Tuesday, November 8, 2022

Fe (II)

Evangelio

Lc 17, 7-10

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: “¿Quién de ustedes, si tiene un siervo que labra la tierra o pastorea los rebaños, le dice cuando éste regresa del campo: ‘Entra enseguida y ponte a comer’? ¿No le dirá más bien: ‘Prepárame de comer y disponte a servirme, para que yo coma y beba; después comerás y beberás tú?’ ¿Tendrá acaso que mostrarse agradecido con el siervo, porque éste cumplió con su obligación?

Así también ustedes, cuando hayan cumplido todo lo que se les mandó, digan: ‘No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer’ ”.



Meditacion:

La parábola de Jesús arroja una luz sobre la clase de discipulado a la cual él nos está invitando, no sobre la cantidad de trabajo que él espera que hagamos. Podemos responder como esclavos, o podemos ser sus amigos. Y si tenemos alguna pregunta al respecto, la Escritura nos ofrece una respuesta clara: En la Última Cena, Jesús les dijo a sus discípulos que él los llamaba amigos, no esclavos (Juan 15, 15).


Es muy posible que nosotros sirvamos a Dios y aun así nunca lleguemos a conocerlo realmente. Con un poco de determinación, podemos asumir todo tipo de proyectos en nuestra parroquia o por los pobres, ya sea por un sentido de responsabilidad o por un deseo de asegurarnos nuestro lugar en el cielo. Pero esto no es lo que Jesús desea. El Señor quiere que tengamos una profunda relación de amor con él, no una de temor u obligación. Si vivimos como esclavos obligados, nos estamos perdiendo la razón verdadera por la cual Dios nos creó en primer lugar: Para estar unidos a él en amor.


Desde luego, hay cosas que nosotros debemos hacer como discípulos, hay mandamientos que debemos obedecer y lineamientos que debemos seguir. Pero las hacemos simplemente porque amamos a Jesús. Por eso volvemos nuestro corazón hacia él todos los días y compartimos su amor con todos los que nos rodean, especialmente con los más pequeños.


¿Cómo puedes convertirte hoy en un siervo productivo para el Señor? Quizá una buena manera de comenzar es pidiéndole al Espíritu que llene tu corazón con el amor de Dios. Permite que ese amor despierte en ti un amor más profundo por él, un amor y un deseo más profundo por servirlo a él.


“Amado Señor Jesús, gracias por darme un lugar en tu reino; te entrego mi vida libremente.”

 

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