Evangelio
Lc 1, 26-38
En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón de la estirpe de David, llamado José. La virgen se llamaba María.
Entró el ángel a donde ella estaba y le dijo: “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”. Al oír estas palabras, ella se preocupó mucho y se preguntaba qué querría decir semejante saludo.
El ángel le dijo: “No temas, María, porque has hallado gracia ante Dios. Vas a concebir y a dar a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Él será grande y será llamado Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y él reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin”.
María le dijo entonces al ángel: “¿Cómo podrá ser esto, puesto que yo permanezco virgen?” El ángel le contestó: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por eso, el Santo, que va a nacer de ti, será llamado Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel, que a pesar de su vejez, ha concebido un hijo y ya va en el sexto mes la que llamaban estéril, porque no hay nada imposible para Dios”. María contestó: “Yo soy la esclava del Señor; cúmplase en mí lo que me has dicho”. Y el ángel se retiró de su presencia.
Meditacion:
La Iglesia nos invita a celebrar hoy la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, patrona de América. Cuenta la historia que fue en el mes de diciembre de 1531, que en la colina del Tepeyac (México), la Virgen se le apareció al humilde indio Juan Diego. En 1910, el papa Pío X, proclamó a la Virgen de Guadalupe patrona de toda América Latina. De verdad que el Señor ha hechos cosas grandes en María y cosas más grandes aún a través de ella. Nuestro pueblo dominicano, ama y venera a María con una gran devoción.
El Adviento, es un tiempo mariano por excelencia. De la mano de María, este tiempo se vive mejor. El tiempo de adviento es un tiempo de espera, pero también de preparación, puesto que cuando nosotros vamos a recibir una visita, arreglamos nuestras casas y la acomodamos de tal forma que nuestros visitantes se sientan a gusto y bien recibidos, además para uno no quedar mal como anfitrión. En este tiempo, la Iglesia y junto a ella, cada cristiano, esperamos una visita singular y muy peculiar. Esperamos a Jesús, para que haga morada en nosotros por tal motivo debemos allanar el camino de nuestras vidas. Él hizo morada en la Virgen Madre.
Resulta importante, sentarnos a reflexionar: ¿Cuántas cosas torcidas en nuestras vidas que sabemos debemos enderezar, cuántos montes y colinas elevadas por el orgullo, la arrogancia, la vanidad y la altanería con la que podemos actuar en nuestro diario vivir? Cuáles son los obstáculos principales, que pueden estar en el camino de mi vida para que Cristo venga. Afortunadamente, nuestra Madre la Iglesia nos ha regalado este tiempo para reconstruir nuestras vidas, para hacer nuevos planes y proyectos, para ser más de Cristo, más de Iglesia, más para el prójimo, más para los necesitados. Que la Virgen María interceda por nosotros y nos ayude esperar con gozo la venida de su hijo, Nuestro Señor. Amén.
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