Friday, September 8, 2023

Virgen Maria


 Mt 1, 18-23

Cristo vino al mundo de la siguiente manera: Estando María, su madre, desposada con José, y antes de que vivieran juntos, sucedió que ella, por obra del Espíritu Santo, estaba esperando un hijo. José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto.

Mientras pensaba en estas cosas, un ángel del Señor le dijo en sueños: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados".

Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que había dicho el Señor por boca del profeta Isaías: He aquí que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, a quien pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir Dios-con-nosotros.



Meditacion:

La Virgen María, cuyo nacimiento celebramos hoy, estuvo al borde de ser abandonada por su prometido y rechazada por su comunidad por decir sí a Dios. José también sabía que estaba asumiendo un gran riesgo cuando decidió permanecer con María a pesar de su inesperado embarazo.

Lo que hace que su decisión fuera aun más impresionante es que María y José deben haber conocido muy bien las historias de los personajes de las Escrituras hebreas que también enfrentaron oposición por su decisión de obedecer el plan de Dios. Deben haber recordado cómo Moisés enfrentó la rebelión cuando estaba tratando de guiar a su pueblo hacia la Tierra Prometida. O cómo David tuvo que escapar del rey Saúl, que estaba tan celoso de él que trató de matarlo.

María y José también deben haber sabido que obedecer a Dios no era una garantía para tener una vida libre de problemas. Es más, podía exponerlos al rechazo y el ridículo. Sin embargo estaban dispuestos a obedecerlo porque lo que estaban recibiendo era mucho más grande que el riesgo que estaban asumiendo. Y por eso aceptaron su voluntad, con sus puntos altos y sus puntos bajos, y se mantuvieron firmes en ella en medio de todo lo que debieron enfrentar.

Cuando te enfrentes a la incomprensión o incluso a la hostilidad debido a tu fe, recuerda a María y a José y la valentía que necesitaron para rendirse al plan que Dios tenía para ellos. Recuerda que tu recompensa será mucho mayor que cualquier oposición que puedas enfrentar, comenzando con la paz que viene de hacer la voluntad de Dios y cumplir el plan que él tiene para tu vida.

“Dios te salve, María, llena de gracia, reza para que yo pueda decir sí al plan de Dios para mí.”


Thursday, September 7, 2023

La pesca


 Evangelio

Lc 5, 1-11

En aquel tiempo, Jesús estaba a orillas del lago de Genesaret y la gente se agolpaba en torno suyo para oír la palabra de Dios. Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió Jesús a una de las barcas, la de Simón, le pidió que la alejara un poco de tierra, y sentado en la barca, enseñaba a la multitud.

Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: "Lleva la barca mar adentro y echen sus redes para pescar". Simón replicó: "Maestro, hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada; pero, confiado en tu palabra echaré las redes". Así lo hizo y cogieron tal cantidad de pescados, que las redes se rompían. Entonces hicieron señas a sus compañeros, que estaban en la otra barca, para que vinieran a ayudarlos. Vinieron ellos y llenaron tanto las dos barcas, que casi se hundían.

Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús y le dijo: "¡Apártate de mí, Señor, porque soy un pecador!" Porque tanto él como sus compañeros estaban llenos de asombro, al ver la pesca que habían conseguido. Lo mismo les pasaba a Santiago y a Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.

Entonces Jesús le dijo a Simón: "No temas; desde ahora serás pescador de hombres". Luego llevaron las barcas a tierra, y dejándolo todo, lo siguieron.


