Monday, September 20, 2021

Ser siempre luz

 

Evangelio

Lc 8, 16-18

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: “Nadie enciende una vela y la tapa con alguna vasija o la esconde debajo de la cama, sino que la pone en un candelero, para que los que entren puedan ver la luz. Porque nada hay oculto que no llegue a descubrirse, nada secreto que no llegue a saberse o a hacerse público.

Fíjense, pues, si están entendiendo bien, porque al que tiene se le dará más; pero al que no tiene se le quitará aun aquello que cree tener”.


Meditacion:

Nadie enciende un candil y lo pone debajo de la cama. Jesús ha venido a traer un mensaje de salvación, amor y esperanza para todos los hombres. No quiere ocultarlo, no quiere esconderlo. Su deseo es que todos lo lleguen a conocer, que todos sientan la potencia y la energía del amor de Dios, capaz de renovar sus vidas, de abrir nuevos horizontes, de llevarnos a una vida en plenitud.

Lo que pasa es que siempre ha habido los que consciente o inconscientemente han querido ocultar ese mensaje. Han deseado que sólo fuese para un pequeño grupo de elegidos. Los mismos apóstoles se quejaron en un momento determinado a Jesús de que había otros que pretendían expulsar demonios en su nombre. Más adelante, a lo largo de la historia de la Iglesia también el Evangelio se ha ocultado bajo capas de tradiciones y costumbres, de moral y teología. Hasta la lectura de la Biblia se restringió durante mucho tiempo impidiendo que el pueblo cristiano accediese a la Palabra de Dios.

Pero lo mejor es que la luz del candil sale siempre adelante. Siempre hay alguien que toma el candil y lo pone en el candelero para que todos lo vean. Pensemos en las grandes figuras del pasado. Un Francisco de Asís, por ejemplo. Con una vida muy sencilla hizo que todos viesen la potencia de la luz del Evangelio.

La Iglesia no es sólo la jerarquía. Iglesia somos todos los creyentes. Iglesia es el Pueblo de Dios, los de arriba y los de abajo. Todos son responsables de hacer que la luz del Evangelio siga brillando en nuestro mundo y atrayendo a todos a la vida y a la esperanza. Todos somos responsables de hacer que el candil no quede oculto sino que brille en el candelero y que todos lo puedan ver.

Nuestros pecados y limitaciones son muchos, como personas individuales y como institución. Pero tenemos en nuestras manos un tesoro y nuestro esfuerzo principal ha de ser no taparlo sino enseñarlo y mostrarlo al mundo. No se trata de fijarnos en nuestros pecados sino en el amor que Dios ha puesto en nuestros corazones para regalarlo, para vivirlo, para disfrutarlo. Ese es el regalo que Dios nos ha dado. Somos ricos y la única forma de incrementar esa riqueza es compartirla. Como la luz.

Saturday, September 18, 2021

Sembrando en nuestras vidas

 

Evangelio

Lc 8, 4-15

En aquel tiempo, mucha gente se había reunido alrededor de Jesús, y al ir pasando por los pueblos, otros más se le unían. Entonces les dijo esta parábola:

“Salió un sembrador a sembrar su semilla. Al ir sembrando, unos granos cayeron en el camino, la gente los pisó y los pájaros se los comieron. Otros cayeron en terreno pedregoso, y al brotar, se secaron por falta de humedad. Otros cayeron entre espinos, y al crecer éstos, los ahogaron. Los demás cayeron en tierra buena, crecieron y produjeron el ciento por uno”. Dicho esto, exclamó: “¡El que tenga oídos para oír, que oiga!”

Entonces le preguntaron los discípulos: “¿Qué significa esta parábola?” Y él les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer claramente los secretos del Reino de Dios; en cambio, a los demás, sólo en parábolas para que viendo no vean y oyendo no entiendan.

La parábola significa esto: la semilla es la palabra de Dios. Lo que cayó en el camino representa a los que escuchan la palabra, pero luego viene el diablo y se la lleva de sus corazones, para que no crean ni se salven. Lo que cayó en terreno pedregoso representa a los que, al escuchar la palabra, la reciben con alegría, pero no tienen raíz; son los que por algún tiempo creen, pero en el momento de la prueba, fallan. Lo que cayó entre espinos representa a los que escuchan la palabra, pero con los afanes, riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no dan fruto. Lo que cayó en tierra buena representa a los que escuchan la palabra, la conservan en un corazón bueno y bien dispuesto, y dan fruto por su constancia’’.



