Monday, August 22, 2022

Agradecer


 Lectura de la carta de San Pablo a los Tesalonicenses

2 Tes 1, 1-5. 11-12

Silvano, Timoteo y yo, Pablo, deseamos la gracia y la paz que proceden de Dios Padre y de Jesucristo, el Señor, a la comunidad cristiana de Tesalónica, reunida en el nombre de Dios, nuestro Padre, y en el de Jesucristo, el Señor.

Hermanos: Debemos dar gracias a Dios en todo momento, como es justo, por lo mucho que van prosperando ustedes en la fe y porque el amor que cada uno tiene a los otros es cada vez mayor. Por eso nos mostramos orgullosos de ustedes ante las comunidades cristianas de Dios, y de la constancia y de la fe que ustedes tienen en todas las persecuciones y tribulaciones que están sufriendo. Esta es una prueba de que, en el justo juicio de Dios, serán considerados dignos de su Reino, por el cual ahora padecen.

Oramos siempre por ustedes, para que Dios los haga dignos de la vocación a la que los ha llamado, y con su poder lleve a efecto tanto los buenos propósitos que han formado, como lo que ya han emprendido por la fe. Así glorificarán a nuestro Señor Jesús y él los glorificará a ustedes en la medida en que actúe en ustedes la gracia de nuestro Dios y de Jesucristo, el Señor.


Meditacion:

Pero contrasta esas palabras dolorosas con las que encontramos en el saludo de San Pablo a los Tesalonicenses. Esta era una comunidad de fuertes creyentes que estaban atravesando pruebas y persecución. Pablo les habla sobre la gracia y la paz de Jesús. Él hace un recuento de todas las cosas buenas que les están sucediendo: Cómo están creciendo en fe y caridad. Les aplaude su capacidad de soportar en medio del sufrimiento. Sí, Pablo a veces puede ser severo, pero aquí vemos a un apóstol amable animando a la iglesia y dándole palabras de esperanza.

¿Cuál es nuestra actitud hacia la iglesia? ¿Con nuestros hermanos cristianos? ¿Con aquellos que no creen en Cristo? Estamos sujetos a la tentación de juzgar y criticar cuando nos encontramos con alguien con quien no estamos de acuerdo. Pero si hemos experimentado el amor de Cristo y la esperanza de la resurrección, sabemos que es nuestra obligación hablar con palabras de esperanza y amor, no de condena ni rivalidad. Con la actitud correcta de amor y bondad, podemos crear una atmósfera en la cual se hable con la verdad de manera gentil, amable y respetuosa.

Hoy, piensa en alguien a quien puedes animar, alguien que puede pensar diferente a ti o alguien que está atravesando un tiempo difícil. Cuando ves a esa persona, pídele al Espíritu Santo que te dé palabras de consuelo y solidaridad. No solo tus palabras ayudarán a esa persona, ¡conmoverán también tu corazón!

“Señor, te ruego que permitas que mi boca lleve consuelo, ánimo e inspiración a las personas que me rodean. Que mi corazón esté lleno de misericordia y compasión.”

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