Meditacion:

La multitud se agolpa en torno a Jesús, mientras algunos pescadores decepcionados, entre ellos Simón Pedro, lavan sus redes después de una noche de pesca que salió mal. Y he aquí que Jesús sube a la barca de Simón; luego lo invita a ir mar adentro y echar de nuevo las redes (cf. Lc 5,1-4) (…). No era una hora adecuada para pescar, era pleno día, pero Pedro confía en Jesús. No se apoya en las estrategias de los pescadores, que conocía bien, sino que se apoya en la novedad de Jesús. Aquel asombro que lo movía a hacer aquello que Jesús le decía. Lo mismo ocurre con nosotros: si acogemos al Señor en nuestra barca, podemos ir mar adentro. Con Jesús se navega por el mar de la vida sin miedo, sin ceder a la decepción cuando no se pesca nada, y sin ceder al “no hay nada más que hacer”. Siempre, tanto en la vida personal como en la vida de la Iglesia y de la sociedad, se puede hacer algo que sea hermoso y valiente: siempre. Siempre podemos volver a empezar, el Señor siempre nos invita a volver a ponernos en juego porque Él abre nuevas posibilidades. Aceptemos, pues, la invitación: ahuyentemos el pesimismo y la desconfianza y entremos mar adentro con Jesús. Incluso nuestra pequeña barca vacía será testigo de una pesca milagrosa.


Wednesday, September 6, 2023

Curacion


 Evangelio

Lc 4, 38-44

En aquel tiempo, Jesús salió de la sinagoga y entró en la casa de Simón. La suegra de Simón estaba con fiebre muy alta y le pidieron a Jesús que hiciera algo por ella. Jesús, de pie junto a ella, mandó con energía a la fiebre, y la fiebre desapareció. Ella se levantó enseguida y se puso a servirles.

Al meterse el sol, todos los que tenían enfermos se los llevaron a Jesús y él, imponiendo las manos sobre cada uno, los fue curando de sus enfermedades. De muchos de ellos salían también demonios que gritaban: "¡Tú eres el Hijo de Dios!" Pero él les ordenaba enérgicamente que se callaran, porque sabían que él era el Mesías.

Al día siguiente se fue a un lugar solitario y la gente lo andaba buscando. Cuando lo encontraron, quisieron retenerlo, para que no se alejara de ellos; pero él les dijo: "También tengo que anunciarles el Reino de Dios a las otras ciudades, pues para eso he sido enviado". Y se fue a predicar en las sinagogas de Judea.


Meditacion:

Predicar y curar: esta es la actividad principal de Jesús en su vida pública. Con la predicación anuncia el reino de Dios, y con la curación demuestra que está cerca, que el reino de Dios está en medio de nosotros.

Al entrar en la casa de Simón Pedro, Jesús ve que su suegra está en la cama con fiebre; enseguida le toma la mano, la cura y la levanta. Después del ocaso, al final del día sábado, cuando la gente puede salir y llevarle los enfermos, cura a una multitud de personas afectadas por todo tipo de enfermedades: físicas, psíquicas y espirituales. Jesús, que vino al mundo para anunciar y realizar la salvación de todo el hombre y de todos los hombres, muestra una predilección particular por quienes están heridos en el cuerpo y en el espíritu: los pobres, los pecadores, los endemoniados, los enfermos, los marginados. Así, Él se revela médico, tanto de las almas como de los cuerpos, buen samaritano del hombre. Es el verdadero Salvador: Jesús salva, Jesús cura, Jesús sana. La obra salvífica de Cristo no termina con su persona y en el arco de su vida terrena; prosigue mediante la Iglesia, sacramento del amor y de la ternura de Dios por los hombres. Curar a un enfermo, acogerlo, servirlo, es servir a Cristo: el enfermo es la carne de Cristo.


Tuesday, September 5, 2023

A que has venido, Nazareno?


 Evangelio

Lc 4, 31-37

En aquel tiempo, Jesús fue a Cafarnaúm, ciudad de Galilea, y los sábados enseñaba a la gente. Todos estaban asombrados de sus enseñanzas, porque hablaba con autoridad.

Había en la sinagoga un hombre que tenía un demonio inmundo y se puso a gritar muy fuerte: "¡Déjanos! ¿Por qué te metes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido a destruirnos? Sé que tú eres el Santo de Dios".

Pero Jesús le ordenó: "Cállate y sal de ese hombre". Entonces el demonio tiró al hombre por tierra, en medio de la gente, y salió de él sin hacerle daño. Todos se espantaron y se decían unos a otros: "¿Qué tendrá su palabra? Porque da órdenes con autoridad y fuerza a los espíritus inmundos y éstos se salen". Y su fama se extendió por todos los lugares de la región.