Meditacion:

Cuando Jesús entra en crisis su mensaje da un salto de calidad. Sin las crisis de Jesús, hubieran quedado en la penumbra muchas de las encrucijadas por las que nosotros atravesamos. 

Jesús debió de pasarlo mal al comprobar que su mensaje liberador no era tan aceptado como cabía esperar, que ante él se suscitaban actitudes muy diversas. Esto le dio pie a clarificar un par de cosas: la semilla siempre es buena y sobreabundante. Pero no produce fruto automáticamente. Entra en un juego de productividad con los terrenos. Hay fincas muy buenas y otras que son “manifiestamente memorables”. Así sucedió con la predicación de Jesús y así sucederá siempre con su evangelio. 

Quizá no deberíamos sorprendernos tanto de lo que hoy sucede. Puede que hayan cambiado las proporciones de los terrenos, pero siempre habrá personas que acojan con alegría y hondura el mensaje, personas que lo acojan superficialmente y personas que lo rechacen. Y, sin embargo, la vitalidad del evangelio no depende de ninguna. 

La semilla lleva dentro la vida. Creo que hay, pues, dos actitudes fundamentales que nos ayudan a vivir el presente: confianza absoluta en el poder soberano de la semilla ( la Palabra de Dios) y discernimiento sobre la calidad de nuestro propio terreno. El juicio sobre el terreno de los demás no nos compete a nosotros.

Friday, September 17, 2021

Entrega

 

Evangelio

Lc 8, 1-3

En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.


Meditacion:

No hace falta ser una teóloga feminista para vibrar con el evangelio de hoy. Los elementos sustanciales forman parte de nuestro acervo bíblico. Hay un paralelismo entre lo que Lucas dice del grupo de los doce varones en el capítulo 5 y lo que dice en el capítulo 8 que hoy leemos del grupo de las tres mujeres (María Magdalena, Juana, Susana) y el resto de sus compañeras. El “curriculum” de estas mujeres, sus méritos para entrar a formar parte de la comunidad de discípulos, es desconcertante. No se alude a cualidades especiales, ni a títulos de ningún tipo. Lo que estas mujeres tienen en común, y lo que a Lucas le interesa subrayar, es que “habían sido curadas de malos espíritus y de enfermedades”. Son mujeres que se sienten curadas por Jesús. Responden entregando sus personas (“lo acompañan por el camino”) y sus bienes.

Quizá sea posible extraer conclusiones enérgicas sobre el papel de la mujer en la iglesia de Jesús, sobre el paralelismo entre los doce y el grupo de mujeres. La teología contemporánea ya ha explorado varias vías en este sentido. Pero lo que en ningún caso debe pasar a segundo plano es el hecho más resaltado por Lucas: las seguidoras son mujeres curadas por Jesús. La experiencia de la curación es la puerta de ingreso en la comunidad discipular.

¿No os parece que este hecho nos brinda una clave para entender por qué a menudo somos remisos en nuestra entrega? Si nunca hemos tomado conciencia de nuestras heridas y enfermedades, si no hemos experimentado el toque sanador de Jesús, ¿en virtud de qué extraño voluntarismo vamos a entregarnos con total dedicación a su persona y a su causa?

Thursday, September 16, 2021

Amar en partes

 

Evangelio

Lc 7, 36-50

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: “Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora”.

Entonces Jesús le dijo: “Simón, tengo algo que decirte”. El fariseo contestó: “Dímelo, Maestro”. El le dijo: “Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?” Simón le respondió: “Supongo que aquel a quien le perdonó más”.

Entonces Jesús le dijo: “Has juzgado bien”. Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: “¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama”. Luego le dijo a la mujer: “Tus pecados te han quedado perdonados”.

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: “¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?” Jesús le dijo a la mujer: “Tu fe te ha salvado; vete en paz”



Meditacion:

Jesús es el maestro de los contrastes. Y Lucas un experto en ponerlos de relieve. En el evangelio de hoy aparecen dos amigos de Jesús: uno, varón, con nombre propio (Simón); otro, mujer, sin nombre (conocida como “pecadora”). A partir de esta primera caracterización podemos ir construyendo una lista de contrates:

  • El fariseo Simón invita a Jesús a su casa, pero no lo toca, mantiene las distancias de seguridad. Admira a Jesús, pero no sabe bien quién es (“si fuera profeta”) y no acaba de fiarse. Procura ser cortés, pero se mantiene en su posición, no se entrega.
  • La mujer pecadora da el primer paso: se introduce en la casa. Besa y unge a Jesús con perfume y lágrimas. No pierde el tiempo en averiguar “quién es”: se entrega sin condiciones. No justifica su conducta. Deja que fluyan las lágrimas. No pronuncia palabra. Su cuerpo entero se hace palabra.

