Evangelio
En aquel tiempo, Jesús exclamó: “¡Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla! Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien.
El Padre ha puesto todas las cosas en mis manos. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar’’.
Meditacion:
Cuando éramos niños, muchos de nosotros nos imaginábamos a Dios como un juez severo, sentado en su escritorio con sus anteojos sobre la punta de la nariz y observando cada uno de nuestros movimientos. Cada vez que hacíamos algo malo, él abriría el Libro de la Vida, buscaría la página con nuestro nombre y pondría una marca en la columna de “travieso”. Sabíamos que un día tendríamos que comparecer ante el Juez y explicarle todas esas marcas.
Desde entonces, ¿Ha cambiado tu concepto de Dios? ¿O sigues atrapado en la idea de tu niñez? ¿Todavía ves a Dios como un Creador distante y a quien no puedes acercarte? ¿Como un policía celestial que solamente espera a que infrinjas sus leyes? ¿O como un perfeccionista que condena cada error pequeño que cometes?
Una forma en que muchos de nosotros enfrentamos estos conceptos equivocados es dejando de lado cualquier idea sobre Dios Padre y más bien enfocando nuestra atención en Jesús. Después de todo, resulta más fácil relacionarse con él porque se hizo hombre. El Señor demostró ser una persona bondadosa y cuidadosa que se entregó completamente por nosotros. Sentimos que podemos abrir nuestro corazón a él sin temer a sus juicios, aun cuando no somos perfectos. Sin embargo, en algún lugar de nuestra mente se encuentra esa imagen del Padre, una imagen que es simplemente contraria a lo que Jesús nos reveló que Dios es.
Recuerda: Jesús vino a la tierra para reconciliarnos con el Padre. Fue Dios mismo —nuestro Padre compasivo, paciente y misericordioso— quien envió a Jesús en primer lugar. Todo lo que Jesús dijo o hizo tenía como fin revelar el corazón de padre de Dios para que nosotros no tuviéramos miedo de acercarnos. Es sorprendente, y a veces difícil de comprender, pero aun así es cierto: Dios desea tener una relación cercana con nosotros. Y la mejor parte es que el Señor quiere ser encontrado. Dios ya nos ha escogido y se ha acercado a nosotros. Todo lo que debemos hacer es abrir nuestro corazón para recibirlo.
“Padre celestial, te pido que me permitas verte más de cerca hoy. Te ruego que me ayudes a conocerte y amarte de manera que pueda sentir tu presencia en mi vida más profundamente.”
.jpg)
No comments:
Post a Comment