Thursday, July 13, 2023

Vayan y proclamen

Evangelio

Mt 10, 7-15
En aquel tiempo, envió Jesús a los Doce con estas instrucciones: 'Vayan y proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos. Curen a los leprosos y demás enfermos; resuciten a los muertos y echen fuera a los demonios. Gratuitamente han recibido este poder; ejérzanlo, pues, gratuitamente.

No lleven con ustedes, en su cinturón, monedas de oro, de plata o de cobre. No lleven morral para el camino ni dos túnicas ni sandalias ni bordón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento.

Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar, saluden así: 'Que haya paz en esta casa'. Y si aquella casa es digna, la paz de ustedes reinará en ella; si no es digna, el saludo de paz de ustedes no les aprovechará. Y si no los reciben o no escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacúdanse el polvo de los pies. Yo les aseguro que el día del juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad".



Meditacion:

La mayoría de nosotros recuerda aquel momento en que nuestros padres nos dieron el volante por primera vez. Podemos haber practicado durante horas con ellos a nuestro lado, pero había llegado el momento de que nos aventuráramos por nuestra cuenta. ¡Qué confianza depositaron en nosotros! ¿Realmente podíamos mantenernos a nosotros mismos —y al auto— a salvo?

En el Evangelio de hoy, Jesús se baja del auto, por decirlo así, y le da el volante a sus apóstoles. ¡Qué confianza más increíble depositó en ellos! ¿Estaban ellos preparados? El Señor sabía que era el momento de que ellos fueran y realizaran los mismos milagros que lo habían visto hacer a él. Ellos habían aprendido de la experiencia, así como nosotros aprendimos al comenzar a conducir. Y ciertamente ellos iban a cometer algunos errores en el camino.

Pero Jesús también sabía que él ya los había formado en su forma de pensar y actuar. Les había dado instrucción y una guía cuidadosa. Su voz siempre estaría presente en la mente de todos ellos cuando fueran a trabajar. En ese sentido, él no los estaba enviando solos. Así como el nuevo conductor escucha la voz de su instructor al ponerse detrás del volante, así también ellos escucharían las palabras de Jesús y recordarían lo que él dijo e hizo.

¿No sucede lo mismo con nosotros? ¡Qué confianza más increíble deposita Jesús en nosotros al enviarnos a realizar su obra! El Señor nos llama a enseñar, servir, rezar con las personas y evangelizar a menudo en situaciones sorprendentes y difíciles. No siempre nos sentimos tan preparados o capaces como nos gustaría estar. Pero tal como lo hicieron los discípulos, nosotros también podemos aprender por la experiencia.

Hay, sin embargo, una diferencia, entre el ejemplo de conducir un auto y predicar el evangelio: Jesús no nos deja completamente solos. El Señor nos ha dado su Espíritu Santo, que nos capacita para escucharlo cuando él nos enseña, nos guía y nos anima.

Así que mientras te esfuerzas por servir al Señor, mantente plenamente consciente de la confianza que él deposita en ti. Al igual que los apóstoles, tú también puedes ser testigo del Reino de Dios en medio nuestro.

“Señor, gracias por la confianza que depositas en mí cada día.”

 

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