Tuesday, October 7, 2025

La mejor parte

Evangelio

Lucas 10, 38-42

En aquel tiempo, entró Jesús en un poblado, y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: "Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer? Dile que me ayude".

El Señor le respondió: "Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará".



Meditacion:

Sobre la anécdota de Marta y María, un tanto gastada por el uso, y, por lo demás, muy sencilla de interpretar (en la Iglesia deben complementarse la vida activa y la contemplativa), se ha hecho recientemente algún comentario jocoso; Marta habría estado más acertada si, en vez de protestar, hubiese dicho a Jesús: “Maestro, ¿podrían hablar un poco más alto para que me entere yo también?”

Probablemente en la mente de Jesús y en la del evangelista revolotea justamente esta intención. Hay mucho que hacer en el mundo por mejorarlo, por que funcione según el proyecto de Dios y en él se vayan manifestando los valores del Reino. Pero también los constructores de esta nueva humanidad deben estar atentos a la Palabra de Jesús, que será la que los siga motivando y orientando. ¿Habrá en las palabras de Jesús a Marta un cierto reproche al activismo, a un afán temporal que pueda llegar a perder su sentido de edificación de un mundo mejor? ¿habrá tal vez una crítica a la sociedad de la producción, de la eficacia inmediata y palpable, que tal vez olvida su motivación última?

Como Marta, ignoramos el tema de conversación de su hermana María con Jesús. Pero su largo departir, probablemente en voz muy baja, en un rincón de la casa, nos habla de la importancia del silencio, la reflexión, algo de soledad para estar con el Señor. Y eso era entonces tan necesario como ahora, o quizá no tanto como ahora, pues no había llegado la sociedad del estrés y de las prisas. Ya siglos antes, había lamentado el profeta Jeremías: “la tierra está desolada, porque nadie se recoge a reflexionar” (Jr 12,11). ¿Será posible la reflexión en nuestra sociedad, llena de ruidos, estímulos permanentes en nuestros sentidos…? Algunos temen la llegada no sólo de una generación superficial, sino de una generación de sordos. ¿Qué podrán producir las atronadoras discotecas?

Todavía sigue habiendo en la Iglesia quienes cuestionan la forma de vida de los monasterios cartujos o trapenses, la de tantas monjas de clausura. En el peor de los casos consideran a esas personas como desencantadas de la vida, que acaban huyendo de todo. Esto a veces en abierta contradicción con la fascinación ejercida por prácticas oracionales extracristianas, venidas de las viejas religiones asiáticas.

Tal vez haya en ellas mucho aprovechable; pero es muy deseable saborear antes lo de Jesús, acostumbrarnos a beber en nuestro riquísimo propio pozo, saber “perder el tiempo”, como María de Betania.

Y antes de concluir nuestra reflexión, será bueno que dirijamos una mirada rápida a la leyenda de Jonás, que va a tener buena resonancia en la predicación de Jesús (“Aquí hay algo superior a Jonás”: Lc 11,32). Por medio de Jonás se recuperó Nínive para la salvación; y Jesús está dispuesto a recuperar a nuestro mundo, que a veces nos parece perdido. Y a él hay que prestarle más atención que a Jonás.

 

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