Monday, February 10, 2025

La punta de su manto

Evangelio

Marcos 6, 53-56

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos terminaron la travesía del lago y tocaron tierra en Genesaret.

Apenas bajaron de la barca, la gente los reconoció y de toda aquella región acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le llevaban en camillas a los enfermos.

A dondequiera que llegaba, en los poblados, ciudades o caseríos, la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.



Meditacion:

Jesús, con su predicación, son su cercanía a los más pobres y necesitados, con sus curaciones, provocó un efecto parecido. Los pobres y enfermos de aquellos pueblos descubrieron en él una fuente de esperanza, la posibilidad de salir adelante, de librarse de algún dolor, de solucionar el hambre cuasi-permanente en que vivía tanta gente en aquellos tiempos (y también en los nuestros, aunque nos parezca imposible desde el punto de vista de los ambientes en que nos movemos habitualmente).

Como siempre, los puristas nos dirán que aquellas gentes no se acercaban a Jesús con la mejor de las motivaciones, que apenas buscaban satisfacer su interés: liberarse de la punzada permanente del hombre o del dolor de su enfermedad. Y es verdad. Pero los pobres son así. Tienen derecho a eso precisamente en virtud de su pobreza. Jesús lo entendió perfectamente y por eso estuvo siempre tan cerca de ellos, sin exigirles ni recitar el credo ni la pureza ortodoxa ni siquiera la rectitud moral. Y lo mismo deberíamos hacer nosotros si queremos seguir a Jesús.

 

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