Evangelio
En aquel tiempo, los fariseos se confabularon contra Jesús para acabar con él. Al saberlo, Jesús se retiró de ahí. Muchos lo siguieron y él curó a todos los enfermos y les mandó enérgicamente que no lo publicaran, para que se cumplieran las palabras del profeta Isaías:
Miren a mi siervo, a quien sostengo;
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi Espíritu,
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
No gritará ni clamará,
no hará oír su voz en las plazas,
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea,
hasta que haga triunfar la justicia sobre la tierra;
y en él pondrán todas las naciones su esperanza.
Meditacion:
Jesús no fue un cobarde al retirarse del pueblo donde sus enemigos tramaban contra él. Siendo un lector de corazones, sabía lo que tramaban; pero también sabía que aún no era "la hora" del enfrentamiento o de la Pasión. Cuando llegara la "hora señalada", iría directamente a Jerusalén, pero no ahora. Así que dejó el pueblo, pero siguió haciendo sin miedo lo que siempre había hecho: llevar curación y alegría a la vida de la gente. Mateo nos dice específicamente que Jesús curaba a todos los que venían a él. No discriminaba ni miraba las posibilidades de los que acudían a él. Su servicio era para todos. En medio del sufrimiento y la oposición, los cristianos deberían animarse con este ejemplo: No tenemos que añadir fuego a todo antagonismo; pero tampoco debemos dejar de cumplir la misión que Dios nos ha encomendado de edificar la vida de la gente. Lo que necesitamos es prudencia pastoral.

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