Evangelio
Lc 14, 12-14
En aquel tiempo, Jesús dijo al jefe de los fariseos que lo había invitado a comer:
"Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque puede ser que ellos te inviten a su vez, y con eso quedarías recompensado.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los cojos y a los ciegos; y así serás dichoso, porque ellos no tienen con qué pagarte; pero ya se te pagará, cuando resuciten los justos".
Meditacion:
Es cierto, Señor, que a veces soy arrogante y me creo más importante que los demás. De vez en cuando expreso desprecio e incluso soberbia hacia otras personas. Pero yo sé que en lo profundo de mi corazón todavía quiero ser la persona que tú siempre has querido que yo sea.
Esa persona es maravillosa, Padre, porque tu imagen brilla a través de ella. Te pido que me des libertad para convertirme en esa persona que tú soñaste que yo fuera. Te pido que me perdones por tratar de ser cualquier cosa menos lo que tú quieres para mí. Recuérdame los dones que me has concedido y, por favor, muéstrame cómo comenzar a usarlos en una forma que a ti te agrade.
No pretendo grandezas que superen mi capacidad. Padre, deseo dejar de intentar por mí mismo y descansar en que tú realizas en mí obras maravillosas. En su lugar me contentaré con que me des tu paz. Te pido que me guíes por medio de esa paz que solo tú puedes concederme, que me liberes del descontento que me provoca mi propio esfuerzo y del tormento de creer que debo saber más, entender más, buscar más y hacer más solo para agradarte. Estaré feliz de recibir lo que me ofreces cuando rezo, en la Escritura y en tu Iglesia. Es suficiente conocer el don de tu paz, sonreír con el bien que tú eres para mí.
Yo acallo mis deseos. ¡Ser yo mismo es suficientemente bueno! Padre, confío en que tu Espíritu Santo me muestre lo que debo cambiar y lo que no. Por lo demás, deseo ser feliz con ser yo mismo, por quién tú deseas que yo sea y por la vida que me has concedido. Solamente deseo sentarme en tu regazo, seguro, a salvo y confiando en tu protección. Es suficiente con estar a gusto en tu presencia, como un hijo acurrucado en el regazo de su mamá, descansando en la seguridad de tu amor inquebrantable y perfecto.
Dios, yo sé que tú me dirás lo que piensas de mí. Sé que me dirás cuánto me amas, yo confío en ti. Creo en que tú hablarás a mi corazón, así que ahora haré silencio y escucharé tu voz. Despierta en mí los deseos que desde el principio has puesto en mi corazón. Despierta en mí, también, un mayor deseo de convertirme en la persona que tú has creado y deseas que yo sea.
“Padre celestial, mi corazón se alegra cuando puedo sentarme junto a ti, estar contigo y disfrutar de tu presencia. ¡Ahí a tu lado he encontrado paz!”

No comments:
Post a Comment