Evangelio
En aquel tiempo, se presentó ante Jesús un doctor de la ley para ponerlo a prueba y le preguntó: “Maestro, ¿qué debo hacer para conseguir la vida eterna?” Jesús le dijo: “¿Qué es lo que está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?” El doctor de la ley contestó: “Amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu ser, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús le dijo: “Has contestado bien; si haces eso, vivirás”.
El doctor de la ley, para justificarse, le preguntó a Jesús: “¿Y quién es mi prójimo?” Jesús le dijo: “Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, cayó en manos de unos ladrones, los cuales lo robaron, lo hirieron y lo dejaron medio muerto. Sucedió que por el mismo camino bajaba un sacerdote, el cual lo vio y pasó de largo. De igual modo, un levita que pasó por ahí, lo vio y siguió adelante. Pero un samaritano que iba de viaje, al verlo, se compadeció de él, se le acercó, ungió sus heridas con aceite y vino y se las vendó; luego lo puso sobre su cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él. Al día siguiente sacó dos denarios, se los dio al dueño del mesón y le dijo: ‘Cuida de él y lo que gastes de más, te lo pagaré a mi regreso’.
¿Cuál de estos tres te parece que se portó como prójimo del hombre que fue asaltado por los ladrones?’’ El doctor de la ley le respondió: “El que tuvo compasión de él”. Entonces Jesús le dijo: “Anda y haz tú lo mismo”.
Meditacion:
En la tradición del enfoque interpretativo alegórico de los evangelios, el buen samaritano es Jesucristo. El hombre herido al borde del camino es la humanidad herida por el pecado. La posada representa a la Iglesia que, como ha dicho el Papa Francisco, es el hospital de campaña destinado a atender a la humanidad herida. Las dos monedas que el samaritano deposita en la posada se refieren a los sacramentos que Cristo ha instituido y ordenado a la Iglesia para la cura de almas. El buen samaritano promete pagar más cuando vuelva: En su Segunda Venida, Cristo nos recompensará por nuestra fidelidad. En el tiempo que media entre ahora y la Segunda Venida, nuestra tarea es cuidar de las víctimas en los márgenes de la sociedad, así como de la casa común que nos ha confiado Cristo; "hacer lo mismo" que ha hecho el buen samaritano de la parábola.

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