Saturday, April 1, 2023

Es mejor que muera un hombre...

Evangelio

Jn 11, 45-56
En aquel tiempo, muchos de los judíos que habían ido a casa de Marta y María, al ver que Jesús había resucitado a Lázaro, creyeron en él. Pero algunos de entre ellos fueron a ver a los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús.

Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron al sanedrín y decían: “¿Qué será bueno hacer? Ese hombre está haciendo muchos prodigios. Si lo dejamos seguir así, todos van a creer en él, van a venir los romanos y destruirán nuestro templo y nuestra nación”.

Pero uno de ellos, llamado Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: “Ustedes no saben nada. No comprenden que conviene que un solo hombre muera por el pueblo y no que toda la nación perezca”. Sin embargo, esto no lo dijo por sí mismo, sino que, siendo sumo sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para congregar en la unidad a los hijos de Dios, que estaban dispersos. Por lo tanto, desde aquel día tomaron la decisión de matarlo.

Por esta razón, Jesús ya no andaba públicamente entre los judíos, sino que se retiró a la ciudad de Efraín, en la región contigua al desierto y allí se quedó con sus discípulos.

Se acercaba la Pascua de los judíos y muchos de las regiones circunvecinas llegaron a Jerusalén antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús en el templo y se decían unos a otros: “¿Qué pasará? ¿No irá a venir para la fiesta?”


Meditacion:

Estamos a las puertas de la Semana Santa y el drama se Jesús entra en su punto álgido de controversia; las autoridades traman su asesinato. En el Evangelio se nos relata cómo la fama de Jesús ha crecido debido a sus signos, en especial por el último realizado, la resurrección de su amigo Lázaro. Su popularidad se ha convertido en su peor amenaza, la gente ha creído en él, y tiene muchos adeptos, cosa que perturba a los jefes judíos, que temen perder de nuevo su templo y la débil paz de Israel.

El sumo sacerdote proclama unas palabras que se convierten, sin pretenderlo, en profecía: “es mejor que muera uno solo por el pueblo, y que no perezca toda la nación” (v.50) Jesús, el Siervo Sufriente, cargará sobre sí el pecado, los sufrimientos y la negatividad del mundo entero. Su entrega generosa y radical será el signo mayor por el cual todos creerán y tendrán vida plena.

Ante el acontecimiento pavoroso de la cruz Jesús siente miedo, el mismo miedo que experimentará en la noche de la agonía de Getsemaní, “por eso ya no andaba públicamente entre los judíos” (v. 54). Sin embargo, será en la cruz donde brillará la luz del amor que supera todo temor. Es en la cruz donde Jesús llevará a pleno cumplimiento la voluntad del Padre, revelando al mundo que es el amor el que salva y da vida verdadera. Esta es la verdad que nos libera. Esta es la verdad que acogerán las naciones como buena noticia.

Hoy estamos invitados a erradicar nuestro egoísmo y unirnos a Jesús en su entrega de amor. El ego se opone a la entrega, a la fidelidad, al servicio desinteresado. La cruz es el camino que nos conduce a la verdadera felicidad. Cuando seamos capaces de renunciar a nosotros mismos, a nuestros propios intereses, y pensar en el bien y la felicidad de los demás, brotará de nuestra vida el torrente inagotable de la fuerza del Señor. Sigamos a Cristo en la hora de su glorificación. Este es el tiempo oportuno.

 

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