¿Es necesario cavilar mucho para saltar a la arena de nuestra propia vida? El inextinguible fariseo que llevamos dentro no para de hacer preguntas para retrasar el momento de la rendición y la entrega. Puede que presumamos de ser despiertos y buscadores. Pero la mayor parte de las veces somos solo cobardes. Menos preguntas y más donación. Menos sospechas y más lágrimas. Entonces la luz llega.

Wednesday, September 15, 2021

Virgen de los socorros

 

Evangelio

Jn 19, 25-27

En aquel tiempo, junto a la cruz de Jesús estaban su madre, la hermana de su madre, María la de Cleofás, y María Magdalena. 

Al ver a su madre y junto a ella al discípulo que tanto quería, Jesús dijo a su madre: “Mujer, ahí está tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Ahí está tu madre”. Y desde entonces el discípulo se la llevó a vivir con él.


Meditacion:

El misterio de la Cruz es una invitación a la fe y a la solidaridad. A la fe en el Dios que se ha abajado hasta someterse incluso a la muerte, y a la solidaridad que descubre el rostro de Cristo en los que sufren. La fiesta de hoy (que tiene rango de “Memoria”) viene a confirmar con el ejemplo de María el mensaje de ayer. A veces, ante el misterio del dolor ajeno no es posible hacer nada, pero siempre es posible “estar” (“stabat Mater”), como María al pie de la cruz. De hecho, un rasgo esencial de la vocación de María es simplemente “estar”: en Caná de Galilea, al pie de la Cruz, en medio de la comunidad postpascual “María estaba allí”. Pero en ese simple y casi mudo estar de María las cosas no se quedan como están. Siempre pasa algo y algo bueno. En Caná el agua de las purificaciones de los judíos (símbolo de la antigua Ley) se convierte en el vino nuevo de los tiempos mesiánicos. En Jerusalén la pequeña y débil comunidad de discípulos recibe el Espíritu Santo y sale a anunciar con valentía que Jesús es Señor y está vivo. Junto a la Cruz, en el momento de la muerte y la derrota, la presencia de María engendra nuevos vínculos de familiaridad, que incluyen a todos los discípulos de Jesús, potencialmente a toda la humanidad. Si Jesús, el hijo de María, entrega al discípulo amado a María como hijo, y a ella al discípulo como Madre, quiere decir que todos, acogiendo a Cristo crucificado y permaneciendo al pie de la Cruz, nos convertimos en hermanos de Cristo, partícipes de su destino y, a la postre, de su victoria.

Hay muchas situaciones en la vida en las que no podemos hacer nada. Es hora de comprender que el pragmatismo del hacer no lo es todo. Pero es importante saber “estar”. ¿Qué hacen los monjes y monjas de clausura ahí encerrados? ¿Qué hacen algunos misioneros en países musulmanes en los que no es posible anunciar el evangelio? ¿Qué hacen esas personas que se dedican a trabajar con y para personas de imposible recuperación: enfermos psíquicos profundos, ancianos y enfermos en fase terminal? ¿Qué podemos hacer nosotros en aquellas situaciones en las que sencillamente no sabemos que “hacer”? Lo que hacen aquellos y lo que podemos hacer nosotros es simplemente, como María, “estar”. Esa muda e impotente presencia puede ser el principio de algo nuevo: vino, en vez de agua (libertad en vez de ley); Espíritu y testimonio, en vez de temor; relaciones nuevas e inesperadas allí donde parecen reinar sólo la desolación y la muerte. “Stabat Mater”, suena la Secuencia de hoy. ¿Dónde estamos nosotros?

Tuesday, September 14, 2021

Santa Cruz

 

Evangelio

Jn 3, 13-17

En aquel tiempo, Jesús dijo a Nicodemo: “Nadie ha subido al cielo sino el Hijo del hombre, que bajó del cielo y está en el cielo. Así como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna.

Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvara por él’’.


Meditacion:

Desde el primer Viernes Santo, la cruz es nuestra señal, nuestra victoria. En ella recordamos la pasión y muerte de Jesús: “Lo arrancaron de la tierra de los vivos; por los pecados de mi pueblo lo hirieron”. Pero, sobre todo,  es trono de exaltación; así lo canta la liturgia: “Oh cruz fiel, árbol único en nobleza”, “Este es el árbol de la cruz en que estuvo clavada la salvación del mundo”.

