Monday, September 26, 2022

Niños...


 

Evangelio

Lc 9, 46-50

Un día, surgió entre los discípulos una discusión sobre quién era el más grande de ellos. Dándose cuenta Jesús de lo que estaban discutiendo, tomó a un niño, lo puso junto a sí y les dijo: “El que reciba a este niño en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe también al que me ha enviado. En realidad el más pequeño entre todos ustedes, ése es el más grande”.

Entonces, Juan le dijo: “Maestro, vimos a uno que estaba expulsando a los demonios en tu nombre; pero se lo prohibimos, porque no anda con nosotros”. Pero Jesús respondió: “No se lo prohiban, pues el que no está contra ustedes, está en favor de ustedes”.



Meditacion:

Los discípulos eran iguales a nosotros. Algunos anhelaban el respeto y la estima por parte de otras personas, otros el poder y la gloria. Y otros presumían de tener derechos exclusivos al poder de Jesús. Después de tres años de ser enseñados, dirigidos y amados por el Señor Jesús seguían sin comprender. “Déjanos ver al Padre”, le dijeron (Juan 14, 8). “¿Qué quiere decir con eso de ‘dentro de poco’?”, se preguntaron (Juan 16, 17). Y finalmente, “¿quién es el más grande?”


Jesús les dio una respuesta sencilla: Él no desea que sus seguidores piensen de sí mismos como una asamblea poderosa, respetada o elitista. Más bien, se supone que sean como niños sin expectativas, ni deseos de grandeza; más bien que sean personas sencillas, confiadas y amorosas. El Señor desea seguidores que sean abiertos y moldeables que acepten la acción del Espíritu Santo en otras personas.


En ningún lugar de este pasaje Jesús habla de ser perfecto. El Señor Jesús no plantea una vida libre de errores como la meta para sus discípulos. ¿Y cómo podría hacerlo? Los Evangelios están llenos de ejemplos en los cuales las falencias de los discípulos quedan expuestas: “¿Quién será este, que hasta el viento y el mar lo obedecen?” (Marcos 4, 41), preguntaron, a pesar de que lo habían visto curando y expulsando demonios una y otra vez. Incluso cuando Jesús les dijo que él era el Mesías y que tenía que morir, ¡la respuesta inmediata de Pedro fue equivocada (Mateo 16, 16-23)!


Los discípulos necesitaban aprender, necesitaban confiar y necesitaban vivir de forma sencilla y alegre, apoyándose en Aquel que es todopoderoso, que todo lo sabe y que es todo amor. Se necesitó tiempo: Años al lado de Jesús y todavía más años después del derramamiento del Espíritu Santo en Pentecostés. Hacerse como un niño no sucede de la noche a la mañana, pero sucede. ¡Pide, busca y llama a la puerta! Pídele al Espíritu Santo que te enseñe. Busca el amor del Padre para hacerte humilde. Llama a las puertas del cielo para que recibas la gracia de estar tranquilo y confiado.


“Amado Jesús, te pido que me ayudes a ser como un niño y que me des la sabiduría y el entendimiento que necesito para estar agradecido con mi vida y apoyarme en tu fortaleza y consuelo.”

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