Evangelio
En aquel tiempo, al desembarcar Jesús, vio una numerosa multitud que lo estaba esperando, y se compadeció de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles muchas cosas.
Cuando ya atardecía, se acercaron sus discípulos y le dijeron: “Estamos en despoblado y ya es muy tarde. Despide a la gente para que vayan por los caseríos y poblados del contorno y compren algo de comer”. Él les replicó: “Denles ustedes de comer”. Ellos le dijeron: “¿Acaso vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?” Él les preguntó: “¿Cuántos panes tienen? Vayan a ver”. Cuando lo averiguaron, le dijeron: “Cinco panes y dos pescados”.
Entonces ordenó Jesús que la gente se sentara en grupos sobre la hierba verde y se acomodaron en grupos de cien y de cincuenta. Tomando los cinco panes y los dos pescados, Jesús alzó los ojos al cielo, bendijo a Dios, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran; lo mismo hizo con los dos pescados.
Comieron todos hasta saciarse, y con las sobras de pan y de pescado que recogieron llenaron doce canastos. Los que comieron fueron cinco mil hombres.
Meditacion:
¿Por qué dice San Marcos que los discípulos “no habían entendido el episodio de los panes” (6, 52)? Ellos estaban con Jesús cuando él multiplicó los panes y los peces. ¡Incluso habían participado del milagro! Aparentemente era porque aún no habían comprendido el significado de ese evento. Jesús podía hacer cosas como estas porque era el Hijo de Dios y porque quería alimentar y cuidar de su rebaño.
Sin embargo, a pesar de su falta de entendimiento, Jesús no se dio por vencido con ellos. Eso lo dejó claro cuando caminó sobre un mar tempestuoso, “subió a la barca con ellos” y los salvó de ahogarse (Marcos 6, 51). Ese segundo milagro debe haber iluminado su mente y haberlos ayudado a entender mejor el poder y las intenciones divinas de Jesús.
A veces nosotros somos como esos discípulos: No entendemos lo que Dios está haciendo o cuáles son sus razones. Quizá nos resulta difícil verlo actuar en cada situación, y comenzamos a dudar de que podamos contar con él. O tal vez no comprendemos lo mucho que lo necesitamos cuando estamos en medio de una tormenta. Pero Jesús conoce nuestras limitaciones. En lugar de enojarse con nosotros y distanciarse, se sube en nuestra barca, es decir, no solo interviene en la situación en específico sino que también toma el control de nuestros sentimientos y pensamientos.
¿De qué manera podríamos ver a Dios subirse a nuestra barca? Tal vez, una mañana, al levantarte, y pensar en todo lo que debes hacer durante el día te sientas abrumado y preocupado. Pero luego rezas y experimentas una paz profunda. O quizá no puedes entender la razón por la cual uno de tus hijos parece estar resentido contigo. Pero Dios te ayuda a comprender el motivo por el cual tu hijo se está sintiendo de esa forma, y que necesitas reconciliarte con él. O tú y tu esposo o esposa pueden no estar de acuerdo en un tema importante, pero luego Jesús abre tu corazón para que entiendas su punto de vista.
Jesús quiere subirse a tu barca. El Señor desea animarte y apoyarte cuando te estás esforzando por comprender lo que está sucediendo en tu vida. El Señor desea ir a tu lado, así como lo hizo con sus primeros discípulos. Anímate, ábrele tu corazón e invítalo a entrar.
“Señor Jesús, gracias por subirte a mi barca. Te pido que reines en mi corazón y en mi vida hoy y siempre.”
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