Evangelio
Mc 3, 1-6
En aquel tiempo, Jesús entró en la sinagoga, donde había un hombre que tenía tullida una mano. Los fariseos estaban espiando a Jesús para ver si curaba en sábado y poderlo acusar. Jesús le dijo al tullido: "Levántate y ponte allí en medio".
Después les preguntó: "¿Qué es lo que está permitido hacer en sábado, el bien o el mal? ¿Se le puede salvar la vida a un hombre en sábado o hay que dejarlo morir?" Ellos se quedaron callados. Entonces, mirándolos con ira y con tristeza, porque no querían entender, le dijo al hombre: "Extiende tu mano". La extendió, y su mano quedó sana.
Entonces se fueron los fariseos y comenzaron a hacer planes, con los del partido de Herodes, para matar a Jesús.
Meditacion:
Jesús tiene un corazón sensible, reflejo del corazón de Dios. Se duele de aquel hombre con parálisis en un brazo. Y entabla relación con él, haciéndole parte activa de su curación: “Levántate… ponte ahí en medio… extiende el brazo”.
El corazón de Jesús también se duele de la dureza de los fariseos. Ante ellos, su respuesta es la de no dejarse amedrentar al saberse observado, sino seguir adelante con lo que entiende que es la voluntad del Padre. Incluso confrontándose de forma directa con los que están midiendo sus actos, para acusarle. Esa libertad suya le llevará a la cruz.
Dos mil años después, podemos vernos reflejados en el hombre con la parálisis. Ante el fluir de la vida, a veces nos paralizamos por miedo, por desconfianza, por pereza… Jesús nos sigue llamando a levantarnos, asumir nuestro lugar, y hacer lo que esté de nuestra mano, para salir de esa parálisis fiados en su Palabra y animados por su Espíritu.
También hoy podemos ser, por el contrario, como aquellos que observan, critican o valoran la vida desde unos criterios estrechos, que no buscan el bien del prójimo ni se alegran de su curación, aunque sea en sábado. Como el “hermano mayor” de la parábola del “hijo pródigo” que, por seguir la ley al pie de la letra, no es capaz de alegrarse por el hermano que ha vuelto.
El corazón de Jesús es sensible a las necesidades concretas. A la vez, es muy libre para actuar contra la presión social. Como Él y con Él, estamos llamados a sentir el dolor y la carencia a nuestro alrededor, comenzando por nosotros mismos, para que la fuerza del Espíritu pueda hacer su obra. Y como Él y con Él, estamos llamados a vivir una libertad que no se detenga ante la presión social, sino que sea capaz de mostrar la fe, la esperanza y la caridad sin miedo ni complejos.
Dame, Señor, tu corazón sensible,para mirar con tu mirada y hacer lo que pueda.
Dame, Señor, tu corazón libre,
para no dejarme vencer por lo que se opone a tu Reino.
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