Thursday, May 4, 2023

Lavado de Alma


 

Evangelio

Jn 13, 16-20
En aquel tiempo, después de lavarles los pies a sus discípulos, Jesús les dijo:

"Yo les aseguro: el sirviente no es más importante que su amo, ni el enviado es mayor que quien lo envía. Si entienden esto y lo ponen en práctica, serán dichosos.

No lo digo por todos ustedes, porque yo sé a quiénes he escogido. Pero esto es para que se cumpla el pasaje de la Escritura, que dice: El que comparte mi pan me ha traicionado. Les digo esto ahora, antes de que suceda, para que, cuando suceda, crean que Yo soy.

Yo les aseguro: el que recibe al que yo envío, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado".


Meditacion:

¿Le lavarías los pies a alguien si supieras que está a punto de traicionarte? Posiblemente no. Al arrodillarse delante de Judas, quizá incluso estaba esperando que este tierno gesto provocara un cambio en la forma de pensar de Judas. Sé lo que planeas hacer, podemos imaginar que pensaba Jesús, pero aun así deseo mostrarte cuánto te amo y lo mucho que quiero bendecirte.

Al lavar los pies de su traidor, Jesús puso una barra muy alta a la forma en que debemos reaccionar con aquellos que nos hacen daño. Y si bien Judas no cambió su forma de pensar, Jesús nos estaba mostrando cómo amar y servir humildemente a nuestros enemigos (Mateo 5, 43). El Señor estaba demostrando con sus acciones lo que más adelante Pablo nos exhortó a hacer: “Bendigan a quienes los persiguen. Bendíganlos y no los maldigan” (Romanos 12, 14).

Desde luego, Jesús no nos está pidiendo que permitamos que las personas nos hagan daño. Es más, vemos muchos ejemplos en los cuales él estableció límites sanos con las personas que lo rodeaban, ya fuera que tuviera el cuidado de alejarse para pasar tiempo a solas con su Padre, o se negara a discutir con las personas de Nazaret cuando quisieron lanzarlo al acantilado (Mateo 14, 13; Lucas 4, 29-30). Al igual que Jesús, a veces nosotros también necesitamos establecer esos límites, incluyendo decidir si es prudente continuar con una relación.

Pero también podemos intentar vernos a nosotros mismos y a las personas que podríamos considerar nuestros enemigos a través de los ojos de Dios: Amados pero también imperfectos. Así cuando alguien nos hace daño —aún cuando no entendamos la razón— podemos decidir dejarnos guiar por la compasión en lugar de la retribución. Al perdonar y bendecir a aquellos que nos tratan mal, abrimos la puerta para permitir que Dios actúe en nuestra vida así como en la del otro.

¿Quiénes son los “enemigos” en tu vida y cómo podrías bendecirlos? Para empezar, si no los has perdonado, puedes pedir la gracia para hacerlo. También puedes bendecirlos decidiendo no juzgarlos o criticarlos, o presentándolos cada día en oración. De estas formas y otras más, puedes lavarles los pies, y conmover tu propio corazón en el proceso.

“Señor, te pido que me ayudes a amar y bendecir a mis enemigos.”

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