunta, y si me la responden, les diré con qué autoridad hago lo que hago: ¿De dónde venía el bautismo de Juan, del cielo o de la tierra?”
Ellos pensaron para sus adentros: “Si decimos que del cielo, él nos va a decir: ‘Entonces, ¿por qué no le creyeron?’ Si decimos que de los hombres, se nos va a echar encima el pueblo, porque todos tienen a Juan por un profeta”. Entonces respondieron: “No lo sabemos”.
Jesús les replicó: “Pues tampoco yo les digo con qué autoridad hago lo que hago”.
Meditacion:
El pasaje nos alecciona sobre el diálogo. Éste sólo es posible y auténtico si por ambas partes se da limpieza de intención y búsqueda honesta de la verdad. No todos están dispuestos a abrirse cabalmente a la verdad. Porque, como dijo en una ocasión O. Wilde, “la verdad es una cosa muy dolorosa de oír y de manifestar”. Jesús se vuelve hermético ante quien, al dirigirse a él, va buscando con mente obtusa, bajos intereses ajenos a la verdad. Con Él no se juega. Muchas veces los únicos que se atreven a buscar la verdad son los que no tienen nada que perder. Tal vez por eso, los más “buenos” no son siempre los más sinceros.
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