Meditacion:

Es digno de ser notado que el hombre afligido por un espíritu inmundo estaba en la sinagoga, en la iglesia, podríamos decir. El acoso del diablo, la presencia del mal no se limita a “los de fuera”. Todos, de un modo u otro, estamos afectados por el mal, y dejarlo tranquilamente sentado en nosotros o junto a nosotros, es una buena forma de cerrar los ojos y dormir. Es curioso cómo la presencia de Jesús despierta al mal espíritu, que lo reconoce y lo confiesa, al mismo tiempo que lo increpa. La palabra y la presencia de Jesús nos hace despertar, nos abre los ojos para descubrir en nosotros mismos el mal que nos paraliza, y que él exorciza y expulsa (no sin algo de sufrimiento por parte nuestra), y nos invita a iniciar una vida nueva. En los límites de nuestra existencia temporal y mundana, despertados e iluminados por la Palabra poderosa de Jesús, descubrimos horizontes abiertos, que superan toda limitación: entre nosotros está y actúa el que tiene poder para liberarnos del mal y para vivir la vida nueva de un amor que es más fuerte que la muerte.

Santa Teresa de Calcuta, mujer de nuestro tiempo, nos da un ejemplo eminente de esta vida despierta y en vigilia.


Monday, September 4, 2023

Hijo del carpintero

Evangelio

Lc 4, 16-30

En aquel tiempo, Jesús fue a Nazaret, donde se había criado. Entró en la sinagoga, como era su costumbre hacerlo los sábados, y se levantó para hacer la lectura. Se le dio el volumen del profeta Isaías, lo desenrolló y encontró el pasaje en que estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para llevar a los pobres la buena nueva, para anunciar la liberación a los cautivos y la curación a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor.

Enrolló el volumen, lo devolvió al encargado y se sentó. Los ojos de todos los asistentes a la sinagoga estaban fijos en él. Entonces comenzó a hablar, diciendo: "Hoy mismo se ha cumplido este pasaje de la Escritura, que ustedes acaban de oír".

Todos le daban su aprobación y admiraban la sabiduría de las palabras que salían de sus labios, y se preguntaban: "¿No es éste el hijo de José?"

Jesús les dijo: "Seguramente me dirán aquel refrán: 'Médico, cúrate a ti mismo, y haz aquí, en tu propia tierra, todos esos prodigios que hemos oído que has hecho en Cafarnaúm' ".


Meditacion:

Durante el tiempo ordinario del año litúrgico vamos leyendo los evangelio sinópticos, empezando por el de Marcos, siguiendo con el de Mateo, y terminando con el de Lucas, cuya lectura comenzamos hoy. Realizamos así tres veces, desde la óptica peculiar de cada evangelista, el camino de seguimiento de Jesús. No se trata de una mera repetición, sino de un proceso pedagógico que implica un verdadero progreso. Y es que Marcos es el evangelio del principiante (del catecúmeno), el de Mateo es el del catequista ya experimentado, y el de Lucas, el del erudito cristiano que desea profundizar en el conocimiento de Cristo. El fin de este proceso es la madurez cristiana, que encontramos en el evangelio de Juan (que leemos preferentemente en los tiempos litúrgicos fuertes), el evangelio del presbítero, esto es, del anciano que se deja ceñir por Cristo y se entrega sin condiciones.

