Evangelio
Por aquellos días, Jesús se retiró al monte a orar y se pasó la noche en oración con Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, eligió a doce de entre ellos y les dio el nombre de apóstoles. Eran Simón, a quien llamó Pedro, y su hermano Andrés; Santiago y Juan; Felipe y Bartolomé; Mateo y Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo, y Simón, llamado el Fanático; Judas, el hijo de Santiago, y Judas Iscariote, que fue el traidor.
Al bajar del monte con sus discípulos y sus apóstoles, se detuvo en un llano. Allí se encontraba mucha gente, que había venido tanto de Judea y Jerusalén, como de la costa de Tiro y de Sidón. Habían venido a oírlo y a que los curara de sus enfermedades; y los que eran atormentados por espíritus inmundos quedaban curados. Toda la gente procuraba tocarlo, porque salía de él una fuerza que sanaba a todos.
Meditacion:
Si dirigieras una película sobre la vida de Jesús, sabrías quiénes serían los principales protagonistas. Además de Jesús, los actores que representen a Pedro, Juan y Judas Iscariote verían sus nombres aparecer al principio. Pero los actores que interpreten a otros apóstoles, incluyendo a Simón y Judas, probablemente aparecerían únicamente en la lista de créditos al final.
No sabemos mucho sobre estos dos apóstoles; en ninguno de los Evangelios hay líneas de diálogo que se les atribuyan a ellos. Lo que sí sabemos es que Simón era un celote, un miembro de un partido político que buscaba la expulsión de los romanos, así que probablemente era algo revolucionario. Y aunque una de las cartas del Nuevo Testamento lleva su nombre, sabemos todavía menos sobre Judas; hoy en día es un santo popular porque es el patrón de las causas imposibles.
Sin embargo, después de pasar una noche completa en oración, Jesús eligió a estos dos hombres para que fueran parte de los Doce. Algo deben haber tenido que lo llevó a tomar esta decisión. Quizá era su lealtad hacia él, o la comprensión de sus enseñanzas o la forma en que cuidaban de otros discípulos. Cualquiera que fuera la razón, lo cierto es que Jesús confiaba en ellos y por una muy buena razón: Un día, ambos fueron martirizados por predicar el evangelio.
Muchos de nosotros no tenemos “papeles principales” en la vida. Aun así Dios nos ha elegido para ser sus discípulos y seguirlo. Al igual que Simón y Judas, cada uno de nosotros ha sido “enviado” a compartir la buena noticia. A cada uno de nosotros también nos ha sido dada una vocación, ya sea al matrimonio y la familia, a la soltería, la vida religiosa o al sacerdocio. Y podemos ser llamados de otras formas específicas a servir a Dios y a su pueblo.
Por lo tanto si tú sirves silenciosamente, recuerda que tu función en el reino de Dios es igual de importante para él. Algunos días puedes sentirte despreciado o ignorado. Otros días puedes sentir que estás fallando. Pero esa no es la forma en que Dios se siente. El Señor te ha elegido por una razón y él confía en que, acercándote a tu gracia, serás capaz de lograr lo que te ha pedido que hagas.
“Señor, te pido que me ayudes a cumplir el llamado que me has hecho.”

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