Evangelio
Lc 21, 29-33
En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: “Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse”.
Meditacion:
Jesús acababa de describir los cataclismos que sucederán antes de que él regrese en gloria: Portentos en el cielo nocturno, el estruendo sobrenatural de los mares y “las fuerzas celestiales” serán sacudidas (Lucas 21, 25-26). Y ahora está comparando estas catástrofes con algo tan pacífico y hermoso como la floración de una higuera. Pareciera fuera de lugar, ¿no es cierto? Te podría parecer que una invasión de langostas sería algo más apropiado, ¡o al menos un arbusto de espinas!
Pero Jesús estaba hablando de la venida de su reino, no del final de toda la creación. El Señor se refería al gran día en que nuestras esperanzas más profundas y nuestros sueños finalmente se cumplirán. Este es el reino de “justicia, paz y alegría por medio del Espíritu Santo” (Romanos 14, 17). ¿Qué mejor manera de describir su llegada que hablando de la vida que irrumpe en una flor?
¿Qué sucede con todo el caos que Jesús describió? ¿Eso no es parte de este cuadro también? Absolutamente, pero no es el final de la historia. Así como sabemos que una tormenta en una tarde húmeda provocará una noche fría y ventosa, también sabemos que estas pruebas y estos desastres terminarán cuando Jesús, el Príncipe de la Paz, regrese.
Sí, Jesús va a regresar y su regreso estará marcado por algunos eventos aterradores. No sabemos cuándo sucederá, pero cuando suceda, sea cual sea el periodo oscuro que lo preceda dará espacio al resplandor y la gloria de una nueva creación. Todo el sufrimiento, el miedo, el dolor y la tristeza desaparecerán. Y nosotros estaremos delante de Jesús, el Hijo de Dios, revestidos en la dignidad de los hijos de Dios (Apocalipsis 21, 4).
Jesús nos prometió que: “Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse” (Lucas 21, 33). Todo lo que nos rodea y que hoy podemos ver y tocar finalmente desaparecerá o se disolverá o se quemará. Pero recuerda la esperanza y la promesa contenidas en la imagen de la higuera en flor. Porque al final, la palabra de Dios seguirá estando con nosotros: Una palabra que salva, que ofrece nueva vida y que nos recibe en el reino eterno.
“Señor, te pido que me ayudes a estar preparado para tu regreso. ¡Ven, Señor, y lléname con esperanza!”
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