Y, sin embargo, este “volver a empezar” que iniciamos hoy, nos recuerda también que somos eternos principiantes, que deben volver una y otra vez a la experiencia originaria del primer encuentro con Jesús. Y esto es así porque, en buena medida, pese a toda nuestra experiencia de vida cristiana y eclesial, tenemos que reconocer que, como los paisanos de Jesús, nos resistimos a la novedad de su mensaje y a la aceptación de su persona. De hecho, la familiaridad con Él puede ser un obstáculo para esa aceptación: nos parece que lo conocemos demasiado bien, que poco puede ya enseñarnos, y que, en consecuencia, tenemos la autoridad para corregir lo que os dice, si es que esto no encaja en nuestros esquemas. Es lo que sucede en el texto que hemos leído hoy: los paisanos de Jesús, más que admirarse de su doctrina, se extrañaron de que les hablara sólo de la gracia, y no mencionara también la venganza, de la que habla Isaías en el texto comentado (cf. Is 61, 2) y que Jesús expresamente omite. Posiblemente, los habitantes de Nazaret (como nos sucede un poco a todos) querían para sí la gracia, y la venganza para sus rivales y enemigos, que bien podrían ser los habitantes de la cercana Cafarnaún. De ahí, el reproche que Jesús les dirige y que desata definitivamente su ira: con frecuencia los lejanos y por completo extraños, como Naamán el sirio, o la viuda de Sarepta, están más abiertos a la acción salvífica de la gracia que los que se consideran cercanos, pero que acaban forzando a Jesús alejarse.

Volver a empezar significa para nosotros tener de nuevo la oportunidad de abrir los oídos y el corazón a la Palabra de Jesús con la confianza de un niño, para adquirir así la sabiduría cristiana que Lucas nos enseña, y que consiste en aceptar el camino de Jesús que lleva a la cruz y a la vida nueva de la resurrección, objeto de nuestra esperanza, como nos recuerda Pablo, pero que está ya operando en nosotros, en la medida en que acogemos a Jesús sin prejuicios y sin condiciones.


 

Saturday, September 2, 2023

Talentos


 Evangelio

Mt 25, 14-30

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos se parece también a un hombre que iba a salir de viaje a tierras lejanas; llamó a sus servidores de confianza y les encargó sus bienes. A uno le dio cinco talentos; a otro, dos; y a un tercero, uno, según la capacidad de cada uno, y luego se fue.

El que recibió cinco talentos fue enseguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió un talento hizo un hoyo en la tierra y allí escondió el dinero de su señor.

Después de mucho tiempo regresó aquel hombre y llamó a cuentas a sus servidores.

Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: 'Señor, cinco talentos me dejaste; aquí tienes otros cinco, que con ellos he ganado'. Su señor le dijo: 'Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor'.

Se acercó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, dos talentos me dejaste; aquí tienes otros dos, que con ellos he ganado'. Su señor le dijo: 'Te felicito, siervo bueno y fiel. Puesto que has sido fiel en cosas de poco valor, te confiaré cosas de mucho valor. Entra a tomar parte en la alegría de tu señor'.

Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y le dijo: 'Señor, yo sabía que eres un hombre duro, que quieres cosechar lo que no has plantado y recoger lo que no has sembrado. Por eso tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo'.

El señor le respondió: 'Siervo malo y perezoso. Sabías que cosecho lo que no he plantado y recojo lo que no he sembrado. ¿Por qué, entonces, no pusiste mi dinero en el banco, para que a mi regreso lo recibiera yo con intereses? Quítenle el talento y dénselo al que tiene diez. Pues al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que tiene poco, se le quitará aun eso poco que tiene.

Y a este hombre inútil, échenlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y la desesperación' ".


Meditacion:

A mitad del día, tu jefe se acerca y te entrega un cheque de un millón de dólares. “Voy a estar fuera por unos meses”, te dice, “pero quiero que inviertas este dinero a nombre de la compañía mientras yo no estoy.” Luego se da la vuelta y se aleja. ¿Qué harías tú en esta situación?

Ese fue precisamente el dilema en el que se encontraron los tres servidores de la parábola que narró Jesús en el Evangelio de hoy. Y, a pesar de que Jesús incluyó a tres sirvientes, solamente había dos categorías: Los que generaron dinero para su señor y aquel que no lo hizo.

Generar dinero requiere de acciones osadas y de la voluntad de asumir riesgos. Para los dos servidores exitosos, significó aprovechar lo que se les había dado y más. Probablemente todos los días pensaron en cómo explicar la iniciativa que habían tomado a su señor cuando este regresara. Podrían haberse equivocado, pero al menos lo habían intentado.

