Evangelio
Marcos 10, 13-16
En aquel tiempo, la gente le llevó a Jesús unos niños para que los tocara, pero los discípulos trataban de impedirlo.
Al ver aquello, Jesús se disgustó y les dijo: “Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios es de los que son como ellos. Les aseguro que el que no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él”.
Después tomó en brazos a los niños y los bendijo imponiéndoles las manos.
Meditacion:
Vamos a reconocerlo de una vez y sin miedo: hombres y mujeres, por más que vayamos creciendo en años, que tengamos estudios y experiencia, seguimos siendo seres débiles, frágiles, vulnerables, necesitados de cariño y atención. Si somos realistas, lo que muchas veces nos ha enseñado la educación y la experiencia ha sido a hacernos una coraza que nos proteja de un mundo que nos parece amenazador. Es una coraza que nos permite mantener la apariencia de personas maduras, serias y responsables. Es una coraza que nos permite también, muchas veces, ocultar nuestros sentimientos porque el grupo, la sociedad, no ve bien que uno vaya manifestando sus sentimientos así como así. Es una coraza que nos da seguridad para movernos entre las vicisitudes y circunstancias de este mundo complicado y marrullero en el que nos ha tocado vivir (lo de “complicado y marrullero” está tomado de la canción Cambalache de Enrique Santos Discépolo, que completa lo dicho).
Pero, si somos valientes y nos miramos sin miedo al espejo, lo que encontramos es lo que he dicho al principio: un ser débil, frágil, vulnerable, necesitado de cariño y atención. Esa la mera verdad, por mucho que nos cueste aceptarlo y que nos hayamos acostumbrado tanto a la coraza que nos hemos puesto que nos hayamos terminado creyendo que es parte de nuestra piel.
Quizá lo que dice Jesús cuando nos invita a hacernos como niños para poder entrar en el reino de Dios, no es más que una invitación a quitarnos esa coraza que nos recubre y a mostrarnos como somos, desnudos de todo artificio, y necesitando siempre una mano amiga que nos acompañe, que nos ayude, que nos levante y camine con nosotros.
Desde ahí, quizá solo desde ahí, podremos reconocer y sentir y experimentar la enormidad del amor de Dios que nos ha creado y que mantiene nuestra vida y nuestro ser. Desde ahí, y solo desde ahí, el agradecimiento por tanto don gratuito se convertirá en el motor de nuestra vida. Desde ahí, y solo desde ahí, seremos capaces de mirar a los demás de otra manera, dejando que nuestros ojos vayan más allá de sus corazas.
.png)
No comments:
Post a Comment