Evangelio
Juan 15, 1-8
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: "Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.
Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí. Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.
Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos''.
Meditacion:
Es evidente que la gran noticia de la Resurrección de Cristo y su proclamación a todas las gentes no significa la apertura de una historia luminosa y sin sombras, donde todo avanza como en una balsa de aceite. De modo semejante a como la encarnación supone la presencia real del Hijo de Dios en nuestro mundo, pero una presencia opaca y sometida a todas las limitaciones que ese mundo impone, la difusión del mensaje pascual se realiza en medio de muchas dificultades. Hasta ahora, leyendo los Hechos de los Apóstoles, hemos visto sobre todo las dificultades externas: prohibiciones, persecuciones, prisiones y martirios. Hoy descubrimos que esas dificultades se dan también dentro de la Iglesia, en la que chocan diversas formas de ver la novedad de la vida cristiana. La “encarnación” del mensaje pascual choca con inercias de las que no es fácil liberarse. Para algunos la novedad del Evangelio no es suficiente, y pretenden encerrarla en los estrechos límites del judaísmo. A ello se oponen con energía Pablo (que de fariseísmo sabía un rato) y Bernabé. Podemos estar tentados de interpretar el conflicto en términos actuales como una disputa entre “progresistas” (Pablo y Bernabé) y “conservadores” (los fariseos conversos), con algunas posiciones “de centro” (Pedro, tal vez). Y este esquema lo trasladamos con mayor facilidad a nuestra Iglesia de hoy, por ejemplo, respecto de la reciente elección del sucesor de Pedro, clasificando a los cardenales de manera partidista, según esos parámetros, más políticos que evangélicos. En cierto modo, esto es inevitable, pues vivimos en este mundo y no somos, ni debemos ser, herméticos a él. Pero sería un craso erros limitaros a esas categorías y no ir más allá. Ese “más allá” se expresa escuetamente en las palabras: “los apóstoles y presbíteros se reunieron”.
No era una asamblea “entre ellos”, sino que se reunieron para unirse como los sarmientos a la vid. No era una reunión sólo de confrontación de opiniones y búsqueda de compromisos, sino que se reunieron para escuchar la Palabra y dejarse iluminar por el Espíritu. Se trata de abrir un proceso de escucha, que tendrá sus momentos difíciles y dolorosos, momentos de poda, pero que, unidos a la vid, se convierten en momentos de purificación, que acaba dando sus frutos.

No comments:
Post a Comment