Evangelio
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.
¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.
Meditacion:
Jesús habla hoy de cómo juzgamos a los demás, mientras permanecemos felizmente ajenos a nuestros propios puntos ciegos. Un signo de madurez humana es la creciente conciencia de los propios puntos ciegos. Esa conciencia lleva a un conocimiento más profundo de uno mismo y a una mayor compasión por los demás, pues para entonces habremos sabido que, como seres humanos, somos más parecidos que diferentes en nuestros puntos ciegos. Podemos seguir intentando ofrecer correcciones, pero en privado, con respeto y fraternidad, y sin deshonrar al otro. Y, si el otro aún persiste en sus puntos ciegos, también sabremos soportar la carga del otro y cumplir así la ley de Cristo (cf. Gál 6,2).

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