Wednesday, June 26, 2024

Frutos

Evangelio

Mt 7, 15-20

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Cuidado con los falsos profetas. Se acercan a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conocerán. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los cardos?

Todo árbol bueno da frutos buenos y el árbol malo da frutos malos. Un árbol bueno no puede producir frutos malos y un árbol malo no puede producir frutos buenos. Todo árbol que no produce frutos buenos es cortado y arrojado al fuego. Así que por sus frutos los conocerán".



Meditacion:

La lectura del texto evangélico de hoy me ha hecho recordar la fiesta de Pentecostés que hemos celebrado hace unas semanas. Allí celebrábamos la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos. Recibían el Espíritu de Jesús y sus dones eran amor, gozo, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Así los enumera Pablo en la carta a los Gálatas 5, 22-23. Así que son esos los frutos de los que está hablando Jesús.

Todo lo que no sean esos dones no son frutos del Espíritu. Ese listado nos sirve para discernir bien en nuestra vida. Un ejemplo, cuando nos encontramos con una persona o con un grupo o movimiento que se consideran a sí mismos los buenos y que establecen fronteras que dejan afuera a los que no son como ellos, pues eso no es del Espíritu. Porque la bondad, la fe en Jesús, nos llevan a acoger a todos por la sencilla razón de que todos somos hijos e hijas de Dios. Y lo bueno que tenemos es para compartirlo.

Otro ejemplo, cuando sentimos dentro de nosotros el deseo de venganza, cuando la ira contra los otros nos llena por la razón que sea, pues esos no son frutos del Espíritu. Aunque esa ira creamos que sea en nombre de Dios para imponer su justicia. Demasiadas veces en la historia los hombres hemos impuesto a golpe de espada lo que creíamos que era la voluntad de Dios o hemos creído que la imponíamos, porque Dios nunca actúa así. Demasiadas veces hemos hecho auténticas barbaridades en nombre de Dios (es cuestión de leer un poco de historia para comprobarlo).

Así que mucho cuidado con los falsos profetas que hablan en nombre de Dios pero que no están dominados por los dones del Espíritu. El verdadero profeta se mueve con toneladas de misericordia, de paz, de cariño, de perdón, de tolerancia, de acogida abierta a todos, de comprensión, de paciencia. Al final los dones del Espíritu no son más que la forma de ser de Dios mismo. Esos son los frutos que tenemos que ver y que nos dirán si son verdaderos profetas. Esos son los frutos que deberíamos dar nosotros en nuestra vida, en nuestra forma de comportarnos. Y podar sin miedo aquellas ramas que puedan brotar de nuestro corazón llenas de ira, venganza, ocio, intolerancia, y tantas otras cosas que no dan vida sino que nos llevan a la muerte.

 

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