Evangelio
Juan 3, 1-8
Había un fariseo llamado Nicodemo, hombre principal entre los judíos, que fue de noche a ver a Jesús y le dijo: "Maestro, sabemos que has venido de parte de Dios, como maestro; porque nadie puede hacer los signos que tú haces, si Dios no está con él".
Jesús le contestó: "Yo te aseguro que quien no renace de lo alto, no puede ver el Reino de Dios". Nicodemo le preguntó: "¿Cómo puede nacer un hombre siendo ya viejo? ¿Acaso puede, por segunda vez, entrar en el vientre de su madre y volver a nacer?"
Le respondió Jesús: "Yo te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, es carne; lo que nace del Espíritu, es espíritu. No te extrañes de que te haya dicho: 'Tienen que renacer de lo alto'. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así pasa con quien ha nacido del Espíritu".
Meditacion:
Vamos a empezar dándole un poco la razón a Nicodemo. Porque es que a veces Jesús se pone imposible. De repente, sale con eso de que hay que nacer de nuevo. Parece que no es consciente de lo mucho que nos asusta cualquier cambio, de que lo que aprendimos de pequeños se nos quedó tan grabado en nuestro cerebro que es muy difícil, dificilísimo, borrarlo y comenzar de nuevo. Lo que aprendimos de pequeños fueron las palabras de nuestros padres pero también lo que vivimos en la escuela –en las aulas y en el patio, que es también un lugar importante de aprendizaje–, lo que nos fue regalando la sociedad en que vivíamos por medio de los comentarios y opiniones oídos al azar, en la calle, en los medios de comunicación. Todo eso nos fue haciendo y conformando nuestra forma de ver el mundo, de entenderlo. La cabeza, como es normal se nos llenó de prejuicios. Muchos de ellos en sentido moral: esto es malo y aquello es bueno. Y con esa carga y bagaje hemos ido caminando muchos años. Es lo que nos ha permitido orientarnos en nuestro mundo, ir saliendo adelante. Pero también ha sido como unas gafas que han limitado lo que veíamos, la perspectiva. Tenía un poco bastante de razón Nicodemo. No es fácil nacer de nuevo, volver a comenzar cuando ya llevamos mucho camino hecho.
Y ahí se planta Jesús y le dice a Nicodemo que es necesario nacer de nuevo, dejar todo eso atrás y recomenzar, quitarnos las gafas y mirar al mundo con ojos nuevos. Con lo que nos cuesta y con lo cómodos que nos sentimos en esa forma de ser y comprender la realidad.
Pero es que Jesús rompe moldes. Hay que ver, lo reconoce Nicodemo, los signos que hace Jesús. El reino está presente. Dios ya no es el juez vengador sino el Padre que quiere reunir a sus hijos en la mesa de la fraternidad, más allá de todos los prejuicios que nos han acompañado durante toda la vida. Hay que nacer de nuevo porque a vino nuevo, odres nuevos (cf. Lc 5,37-39). Es difícil pero se puede. Sólo así podremos empezar comprender y vivir la novedad de Jesús.
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