La fiesta es llamada de la exaltación, y así lo proclama la Palabra. Aparece la imagen de la serpiente del desierto; mirarla era quedar curado. Recoge la expresión el Evangelio: “Como Moisés en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna”. Lo comenta San Pablo: primero, “se despojó de su rango”, en la Encarnación; luego, “se rebajó hasta someterse a una muerte de cruz”; y, por eso, “Dios lo levantó sobre todo, de modo que toda lengua proclame “Jesús es el Señor”. Mirar a Jesús en la cruz es contemplar la paradoja: es suplicio e ignominia  de esclavos, y resulta una exaltación. Muere el inocente, y carga con los pecados de todos. Es condenado, y él no condena sino que perdona. En el mayor dolor brilla el mayor amor.

Jesús acepta la cruz por obediencia. Asume el mal que le lleva a la cruz y lo destruye con el poder de su amor. Por eso, a los cristianos solo nos queda contemplar, mirar, agradecer, adorar, aceptar  esta cruz. Lo contrario sería banalizar, frivolizar la cruz; por ejemplo, cuando llevamos cruces ostentosas, lujosas, que desdicen del varón de dolores; cuando, rutinariamente, la repetimos, como un garabato, sobre nuestro rostro; cuando la colocamos, repetidamente, y la multiplicamos sin sentido. Seguimos a Cristo, y aceptamos nuestra cruz; nada de espiritualidades exageradas de victimismos y dolorismos; si de verdad nos disponemos a amar, nos llegará, y pronto, la cruz. Pues esa es nuestra cruz. No busquemos otra.

Friday, September 10, 2021

Mirada limpia

 

Evangelio

Lc 6, 39-42

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos este ejemplo: “¿Puede acaso un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en un hoyo? El discípulo no es superior a su maestro; pero cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

¿Por qué ves la paja en el ojo de tu hermano y no la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo te atreves a decirle a tu hermano: ‘Déjame quitarte la paja que llevas en el ojo’, si no adviertes la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Saca primero la viga que llevas en tu ojo y entonces podrás ver, para sacar la paja del ojo de tu hermano”.



Meditacion:

Seguimos en el “sermón de la llanura”. Precedido de la oración en el monte, Jesús habla ante un auditorio compuesto por los discípulos y un gran gentío venido de Judea, y hasta de las costas de Tiro y Sidón.  Como una especificación de la ley del amor, hecha perdón para los enemigos; como un despliegue de la máxima “no juzguéis y no seréis juzgados”, nos deja Jesús algunos dichos y refranes populares.

Estos son los dichos populares. 1. “Si un ciego guía a otro ciego los dos caerán al hoyo”. Para guiar bien hay que ver bien. No sea cosa que queramos conducir a los demás y somos nosotros los que necesitamos que nos lleven. Y va de refranes populares: “Consejos vendo, y para mí no tengo”. 2. “Un discípulo no es más que su maestro”. Primero hay que aprender, y no hacer de maestro sin poseer conocimientos. Es no saber, y dictaminar sobre todo. 3. “Sácate la viga de tu ojo, antes de sacar la mota del ojo de tu hermano”. No fijarse solo en los defectos de los otros sin fijarse en los propios. Menos mirar al otro, y más examinarnos a nosotros mismos.

Hay que limpiar nuestros ojos: de ideas y criterios preconcebidos. Vamos a pasar de ser fiscales de los demás a ejercer la autocrítica. No sea cosa que guiar a los demás sea más dominio egoísta que ayuda. ¿Qué tenemos que limpiar en nuestros ojos? Las ganas de ser maestro de todos y dominar. Querer ser más que nadie. Quedar ciegos por el afán de las riquezas, por el orgullo de la ciencia y la técnica sin recurso a la moral, a la conciencia, a la fe. Juzgar sin tocar la realidad, desde ideas y criterios preconcebidos. Proyectar sobre los demás nuestras flaquezas y pecados propios.

Solo nos queda una regla de oro: Mirar con los ojos de Dios. Ojos que no condenan sino que compadecen. Nos miramos y examinamos desde la palabra del Evangelio, en el interior de nuestra conciencia. Mirar como miramos a los inocentes que sufren. Así pondremos luz y verdad en nuestro juzgar y actuar. Mirar como Jesús: a la mujer adúltera, a Pedro que le niega, a la Samaritana que tiene sed. Como Jesús y el poeta: “Ojos claros, serenos”.

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...