Evangelio
El primer día después del sábado, María Magdalena vino corriendo a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
En eso, llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
Meditacion:
Juan se adelantó a Pedro y llegó primero al sepulcro; pero no entró. Dejó que Pedro entrara primero y luego lo siguió. Ese no es el Juan que hemos conocido hasta ahora: Este hijo del trueno era competitivo - conspiró, con su hermano, para arrebatarle los puestos más prestigiosos del Reino (Mt 20,21). Era competitivo: discutía sobre quién era el más grande de los discípulos (Lc 9,46). Fue celoso - silenció a alguien que curaba en nombre de Jesús, sólo porque no pertenecía a su grupo (Lc 9,49). Fue sacrificado - quiso que Jesús invocara fuego del cielo para destruir a los samaritanos (Lc 9, 54). ¿Cuándo y cómo aprendió Juan a respetar la autoridad, a ceder el paso a Pedro y a caminar detrás? Quizá lo aprendió en el Cenáculo, en la primera Eucaristía. Allí, apoyado en el pecho de Jesús, Juan escuchó el latido del corazón de Jesús, y salió como un hombre transformado: Juan versión 2.0

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