Evangelio
En aquel tiempo, Felipe se encontró con Natanael y le dijo: “Hemos encontrado a aquel de quien escribió Moisés en la ley y también los profetas. Es Jesús de Nazaret, el hijo de José”. Natanael replicó: “¿Acaso puede salir de Nazaret algo bueno?” Felipe le contestó: “Ven y lo verás”.
Cuando Jesús vio que Natanael se acercaba, dijo: “Éste es un verdadero israelita en el que no hay doblez”. Natanael le preguntó: “¿De dónde me conoces?” Jesús le respondió: “Antes de que Felipe te llamara, te vi cuando estabas debajo de la higuera”. Respondió Natanael: “Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el rey de Israel”. Jesús le contestó: “Tú crees, porque te he dicho que te vi debajo de la higuera. Mayores cosas has de ver”. Después añadió: “Yo les aseguro que verán el cielo abierto y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre”.
Meditacion:
Algunos han especulado que debido a que era una tradición estudiar las Escrituras bajo una higuera, Natanael podría haber estado meditando en las promesas de Dios.
Durante siglos, las promesas de Dios que se encuentran en la Sagrada Escritura alimentaron a Israel con visiones llenas de esperanza. Una novia radiante, una ciudad y un templo brillando con la gloria del Señor, las imágenes señalaban hacia un futuro de paz cuando Dios viviría en medio de su pueblo. Natanael debe haber sacado fuerzas de su reflexión en la vida que estaba por venir, aun cuando sentía el peso de la ocupación romana. Tal vez esto le dio ojos para reconocer a Jesús como el “Hijo de Dios” y el “rey de Israel” que pondría todas las cosas en orden (Juan 1, 49). Y, en esencia, Jesús respondió: Sigue observando, ¡aún no has visto nada!
Eso es lo que Jesús nos dice a nosotros también. Al igual que Natanael, tenemos imágenes maravillosas de la vida que está por venir. E incluso sabemos que esa vida ya comenzó. Bautizados en Cristo, todos nos hemos convertido en hijos de Dios y ciudadanos del cielo. Ahora, como decía Santa Catalina de Siena: “Todo el camino al cielo ya es el cielo.”
Así como Natanael se sentó bajo una higuera a contemplar las promesas de Dios, tú puedes apartar un tiempo para la contemplación silenciosa y esperanzadora. Puedes tratar de imaginar cómo será el cielo. O puedes imaginar a Jesús rodeado de ángeles y santos. Incluso puedes pensar en todos tus seres queridos que se han ido antes que tú e imaginarlos junto a Jesús, rezando por ti, dándote ánimo y alegrándose cada vez que actúas en fe.
Así que ve y siéntate bajo tu higuera hoy, cualquiera que sea: Una mecedora, tu rincón de oración, la capilla de adoración. Si no tienes una, encuentra un lugar donde te resulte más fácil rezar. Presenta tu corazón ante el Señor y permite que sus promesas llenen tu mente. Luego escucha a Jesús decirte: “¡Aún no has visto nada!”
“Amado Señor Jesús, tú nos has abierto el cielo de par en par. ¡Te pido que me permitas ver tu gloria, ser fiel a tu evangelio y esperar con gozo el cumplimiento de tus promesas!”
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