Santa Teresa de Calcuta decía: “Dios no nos exige que tengamos éxito; él solo desea que lo intentemos.” Cuánto hagas por el Señor no es tan importante como que hagas algo. Todos tendremos que rendir cuentas por lo que hicimos con los dones que Dios nos dio, tanto los grandes como los pequeños.

Tú puedes comenzar hoy mismo. Trata de identificar formas en que puedes “generar beneficios” de tus inversiones. Comienza con tu relación con Jesús. Quizá ser más fiel con tu tiempo de oración y de la lectura de la Escritura puede darte mucha más claridad del plan que él tiene para tu vida. O fíjate en tus relaciones familiares para encontrar una o dos formas en que puedes ser una fuente de ánimo y ayuda en tu hogar. O ve más allá de tu familia para encontrar formas en que puedas invertir en tus amistades, en tu parroquia o en tu comunidad.

Todas estas tres áreas pueden ser maravillosos “centros de beneficios” si tan solo das unos pequeños pasos para convertirte en alguien que escucha con más atención, una presencia más amable o en un contribuyente más cuidadoso del bien común.

¡No es difícil dar fruto para el Señor!

“Espíritu Santo, te pido que abras mis ojos y me ayudes a ver cómo puedo invertir hoy en tu reino los dones que me has dado.”

Friday, September 1, 2023

Previsores


 Evangelio

Mt 25, 1-13

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes, que tomando sus lámparas, salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco, previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas, pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras, en cambio, llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó un grito: '¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!' Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas, y las descuidadas dijeron a las previsoras: 'Dennos un poco de su aceite, porque nuestras lámparas se están apagando'. Las previsoras les contestaron: 'No, porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo'.

Mientras aquéllas iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos'. Pero él les respondió: 'Yo les aseguro que no las conozco'.

Estén pues, preparados, porque no saben ni el día ni la hora''.



Meditacion:

El texto evangélico de hoy sigue con el tema de la vigilancia. “Velad, porque no sabéis ni el día ni la hora”, dice Jesús al terminar. El tema se ilustra con una parábola ya conocida: la de las diez vírgenes, cinco sensatas y cinco necias.

A primera vista, se me ocurre que estas vírgenes sensatas no son muy solidarias con las cinco vírgenes necias. Desde el punto de vista evangélico, lo suyo habría sido que hubiesen compartido el aceite. No solo eso. Es que además, cuando llega el esposo, pasan todas a la fiesta y cierran la puerta, a sabiendas de que faltaban las cinco vírgenes necias a las que habían forzado a ir a comprar aceite para sus lámparas. Bien le podían haber dicho al esposo que faltaban otras cinco vírgenes y que había que dejar la puerta abierta para que pudiesen entrar cuando llegasen. Pero no, cierran la puerta y las dejan fuera. Casi hasta podríamos pensar que se alegran cuando el esposo, ante sus llamadas desde fuera, dice “No os conozco”. Todo esto ya nos puede hacer pensar en cuál habría sido la actitud más cristiana.

Pero las parábolas no se leen así. No hay que buscar cada elemento o momento de la parábola para darle una interpretación. Las parábolas son cuentos o historias breves con una única conclusión o enseñanza. Sus personajes se pueden portar mal o bien (recordemos la parábola del administrador injusto, por ejemplo). Eso no es importante. Lo que importa es la enseñanza final.

En esta parábola la enseñanza es sencilla y la explicita Jesús en sus palabras finales: “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”. Cada minuto, cada segundo es importante en nuestra vida y hay que vivirlo a tope. No podemos dormirnos en los laureles. Hay que estar atentos y ser prudentes, tener aceite en nuestras lámparas y dedicar la vida al servicio del esposo. O lo que es lo mismo, al servicio de la buena nueva del Reino. Porque es lo único que vale la pena.

Generacion

Evangelio Lucas 7, 31-35 En aquel tiempo, Jesús dijo: "¿Con quién compararé a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se p...