Evangelio
Mt 23, 13-22
En aquel tiempo, Jesús dijo a los escribas y fariseos: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, porque les cierran a los hombres el Reino de los cielos! Ni entran ustedes ni dejan pasar a los que quieren entrar.
¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que recorren mar y tierra para ganar un adepto, y cuando lo consiguen, lo hacen todavía más digno de condenación que ustedes mismos!
¡Ay de ustedes, guías ciegos, que enseñan que jurar por el templo no obliga, pero que jurar por el oro del templo, sí obliga! ¡Insensatos y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo, que santifica al oro? También enseñan ustedes que jurar por el altar no obliga. ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar, que santifica a la ofrenda? Quien jura, pues, por el altar, jura por él y por todo lo que está sobre él. Quien jura por el templo, jura por él y por aquel que lo habita. Y quien jura por el cielo, jura por el trono de Dios y por aquel que está sentado en él".
Meditacion:
La exclamación de Jesús “¡Ay de ustedes…!” puede sonar como una amenaza para los escribas y los fariseos que se oponían a él. La verdad es que, Jesús amaba a estos jefes judíos tanto como te ama a ti. Lo que él denunciaba era su hipocresía. La frase “¡Ay de ustedes…!” no significa lo mismo que “¡qué vergüenza!”. Es una expresión de dolor, consternación o exasperación similar a la forma en que los profetas del Antiguo Testamento exhortaban al antiguo Israel a volverse al Señor. Jesús deseaba que estos hombres recibieran el amor que Dios tenía para ellos. El Señor quería de todo corazón que lo comprendieran y lo compartieran con el pueblo de Israel.
Nosotros no somos tan distintos de estos escribas y fariseos equivocados. Aunque podríamos pensar que la desaprobación de Jesús emitida en este pasaje no nos atañe, también podemos centrarnos en cumplimientos externos sin prestar suficiente atención a lo que está en nuestro corazón. Pero Jesús nos recuerda que la fe es más que realizar actos que las personas puedan ver. Hay una relación más profunda y plena que Dios desea tener con nosotros, una relación basada en la santidad de Dios y su amor por todas las personas.
Jesús desea que vivamos nuestra fe plenamente, y eso significa amar a nuestro Dios y a nuestro prójimo como él lo hace. El Señor quiere que recordemos que esto implica mucho más que eliminar tareas en una lista. Detrás de cada reprimenda se encuentra Dios que nos ama, que quiere liberarnos y que puede transformar nuestra alma y nuestro corazón. Al experimentar su amor más profundamente, nuestras devociones diarias se convierten en una respuesta humilde a su amor. Y ese amor puede desplazar nuestra hipocresía y egoísmo y afectar la forma en que nos tratamos unos a otros.
Jesús te está extendiendo hoy una invitación, el Señor está diciendo: “¡Ven a mí! No reduzcas el evangelio a una lista de tareas. ¡No te prives de la grandeza de mi amor!” Así que acércate a Aquel que te ama. Tú eres la niña de sus ojos. Si necesitas corrección, él cuidará de ti. El Señor hablará de forma que tú puedas escuchar, quizá te advierta “¡Ay de ti…!”. Pero lo más probable es que gentilmente te oriente en la dirección correcta.
“Señor, te pido que me muestres cómo aceptar tu amor.”

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