Evangelio
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Cuando venga el Hijo del hombre, rodeado de su gloria, acompañado de todos sus ángeles, se sentará en su trono de gloria. Entonces serán congregadas ante él todas las naciones, y él apartará a los unos de los otros, como aparta el pastor a las ovejas de los cabritos, y pondrá a las ovejas a su derecha y a los cabritos a su izquierda.
Entonces dirá el rey a los de su derecha: ‘Vengan, benditos de mi Padre; tomen posesión del Reino preparado para ustedes desde la creación del mundo; porque estuve hambriento y me dieron de comer, sediento y me dieron de beber, era forastero y me hospedaron, estuve desnudo y me vistieron, enfermo y me visitaron, encarcelado y fueron a verme’. Los justos le contestarán entonces: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te dimos de comer, sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o encarcelado y te fuimos a ver?’ Y el rey les dirá: ‘Yo les aseguro que, cuando lo hicieron con el más insignificante de mis hermanos, conmigo lo hicieron’.
Entonces dirá también a los de su izquierda: ‘Apártense de mí, malditos; vayan al fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles; porque estuve hambriento y no me dieron de comer, sediento y no me dieron de beber, era forastero y no me hospedaron, estuve desnudo y no me vistieron, enfermo y encarcelado y no me visitaron’.
Entonces ellos le responderán: ‘Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de forastero o desnudo, enfermo o encarcelado y no te asistimos?’ Y él les replicará: ‘Yo les aseguro que, cuando no lo hicieron con uno de aquellos más insignificantes, tampoco lo hicieron conmigo’. Entonces irán éstos al castigo eterno y los justos a la vida eterna”.
Meditacion:
Vivimos en un mundo de estadísticas. Hablamos de tantos por ciento, tendencias, mayorías,… Es la mejor forma de perder conciencia del detalle, el momento concreto, la individualidad. Ahí sí que somos un número.
El amor es todo lo contrario. No valen porcentajes, ni mayorías, ni “casi siempres”, ni “muchas veces”. Está claro en el mensaje del Evangelio de hoy: lo más decisivo es el “cada vez”: cada vez que lo hicisteis, cada vez que no lo hicisteis…
Y no es importante el “cada vez” porque estemos buscando el resultado pleno, el cien por cien (otra vez los números). El “cada vez” es importante porque a todo “cada vez” va asociada una persona, un “cada uno”.
Decimos que la persona es lo más valioso que Dios creó en este mundo. Por eso cada persona, cada vez, precisa toda nuestra atención y dedicación. Aquí ya no valen las estadísticas.
“Es que ‘casi nunca’ mato a nadie”. Absurdo, ¿verdad? Pues si lo llevamos al lado positivo, al amor, a la preocupación por los demás, comprenderemos más claramente que en la caridad no valen estadísticas, no se trata de conformarse con “la mayoría de las veces”, con el “casi siempre”.
En el “cada vez” nos jugamos el tipo. Y se producen un montón de “cada vez” a lo largo del día, en nuestra actividad normal. Tantos se nos escapan…. Queda el consuelo de que con Dios siempre se puede empezar de nuevo, porque está dispuesto a hacer borrón y cuenta nueva. Pero necesita nuestra intención firme de que en la próxima vez (la próxima “cada vez”) estaremos a la altura de las circunstancias, a la altura del Evangelio.
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